martes, 31 de mayo de 2011

HUELLAS DE SANGRE: LAS BAJAS ESPAÑOLAS EN LA GUERRA DE INDEPENDENCIA DE CUBA


El estudio de las bajas tanto cubanas como españolas en la guerra de 1868   (1) es un tema que apenas se ha valorado por la historiografía. Sobre los españoles existen cifras aportadas por el ejército de ese país  en la época. No nos referimos a la información  que aparecían en los periódicos y revistas españolas. Estas  cifras es muy probable que estuvieran  alteradas por la propaganda. No podemos olvidar que la guerra de los 10 años se desarrolló en medio de grandes pasiones por ambos bandos. En esos casos la verdad es irremediablemente la primera víctima. La información  interna del ejército es  mucho más confiable. Esto en la época debió de ser información clasificada como secreta. Pero en estos momentos se encuentra a disposición de todo el que pueda visitar los archivos españoles. En ellos se refleja tanto  la cantidad como las causas de los fallecidos. Los heridos y los dados de baja del servicio militar por enfermedades u otras causas.
En los archivos españoles tales informes estén incluso especificados por unidades. Existen los diarios de las unidades. No nos referimos a diarios personales sino los que eran llevados por los jefes de cada unidad desde las compañías hasta los batallones. Incluso las secciones o pelotones por lo menos, cuando actuaban independientes, llevaban su diario. Los archivos españoles están llenos de estos documentos. En ellos se anota día a día lo que ocurría en la unidad; así como el número de bajas y altas. Como esta era una información interna y solo utilizada por el mando  no tenía por que ser alterada, por lo menos, como regla.
Aunque la información que se brinda en esos documentos  sobre los libertadores es indiscutible que ha sufrido alteraciones. Era muy probable que los oficiales cambiaran el número de contrarios que tomaban parte en los combates. Así como las bajas ocasionadas. Es interesante que muchos de los prisioneros, luego de los interrogatorios a que eran sometidos fallecieran producto de heridas que recibieron en el combate. ¿Casualidad o asesinato?
Como los archivos españoles en la práctica  son inalcanzables, para la inmensa mayoría de los historiadores cubanos, nos encontramos con una lamentable situación. Casi toda la papelería  del ejército fue trasladada a ese país en 1898. Ante tal descalabro  los historiadores cubanos hemos tenido que recurrir para los estudios especializados  sobre combates y campañas determinadas a las cifras brindadas por la documentación mambisa. En menor medida los documentos que quedaron en los archivos de la isla de las fuerzas coloniales que no parecen ser tantos. También los estudios biográficos sobre  los líderes militares mambises para describir sus hazañas han tenido que recurrir a iguales fuentes. Abunda esa papelería firmada por oficiales y jefes insurrectos informando  a sus superiores sobre escaramuzas y combates.   Muy raramente esa documentación ha sido sometida a un estudio crítico.
El estudio de las bajas españolas en la guerra de 1868   ha tenido la tendencia de exaltar el heroísmo y las glorias nacionales o personales de los héroes. Se analizan el número de bajas de los contrarios como prueba inequívoca de los éxitos obtenido en  determinado combate o campaña. Siguiendo la dinámica de una especie de propaganda de carácter histórico. Algo así como si  entre  más contrarios se maten, hieren o se hagan prisioneros mucho más esplendorosa es la victoria. En ese caso se puede hablar con más precisión  de las cualidades guerreras del héroe del que hacemos la biografía. Lo que ha llevado a que los historiadores y biógrafos emprendan una verdadera cacería de bajas. Se busca con exquisito cuidado la cantidad de hispanos macheteados y degollados o  fusilados en una emboscada feroz.
Lo peor del asunto es que el análisis de las bajas tiende a tener un  sentido moral. Se da por descontado que lo jefes y oficiales mambises no mienten en sus informes al reportar las bajas de los contrarios. Este tema es muy peliagudo, pues es difícil de creer que uno de esos héroes cuya estatua en mármol presiden la vida de cada población o ciudad de importancia se pusiera  a agregar un número mayor de muertos o heridos contrarios producto de su imaginación. 
Hemos olvidado un asunto tan elemental como el que todos esos héroes eran  seres humanos. Antes de ser convertido en frías estatuas y de que biógrafos e historiadores los situaran en esos falsos mundos etéreos fueron hombres y mujeres llenos de vida,  de virtudes y defectos como la puede tener cualquier hijo de vecino. Podían ser mentirosos convencidos o simplemente gente que estaban dispuestas a ocultar o exagerar información según su conveniencia personal. Nada más elocuente que una anécdota de Che Guevara sobre uno de sus más valientes y queridos compañeros de la guerra en la Sierra Maestra;  Roberto Rodríguez (2) “el Vaquerito”. El guerrillero heroico al caracterizar a su inolvidable compañero  decía:
El vaquerito era extraordinariamente mentiroso, quizás nunca había sostenido conversación donde no adornara  tanto la verdad que era prácticamente irreconocible. (3)  
Si el Che Guevara no hubiera escrito tales criterios sobre este hombre que por  “su arrojo extremo se había convertido en tema de leyenda” (4)    le hubiera creado una compleja situación a los historiadores en sus valoraciones sobre “el Vaquerito”. Tal análisis nos llama a una reflexión. La entrega a la lucha revolucionaria no siempre tiene que ir acompañada con la veracidad. Un héroe puede ser un gran mentiroso. Generales y coroneles, comandantes y capitanes mambises muy bien pudieron mentir en sus informes. Exagerar el resultado de los combates por diversos motivos. Además todos estos informes pasaban por varias manos antes de llegar a los estados mayores, a la Secretaría de la Guerra o al Presidente. (5)   Los partes militares publicados por la prensa revolucionaria en el exterior y en Cuba Libre con frecuencia se utilizan como fuente  en los estudios militares. Raramente se valora que tales informaciones anduvieron un largo camino hasta alcanzar las páginas del periódico. Por ejemplo en el  Periódico La Revolución de Cuba, Nueva York, 20 de abril de 1872,  Núm.  23 se publicó un parte de Máximo Gómez, (6)    del 24 de enero de 1872. Una buena parte de la información procedía de los informes que regularmente le hacia llegar Calixto García (7)  a Gómez quien en aquellos momentos era su jefe. Pero veamos el trayecto de esa información. Analizaremos el origen de una de esas noticias. Calixto García le dice a Máximo Gómez:
“ El  Coronel  Jefe de Operaciones de la jurisdicción de Guantánamo Ciudadano José Antonio Maceo, (8)   me comunica el siguiente parte del Comandante Luís  Ortiz, habiendo nombrado una comisión de los CC (ciudadanos cubanos)   Isidro González, José C. Martínez y Anselmo  Sánchez, con objeto de que hiciera carne para los heridos;  se encontraron en el camino de  Tiguabos con 7 voluntarios(2)  a pie y 4 a caballos .”  (9)   
Los mambises vencieron a la fuerza enemiga según el informe de los tres valientes. Este documento  ha pasado por lo menos por cuatro personas antes de llegar a manos del periodista que conforma un quinto criterio a tener en cuenta a la hora de hacer una crítica histórica  a esos datos. En ese largo camino se pudo agregar u omitir información.
Si pretendiéramos escribir un texto sobre un combate y nos basaríamos  tan solo en las fuentes mambisas nos encontraríamos que a menos que la fuerza contraria haya sido exterminada por completo, lo que ocurría muy pocas veces, es muy difícil para un oficial cubano informar con precisión los caídos en el lado contrario. Incluso aunque quisiera ser por completo honesto y respetar la verdad.
Veamos lo que ocurría en un combate del 68. Lo más común es que los españoles quedaran dueños del campo o se retiraban llevando a sus muertos y heridos. La información sobre las bajas contrarias llegaba muy distorsionada a los oficiales insurrectos. El oficial mambí tenía que conformarse con lo observado por sus exploradores o las evidencias que dejaran los contrarios como huellas de sangre, tumbas, vendas, etc.
Por lo que el jefe u oficial mambí para calcular el número de tropas contrarias tan solo  disponía de la información que le pudieran brindar sus exploradores. 
Los colonialistas habían desarrollado un sistema de exploración y contraguerrilla que  hacían la labor de flanqueo y extrema vanguardia. Estos “guerrilleros” (10)    muchas veces eran campesinos cubanos e incluso antiguos mambises. Conocían muy bien las tácticas de los irregulares. Por lo que acercarse a una columna enemiga era una labor difícil y los exploradores cubanos estarían sometidos a una gran tensión. En cualquier momento podían caer en una emboscada tendidas por una contraguerrilla o chocar con el flanqueo de la columna. Su observación la hacían en medio de la  incertidumbre. Por lo que es de pensar  que la información que brindaban a sus superiores podía estar muy distorsionada.   
Existía otra posibilidad que eran los agentes cubanos que operaban en los caseríos y ciudades ocupadas por el enemigo. Pero incluso esta información no siempre era confiable, pues los españoles podían enterrar a sus caídos antes de llegar a sus cuarteles. Asunto que ocurría con frecuencia. Las columnas españolas operaban por varios días. Por lo que no podían llevar los cadáveres de sus militares  por mucho  tiempo en un clima tropical.  Es de pensar que estos agentes se movían en poblaciones reducidas y con fuerte presencia de tropas hispanas por lo que estaban  bajo una gran presión. En esas circunstancias no siempre podían tener absceso a la información más confidencial.  
Veamos los informes de algunos militares mambises sobre las bajas causadas a los contrarios.
Uno de ellos  dice:
 “.... haber causado al enemigo de seis a ocho bajas, según deduce de las huellas de sangre que se notaron al practicar posteriormente un reconocimiento.” (11)    
Mientras  Calixto García reproduce el informe de uno de sus subordinados:
“El 24 del propio mes, (JUNIO 1872) fue atacado el Capn.  Saturnino Venero en su campamento de Pozo Blanco, retirándose después de media hora de fuego, sin tener novedad.  El enemigo dejó tres camillas desechas y huellas de sangre, indicio cierto de haber sufrido bajas. (12)        

Otro oficial mambí al valorar el resultado de un combate nos dice:
 “...causando algunas bajas al enemigo, a juzgar por las hilas ensangrentadas que se encontraron en el lugar de la acción.  Las muestras consistieron en tres heridos.  (13)
Julio Grave de Peralta (14) en un informe sobre un combate que sostuvieron sus tropas nos dice:
 “...las bajas causadas a aquellos no bajan de ochenta asegurando este total tanto el gran numero de heridos que se le vieron  recoger como los posos de sangre que dejaron  en la sabana  (15)
Este mismo general le escribía  a Jordán (16) que el enemigo se presentó en número de 1000 en Buenaventura hostilizado retrocedió: “...Cargado de heridos y muertos. (17)


Carlos Manuel de Céspedes (18) en carta a su esposa Ana de Quesada (19) de enero de 1872 le comentaba  sobre los resultado de un combate: “Dejaron muchos rastros de sangre e hilas que demostraban haber sufrido bajas (20)
Hay informes más precisos donde los exploradores dan más detalles sobre lo visto en las filas contrarias. Uno de estos documentos nos dice: “Después de un largo y nutrido tiroteo el enemigo se retiró en confusión,  viéndosele conducir quince camillas”. (21)
Aunque también hay informes más confiables cuando el enemigo abandona los cadáveres como el siguiente: “...se pronunció en vergonzosa fuga, dejando en el campo 20 cadáveres, 14 Rémington, una carabina, más de 2000 cápsulas y ocho acémilas cargadas de víveres….  (22)
Aunque siempre nos quedará la duda si el jefe insurrecto o el oficial superior no exageraron el número de contrarios muertos. Aunque la veracidad sobre el número de armas y parque capturado también puede ofrecer dudas. Si se informaba el número exacto del botín el mando superior podía disponer que este se compartiera con otra unidad. En este caso se podía mentir disminuyendo los resultados del combate.
Incluso en ocasiones cuando se cuenta con información confiable se pueden producir errores. Hay diversos ejemplos de estos errores. El 1 de septiembre de 1869 las fuerzas libertadoras baten a una pequeña columna hispana que hace un recorrido por los alrededores de Camagüey. El enemigo se retira a la desbandada. Los mambises quedan dueños del campo y pueden contar las bajas hechas al contrario. Ese mismo día Ignacio Agramonte (23) le escribe a su esposa que dejaron “... en el camino treinta y un cadáveres, y algunos otros en los  potreros  (24) El seis de septiembre Ignacio se encarga de rectificar esta cifra en una nueva carta a Amalia (25): “ ...ya ascienden á 29 los cadáveres contados.”  (26)Hay un ejemplo muy interesante rememorado por  Carlos Manuel de Céspedes. El  sábado 6 de septiembre de 1873,  anota el presidente en su diario   que: “Se comunica oficialmente la muerte del Teniente  coronel español Pedro Provedo y un comandante en un encuentro con Crombet (27) y se nos ha remitido las insignias y correspondencia quitada.”  (28)
Céspedes agrega que: “Este  Provedo ya fue muerto en otra acción. (29)
El 22 de septiembre el presidente debe de rectificar la información sobre aquel hecho. Nos dice que: El muerto por Crombet fue Pérez Teniente Coronel de Cuba (30). 
De esa forma el oficial español de apellido Provedo fue “muerto” en dos acciones. Pero seguía vivo.
Hay una tendencia a sobre dimensionar el número de enemigos en los partes cubanos. Informes que han sido seguidos ciegamente en muchas ocasiones  por nuestra  historiografía. Con gran facilidad se hablan de columnas integradas por mil o dos mil soldados hispanos.
Hemos logrado consultar una gran cantidad  de informes de las columnas españolas que operaron contra los cubanos. Muchas veces esta fuerza la integraba  una o dos  compañía cuando más un batallón. Generalmente los batallones no estaban completos. Las bajas por enfermedad eran frecuentes.  Además estos  distribuían una buena parte de  sus fuerzas en pequeños destacamentos. Tan solo los que no estaban en estas labores operaban en una columna que se desplazaba por un territorio determinado en persecución del enemigo. Al parecer esta raramente pasaba de los 250 hombres. Esto también dependía del momento en que se desarrollaba la guerra. Por ejemplo en los periodos poco favorables a los mambises, como  los años 1869 a 1871, los españoles tendían a fragmentar sus tropas en pequeñas unidades. Los mambises en esos años les era difícil hacer  concentraciones importantes En esos periodos  lo más común es que en muchos  encuentros  los hispanos nunca sobrepasaran una compañía.  Es decir unos  100 hombres. Por lo que parece que esas columnas gigantescas de 1000 o 2000 militares a las que se hace referencia en muchos estudios de la guerra es una exageración o no fueron muy comunes. Por lo menos en esos periodos.
Estamos ante un  problema en extremo complejo con una solución no muy sencilla a primera vista. Para  el estudio de las bajas españolas lo ideal sería consultar las fuentes del ejército de ese país. Pero como hemos dicho y todo el mundo que se dedica a este oficio conoce el consultar  los archivos españoles es difícil. Los viajes de estudio a tales instituciones son costosos y están fuera del alcance de la inmensa mayoría de los estudiosos cubanos de las guerras. Es cierto que historiadores españoles han realizado estudios e incluso existen otras vías como internet. Pero en general la Guerra de los Diez años ha sido bastante olvidada por la historiografía peninsular. Según testimonios de varios estudiosos una parte de esa documentación permanece prácticamente sin revisar.   
Por lo tanto en lo fundamental debemos de continuar utilizando las mismas fuentes como se ha hecho  tradicionalmente. Es decir la documentación mambisa con todos los límites de las que ya hemos hecho referencia.   Sin embargo, el desarrollo historiográfico cubano debe de darle respuesta a tal problema. El asunto no es tanto el número total de caídos en el otro lado pues esto existe en texto incluso escritos en el siglo XIX. Si no más bien conocer las bajas  cuando nos referimos a combates en específicas o campañas.   En primer lugar debemos de analizar las bajas españolas en el sentido de la tendencia y no como cifras exactas. Debemos de someter a una cuidadosa crítica las fuentes hasta ahora utilizadas como los documentos elaborados por los mambises, la prensa de la época etc. Tenemos también a nuestra disposición valiosas fuentes como los libros de defunciones de las iglesias y de los hospitales militares. Estos últimos casi siempre se encuentran como parte de los archivos eclesiásticos. También los libros de enterramientos de los cementerios. Aunque estos también deberíamos de tratarlos con cuidado pues no tenemos la constancia de si los individuos fallecidos en las operaciones militares y que fueron enterrados en los campos se inscribieron en los referidos  libros o en los de las iglesias. Existen documentos en los archivos de los municipios, incluidos casi siempre en los fondos de los Archivos Provinciales y en algunos casos en los museos municipales y provinciales, también en varios fondos del Archivo Nacional que reflejan las bajas hispanas.
Hay textos escritos por autores españoles contemporáneos de la contienda que será necesario tomar en cuenta. Algunos de ellos pese a que fueron escritos en medio de una gran pasión tienen cierto grado de confiabilidad. Por ejemplo Francisco de Camps y Feliu, (31) el comandante de la guarnición que  defendió a Holguín en 1868, en sus memorias da una detallada relación de las bajas de los integristas en esa acción.
Pero el asunto esencial de los historiadores cubanos que trabajen ese periodo es tratar de comprender el sentido de esa guerra. Es decir estamos ante una guerra irregular con las peculiaridades  de tales tipos de contiendas. En el caso cubano, como en la mayoría de ese tipo de guerra, es necesario  comprender que la acción bélica lo que hace es prolongar la guerra. Los combates con la suma de  caídos no deciden nada que no sea provocar la necesidad de continuar manteniendo tropas en la isla. Incluso el sentido de los estudios biográficos al analizar una figura militar de la guerra no solo debemos de verlo en su accionar personal al frente de las tropas. Es decir los combates donde tomo parte directamente sino el sentido movilizativo  y de resistencia que se creaba  en torno a su figura. El asunto no es tanto determinar cuantos enemigos aniquilo en un combate sino más bien cual es su papel en la formación de la  resistencia de todos.

NOTAS

(1) En Cuba se desarrollaron tres guerras de independencia. La primera de 1868 a 1878. Usualmente se le llama Guerra Grande o Guerra de 1868. En algunos textos españoles se le llama Guerra Larga. La segunda de 1879 a 1880 y se le llama Guerra Chiquita. La tercera de 1895 a 1898 y se le llama guerra del 95 o Guerra de Independencia.
(2)  Roberto Rodríguez “el Vaquerito”. Fue miembro de la columna invasora del Che Guevara en 1958. Hombre de gran valor fue jefe del pelotón suicida Unidad encargada de realizar las misiones más riesgosas. Murió en la toma de Santa Clara en diciembre de 1958. Se le recuerda por su juventud, valor y fidelidad al Che Guevara.
(3) Ernesto Che Guevara Pasajes de la guerra revolucionaria  Editora Política La Habana 2000 P 75
(4) Ibídem
(5)   En la guerra de 1868 y la de 1895 los insurrectos cubanos organizaron una republica que funcionaba con todas las estructuras que tenían en la época. Entre ellos tenia un secretario de la guerra  y un presidente.
(6) Máximo Gómez Báez general dominicano al servicio de la causa independentista cubana. Peleo en la guerra de 1868 y la de 1895 Llego a ser general en jefe de las fuerzas insurrectas en la ultima contienda. Es una figura emblemática de la historia cubana Falleció en 1905 de una infección.    
(7) Calixto García Iñiguez Nació en 1839 en Holguín.  Mayor general y destacada figura militar cubana combatió en las guerras de 1868, la de 1879 y la de 1895. En esta ultima llego a ser lugarteniente general del Ejercito Libertador Falleció en diciembre de 1898 en los Estados Unidos al frente de una delegación de los revolucionarios que intentaba lograr el reconocimiento de los Estados Unidos
(8)   José Antonio Maceo Grajales. Mayor General. Combatió en la guerra de 1868 y la de 1895. Se le considera como una de las principales figuras de la historia militar cubana. Se destaco por su intransigencia y valor personal.
(9)    ANC. Donativos y Remisiones. Fuera de Caja No. 2
(10) Guerrilleros con ese nombre eran designados las tropas auxiliares  del ejercito español que realizaban la labor de contra guerrillas Muchas veces eran campesinos cubanos incluso algunos desertores de las fuerzas revolucionarias que conocían las tácticas de sus antiguos compañeros por lo que eran muy eficaces.
11 En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
12 En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
(13) En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
 (14) Julio Grave de Peralta Mayor general del ejercito libertador cubano Nació en Holguín en 1834. Fue el líder de esa región de la parte norte oriental de Cuba en los primeros años de la guerra de 1868. Murió en combate en junio de 1872 cuando regresaba al frente de una expedición con armas y parque para la insurrección.
 (15) Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio grave de Peralta, Libro copiador,   número 1192 4 de marzo de 1870 A Thomas Jordán 
(16) Tomas Jordán general estadounidense  al servicio de la causa  independentista  cubana entre 1869 y 1870.  Desembarco al frente de la expedición del Perrit en mayo de 1869 y llego a ser jefe del estado mayor del ejército libertador. Sus concepciones formadas en una academia de un ejército regular chocaban con las de sus subordinados acostumbrados  a una guerra irregular. En 1870 con permiso de la Republica Cubana abandono el cargo que desempañaba y se traslado a los Estados Unidos. Se convirtió en un fiel defensor de la causa cubana hasta su muerte. 
(17)  Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta,  Libro copiador  número 1152 del 24 de febrero de 1870
(18)  Carlos Manuel de Céspedes.  Hacendado y abogado natural de la ciudad cubana de Bayamo en el oriente de Cuba. Se sublevo el 10 de octubre de 1868 en su ingenio Demajagua en Manzanillo en el oriente de Cuba. Fue el primer presidente de la Republica de Cuba en Armas Destituido en octubre de 1873 fue muerto por los españoles el 27 de febrero de 1874. Se le considera por los cubanos como el Padre de la Patria. 
(19)  Ana de Quesada Nació en Camagüey, Cuba en el seno de una familia de terratenientes. Sus hermanos fueron altos oficiales del ejército libertador cubano. Ella se incorporó a la revolución.  En 1869 se caso con Carlos Manuel de Céspedes. Capturada por los españoles fue deportado a los Estados Unidos donde nacieron los dos hijos que tuvo con su esposo. 
(20)  Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes. Escritos,  Editorial de Ciencias Sociales, la Habana, 1982, P 110
(21) En: Periódico La Revolución de Cuba.  29 de junio de 1872, núm. 33 (Publicado extractado dentro del Parte de la Secretaria   de  la Guerra, hecho público en el núm. 35 del propio periódico). ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
(22) En: Periódico La Revolución de Cuba, ejemplares del 13 y 20 de julio de 1872, núm. 35 y 36.  ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2.
 (23) Ignacio Agramonte Abogado nacido en Camaguey, Cuba. Fue uno de los conspiradores del complot que dio inicio a la guerra de 1868. Se sublevó en noviembre de ese año. Alcanzó el grado militar de mayor general y fue el jefe de Camaguey. Se destaco por el nivel de organización  que impuso a sus tropas. Murió en combate el 11 de mayo de 1873.
(24)  Elda E. Cento Gómez.  Cartas de Ignacio Agramonte a Amalia Simoni. En Cuadernos de historia principeña. Numero 5. Oficina del historiador de la ciudad de Camagüey. p159
 (25) Amalia Simoni, camagüeyana, esposa de Ignacio Agramonte. Se incorporó a la revolución y marchó a los bosques cubanos con su esposo y casi toda su familia Capturada fue deportada el extranjero.
(26) Elda E. Cento Gómez,  Cartas de Ignacio Agramonte a Amalia Simoni. En Cuadernos de historia principeña. Numero 5. Oficina del historiador de la ciudad de Camagüey. p 159
(27) Flort Crombet general cubano Murió en combate en 1895.
(28) Eusebio Leal Spengler,  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex  S.A. Ciudad de La Habana. 1992.   P 100
(29) Ibídem P 100
(30) Ibídem P 111
(31) Francisco de Camps y Feliu, nació en Cataluña. Alcanzó el grado de coronel del ejército español. Escribió un libro al concluir la guerra cubana de 1868 donde narra su participación en esa contienda en las filas hispanas así como se refiere a diversos temas.  

HOLGUINEROS EN EL MOVIENTO 26 DE JULIO: Dermidio Escalona Alonso


El 5 de febrero del 2009 la noticia impacto en Holguín. En La Habana había fallecido el comandante del ejército rebelde Dermidio Escalona Alonso. Nacido en Pedernales Holguín trabajo en la construcción. En una entrevista realizada por el autor el veterano comandante rememoraba en los días en que participaba  en la construcción de la  presa del río Cacoyuguin en la década de los cincuenta. Al  producirse el golpe de estado de Fulgencio Batista, Dermidio se incorpora de inmediato a la resistencia contra el tirano. El asalto al Moncada lo impacta y le mostraría el camino de la lucha armada.  Bajo la dirección de Delio Gómez Ochoa participa en lo que posiblemente fue una de las primera acciones armadas en el territorio del antiguo municipio Holguín. El asalto a un polvorín en una cantera para obtener explosivos. La acción fracasa.
En mayo de 1957 Delio Gómez Ochoa reúne a un grupo de combatientes para incorporarse  a la guerrilla serrana. Entre ellos se encuentra Dermidio. El grupo burla la vigilancia enemiga y llega hasta la guerrilla que comandada  Fidel. 
Dermidio se destaca en numerosos combates. Es ascendido a oficial. En mayo de 1958 Delio Gómez Ochoa es designado jefe de acción del movimiento 26 de Julio. Parte hacia La Habana en compañía de dos experimentados combatientes: Dermidio Escalona y José Argibay.
En La Habana Dermidio bajo la dirección de Delio participa activamente en la reorganización del movimiento 26 de julio. Este había sido fuertemente golpeado por los órganos de la dictadura durante la huelga de abril de 1958. Muchos de sus integrantes fueron asesinados o detenidos. Dermidio cumpliría otra importante misión asignada por la dirección de la revolución: la fundación de un frente guerrillero en la provincia de Pinar del Río. Participa en varias acciones.   En una de ellas, en el Seboruco, el  17 agosto 1958 es herido.(1) El holguinero comandó estas guerrillas hasta el primero de enero de 1959.  Toda la familia de Dermidio de una u otra forma participará en la lucha contra Batista. Sus hermanos se convertirían en activos combatientes. Uno de ellos Mario fue asesinado por los órganos represivos de la dictadura en momentos en que era jefe de acción en Holguín. Su padre terminaría integrado a las fuerzas del Cuarto Frente Simón Bolívar.  Después del triunfo de la revolución Dermidio desarrollo importantes tareas civiles y militares. 
1—Periodico Granma Ciudad de La Habana  4 agosto de  1983




HOLGUINEROS CONTRA LA GRAN OFESNIVA.


Recientemente acaba de salir el libro La Victoria estratégica, de la autoría del comandante  Fidel Castro Ruz. El texto refleja con lujo de detalles y amenidad la derrota de la gran ofensiva lanzada contra los rebeldes de la Sierra Maestra en el verano de 1958. Cuando iniciamos la lectura de esa interesante obra nos preguntamos ¿Que holguineros  aparecen en las páginas de este texto? Nos referimos a naturales o vecinos del territorio de la actual provincia de Holguín.   Sabemos que un grupo de holguineros tomaron parte en la derrota de aquella ofensiva. Pero veamos quines eran estos combatientes. Entre ellos se encuentra Eddy Suñol Ricardo, Orlando Lara Batista, William Gálvez Rodríguez, Albio Ochoa, Rene Ramos Latour, Fernando Vecino Alegret. Entre los combatientes caídos esta Elionor Teruel.
Diferentes caminos llevaron a estos combatientes a las filas de los rebeldes de la Sierra que combatieron a la ofensiva batistiana. Eddy Suñol Ricardo y Albio Ochoa se unieron en mayo de 1957 a un grupo de combatientes clandestinos holguineros que organizados por Delio Gómez Ochoa se trasladaron a la Sierra Maestra. William Gálvez, era en 1957, jefe de acción del movimiento 26 de julio de  Holguín. Luego del ajusticiamiento del jefe del  regimiento de Holguín en noviembre de ese año, esa organización fue prácticamente desmantelada en la ciudad por la represión.  William logró escapar a la intensa persecución a que estaba sometido y se trasladó a la Sierra Maestra. Se unió a la guerrilla. Orlando Lara combatía en los llanos orientales y a inicios de la ofensiva recibió órdenes de Fidel de incorporarse a las tropas serranas. Rene Ramos Latour miembro de la dirección nacional del movimiento 26 de julio, luego de la huelga de abril se acordó que la dirección de esa organización radicara en la Sierra Maestra. Rene le solicitó a Fidel el tomar parte en las acciones y fue asignado al frente de una fuerza rebelde.  Fernando Vecino Alegret era miembro del 26 de julio en el exterior. Frustrados sus intentos de llegar a la guerrilla en una expedición se trasladó por su cuenta a Cuba y luego de no pocos peligros logró unirse a la guerrilla mandada por Fidel.
Es esta una historia muy poco conocida: la participación de los holguineros en las acciones contra la gran ofensiva de Batista.    



HOLGUIN Y LAS DIVISION POLITICA ADMINISTRATIVA


Al crearse la jurisdicción de Holguín en el siglo XVIII abarcaba un territorio que comprendía desde:
“Majibacoa a Sabanilla del Cauto, de ahí a aguas verdes, punto en el camino de Holguín a Santiago de Cuba, de allí a la bahía de Nipe de esta y bordeando la costa hasta la bahía de Manati y de ahí al punto de partida, Majibacoa” (1)
 La jurisdicción se incremento cuando posteriormente se le agrego las capitanías pedáneas de Mayarí y Yarigua. Pero en simultáneamente se iniciaba un fenómeno que se mantendría durante el siglo XIX y el XX: Poco a poco el territorio holguinero fue disminuyendo. La creación  de la jurisdicción de Tunas redujo su territorio. Al crearse el municipio de Gibara en 1875 cedió dos importantes capitanías, la de Gibara y la de Fray Benito. La perdida de Gibara fue un golpe muy fuerte al municipio. Este se formo en plena guerra de 1868. En dicho territorio se encontraba la zona más rica del municipio. Alrededor del puerto se desarrolló una zona de cultivo protegida de los ataques mambises. Mientras el resto de la región era asoladas por la contienda en Gibara se desarrollaba una gran prosperidad económica. Además Holguín perdió su único puerto  habilitado. Los holguineros pusieron todas sus esperanzas de tener una salida al mar a través de Puerto Padre. Dicho territorio en la época formaba parte del municipio Holguín. Pero el desarrollo de las operaciones militares durante la guerra de 1868 traería grandes cambios. Este puerto durante la contienda quedo subordinado a la jurisdicción militar de Tunas. Por él las fuerzas coloniales que ocupaban esa ciudad mantenían sus comunicaciones.
En esa situación este extenso territorio que hoy forma los municipios de Puerto Padre y Jesús Menéndez  quedó en la práctica bajo la jurisdicción del ayuntamiento  de Tunas.  Luego el asunto se oficializó  como acabó reconociendo el ayuntamiento holguinero en una reunión realizada el  27 de abril de 1876

….si bien es cierto que por la conveniencia de la guerra y facilidad por el servicio de convoyes dispuso la superioridad que Puerto Padre perteneciera a las Tunas. (2)
Al terminar la guerra de los 10 años se establece una nueva división política administrativa. Del territorio de la jurisdicción de Holguín se segrega el de Mayarí que se convierte en municipio. Al producirse la ocupación norteamericana en 1899 el gobernador yanqui segrega el territorio que luego conformo el territorio de municipio banes de Holguín y lo agrega a Gibara. Pero luego este se separa de Gibara en 1910 y forma el municipio de Banes.  
El siglo XX traería nuevas divisiones del antiguo territorio que conformaba la jurisdicción de Holguín. En 1924 se forma  el municipio de Antillas. De esa forma Holguín perdió sus costas. Luego del triunfo de la revolución se creo la región Holguín-Gibara que en esencia comprendía aproximadamente los actuales territorios de los municipios de Cacocum, Calixto García, Urbano Noris parte de Baguanos, Rafaela Freyre y Gibara.
A partir de 1976 con la nueva división política administrativa se creo la provincia Holguín. Por medio de esa división una parte de los territorios limítrofes con el Cauto pasaron a la provincia Granma.  La provincia Holguín quedo constituida por  los antiguos municipios que existían al triunfo de la revolución de Gibara, Mayarí, Banes, Antilla Sagua de Tánamo y un fragmento del de Baracoa, lo que hoy es Moa y el municipio Holguín.     

CITAS
1- Mayra San Miguel Aguilar y Hernel Pérez Concepción Ediciones Holguín 2100 p. 22
2- Archivo Provincial de Holguín Fondo Tenencia de Gobierno Legajo 67 Numero 1982A

HISTORIADORES Y NAZIS


Varios holguineros combatieron en la segunda guerra mundial en las filas aliadas. El número fue tan considerable que en Banes se levanto un monumento a estos héroes. Este asunto no es privativo de nuestra provincia. Vecinos de diversos rincones de Cuba combatieron y al parecer no pocos murieron luchando contra  el fascismo 
La participación cubana en la lucha contra el nazismo y el fascismo durante la segunda guerra mundial es asunto que merece una reflexión desde los marcos de la historia. Aunque parece que   tan solo se conoce  la punta del Iceberg. Hay varios ejemplos de acontecimientos relacionados con la participación cubana en aquel conflicto y que han recibido alguna divulgación. Entre estos se encuentran:  El hundimiento de varios barcos cubanos por submarinos alemanes y la muerte de un grupo de marinos. La participación de algunos jóvenes cubanos en el ejercito  soviético, la detención de un espía alemán en  La Habana  La destrucción  de un sumergible  alemán por un barco de guerra cubano y otros acontecimientos que fueron rescatados del olvido por estudios realizados por historiadores y periodistas. 
En los momentos en que el interés de los historiadores se vuelca hacia los complejos años de la república es necesario que de forma sistemática se incluya lo ocurrido en la isla durante aquel periodo bélico y sus antecedentes. Podríamos preguntarnos  como se reflejo en el senado, la cámara de representante,  los ayuntamientos, partidos políticos, sociedades culturales, centros de enseñanza, sindicatos...   en general en la sociedad cubana aquellos años tenebrosos de las agresiones a Etiopía, China,  España y de la  Segunda Guerra  Mundial. Que impacto tubo en el arte cubano  tanta crueldad. Por ejemplo seria interesante conocer  si nuestros populares y agudos decimistas incursionaron en ese asunto tan cotidiano en aquellos años. 
Es necesario conocer que jóvenes se unieron a las filas de los aliados y combatieron con las armas al fascismo. De ellos quienes vertieron su sangre en la guerra. La participación de obreros cubanos en la industria estadounidense sustituyendo a los que se encontraban en los frentes de combate.  En general indagar sobre cualquier forma de solidaridad desde la colectas  de recursos para los pueblos agredidos hasta el argumento  de los intelectuales de enfrentamiento a tan tenebrosas corrientes del pensamiento en revistas, periódicos libros etc. También el apoyo brindado por las fuerzas de la reacción cubanas  al fascismo.  Lo que también forma parte de la historia.
Mirar el problema  desde las posibilidades de estudios nacionales hasta el análisis de la historia regional que puede ofrecer amplias posibilidades  en ese tipo de estudio. 
Es necesario evitar que  esa parte de la memoria colectiva sobre nuestro pasado se pierda definitivamente.   

HACIA GIBARA: UN VIAJE POR LAS COSTAS DE CUBA.


  
La navegación de cabotaje tuvo en Cuba una gran importancia durante el periodo colonial. El ferrocarril tan solo llegaba hasta Santa Clara. Ciudad situada en el centro de la isla. Para viajar al oriente la forma más rápida era la navegación de cabotaje. En los primeros años del siglo XX, con el auge de la industria azucarera en el oriente de Cuba el cabotaje se incrementó. Pero los días de esta noble actividad estaban contados. El ferrocarril central  que atravesaba la isla de occidente a oriente comenzó a funcionar en 1902. Años después se inaugura la carretera central. El transporte automotor  y de ferrocarriles  concluyen el auge de la navegación de cabotaje en la primera mitad del sigo XX. 
Los españoles han tenido un papel muy importante en la navegación de cabotaje cubana como armadores   y marinos. En particular los santanderinos han escrito una imborrable página de la historia náutica de Cuba. Una de las más importantes compañías navieras que actuaba en la isla pertenecía a la familia Herrera. Su fundador fue el santanderino  Ramón Herrera Sancibrian. En 1858 se iniciaba la vida de esta empresa con el buque Pájaro del Océano Al fallecer el propietario pasó a manos de sus sobrinos Ramón Herrera Gutiérrez y Cosme Blanco Herrera. La empresa  se llamó Sobrinos de Herrera. En 1902 al crearse la República de Cuba la flota la integraban los siguientes buques: Julia, María Herrera, Habana, Santiago de Cuba, Nuevitas, San Juan, Avilés, Cosme Herrera y Nuevo Mortera. Luego se agregarían otros como el buque Las Villas. En 1916 la empresa Sobrino de Herrera fue adquirida por una nueva compañía  que se denomino Empresa Naviera Cubana SA (1)
En 1914 la escritora española Eva Canel  realizó un recorrido por la costa norte de Cuba en el buque  Las Villas de esa empresa de cabotaje. Eva Canel fue pasajera de los buques de la naviera Sobrinos de Herrera  en su ocaso. En su recorrido a bordo del buque Las Villas fue dejando constancia tanto del paisaje humano que descubrió entre los tripulantes de esta nave como de lo grandioso de las costas de la mayor de las Antillas. El texto nos sitúa en la vida cotidiana de un pasajero que desde la Habana se dirigiera a Gibara en las primeras décadas del siglo XX.    
Las muchas exigencias de oficio de periodista que ejerció durante toda su vida  la doto de esa forma de narrar coloquial que nos parece que mas que leer oímos a la vecina contando de sus quehaceres.  En fin   acompañemos  a esta asturiana sensible y apasionada en su viaje por las costas del  oriente de Cuba y tengamos una visión muy peculiar sobre los sufridos y olvidados  marinos de los buques de cabotaje.
                                                 
 DESDE  ORIENTE (2)


Un viaje feliz ha sido el mío  por la costa norte de la Isla, en el vapor “Las Villas”. A veces resulta buen acuerdo decidirse a emprender la ruta de “Santa María de la más lejos” para llegar a donde uno se encamina. (3)
La galantería, la bondad, conmigo excesiva, de D. Cosme Blanco Herrera, (4) me franqueó su barco en términos tales que me ha resultado un “yacht” de recreo.
Yo no podía pensar que un barquito costero, dedicado a carga más que ha pasaje se pudiese viajar tan cómodamente: La tripulación del “Las Villas” (5) de Capitán a page, nada me han dejado que desear. Allí en medio de aquel mosaico étnico, donde se encuentran hombres de todas las regiones de España, (6) no he oído una palabra descompuesta, “ni fea”, cosa muy rara entre españoles. La disciplina admirable; la vida “en familia”, digna del hogar más amoroso y alegre.
El Capitán D. Simón de Bilbao,  es todo un marino y todo un caballero. Bermeano (7) de nacimiento, hace honor a los vascos, por su dignísima severidad, equilibrada y amable: resulta imposible no  quererle estando a sus órdenes y en cuanto a marino de pericia y serenidad ¿cuándo los bermeanos no han dejado el pabellón bien puesto? Sus oficiales, el primero, nacido en Málaga pero criado y recriado en Asturias, el Sr. Vega Fano, y el segundo, D. José Henrríquez hijo de las Afortunadas, (8) secundaban admirablemente a su jefe.
La parte administrativa de “Las Villas” está confiada a otro asturiano, el sobrecargo D. Marcos de la Portilla, natural de Cué, medio andaluz y medio mejicano, por haber vivido muchos años en la tierra azteca y haber enterrado allí cuatro esposa legítimas, según él asegura: mentira más grande que las ferocidades de Pancho Villa (9) y es cuanto hay que decir. Este D. Marcos se debe apellidar de la “Portiella”, no me cabe duda, y en fuerza de equivocarse valerosamente, se acostumbró a castellanizar su apellido con ciertas arrogancias. El caso es que “Portiella” o Portilla tiene siempre  abierto su apellido, con vistas a la más zaragatera tierra andaluza, pero también lo tuvo, conmigo, a la delicadeza y a las atenciones.
A las órdenes de D. Marcos hay un segundo sobrecargo cuyo nombre siento mucho no recordar, porque me interesaba su existencia: había sido militar; tiene en España su familia, de la cual forma parte una hija de quince años que le escribe recomendándole las prácticas religiosas, para consuelo de su vida y esto merece consignarse para que sirva de ejemplo a otras hijas, menos aprensivas. El hombre puede oír con respetuosa indiferencia a la madre que recomienda tener presentes las creencias de sus mayores, pero es imposible que no penetren en su corazón profundamente, esas recomendaciones, cuando las escribe una hija de quince años, que razona como un pensador, y tiene perfecta ortografía y sintaxis muy buena. Cuando el segundo sobrecargo del “Las Villas” me dio a leer la carta de su hijita, se me antojó que sus ojos no estaban muy seguros de no aguarse por mucha fuerza que pretendía sacar el padre, de su hoja de servicios militares. (10) El mayordomo de un barco es un personaje importantísimo para el buen humor a bordo: el estómago regula las acciones, dicen ciertos filósofos y en este caso el Mayordomo  del “Las Villas” nos ha proporcionado buenos platos que el cocinero hacía exquisitos, a nuestro paladar. Los camareros  se portaban a la altura de todo el personal; había entre ellos un cubanito  más vivo que treinta centellas, y muy aficionado a instruirse. Los ratos de vagar se las pasaba escribiendo: ¿ A la novia o a las novias?¿ a los amigos? ¿A la luna?
Sospecho que las novias y la luna, por aquello de dejarlas a la de Valencia eran las inspiradoras de la literatura náutica de “Juancito”.
Felisa, (11) mi dama de compañía, que maternalmente lo trataba era la encargada de averiguar a quién escribía tanto. Pero “Juancito” con habilidad hija de su viveza, le hacía creer que sólo deseaba instruirse y por eso escribía.
Este muchacho tenía un pie en un periódico y otro en el parnaso.
Ya lo verán ustedes. El mejor día deja de navegar y vuela.
La máquina es el corazón potente de la embarcación: su sístole y su diástole regulan a bordo nuestras emociones. El golpeteo acompasado, igual, monótono, repercute en nuestro cerebro y en nuestra actividad estomacal: cuando se altera la monotonía, o cesa la vida de la víscera, sabemos que algo pasa ¿que vamos a fondear sin necesidad de que nos lo adviertan? Por eso a bordo  de un vapor tienen mucha más importancia de la que ven los pasajeros, los maquinistas que viven esclavos de un deber tan lleno de responsabilidades.
Los maquinistas del “Las Villas” merecen un párrafo aparte.
Gallego joven el tercero (José Otero), y andaluz, de Cádiz, José Fernández, el segundo, tienen casi la misma edad; son bien educados, amables, cumplidores de su deber y pasean juntos cuando bajan a tierra, lo cual quiere decir que la camaradería de las calderas y la bondad del alma son, felizmente, ajenas al regionalismo. (12) 
El papá grande de estos muchachos, al cual respetan y hasta quieren bien, es el es primer maquinista D. Andrés Noriega, el gallego más gallego y más delicioso en su prosodia y en su acento, de cuantos han cruzado los mares.
Cuarenta y tres años lleva el Sr. Noriega en la isla de Cuba: tiene  por tanto derecho para hablar de todo y para gritar por todo. El día que se le prohibía hablar del “Centro Gallego” (13) y de política cubana, con el mismo entusiasmo, con el propio calor, con idénticas ansias de arreglarlo y regenerarlo todo, ese día muere D. Andrés Noriega de empacho de legalidad: porque lo legal, lo justo, lo digno es lo que él defiende, con la honradez más pura y bien intencionada. (14)
D. Andrés ha leído mucho: no diré que todo lo leído por él, haya sido tan verídico como debiera ser, lo  que ha de formar el criterio de estos hombres crédulos y rígidos en su credulidad. Este gallego un poco más que adorable todavía, por su alma y por su nobleza, cree ¡ aun hay quien cree¡ que la historia es intangible y los que la escriben unos catones (15) da una importancia extraordinaria a los libros y si no se la da tan absoluta a los periódicos es porque no siempre le dan a él por el gusto en lo del “Centro Gallego”. Fuera de esta cuestión todo lo demás lo parece Evangelios. Pero la placa receptora de sus creencias, es tan noble, que atiende razones y modifica las ideas o aparenta modificarlas, dando así pruebas de una caja de sorpresa, porque nos asombra con revelaciones de cultura histórica poco común en tales casos.
El día que le corrigiese la prosodia al primer maquinista del “Las Villas” o perdiese el cerradísimo acento galiciano y se olvidase por una hora del “Centro Gallego” de la Habana, perdería don Andrés Noriega, para mí, sus mayores encantos.
Comprendo que hay que ser tan amante del habla gallega como yo lo soy (y ahora se me enojan asturianos del Oriente de Asturias) para pedir a Dios que perduren en gallegos como éste, el   acento lleno de cadencias dulcísimas, y la prosodia castellana, empedrada de pintorescos aldeanismos. (16)
¡ Qué viaje más feliz, vuelvo a decir¡ La  costa norte de Cuba atesora bellezas incopiables que se van escalonando para que la admiración pase de sorpresa en asombro.
Nuevitas: (17) ¡hermosa entrada ¡Desembarqué unos momentos, para visitar la Colonia Española. Por estas alturas no se llaman “Casinos” ni “Centros” ni “Círculos”: se llaman “Colonias”.
El vicepresidente de la de Nuevitas es un asturiano D. José Vijande, de Castropol, con el cual, así como con su hermano, charlamos algo, no mucho, por falta de tiempo, de nuestra querida región y de amigos, queridos también para nosotros: el presidente estaba enfermo.
El secretario de la “Colonia”, Salustiano Díaz, es joven, simpático, con tendencias al periodismo y “quizabes” a la literatura.
Me trataron muy bien y les ofrecí volver a mi regreso de Oriente. (18)
Puerto Padre (19) tiene una entrada hermosa y la “Colonia Española un edificio nuevo y elegante.
Era temprano, fui a visitarlo; me lo enseñó un pequeñín, única persona que encontré a tales horas. Dejé una tarjeta en casa del presidente y me lancé a pasear por las hermosas calles del pueblo. Entré en la iglesia y en una tienda y después fui con Felisa a sentarme en la plaza, una plaza monísima y muy cuidada, cuidada, con grandes focos eléctricos que si alumbran tanto como representan, la plaza de Puerto Padre parecerá un ascua de oro, como se dice vulgarmente.
Mis plácemes al Municipio.
Habíamos quedado con el sobrecargo y el mayordomo, en esperarnos para volver a bordo y en este intermedio llegó el presidente de la Colonia a saludarme: es otro asturiano, don Hermenegildo García Siñeriz, de Boal, una persona muy agradable y respetable, de quien hablaré más tarde.
En esos momentos aparecieron el sobrecargo y el mayordomo muertos de risa; les habían tomado por actores o cantantes de la legua y a nosotras por cómicas “extranjeras”
-¿Cuándo dan ustedes función? – les preguntaron.
-       Mañana- respondió el sobrecargo.
-       - Pero bien puedes tener cuidado- exclamó el mayordomo- no te vaya a pasar lo que en Nuevitas con los gallos que diste en “Marina”.
-       Aquello fue una causalidad - contestó el de Cué, sin ponerse colorado.
-       Y unas señoras que andan por ahí  son también de la compañía
-       Ya lo creo
-       Y la más delgada ¿quien es?
-       Tina di Lorenzo _ constestó el mayordomo muy campante, sin inmutarse.
-       ¿Y la más gruesa?
No quisieron  decir lo  que le contestaron  a esta pregunta, pero me adelante yo diciendo.
-       La característica
En el embarcadero de Chaparra (20)  dejamos uso quince o veinte alemanes procedentes de los barcos internados en la Habana. (21)
Al despedirse desde la cubierta, de los compañeros que se divisaban a lo lejos, en el fondo de la bahía habanera, algunos de estos jóvenes, fuertes y serenos, con una fuerza de voluntad pasmosa para dominar sus impresiones, llevaba el pañuelo a los ojos disimuladamente, volviendo en seguida a tomar parte en la conversación agitando el pañuelo hacia los barcos que acababan de abandonar.
Sólo uno de ellos hablaba castellano, pero todos según me dijeron eran de instrucción superior a la del obrero, y sin embargo, no pasaban de ser marineros con tatuajes en las manos algunos de ellos.
Profunda pena sentí por estos muchachos, en tierra extranjera, sin conocer el idioma, imposibilitados de ayudar a su patria, alejándose de su  hogar querido, los barcos en que navegaban, y teniendo que ganar el pan desempeñando faenas que no les son propias. Todo estaba retratado en aquellos semblantes que si no revelaban desaliento, revelaban en cambio la más heroica de las resignaciones: la de ocultar el dolor por creer que el dolor en algunos casos deprime el honor patrio.
No fui yo sola la que hizo reflexiones a bordo. Los tripulantes tuvieron algo que estudiar en aquel grupo de alemanes que se condujeron con la circunspección más cumplida. Creo que habrán salido del barco muy satisfechos porque les han tratado lo mejor que se podía dentro de la clase que ocupaban.
Cuando al muelle de Chaparra llegó el tren que debía conducirlos al “ingenio”, todos respiramos libres de una preocupación: parece ser que en el “Chaparra” hay ingenieros químicos alemanes  y en este caso ya estos pobres prisioneros en libertad encontrarían quien mirase por su vida y su suerte.
La entrada de Puerto Padre y Chaparra se puede llamar con propiedad los Dardanelos cubanos.
¡Qué canales bordeados de vegetación, qué recodos y vueltas, cuántas emociones se sienten desde el puente del buque contemplando los caprichos del sublime ingeniero que trazó la ruta por donde se deslizan los barcos suave y dulcemente.
Pero si Puerto Padre se parece a los Dardanelos, (22) en cambio la entrada de Banes·(23) no se parece más que a sí propia. Dificulto que haya en el mundo otra que mayores admiraciones arranque.¡ Y pensar que la inmensa mayoría de los cubanos no conocen estas excelsitudes naturales de su tierra¡
Hay momentos en que el barco entra en un círculo y no es posible adivinar por algunos minutos cuál será la ruta a seguir: cuando la proa queda enfilada definitivamente, entonces  nos asalta la duda de sí  cabremos por aquella boca tan estrecha.
La navegación del Alto Magdalena en Colombia guarda semejanza con la entrada de Banes. Tiene aquélla la majestuosidad que las montañas le prestan y saltos que allí se llaman “chorros”, saltos que en las grandes bajantes del río dan ocasión a escenas pintorescas para ayudar a subir los vapores.
La entrada de Banes no se desliza entre montañas, pero el terreno de sus orillas es feraz, hermosísimo y de vez en cuando adornado de viviendas soñadoras, aunque para soñar hay que olvidarse de los Mosquitos, única bestia feroz, enemiga de estos admirables parajes.
El embarcadero de Banes, donde atracó “Las Villas”, es muy hermoso: profusión de palmeras y de árboles colosales, calles, viviendas amplias... pero todo propiedad de la compañía del ferrocarril, dueña del muelle y de cuanto se ve: viviendas que alquila por precio mínimo, es verdad, a los empleados, prácticos, y demás familias que de ella dependen. (24)
Estuvimos de visita en casa del práctico mayor, D. José Martínez, un viejecito asturiano  más antiguo en la isla que D. Andrés Nogueira. En casa de este buen paisano, encontramos la maestra de Embarcadero, una simpática y distinguida joven  que tiene muchos niños bajo su inteligencia  y su cuidado de lo que materialmente puede atender, pero no se lamenta ni se queja de nadie: cumple su deber, tomándolo como debe tomarse: con el carácter de Apostolado para que surta efecto.
Otro practico, asturiano también, he conocido en Banes; y éste es joven, avilesino, simpático y está casado con una hermosa y simpática cubana. Carlos Morán nos llevó asimismo a su casa y pasamos algunos momentos en su elegante morada.
Tanto la familia del práctico mayor como la señora de Morán nos llenaron de atenciones.
Estas visitas las hice con el capitán Bilbao, y algunos otros tripulantes; el primero recibía en todos los puertos felicitaciones entusiastas por ser el primer viaje  que mandaba “Las Villas” como capitán suplente y que no era cortesía banal bien quedaba patentizado.
En Gibara bajé a tierra de noche, lanzándonos heroicamente muelle adelante por un más obscuro que boca de lobo: a pesar de esto y de la extensión del muelle (25) y de algún recobeco difícil en tantas obscuridades, como la novedad siempre tiene atractivos, el paseo no había de carecer en absoluto de ellos.
Me fui a la “Colonia Española”; no estaba el presidente, pero encontré un amable secretario y también a D. Javier Longoria, que me dijo, entre suspenso y asombrado:
-       ¿Qué hace usted por aquí? ¿De dónde sale usted?
-       No necesito jurar que me causó impresión el encuentro con el señor Longoria, esta reliquia que mucho deben querer en  Gibara y seguramente la quieren. D. Javier Longoria no es muy viejo, pero se conserva mucho más joven de lo que debe ser; ha cambiado poco... Su semblante es más triste...
Ha perdido un hermano querido hace poco tiempo y su tristeza tiene la más legítima explicación.
Otra sorpresa me estaba reservada en Gibara. Me presentó un miembro de la directiva de apellido Loza y al preguntarle si tenía alguna hermana en la República Argentina y si era nativo de la Caridad, me contestó:
-       Sí, señora; mi hermana Antonia.
No solamente lancé un grito  de sorpresa, sino de alegría. Antonia Loza es la esposa del Dr Pérez Redondo, un distinguido médico, un caballero cumplidísimo, que goza de grandes consideraciones en Paraná, una de las capitales más cultas de la República Argentina y cabeza de la rica provincia de Entre Ríos. Encontraba el hermano de tan buenos amigos.
No hay para qué decir que mi sorpresa fue satisfactoria. (26)
Volví a bordo pronto, porque la oscuridad del muelle me asustaba un poco y no ví nada de lo que se llamó “Covadonga Chiquita” (27) porque como digo, era poco a propósito la hora; pero el edificio de   la Colonia me pareció bien y el salón muy hermoso. Dejé la visita para el regreso.(28)

NOTAS

1--  Censo de 1943 La habana P Fernández y Cia S. En C. Pp 558, 559
2-- En 1907 la provincia de Oriente tenia una población de 455 086 habitantes de ellos 22 738 habían nacido en España. En 1919 la población de Oriente ascendía a 730 909 habitantes. En el periodo en que Eva Canel visitó la provincia estaba en pleno desarrollo el gran  auge azucarero que caracterizo a este territorio. Lo que trajo a un número relativamente importante de inmigrantes españoles.
3— Eva Canel podía haber llegado desde La Habana hasta Santiago  de Cuba en  tren. Desde diciembre de 1902 funcionaba el ferrocarril central. .
4-- Cosme Blanco Herrera, Santanderino sobrino del armador Ramón Herrera San Cibrian primer conde de la Motera,   heredó junto a su hermano  la compañía naviera de su tío   que fue bautizado con el nombre  de Sobrinos Herrera. Eran propietarios de un muelle en el puerto de La Habana y de varios buques.
5-- En la colonia la única forma práctica de trasladarse a la parte oriental de la isla era utilizando algunos de los numerosos buques de cabotaje que visitaban regularmente los puertos cubanos. Cuando se quería viajar a algunos de los puertos del sur de la isla era necesario trasladarse de La Habana por ferrocarril a Batabano. El tren hacia una parada cercana a ese embarcadero. Los buques evitaban viajar a La Habana por el sur  por los peligros que ofrecía el extremo occidental de la isla. Para los puertos del norte se salía directamente de la bahía de La Habana.
6—Una parte considerable de los marinos de la flota de cabotaje en Cuba en la época eran españoles. Los cubanos vivían de espaldas al mar. Pese a que Cuba era una isla en la época en que la visita  Eva prácticamente no había una flota mercante.
7—Natural de Bermeo ciudad portuaria de Vizcaya.
8—Las Afortunadas así se les llamaba a las Islas Canarias.
9—Pancho Villa nombre con que era conocido el general mexicano de la Revolución Doroteo Arango. Nació en 1887 y murió en 1923.  Sobre él  se tejió una leyenda de su ferocidad. Es interesante que Eva Canel pese a su pensamiento derechista pone en duda la veracidad de estos criterios sobre este líder popular mexicanos. 
10—Eva nos sitúa ante un personaje antológico de la inmigración española. El antiguo militar que ha retornado a la isla o se ha quedado luego de concluida la guerra. El ejército español fue un medio de migración importante durante la colonia. Su aporte postrer a esta corriente humana la dio al concluir la guerra con los militares que se quedaron. También los que marcharon a España y  luego retornaron a Cuba. En los primeros  años del siglo XX en Cuba residían algunos altos oficiales españoles entre ellos incluso generales.  Es interesante esta psicología de estos guerreros que retornan a la tierra donde fueron derrotados. Así como de los vecinos de esta tierra que los reciben con un absoluto olvido del pasado. Esto ocurre pese a lo muy bien definido de la nacionalidad cubana. El veterano mambí  Horacio Ferrer se refería a un coronel español asesinó de prisioneros indefensos, se quedo a vivir tranquilamente en La Habana, después de firmada la paz¨  Horacio Ferrer Con el Rifle al Hombro Editorial de Ciencias Sociales La habana 2002 p 33
Se han hecho algunos estudios sobre la emigración de militares a Cuba por Manuel Moreno Fraginal y también Francisco Pérez Guzmán.
11—Felisa  Acompañó a Eva en su recorrido por la isla. En su libro da escasa información de esta mujer tan solo sabemos que es española.
12—Los antecedentes del Centro Gallego  los podemos encontrar en la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Galicia, fundada el 31 de diciembre de 1871. Esta institución apoyó la fundación del Centro Gallego de La Habana acontecimiento que se materializó el  23 de noviembre de 1879. El centro tuvo como primer local un edificio situado en Prado y Dragones, en Las Habana. Posteriormente crearon el Palacio Social frente al parque central de La Habana con un teatro con capacidad para 3000 personas. Tiene además múltiples salones para otras actividades sociales.  Fue nacionalizado en 1960. Hoy  se le denomina como Teatro Nacional.   
13—Eva nunca hace referencia a los asuntos internos de Cuba en su libro de viajera Lo que vi en Cuba. 
14—Eva se niega  de dar criterios sobre los españoles que opinan o participan en la vida política cubana. Tan solo los menciona sin otros argumentos. No sabemos las causas de esta actitud de una mujer tan apasionada en sus criterios y que por su pasado estaba muy cerca de la historia de la isla.
15—Por extensión le da el nombre a los historiadores del historiador romano Marco Poncio, llamado Catón el Censor. Nació  234 y murió en el 149 antes de nuestra era. 
16-- Estas descripciones de inmigrantes españoles en Cuba es una constante en la obra de Eva. En contadas ocasiones lo hace con cubanos. Incluso pese a que en su camino se encuentra con personajes tan interesantes como Emilio Bacardí. Casi todo su interés se vuelca en estas españolas anónimas que al doblar de unos años serán olvidados. Aunque esto le da cierto aire aldeano a su obra pues en lugar de universalizarlos,  los reduce a rasgos muy específicos de cada persona  que describe. Pero al mismo tiempo este es uno de los méritos de  la obra al  describir aquella Cuba española en sus más mínimas expresiones. Mientras los demás libros de viajeros sobre la isla mencionan por regla en forma muy general a los inmigrantes españoles que tan importante fueron en el pasado de la isla.
17—Nuevitas, puerto situado  en la costa norte de la provincia de Camagüey. Era un municipio cuando Eva lo visitó.  En 1907 el termino municipal  tenía una población de 10620 personas, de ellos 1323 españoles  Dato tomado del Censo de 1907 P 345
 En 1919 la población del municipio era de  15690 habitantes. Dato tomado de Censo de 1919 p 396
18—Eva cumplió su promesa y visitó Nuevitas.  Lo describió en estos términos... es un pueblo pequeño y bastante olvidado de la urbanización, pero los habitantes son amables: hay personas muy cultas y, por lo visto viven en perfecta armonía los extranjeros con los nacionales. Tomado de Eva Canel  Lo que vi en Cuba  (A través de la isla)  Imprenta y Papelera La Universal Obispo Numero 34 La Habana 1916 pp.  164 173
p. 330
19-- Puerto Padre municipio situado en el norte de la provincia de Oriente. En 1907 tenía el termino municipal  una población de 34 061 de ellos eran  1500  españoles. En 1919 tenía 40346 habitantes. En esa fecha el poblado cabecera  tenía  4362 vecinos.  Junto con Gibara constituía uno de los puertos de gran auge económico durante el siglo XIX
20-- El primer   embarcadero del central Chaparra se encontraba en Cascarero pero al construirse el de Cayo  Juan Claro el primero fue abandonado. Por Cascarero llego un buque con un importante cargamento e inmigrantes canarios para trabajar en el central. Por lo que en su fundación en este central trabajaron gran cantidad de canarios y españoles.
21--La primera guerra mundial había comenzado en agosto de 1914. Cuba se mantuvo neutral hasta 1917 que luego de la entrada de Estados Unidos en la guerra también lo hizo. Antes de entrar en el conflicto como país neutral los buques mercantes alemanes  que se encontraban en sus puertos y no los abandonaron en un plazo establecido fueron ocupados por el estado cubano.  Es interesante  que este grupo de marinos alemanes  vayan a trabajar al central Chaparra. En esta época la fuerza laboral no abundaba en los centrales azucareros  cubanos. Los propietarios del central Chaparra habían realizado considerable esfuerzo para traer canarios, y antillanos. El presidente de la República Mario  García Menocal fue el administrador  de ese central por lo que es comprensible que estos alemanes que poseían instrucción y probablemente conocimientos sobre la industria fueran enviados a Chapara y no a otro lugar. La suerte corrida por los buques alemanes internados en Cuba y sus tripulantes es desconocida por la historiografía o por lo menos no se a publicado sobre este tema. 
22— Dardanelos  Estrecho entre la península de los Balcanes y la Anatolia  Los muchos viajes y países visitados y la amplia cultura de Eva Canel le permiten hacer diversas comparaciones con lugares visitados o conocidos por referencia.
23—Banes ciudad donde radicaba la dirección de la compañía estadounidense United Fruit Company. El municipio se fundo en 1910.  En 1919  el municipio contaba con  27 391 habitantes. 
24-- La población de Banes cabecera del municipio del mismo nombre es un pueblo mediterráneo situado a varios kilómetros del referido embarcadero descrito por Eva Canel.
25-- La bahía de Gibara tiene poca profundidad por lo que fue necesario construir un largo muelle. Este muelle por el que desembarco Eva Canel en aquel  momento  era propiedad de la familia gibareña Beola. Fue destruido por el ciclón Flora en octubre de 1963. 
26—Argentina era centro de unas poderosas inmigraciones españolas en esos años. Eva vivió muchos años en ese país.
27—  Covadonga Chiquita con ese nombre fue conocida  Gibara durante las Guerras de Independencia. La numerosa inmigración española establecida tanto en el puerto como en el hinterland de este actúo con gran energía defendiendo el integrismo. Gibara es la única población de la antigua provincia de Oriente que no fue atacada por loa mambises en las tres guerras de independencia.
28- El texto reproducido fue copiado de Eva Canel  Lo que vi en Cuba  (A través de la isla)  Imprenta y Papelera La Universal Obispo Numero 34 La Habana 1916 pp.  164 173