martes, 22 de diciembre de 2020

Ramiro Guerra y las malditas notas a pie de página.

 

José Abreu Cardet.

¿Por qué estudiar la Guerra Grande o de 1868? A los profesores de las academias militares de poco les sirve en una época en que las contiendas se deciden en bombardeos de aviones supersónicos y cohetes intercontinentales. Incluso si lo analizamos desde el punto de vista de las luchas irregulares, hay otras que despiertan más interés, como la de Vietnam, la de Colombia, para adiestrar a los ejércitos de las potencias. Pero aun así la Guerra Grande nos sigue atrayendo incluso hasta fascinarnos. ¿Por qué ese interés? La respuesta puede ser muy variada, pero lo cierto es que, después que leemos un texto o revisamos algunos documentos de aquellos acontecimientos, ya no podemos fugarnos de esa década.

Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador de la contienda, ha sido considerado como el Padre de la Patria. Mientras la guerra, en una acertada definición de José Martí, es para los cubanos “Sagrada Madre Nuestra” [1] pese a lo terrible de aquellos años, a la mucha crueldad que ambos enemigos pusieron en práctica. Céspedes y la contienda del 68 tienen un trasfondo de buena familia. El estudioso o el simple diletante llega a ellos como el hijo que retorna al hogar luego de andar por el mundo. Allí siempre estará el amable padre de todo y esa madre que fue el inicio de una nación. Es como entrar a una sala de maternidad de un hospital, entre la sangre y el dolor está esa pequeña criatura que es el principio de todo. Nos acercamos con respeto e interrogantes a la vida que se inicia.


 

 “Ramiro Guerra nos seguirá acompañando más allá de las pasiones momentáneas. No se puede pensar en la Guerra Grande sin tener en cuenta su libro”. Foto: Internet
 

Ramiro Guerra Sánchez fue uno de los que quedó atrapado por aquella guerra. Incluso podemos decir que formó parte de ella. Aunque nació dos años después del fin de las acciones bélicas, en 1880, pero arrastró hasta el siglo XX lo grandioso de la epopeya. Para toda una generación cultivada no se podía hablar de aquella década sin pensar o mencionar al referido historiador.

Participantes en uno u otro bando o simples testigos elaboraron textos de diferente calidad, como testimonios u obras de análisis que parecían flotar en el ambiente cultural e intelectual de la Isla. Ramiro Guerra supo atrapar aquel conjunto de obras y las sintetizó en su libro de dos tomos La Guerra de los Diez Años, publicado en 1950.

Entró en una zona peligrosa de la historiografía, pues era un área del pasado muy estudiada además de muy polémica. Su libro alcanzó una gran relevancia que se fue incrementando en la medida en que la historia tomó dimensiones de institución en el gobierno durante los años sesenta del siglo pasado, en especial a partir del centenario del Diez de Octubre de 1868. En un país muy politizado, donde se definió una frontera de un antes y un después, se consideró tan importante la obra, que se le perdonó su sentido conservador en política y su apoyo al gobierno de Gerardo Machado y en general su activa vida en la llamada seudorrepública. Tuvo además un singular privilegio: se convirtió en un clásico. Aunque no se le leyera, se le tenía en las miles de bibliotecas personales que se fueron formando en el país al compás del interés que despertaban la historia y la posibilidad de obtener libros a bajo precio. En un ámbito historiográfico, con su libro ocurrió algo similar a lo de El Quijote, que muchos mencionan y pocos leen.

La Guerra de los Diez Años es un libro atractivo por su escritura, es una especie de diálogo con el lector, pero no creo que fue un libro popular en el sentido de que muchos lo leyeran, por su extensión, dos tomos de más de 400 páginas cada uno. Lo que sí, en un ámbito académico y universitario, alcanzó una gran demanda, en especial en la década del setenta cuando se conmemoraron los centenarios más significativos de la Guerra Grande, como la muerte de Agramonte o la Protesta de Baraguá. Se crearon incluso equipos de estudio entre la población, que elaboraban ponencias sobre esos acontecimientos. En las discusiones de aquellos breves estudios, por norma estaba presente algún tomo de su obra. Todo esto en medio de un espíritu heroico y bélico al compás de las misiones internacionalistas en Angola y Etiopía.

Fue el libro por el que la mayoría de los actuales historiadores y profesores de historia, por lo menos a los que realmente les interesaba la materia, aprendieron sobre aquel proceso. Deslumbró a toda una generación. Pero en la medida en que avanzaban los estudios históricos, actualmente varias universidades imparten la carrera de historia además de los institutos pedagógicos. Las editoriales han abierto las puertas anchas a los textos de esa especialidad. Incluso existen editoras especializadas en obras de carácter histórico.

Los dos inmensos tomos tenían una vida muy tranquila y prestigio asegurado cuando los estudiantes y los académicos chocaron con las malditas notas a pie de página. Prácticamente todas las del texto de Guerra de los Diez Años son de libros. Apenas hay una cita tomada de un archivo y, por cierto, no señala la fuente: tan solo afirma que es el diario de Céspedes, por lo que es de pensar que fue el primer diario. Esto redujo el aprecio que se tenía por el autor. En especial a partir de algunos momentos de una revisión de conceptos establecidos y que arrestados investigadores han puesto en tela de juicio, como la supuesta desaparición del aborigen o la inexistencia de la familia esclava.

Para los que nos iniciamos en los análisis de esa contienda con su obra y lo seguimos fielmente por años tratando de resolver nuestras dudas en sus páginas, fue un momento triste que tuvimos que aceptar. Quizás para algunos se convirtió en un libro más y perdió la magia con que nos acercamos a él en los años sesenta y setenta. Se convirtió en un libro que es necesario leer, pero que no es indispensable en el criterio de algunos.

Pero, ante esa crítica, podemos argumentar con sentido común que en un libro de síntesis es permitido explotar tales fuentes hasta todos los extremos. Pero, sobre todo, hay una palabra salvadora: estamos ante un gran ensayo, quizás uno de los ensayos más acabados escrito en la primera mitad de aquel siglo XX. Es cierto que hay una inmensa información detallada que no es muy común en ese tipo de obra. Pero la organización y utilización de la misma y el cúmulo de ideas novedosas para la época e, incluso, algunas no superadas todavía, nos sitúa en el sendero de ese tipo de obra. La relación de la demografía, las características geográficas y rasgos culturales comunes de los que participaron en aquella gesta es un asunto muy novedoso. La utilización de mapas, como él hizo, no era frecuente en los libros de historia.

Sigue siendo un texto orientador, se puede tener una idea de la contienda en su conjunto, pese a que hay un considerable desbalance entre su final y su inicio. Dedica el primer tomo al año 1868 y a 1869 fundamentalmente. Incluso en el segundo tomo también se le puede señalar cierto desbalance.

La obra nos gana por sus análisis mesurados en momentos en que el estudio de algunas figuras de nuestro pasado se acerca a una especie de hagiografía, digamos, científica. Guerra Sánchez trata de ser lo más objetivo posible. Incluso hasta con los defensores del imperio desdeña la pasión con que siempre se les trata y los incluye en un lenguaje abarcador y en el que se siente la separación del tiempo. En un momento en que las contiendas de independencia estaban bastante cercanas a él, vale la pena releerlo, en estos tiempos cuando no pocos estudiosos se atrincheran junto a generales y patricios o regiones históricas convertidos en ídolos intocables.

Ramiro Guerra nos seguirá acompañando más allá de las pasiones momentáneas. No se puede pensar en la Guerra Grande sin tener en cuenta su libro.


Notas:
 

[1] Instituto de Historia de Cuba, Las luchas por la Independencia Nacional y las transformaciones estructurales 1868- 1898, Editora Política, La Habana, 1996, p. 151.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Las pascuas sangrientas.

Autor: José Abreu Cardet.

 En 1956 en el territorio del Norte de la antigua provincia de Oriente se había desarrollado con gran intensidad la oposición a la dictadura de Fulgencio Batista: se creó el Movimiento 26 de Julio, tenía viejas raíces el Partido Comunista y existían otras organizaciones contrarías a la dictadura. Se destacaban en especial un grupo de jóvenes entre los que se encontraba: Pedro Díaz Coello, Luis Peña, William Aguilera y otros.

Las acciones del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba y el desembarco del Granma pusieron en estado de alerta a las fuerzas de la dictadura. Se temía un estallido similar en el Norte de Oriente.

Inesperadamente comenzaron a producirse sabotajes en la jurisdicción del Regimiento 7 de la Guardia Rural que controlaba el territorio desde el antiguo municipio de Victoria de Las Tunas hasta Sagua de Tánamo.

El 29 de noviembre de 1956 en La Cadena, en Puerto Padre, fue asaltado un polvorín por los revolucionarios (1) que capturaron dos fusiles. Fue herido de gravedad un soldado. (2) El 7 de diciembre rompen las vidriera del comercio de Julio Casas en la ciudad de Victoria de las Tunas. El 13 diciembre en el barrio Santa María en el territorio del Escuadrón 73 del Regimiento 7 (Delicias) queman dos alcantarillas en el kilómetro 5 y el 8, respectivamente, propiedad de la American Sugar Mills Company. Ese mismo día se producen tres acciones revolucionarias: en San Manuel y Vázquez: incendian el puente del kilómetro 38 de la línea férrea de la referida compañía, cortaron el tendido telefónico en San Manuel, propiedad de la misma compañía. En Las Tunas lanzaron dos granadas de mano contra la zona fiscal que no estallaron. (3)
El 14 diciembre de 1956 incendiaron las edificaciones de la Compañía Ferrocarriles Consolidados en Tunas. (4) El 23 de diciembre 1956 quemaron el puente del kilómetro 41 en Jobabo. Este era propiedad de la Empresa Ferrocarriles Consolidados de Cuba. (5) El 24 diciembre 1956 rompieron vidrieras del comercio de ropas “Gran Señora” en Victoria de Las Tunas. Ese día ardieron en el batey del central Delicias el almacén de la American Sugar Mills Company. El 24 diciembre de 1956 le prendieron fuego a una grúa en Delicias, propiedad de American Sugar Mills Company. El 24 diciembre de 1956 en Santo Domingo, Delicias, sabotearon el puente del ferrocarril también propiedad de American Sugar Mills Company. Ese día queman en Santa María 3, en Delicias, una grúa y otra en La Pedrera, propiedad ambas de esa empresa estadounidense. (6) El 25 de diciembre 1956, en El Canal, en la finca Chaparra, Puerto Padre cortan hilos telegráficos propiedad del Estado.
Si analizamos las acciones subversivas realizadas durante el año 1956 nos encontramos, que en la jurisdicción del Regimiento 7 se realizaron 20 sabotajes. De ellos 19, entre el 29 de noviembre y el 26 de diciembre. De estos 18 después del desembarco del Granma. Las empresas afectadas fueron fundamentalmente estadounidenses. Se hicieron contra la empresa propietaria de los centrales Chaparra y Delicias 10 sabotajes y uno contra la Unitet Fruit Company. (7)
En vista de esto se decidió por la dictadura la liquidación de un grupo de destacados revolucionarios en la costa Norte de la antigua provincia de Oriente. Las condiciones para el asesinato fueron preparadas fría y cautelosamente. Por ejemplo Gilberto González, líder del Movimiento 26 de Julio en Cacocum un barrio del municipio Holguín, que se encontraba detenido fue puesto en libertad para encubrir su posterior asesinato. La primera víctima fue Rafael Orejón Forment asesinado el 23 de diciembre en Nicaro. Luego entre el 25 y 26 serían ultimados los demás. En total 23 revolucionarios.

En Holguín eran detenidos, Pedro Díaz Coello, Williams Aguilera y Luis Peña, eran torturados y asesinados. Las demás víctimas de esa masacre realizada en el territorio de las actuales provincias de Holguín y Las Tunas, fueron los compañeros: Jesús Feliu Leyva, Loynaz Hechavarría Cordovez, Isaac Hernández Oliver, Ángel Valerio Consuegra, Armando Guzmán Guidis, José Marcial Pérez Cruz, Héctor Infante Pérez, Thelmo Esperance, Alejo Tomás López, Pelayo Cusidó Torres, Antonio Concepción Perodín, Luis Sera Moreno, José Mendoza García, Enrique Casals Villarreal, Manuel Aquiles Espinosa, Silverio Núñez Hernández, Enrique Morgan Nicolaus, Ramón Téllez Peña.

En la masacre se incluyeron militantes del Movimiento 26 de Julio, del Partido Socialista Popular y opositores en general. También cayeron víctimas inocentes que no se destacaban por ser enemigos del gobierno pero habían tenido rencillas personales con esbirros. Incluso un vecino fue ultimado por presenciar el traslado de una de las víctimas hacia el lugar de la ejecución.
Aquel acontecimiento fue llamado por la población como las Pascuas Sangrientas y la atmósfera de represión creada por los esbirros sembró el terror y el desconcierto en la costa Norte de la antigua provincia de Oriente.
La tragedia tuvo una respuesta de los revolucionarios. El Movimiento 26 de Julio se volvió a organizar y el 23 de noviembre de 1957 el jefe del Regimiento 7 responsable directo de aquellos crímenes fue ajusticiado en la ciudad de Holguín. El crimen no impidió la caída de la dictadura.

NOTAS

1.-Los que realizaron esta audaz acción fueron Luis Alfonso Zayas Ochoa, Raúl Castro Mercader y Orlando Pupo Peña
2.-Instituto de Historia de Cuba, Fondo Ejército 24-5.1-4.1.8-1.1.
3.-Ibídem. 24-5.1-4.1.8-.10.
4.-Ídem.
5.-Ídem.
6.-Ídem.
7.-Ídem.

Contra la lluvia y los cañones.

autor: José Abreu Cardet.

 El 24 de febrero de 1895 se iniciaba en Cuba la última guerra contra el colonialismo español. Calixto García en marzo de 1896 desembarcó al frente de una expedición por las costas de la ciudad de Baracoa. Fue designado jefe del Departamento Oriental del Ejército Libertador de Cuba. Este comprendía desde Baracoa hasta la trocha de Júcaro a Morón. Máximo Gómez, General en Jefe de los insurrectos y Calixto García, en agosto de 1896 operaron en el territorio holguinero con éxito.

Después de trazar un minucioso plan, se separaron en Guaramanao, Holguín, el 21 de agosto de 1896. El primero marcharía a Camagüey, donde continuaría las operaciones, el segundo a la zona de Jiguaní, le dio algún descanso a las tropas y preparó las condiciones para realizar una nueva concentración y trasladarse al Camagüey, donde existía una desfavorable situación debida a la ineptitud del anterior mando.

El 21 de septiembre de 1896, Gómez atacó Cascorro. El sitio se extendió por 15 días. Anotó en su diario personal: "Se les hacen más de 200 disparos de cañón. Las cápsulas no revientan y sólo hacen el efecto de balas de arrasar. Hacen daño a los edificios, por encima, pero insuficientes para destruir los atrincheramientos que son bastante sólidos. El enemigo, a pesar de su estrecha situación como tiene abastecimientos dentro y ha comprendido lo inútil de nuestra artillería, resiste ante nuestra tenacidad".

Una poderosa columna de refuerzo obligó a los mambises a levantar el sitio. Los españoles desataron una intensa campaña de propaganda sobre el fracaso cubano tanto en Cuba como en el extranjero.

La desastrosa situación la salvara Calixto García. El General holguinero dio órdenes de realizar una concentración de fuerzas mambisas del Oriente cubano. El 30 de septiembre de 1896, Calixto, al frente de una numerosa tropa, salió de los límites de Jiguaní hacia Camagüey pero se encontró con el obstáculo del río Cauto desbordado por las lluvias. Habían dos factores desventajosos para el cruce del río: la gran cantidad de hombres, más de dos mil y el exceso de impedimentos, debido a las armas y parque que llevaba para Gómez. Sin embargo, estaba incitado por la urgencia de llegar lo más rápidamente a Camagüey. El fracaso de Cascorro obligaba a los cubanos a forzar al paso del Cauto sin detenerse a esperar que la creciente del río disminuyera. Ante la imposibilidad de encontrar un vado, recurrió a la utilización de medios ingenieros. Tradicionalmente, los vecinos del río tenían pequeñas canoas, pero en aquellos momentos el número era bastante reducido. El traslado de la columna insurrecta, en esas embarcaciones, se hubiera prolongado indefinidamente, y con la amenaza de quedar fragmentada, nada conveniente en una operación militar.

Gracias a la experiencia de los vecinos del Cauto, y a la mano de obra de los combatientes campesinos, se talaron una gran cantidad de árboles muy abundantes en las riberas del río, y se construyeron numerosas balsas. En dos días, a pesar de los intensos aguaceros, contaban con una flotilla de balsas. El jefe del Departamento organizó minuciosamente el paso del río, dividió las tropas en pequeños grupos, asignándole a cada uno una embarcación. La caballería, más de 200 jinetes, iban en canoas con los caballos cogidos por las bridas. La impedimenta se dejó para el final. El paso del Cauto se realizó sin pérdida de hombres ni animales. En la otra ribera del río, los mambises encontraron extensas llanuras inundadas, y fueron atravesadas cargando, cada soldado, además de sus utensilios personales, 60 o 70 libras de parque destinado a Gómez. El río Salado, inundado también, fue atravesado por un puente que se le construyó. Al llegar a San Andrés de la Rioja, zona mucho más alta del Occidente de Holguín, los cu¬banos habían ganado una difícil batalla a la naturaleza. Allí se incorporaron las fuerzas de Holguín con dos cañones y una gran cantidad de mulos y caballos.

El 13 de octubre Máximo Gómez y Calixto García se encontraron en San Antonio de Blanquizal y trazaron el plan de operaciones: el ataque a Guáimaro. El primero, al frente de una columna de caballería en las inmediaciones de la ciudad de Camagüey, impediría la llegada de refuerzos a los sitiados. Los mambises tuneros desempeñaron similar función en su zona. La toma del poblado por Calixto, se prolongó entre el 17 y 28 de octubre, cuando finalmente se rindió la plaza.

Después de esta victoria, ambos Generales, unidos, decidieron atacar el poblado de Cascorro. El General José M. Capote, con parte de las fuerzas, recibió la misión de construir trincheras, impedir la entrada de alimentos y hostigar la guarnición, constantemente, para desmoralizarla. Mientras, Gómez y Calixto se enfrentaron a la poderosa columna de refuerzo del general español Jiménez Castellano, quien logró, después de combatir con los cubanos, entrar en Cascorro.

El plan trazado por ambos estrategas, se adaptaba a las nuevas circunstancias; en esos momentos era imposible atacar Cascorro, defendido por más de cuatro mil españoles, por lo que lo bloquearon y repartieron las fuerzas en todos los caminos de acceso al poblado.

Jiménez Castellanos decidió retirar la guarnición de Cascorro. El cinco de noviembre, después de incendiar el poblado, inició la marcha. En su recorrido hasta San Miguel de Nuevitas fue continuamente hostigado por los cubanos. En la operación reconoció tener 20 muertos, 59 heridos graves y 138 leves. Los cubanos, seis muertos y 44 heridos, entre graves y leves. Poco después, los españoles también se vieron obligados a retirar la guarnición de los poblados camagüeyanos de San Miguel de Nuevitas.

Estas acciones cubanas demostraron la capacidad y organización del Ejército Libertador. Vencieron los obstáculos de las crecidas de los ríos Cauto y Salado, alimentaron durante más de un mes una concentración de alrededor de tres mil combatientes y sostuvieron durante 11 días el sitio de Guáimaro, sin desplazar sus poderosos contingentes de las inmediaciones de Puerto Príncipe y Tunas. Luego, obligaron al mando enemigo por medio de acciones combinadas de grandes unidades y hostigamiento guerrillero, a abandonar los poblados de Cascorro y San Miguel.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Fragatas.

 

Autor: José Abreu Cardet.

El final de la expedición de Cayo Confites concluyó frente a las costas de la actual provincia de Holguín. El barco expedicionario en que se encontraba el joven estudiante Fidel Castro Ruz fue apresado aproximadamente a las alturas de Moa por la traición de Rolando Masferrer.

Una leyenda real.


En su libro “Guerrillero del tiempo conversaciones con el líder histórico del revolución cubana” de la periodista Katiuska Blanco Castiñeira, Fidel nos deja un detallado testimonio sobre aquellos hechos. El líder revolucionario hace referencia a que el buque en que viajaban fue capturado por una fragata que los obligó a entrar a la bahía de Nipe. También narra como el dirigió a un pequeño grupo y logran escapar a riesgo de sus vidas en una balsa hacia Cayo Saetía. En aquel acontecimiento se ponían en evidencia su decisión de no rendirse en las más difíciles condiciones y estar dispuesto a continuar la lucha. El comandante explica cómo esto ocurrió no muy lejos de la amenazadora fragata de la marina de guerra cubana. El lector cubano seguramente se preguntará qué características tenía aquella embarcación.

En aquellos momentos, 1947, la marina de guerra cubana contaba con tres fragatas la 301, bautizada como José Martí, la 302 Antonio Maceo y la 303 Máximo Gómez, estas tres embarcaciones le habían sido entregadas a Cuba durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial por los Estados Unidos. Se esperaba que con ellas el gobierno cubano ayudara en la lucha contra los submarinos alemanes que operaban en el Caribe. En 1947, cuando ocurren estos acontecimientos eran buques de reciente construcción, así la F 301se inició su construcción el 4 de junio de 1943, fue concluida el 2 de octubre de ese. La F 302, se inició su construcción el 12 de junio de 1943, lanzada al agua el 6 de junio de ese año y concluida el 15 de junio de 1944. La F 303 se puso en construcción el 27 de noviembre de 1943, lanzada al agua el 19 de febrero de 1944 y concluida el 27 de mayo del mismo año. Las dimensiones de estas embarcaciones eran similares, el desplazamiento era de dos mil ciento noventa y nueve toneladas, la eslora de 304 pies, la manga de 37.5 y el calado de 13.7 podían alcanzar una velocidad de 20 nudos, el armamento consistía en tres cañones calibre 50, dos cañones antiaéreos de 40 mm, 6 cañones antiaéreos de 20 mm, la F 1 contaba con 15 oficiales y 135 y la F2 y F 3 con 15 oficiales y 185 marines alistados.

Es indiscutible que tenía una superioridad absoluta sobre el barco que conducía a los expedicionarios donde se encontraba Fidel. Además en el momento en que Fidel y sus compañeros se lanzan a alcanzar la costa podían ser perfectamente descubiertos pues esta embarcación contaba con reflectores y otros medios lumínicos. No sabemos hasta ahora cuál de estos buques capturó al barco de los expedicionarios pero si fue cualquiera de ellos existía una superioridad absoluta y mucho más sobre la pequeña balsa. Se iniciaba la larga historia del líder revolucionario de combatir contra fuerzas superiores, con pocos medios a su alcance pero cumplir con la meta propuesta una situación que se repetiría muchas veces.

Fuentes:
Katiuska Blanco Castiñeira. Fidel Castro Ruz Guerrillero del Tiempo. Conversaciones con el líder histórico de La Revolución Cubana. Editorial Abril, La Habana, 2011, Tomo I.
Milagros Gálvez Aguilera, la Marina de Guerra en Cuba (1900-1958) primera parte, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007. P 121, 122.

 

Sacerdotes y mambises.

 


 Autor: José Abreu Cardet.

La iglesia católica como institución respaldó al colonialismo español durante las guerras de independencia. Los batallones encargados de la represión eran bendecidos por las autoridades eclesiásticas. Sin embargo en la guerra de 1868, un grupo de sacerdotes se sumaron al ejército libertador. Esto tuvo una gran repercusión en las zonas donde tales acontecimientos ocurrieron. No podemos olvidar que el pueblo cubano no se distingue por una religiosidad militante pero está imbuido de una profunda creencia popular. En ocasiones ambigua, que incluye una amplia gama de mitos.

Esa religiosidad popular también formó parte del entablado ideológico de los que tomaron el camino de la revolución. El sacerdote católico tenía un doble valor para los cubanos. Era al mismo tiempo un representante del estado español pero con características muy peculiares por su papel de representante de Dios en la tierra. La mayoría de las creencias populares tenía una indiscutible raíz en esa religión o utilizaban el panteón católico para encubrir sus divinidades como los africanos. Aunque la iglesia católica oficialmente mantiene una militancia activa con los intereses de la metrópoli, algunos sacerdotes se unieron a la sublevación o por lo menos no se opusieron a ella. Un ejemplo de esto fue el sacerdote Serrano, de la parroquia del Caney.

Existen varios testimonios que se refieren a su actitud sediciosa. Uno de ellos es el de José Téllez, vecino de El Caney en Santiago de Cuba detenido por su participación en la sublevación afirmaba: “... que el cura de El Caney Señor Serrano era el que les seducía habiéndole dicho al declarante que aquello era muy bueno y que debía de tomar las armas con ellos andando siempre junto el citado cura y Almirall habiéndoles dicho una misa y bendecido la bandera”. (1)

El referido Almirall era uno de los líderes de los sublevados en esta comarca. Hay otra referencia al papel sedicioso del sacerdote Serrano. En este caso la ofrece Luís Reyes, campesino del Caney. Detenido por su participación en la insurrección:

Se encontró al cura de dicho pueblo Señor Serrano y le aconsejó se quedara con los insurrectos (...) que aquello era bueno y ellos iban a ganar y como el que declara no tuviera suficiente conocimiento para poder discernir si obraba bien o mal máxime (sic) cuando una persona tan respetable insistía tanto se quedó habiendo permanecido con los insurrectos el tiempo que tiene dicho...”. (2)

El mismo detenido, sobre el papel del sacerdote entre los mambises, agregaba que: “Cree tendrá algún mando o influencia entre los insurrectos cuando andaba reclutando gente y seduciendo como efectuó con el que declara...”. (3)

El sacerdote de Vicana en la jurisdicción de Manzanillo se sumó a la sublevación. Continuó ejerciendo su papel como sacerdote en las filas de la revolución. Esto quedó en evidencia en la declaración que hizo a las autoridades un vecino que el sacerdote dejó al cuidado de su casa. Dice el mismo que luego de marcharse con las fuerzas insurrectas: “... a los ocho días recibió una carta de dicho señor cura dirigida desde Portillo por medio de uno de los insurrectos en que le pedía los sagrados oleos, un ritual y un libro de los evangelios, una sobrepelliz y una estola encargándole el cuidado de la casa y de la iglesia”. (4)

Es indiscutible que este sacerdote continuaría sus funciones entre los insurrectos. De otra forma no hubiera solicitado todo eso. Otro sacerdote, Braulio Odio Pécora, en este caso de Manatí en la jurisdicción de Tunas, se sumó a la conspiración. Braulio Odio, fue designado como capellán de la División de Holguín. Incluso llegó a bautizar un niño que tenía por padrinos a los generales Máximo Gómez y Julio Grave de Peralta. (5) Jerónimo Emiliano Izaguirre Izaguirre, sacerdote de Barrancas en la jurisdicción de Bayamo, se fue al campo insurrecto. En el templo de ese poblado fue bendecida la bandera cubana. (6)

Pedro Soler, catalán y cura de San Agustín de Aguarás, en la jurisdicción de Holguín, se fue al campo mambí a los pocos días de iniciada la guerra. (7)

Miguel Antonio García Ibarra, sacerdote de Santa Margarita de Cacocum, jurisdicción de Holguín, se unió a la insurrección. (8) En esta comarca se unieron a la conspiración el cura y el capitán pedáneo. En parte esto explica que fue el territorio de la jurisdicción donde se inició la sublevación. Además estalló con mayor virulencia. Los sacerdotes de Bayamo Diego José Batista y Juán Luís Soleliac se unen a la revolución. (9) Ismael José Bestard Romeu, sacerdote en Manzanillo fue obligado a residir en Santiago de Cuba por sus vínculos con la insurrección. (10) Antonio Hernández, sacerdote de un barrio rural de Jiguaní, fue detenido por su colaboración con la insurrección. (11)

La virgen de la Caridad del Cobre estará presenta en el campo revolucionario. Al respecto el líder insurrecto Ignacio Mora escribió en su diario persona:

El fanatismo del pueblo cubano raya en locura. La fiesta de la Caridad es un delirio para él. Sin tener que comer, pasa dedicados estos días en buscar cera para hacer la fiesta al estilo mambí, esto es, encender muchas velas y suponer que la imagen de la Virgen está presente. En todos los ranchos no se ve fuego para cocinar sino velas encendidas á la Virgen de la Caridad. (12)

Uno de los insurrectos detenidos aclara que se incorpora a las fuerzas revolucionarias en los momentos que regresaba de visitar el santuario del Cobre. Otro de los detenidos justifica su presencia en las cercanías del escenario de un combate: “...se encontraba allí a consecuencia de que todos los años va en Romería al Cobre...”. (13)

Si la virgen sirve, en ocasiones, para justificar circunstancias sospechosas, en otras alcanza relieve insurrecto. Uno de los mambises detenidos portaba una imagen de la Virgen del Cobre manchada de pólvora. Todo un símbolo. Mientras una carta de un mambí a su amada expresaba: “No dejes de rezar, reza por la causa tuya y de la patria”. (14)

Una copla se cantaba en los campamentos mambises que resumía el papel insurrecto de la virgen.

Virgen de la Caridad,
patrona de los cubanos
con el machete en la mano
pedimos la libertad. (15)

El papel subversivo de la Virgen del Cobre llegó a tomar tales dimensiones que trataron de anular su influencia exaltando la devoción a otras vírgenes que en la imaginación peninsular debían de estar más cerca del integrismo que del independentismo. De esa forma se trajo por Santiago de Cuba una imagen de la virgen valenciana de Los Desamparados. Su llegada fue acompañada de un recibimiento oficial con desfile de voluntarios, presencia de las autoridades y un Te Deum y otros actos oficiales. (16)

En octubre de 1868 la virgen y su hijo formaron filas en la insurrección. No fue esta una política trazada por la dirección revolucionaria para ganarse a los creyentes y a la iglesia. No podía ser de otra forma en un país que se consideraba católico y en que la mayoría de los vecinos de parte del oriente y el centro se unieron a la revolución. La virgencita del Cobre continuó acompañando a esta gente a los bosques y campos de combate.

NOTAS:
1- - Archivo Nacional de Cuba, Fondo Comisión Militar, Legajo 129, Número 27.
2- – Idem.
3-- Idem.

4-– Archivo Nacional de Cuba, Fondo Comisión Militar, Legajo 127, Número 13.
5- Manuel P. Maza Miquel. El Clero cubano y la independencia. Las Investigaciones del Francisco González del Valle. Centro de Estudios Sociales Padre Juan Montalvo, Centro Pedro Francisco Bonó de la compañía de Jesús en las Antillas. Santo Domingo, República Dominicana, 1993, p. 120.
6 – Ibídem. p. 122.
7– Ibídem, p. 123.
8-– Idem.
9 – Manuel P. Maza Miquel. El Clero cubano y la independencia. Las Investigaciones del Francisco González del Valle. Centro de Estudios Sociales Padre Juan Montalvo Centro Pedro Francisco Bonó de la compañía de Jesús en las Antillas. Santo Domingo, República Dominicana, 1993, p. 124.
10- Idem.
11 – Ibídem. p. 127.
12- Nydia Sarabia, Ana Betancourt, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p. 153.
13- Archivo Nacional de Cuba, Fondo Comisión Militar. Legajo 127, Número 12.
14 – Archivo Nacional de Cuba, Fondo Comisión Militar, Legajo 126, Número 6.
15- Olga Portuondo Zúñiga, La Virgen de la Caridad del Cobre: Símbolo de la Cubana, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001, p 299.
16- Ibídem. p 228.

viernes, 18 de diciembre de 2020

El “Patria” bombardea Gibara.

 


 Por: José Abreu Cardet.

En agosto de 1931 en Cuba se desarrolló un fuerte movimiento de oposición a la dictadura de Gerardo Machado. En la isla se realizaron levantamientos armados y desde el exterior debía de llegar una expedición con armas y hombres. Esta expedición salía en el buque Ilse Vormauer, el 12 de agosto de 1931, desde New York. La integraban 37 hombres y una gran cantidad de equipos militares. El 17 de agosto desembarcaron en el puerto de Gibara. Haciéndose pasar por uno de los buques mercantes, que en esa época llegaban a ese puerto, sorprendieron a la pequeña guarnición local y ocuparon la plaza. Los expedicionarios recibieron el apoyo de la población local. Además un grupo considerable de vecinos, de barrios cercanos, bajo el mando del veterano mambí Manuel Balán Ramírez, conocido popularmente por Lico Balán se le unieron.

En los momentos de la llegada del barco el moviendo contra el dictador había fracasado. De esa forma los expedicionarios y revolucionarios locales se encontraron solos. Sobre ellos el tirano concentró gran cantidad de tropas, aviación e incluso una unidad de la marina de guerra. Los expedicionarios tenían la posibilidad de internarse en la sierra de Gibara o Candelaria como les aconsejaba el veterano mambí Lico Balán. Pero prevaleció el criterio de avanzar por el ferrocarril hacia Holguín. Fracasado ese intento retrocedieron a la villa donde fueron atacados por la aviación y un buque de guerra. Ocupada la población el 19 de agosto por las tropas machadistas se desató la represión.

Pese a los errores cometidos por los expedicionarios de no replegarse a los campos y pasar a la guerra de guerrilla en aquel desigual combate se demostró el heroísmo tanto de los gibareños, los vecinos de los barrios cercanos como de los expedicionarios. Un acontecimiento muy singular fue la acción de un buque de guerra. Por primera vez la llamada Marina Nacional tomaba parte en una acción bélica. Aunque su papel fue triste, pues actuaron como verdugos bombardeando a una población que tenía muy pocas posibilidades de enfrentar esa acción indiscriminada. Pero de todas formas estamos ante un acontecimiento que forma parte de la memoria histórica de la provincia de Holguín y al que nos referiremos en este breve texto.

El 2 de julio de 1909 el servicio de guardacostas encargado de la vigilancia del litoral se le denominó Marina Nacional. Para fortalecer la Marina se compraron algunos buques de guerra. Entre ellos se encontraba el “Patria” que fue botado el 10 de agosto de 1911, en los Estados Unidos. (1) El buque desplazaba 1200 toneladas y contaba con un total de seis piezas de artillería de diferente calibre. Tenía una velocidad de 16 nudos. Aunque en la marina cubana era considerado como un crucero, pero por sus dimensiones y artillería no podemos enmarcarlos en esa categoría de buques de guerra. No hay duda que el nombrarlo como crucero era una forma de complacer la alta autoestima de los marinos cubanos de la época. El 17 de agosto de 1931 el “Patria” se encontraba en Nuevitas. (2) Apenas enterado el estado mayor de la Marina del desembarco de la expedición en Gibara le dio órdenes de dirigirse de inmediato a esa población. A las 12 de la noche del 17 llegó a ese lugar. De inmediato ocupó la entrada el puerto. Al amanecer el buque abrió fuego sobre un fortín del que suponía estaba ocupado por el enemigo. El “Patria” hizo varios disparos sobre el cuartelón. Este era un antiguo edificio colonial que debía de servir de cuartel para las tropas españolas. Pero nunca se terminó de construir. Estaba situado en una altura que dominaba la ciudad. Uno de los cañonazos del buque destroza al combatiente gibareño Pedro González Camilo. (3)

El barco confiado en su superioridad se acerca cada vez más a la población. Pero en un fortín situado una de las entradas de la ciudad se encontraba una pieza antiaérea con la que hacían fuego contra los aviones. Al acercarse el “Patria” disparan contra la mole de acero. El barco ante la enérgica respuesta se comienza a alejar. Según el testimonio de uno de los combatientes había tenido varias bajas. (4) El buque se recuperó y regresó a Gibara donde participó en la liquidación de la resistencia. Permaneció en la bahía en la noche del 19 vigilando con sus reflectores para impedir la fuga de los revolucionarios. (5)

Nueve personas murieron, principalmente, por el ataque de la aviación y el fuego del buque “Patria”. Entre ellas tres niñas. Además hay que sumar una gran cantidad de lesionados. En el hospital se ingresaron a 38 heridos. (6) Otros muchos fueron atendidos y abandonaron la instalación hospitalaria. Además los estudiosos de ese acontecimiento suponen que otros, temerosos por las represalias, aunque fueron heridos se negaron a ser atendidos en el hospital local. De esa forma la primera acción combativa realizada por la Marina Nacional fue el aplastar aquella acción heroica de los expedicionarios y los revolucionarios de Gibara y barrios cercanos.

NOTAS.
(1) Milagros Gálvez Aguilera. La Marina de Guerra de Cuba (1909-1958) Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 102.
2— Nicolás de la Peña Rubio Gibara: Combates bajo el sol de agosto. Ediciones Holguín, 2004, p. 143.
3. Nicolás de la Peña Rubio, Gibara: Combates bajo el sol de agosto. Ediciones Holguín, 2004, p. 80.
4— Nicolás de la Peña Rubio, Gibara: Combates bajo el sol de agosto. Ediciones Holguín, 2004, p. 82.
5— Nicolás de la Peña Rubio, Gibara: Combates bajo el sol de agosto. Ediciones Holguín, 2004, p. 109.
6- Nicolás de la Peña Rubio, Gibara: Combates bajo el sol de agosto. Ediciones Holguín, 2004, p. 163.