miércoles, 22 de diciembre de 2010

TESTIMONIO SOBRE EL FIN DE UN EJÉRCITO

Uno de los temas menos conocido son las anécdotas y  detalles de cómo el ejército de Batista luego del triunfo de la revolución fue desarmado y licenciado.
Al producirse la caída de la dictadura de Batista el ejército, que le había permitido llegar al poder y mantenerse en él hasta el 31 de diciembre de 1958, permanecía en sus rendidos cuarteles y campamentos, pero una parte considerable de ellos armados todavía. Se conoce que la mayoría de ellos que no habían cometido crímenes ni abusos con la población fueron licenciados, mientras un grupo reducido de oficiales y soldados  continuaron en el servicio de las armas asesorando al ejército rebelde. En general existen pocos testimonios de cómo se produjo aquel proceso de licenciamiento de las fuerzas de la tiranía. Lo ocurrido en el poblado de  San Germán con los soldados de la tiranía parece ser un acontecimiento bastante singular. Es por eso que nos ha llamado la atención y vale la pena reproducirlo. Un testimonio excepcional es el que nos brinda  Orlando Lorenzo Castro, en su libro testimonial,  Memoria del capitán Pineo, publicado por la Casa Editorial Verde Olivo de Ciudad de La Habana,  en el 2007. Orlando,  un destacado combatiente, primero de la clandestinidad y luego  del ejército rebelde, fue oficial  en el Segundo Frente Oriental “Frank País”. El fin de la guerra lo sorprendió combatiendo al enemigo en la cercanía de San Germán, un central azucarero situado en el territorio de la actual provincia Holguín. Orlando quedó al frente de la guarnición rebelde establecida en ese lugar. Pero un asunto peliagudo es que allí se encontraba una numerosa guarnición enemiga. Esta eran los restos de una poderosa columna, que bajo el mando del  comandante batistiano, Jesús Sosa Blanco había rescatado la guarnición de Cueto y bajo el hostigamiento rebelde llegó a San Germán con gran cantidad de bajas.
  Este aguerrido combatiente en sus memoria nos narra lo acontecido con aquella tropa en los en enero de 1959.  


Mis primeros pasos al frente de la plaza de San Germán fueron complejos, pues existía una gran cantidad de guardias de la dictadura armados, según se había pactado para la rendición. Para mi tranquilidad, me acompañaban aguerridos y fieles combatientes entre quienes se encontraban los tenientes Arsenio Ferrer, el Tigre; Dantes Pérez, Jesús Núñez, Aurelio Más, Santiago Calzado. A los pocos días vino a verme el capitán Bonilla, quien se había quedado al frente del convoy de los guardias, y me planteo:
-          Capitán, nosotros hace meses que no cobramos y no sabemos cómo están nuestras familias en La Habana. Hace falta que usted nos deje ir a Columbia (1) para resolver estos problemas.
Enseguida pensé que ese era el momento ideal para desarmarlos y le dije:
-          Mira, Bonilla, tú sabes como están las carreteras llenas de miembros del Ejercito Rebelde. Si los ven a ustedes armados pueda haber una confusión  que concluya en una matanza. Si tú estas de acuerdo, me entregan todas lar armas, excepto las personales de los oficiales, y yo les pongo carros y les doy salvoconductos a todos para que se vayan.
Me contesto  que debía consultarlo con los demás oficiales y el personal. Enseguida  reuní a todos mis jefes, les comente que la idea era ante todo quitarles las armas y deshacernos de ellos. Al poco rato regreso  el capitán Bonilla  con otros oficiales y me contesto que estaban de acuerdo. Les dije que recogieran las armas por unidades y  que, organizadamente, se las entregaran al cuartel maestre Raúl Rodríguez, Toti, pues ya teníamos un grupo de jefes y oficiales responsabilizados  con dicha misión. Me preguntó entonces cuando podrían salir:
-En cuanto me entregues todo el armamento me lo informas y voy  movilizando el transporte- le respondí.
Delante de él, le dije al teniente que estaba fungiendo  como jefe que viera al director del central  y les dijera que nos hacia falta transporte. Enseguida aparecieron camiones, guaguas, camionetas…Al otro día por la mañana, el 4 o el 5 de enero, salía la tremenda  caravana rumbo a La Habana. Nunca más supe de ellos. (2)
NOTAS

1—Columbia era el más grande centro militar del ejército de Batista. En el se encontraba el Estado Mayor del Ejército. Después del triunfo se convirtió en una ciudad escolar.
2--Orlando Lorenzo Castro Memoria del capitán Pineo, Casa Editorial Verde Olivo Ciudad de La Habana, 2007,  pp. 61, 62.

EL ISLEÑO DE CASA BLANCA

Es una historia que se cuenta de un tirón la del isleño de Casa Blanca. Llego José Antonio Pérez Rodríguez, por el puerto de Gibara en un año que nadie recuerda del siglo XIX. Se fue de finca en finca buscando empleo hasta que lo encontró en el ingenio Casa Blanca fundado no muy lejos de la costa de la bahía que lo vio llegar. Comenzó como peón. Fue ascendiendo en confianza de los dueños por su obsesión por el trabajo.  Las guerras y las malas cosechas, la mediocridad de la administración  y las crisis internacionales hicieron que los propietarios  del ingenio comenzaran a vender pedazos de su finca. Para sorpresa de todos encontraron  un comprador en el batey de la finca.   José Antonio pagaba al contado para escapar de cualquier compromiso patriarcal por su condición de empleado de quienes le vendían.  Pedazo a pedazo llegó a adquirir la propiedad de la finca Casablanca cuando el ingenio ya había sido demolido. Se le llamó el   isleño de Casablanca.  Se le recordó como un hombre afortunado. También muy reservado,  amigo del silencio. Quizás por eso nunca sabremos las muchas amarguras del ahorro que lo acompañarían por siempre como un recuerdo terrible de aquellos años de guardar y soñar.

Testimonio  de Pedro Pérez Guerrero,  Ramón Pérez Cuenca y  Wilfredo Pérez González en el archivo personal de Enrique Doimeadios Cuenca. 

EL GRABADO EN HOLGUIN” UN ESPACIO QUE ERA NECESARIO OCUPAR.

En el año 2006, Ediciones Holguín, puso a disposición del público un libro titulado “El grabado en Holguín” de Ernesto Galbán Peramo.  El texto contiene un estudio realizado por el autor sobre el grabado en Holguín desde su surgimiento hasta la década de los noventa del siglo XX. Ernesto Galbán Peramo, nació en Gibara, en 1965. Es  Master en Historia del Arte y profesor de esa especialidad en la universidad pedagógica, José de la Luz y Caballero, de Holguín. Había publicado catálogos para exposiciones de artistas plásticos tanto  personales como colectivas. También llevó a la letra de imprenta varios artículos que han aparecido en revistas cubanas y extranjeras. Este es su primer libro.  No hay duda que ha tenido olfato fino para entrar en el mundo editorial este  autor. Pues se inició con un tema prácticamente  inédito y que por su desarrollo reclamaba la visión de un investigador.
El autor hace un análisis sobre los orígenes del grabado en Holguín.  En su criterio este se inicia de forma muy modesta en el siglo XX con un objetivo esencialmente comercial. Aunque el autor resalta por su calidad los trabajos de Rafael Melanio Aguilera y Argelio Cobiellas.
Pero no fue hasta después de 1959, con el desarrollo cultural y educacional que impuso la revolución, que en Holguín se produce un desarrollo de las artes plásticas y del grabado. El 12 de noviembre de 1969, se crea el taller de grabado de Holguín. Papel  muy importante en esta acción cultural jugaron los artistas Julio Méndez,  Nelson García, Jorge Hidalgo,  Roger Salas y Alejandro Querejeta.
El texto de Galbán nos conduce por los caminos del grabado holguinero. En su compañía llegamos hasta lo que fue la primera muestra de ese taller que bajo el nombre de “Hacer Ver” se presentó en 1970, en Holguín. Avanzamos por las páginas del libro hasta los años 90 en que el período especial, como se le ha llamado a esos años de crisis,  golpeó duramente a los grabadores holguineros. Según criterio del autor  esto trajo una atomización de los artitas, pues los que pudieron adquirieron talleres donde continuaron sus trabajos. Según Galbán  “mas que un hecho degenerativo para el ámbito creativo significó un nuevo comportamiento en las propuestas individuales que se sumaron al ambiente general de las artes plásticas” (1)
En sus análisis sobre esos años difíciles el autor nos dice que: “Unos grabadores exponen serias propuestas; otros en cambio fáciles salidas de tipo meramente comercial…” (2)
Aunque como el mismo explica: “Por fortuna, en el contexto de la localidad se mantiene una voluntad de continuar creando proyectos interesantes y sugerentes… (3)
En fin estamos ante un texto indispensable  para conocer no solo el grabado en Holguín sino en general en Cuba.  El texto con una edición de 800 ejemplares se agotó en las librerías.    Ernesto Galbán Peramo ha continuado en el camino de las investigaciones artísticas y esperamos que más temprano que tarde nos sorprenda con otra obra.

Notas

1--Ernesto Galbán Peramo, El grabado en Holguín, Ediciones Holguín, 2006, p.  71
2—Ernesto Galbán Peramo, El grabado en Holguín, Ediciones Holguín, 2006, p. 68
3-- Ernesto Galbán Peramo, El grabado en Holguín, Ediciones Holguín, 2006, p. 68 

LOS VIEJOS AMIGOS DE SIEMPRE

El valle de colinas suaves que dejan espacios suficientes para futuros caminos fue la primera señal que debieron recibir quienes se iniciaban  en el transito de conquistadores a colonizadores. Había llegado García Holguín en épocas tempranas y luego de muchos abatares en el Nuevo Mundo  iba a establecer su hato en aquella tierra de tanto verdor que cansaba la vista. De seguro que entre tanto árbol no distinguió los ríos hasta que ya tropezó con la humedad. Lo atravesaron sin dificultad pues había vado suficiente para ellos. Fue exploración inicial hasta que descubrieron que se encontraban rodeados de agua. Estaban en una verdadera Mesopotamia. Aquellos ríos sin nombre fueron bautizados como “Fernando” e  “Isabel”, recordando a los reyes españoles que habían apoyado la empresa del descubrimiento. Rodeado de indios y de seguro de otros hispanos García Holguín inició el establecimiento de su hato. La tradición  más que la demostración histórica  sitúa el acontecimiento el 4 de abril de 1545.
El agua que siempre ha sido difícil en la región fue asunto de seguro a tener en cuenta a la hora de elegir un territorio para fundar la población en las primeras décadas del siglo XVIII. Se le llamo a Holguín. No podía haber mejor asiento para el futuro desarrollo demográfico que el espacio sólido entre los dos ríos. Mucha llanura para trazar calles rectas y bastante agua para satisfacer la gran sed de la civilización.
La vida de la ciudad de Holguín  desde aquellos momentos quedaría estrechamente ligada a ambos ríos. Muy pronto comenzaron a ser incluidos en la vida común. Los nombres resultaban demasiado lejanos para esta gente de acá que paulatinamente  comenzaron  a olvidar la  península. Una decisión que hoy es anónima renovó el bautizo. “Marañón” fue designado uno de aquellos riachuelos siguiendo el criterio de esos árboles frutales que debieron crecer en algunas de sus márgenes. El otro se le designó como “Jigue”. Personaje de la mitología africana. De esa forma se incluía por decisión popular a esa cultura tan importante para el cubano.
Los ríos eran los límites lejanos de la población. La ciudad crecía despacio como si temiera llegar a aquellas  fronteras húmedas  de su feudo. Se situó el cementerio del otro lado del “Jigue”. Traspasar los ríos era sinónimo de lo distante. Del otro lado del “Marañón” debía ser símbolo  de lo  desconocido para los más cautos en el andar. Los vados se mostraban demasiados inseguros en tiempo de lluvia por lo que se recurrió  a los puentes. Rústicos y de madera inicialmente, de arcadas y de materiales mas sólidos  los que los sustituyeron. La ciudad comenzó a rebasar los límites del río. Las calles que morían en la hierba y las arboledas fueron avanzando  paulatinamente hasta situar sus extremas vanguardias en  los ríos. Luego fue el salto de la ciudad que incursionó en las otras márgenes. La ciudad que había vivido en buena armonía con los ríos se volvió glotona. Sus vecinos comenzaron a construir sus casas muy cerca de las márgenes. Era como si no se quisiera dejar los marcos de la Mesopotamia. Por último los más arriesgados arrinconaron a los arroyos nobles ocupando sus desagües naturales. En ocasiones el “Jigue” y el “Marañón” llegan reclamando lo que justamente es de ellos. Pero en lugar de prados por donde se fuguen sus aguas encuentra muros, puertas, ventanas, techos.... Las aguas sorprendidas por el inesperado descubrimiento realizan una protesta salvaje penetrando por cuanta rendija encuentran a su paso, confiscando muebles y televisores, radios y refrigeradores que van aguas abajo en demostración  de que la naturaleza tiene fronteras inviolables Pero luego los ríos  vuelven a su cause. Se recogen sobre si con cierta timidez no siempre comprendida. Los vecinos de la ciudad como si quisieran vengarse de sus furias  los han convertido en cloaca abominable. Viven los ríos  muy tristes. Los nobles  que brindaron sus aguas y frescuras a sus vecinos y que han hecho esta tierra fértil para que cada patio conserve un breve esbozo de bosque han sido ofendidos y humillados en su esencia.
Hoy la ciudad  necesita no ir a los tiempos iniciales de tanta furia humana, sino retomar el sentido de la civilización de convivir con la naturaleza y hacer del “Jigue”  y el “Marañón”  lo que fueron y deben ser los viejos amigos de la ciudad.    

viernes, 10 de diciembre de 2010

EL CORONEL PERALTA Y LA PROTESTA DE BARAGUA

En febrero de 1878 se firmo el Pacto del Zanjon por el que una parte de las fuerzas libertadoras cubanas deponían las armas. Antonio Maceo secundado por un grupo importantes de patriotas realizó  La Protesta de Baraguá. En esta Maceo y sus compañeros ante el general Arsenio Martínez Campos, artífice por la parte española del Pacto del Zanjon se negaron a aceptar la rendición. Estaban dispuestos a continuar la lucha iniciada en 1868.
La Protesta de Baraguá      es un acontecimiento muy conocido y estudiado en la historia de Cuba. Pero surge una interrogante al lector: ¿Una vez materializada la Protesta, las fuerzas mambisas continuaron realmente combatiendo? Parte de la respuesta a esa pregunta la podremos encontrar leyendo el diario de campaña del general  Vicente García jefe de las tropas insurrectas de Tunas. Las fuerzas tuneras continuaron combatiendo.
Entre los hombres que acompañaron al general García en estas acciones estaban las tropas holguineras bajo el mando del coronel Belisario Grave de Peralta. Este oficial operó fundamentalmente en la parte occidental de Holguín. Una zona limítrofe con Tunas y estrechamente vinculado al general Vicente García. De hecho Belisario se encontraba bajo las órdenes directas de Vicente García. Leyendo el diario del general tunero podremos conocer de las acciones desarrolladas por el coronel Peralta como era conocido popularmente Belisario.
El 22 de marzo de 1878 Vicente escribió en su diario
       
22- Organicé una columna de infantería y la puse a las órdenes del coronel Peralta para que marchando sobre la parte norte de Las Tunas, se embosque en el camino de Maniabón dos días, para si pasaba algún convoy lo atacase. Yo marché con la caballería y un piquete de mi escolta de a pie con dirección al Sur de Las Tunas e hice noche en Las Coloradas

Vicente Garcia continua operando contra los españoles. El 5 de abril de 1878 se reúne con Belisario Grae de Peralta. Este le informa de las acciones que ha realizado. Pero dejemos que sea el propio Vicente García quien nos narre las acciones desarrolladas por su subordinado holguinero.
5 abril 1878- Marché a Murciélaguito donde encontré ya reunidos a los coroneles Peralta y Borrero con las fuerzas con que les envié en operaciones por distintos puntos. El primero me participa que el 25 (marzo 1878) próximo pasado,, atacó al enemigo en camino de Maniabón a Tunas el que dejó algunos muertos y cabalgaduras en los primeros momentos, pero repuesto aquel y siendo superior en número recuperó los cadáveres teniendo los nuestros que inutilizar los caballos tomados. Tómase al enemigo un rifle y algún parque y otros efectos y se retiró Peralta con dos heridos.

Belisario continuo combatiendo hasta el mes de junio que ante la situación en qUe se encontraba el ejercito libertador y cumpliendo ordenes de Vicente García depuso las armas.

EL ATAQUE A YARENIQUEN: UNA TIPICA ACCION DE GUERRA DE GUERRILLAS.

El año 1876 fue inaugurado por el coronel  Belisario Grave de Peralta con el ataque al poblado de Yareniquén, en el territorio de la brigada occidental de Holguín. En los momentos en que el coronel Peralta decidió realizar el asalto ". . . venía desarrollando una victoriosa campaña en la zona occidental de Holguín desde hacía algunos meses atacando y destruyendo muchos de los campamentos del colonialismo español situado en ella". (1)
Yareniquén  estaba situado entre Holguín y Auras una zona muy vigilada por el mando español. Además  era defendido por una guarnición constituida fundamentalmente de voluntarios que tenían una doble función; cultivar las tierras cercanas y protegerlo de los insurrectos. Sin embargo Belisario contaba con la colaboración de varios vecinos. Uno de ellos, N. Romero, se entrevistó con Peralta y acordaron un plan de ataque.

El día 21 de enero de 1876, ya en marcha hacia la acción, al frente del regimiento Jiguaní, número 4, acampó en los Hitabos donde recibió  los últimos informes de sus colaboradores. Durante todo el día preparó con meticulosidad de relojero el ataque. La sorpresa era el elemento esencial para la victoria. Dividió la tropa en tres destacamentos. El primero bajo el mando del sargento  Gumersindo Bruzón, con 15 hombres y llevando como práctico a  N. Romero, se acercaría silenciosamente al fuerte que protegía la entrada del poblado y neutralizaría las postas. El segundo  a las órdenes del comandante Cornelio Rojas e integrado por el batallón número 2 y la plana mayor del regimiento entrarían en el fuerte y el poblado tras el destacamento del sargento R. Buzón. El último, 8 hombres dirigidos por Álvaro Carralero,  quedaría como reserva.

Los acontecimientos se precipitaron con premura de segundos. La posta del fuerte vio surgir de la noche un puñado de hombres harapientos que a punta de machete y cañón de fusil los desarmó. Cornelio Rojas con sus hombres penetraron a paso de carga, los defensores, que no estaban comprometidos con los insurrectos, huyen aterrados. El botín consiste en  10 carabinas, sesenta proyectiles, 400 fulminantes, comestibles y ropa en abundancia. Pero lo más importante; se incorporaron 17 hombres útiles para combatir. El crepitar de las llamas que consumía el guano y la madera de las casas y el fuerte de Yareniquén y una densa columna de hurgo negro trepando hacia las nubes, despidió a la pequeña columna insurrecta, que se internaban en las sabanas y bosques de aquel mundo misterioso y terrible que era la tierra del mambí.

Notas

1 Juan Andrés Cué Badá: “Asalto e incendio de Yareniquén y Las Cruces”. ( En periódico  Ahora, Holguín, 28 de Marzo de 1975)

EL FERROCARRIL GIBARA HOLGUIN: UNA VICTORIA DEL INTEGRISMO.

Entre 1868 y 1878 se desarrolló la primera guerra de independencia de Cuba Este es uno de los acontecimientos que mas ha estudiado la historiografía cubana. Sin embargo existen  espacios prácticamente olvidados por los estudiosos del pasado Uno de ellos es el integrismo.
El integrismo casi siempre se analiza como un fenómeno del occidente de Cuba más que del oriente. Sin embargo en varias regiones del oriente de la isa  estos tuvieron gran éxito. La situación era muy diferente en dos territorios del oriente donde existía una activa militancia integrista entre sus vecinos. Una es la jurisdicción de Guantánamo y la otra Gibara. En la primera radicaba un grupo significativo de propietarios de ingenios y cafetales. Muchos de ellos eran los descendientes de los franceses que emigraron a Cuba al estallar la revolución de Haití. La jurisdicción tenía una población importante de esclavos para las características del oriente de Cuba.  De sus 19 000 habitantes   8 645 eran esclavos. [1] Lo que representaba respecto al total el 45.5 por ciento.
Tanto los propietarios de ingenios como cafetales organizaron una solidad defensa contra la revolución independentista.
Gibara era una capitanía pedánea de la jurisdicción de Holguín. Tenía el único puerto de Holguín lo que atrajo a una numerosa emigración peninsular y canaria que se encargo de organizar la defensa de la región frente a los ataques cubanos. Construyeron fortines, trincheras y formaron un disciplinado cuerpo de voluntarios. El hinterland del puerto, aproximadamente unos 30 kilómetros alrededor de la bahía estaba lleno de obras defensivas. La mayoría sufragada por sus vecinos.
Este  gasto y  esfuerzo  tuvieron su recompensa. El hinterland de Gibara se convirtió en un verdadero jardín insertado en el territorio de la jurisdicción de Holguín arrasada por la guerra. Se conservaron las estructuras del puerto. Los almacenes y muelles de la población bien protegidos por una  muralla que construyeron alrededor de la ciudad. Los campos defendidos por    los fortines y voluntarios  se mantuvieron en plena actividad. Resguardadas desde las aspilleras de fortines y casas fuertes  continuaron produciendo las valiosas vegas de tabacos y algunos de los ingenios. Todo esto   provocó un verdadero auge económico  en Gibara. La seguridad ofrecida por este territorio lo convirtió en un lugar protegido  para el   tráfico militar procedente de la península.
La victoria más esplendorosa del integrismo en Gibara no fueron las derrotas que en ocasiones se le propinaba a las partidas que incursionaban en la región. La concreción del éxito de los integristas se produjo al terminar la guerra. En 1883 con capital local los gibareños iniciaron la construcción de un ferrocarril entre su villa y Holguín. En la obra se invirtieron más de 400 000 pesos.  Los principales  inversionistas fueron dos ricos comerciantes gibareños: Beola y Gonzáles  Longoria. El ferrocarril tenía una extensión de 30 kilómetros. Se inició su construcción el   31 de mayo de 1883 y se terminó el primer tramo de unos 10 kilómetros el  28 octubre de 1885. La obra era colosal si tenemos en cuenta que en este primer tramo fue necesario construir  un túnel, un puente de hierro sobre el río Cacoyugüín y rellenar un kilómetro de marisma. Construido en tres tramos el segundo se terminó el 11 de febrero de 1888 entre Cantimplora y San Marcos de Auras, el   último se concluirá el 4 de abril de 1893.   Este ferrocarril era un monumento a la eficacia del integrismo gibareños.
El puerto y su hinterland sobrevivieron  a las incursiones enemigas y se mantiene durante la guerra de 1868 y la de 1879 en pleno auge económico con una perenne acumulación de capitales que desembocaran en la construcción del ferrocarril de Gibara a Holguín.




[1] Ramiro Guerra y Sánchez. Guerra de los Diez Años 1868-1878. Cultural S.A. La Habana., 1950. Tomo I.  p. 26.

DOMINICANOS MAMBISES: LOS MOTIVOS DE UNA DECISION

Al estallar la revolución de 1868 en el oriente de Cuba residía un grupo de dominicanos. La mayoría de ellos eran miembros de las llamadas Reservas Dominicanas del Ejército Español. Esta era la parte del ejército de República Dominicana, que combatió durante la guerra de Restauración a favor de la metrópoli española. Sin embargo en Cuba varios de estos dominicanos se unieron al Ejército Libertador Cubano y desempeñaron importantes papeles en la guerra de 1868. Por ejemplo, el general dominicano Luís Marcano, fue jefe de la división de Holguín, entre el 2 de diciembre de 1868 y el 18 de marzo de 1869. Igual cargo desempeñó el también dominicano Máximo Gómez, entre agosto de 1869 y febrero de 1870.
Las autoridades coloniales consideraban como un agravante de los sospechosos de colaborar con los insurrectos el ser de esa nacionalidad. La fama subversiva  de los dominicanos alcanzó un matiz antológico.
Un informe de las autoridades  de los primeros días del alzamiento, al referirse a un dominicano,  establecido en el oriente de Cuba  y sobre el cual se tenían sospechas de colaborar con los insurrectos.  Agregaba en el expediente que se le hizo:    
                   Es de los emigrados de la vecina isla de Santo Domingo, los cuales en su mayor parte han tomado una participación demasiado activa en la  traidora e injustificable rebelión que lamentamos... (1)
¿Por qué un grupo de estos hombres escogieron el sendero de la insurrección?  No es asunto fácil ante tan reducido número de individuos hacer una generalización. En la decisión de cada uno había mucho del trasfondo que forja la individualidad. Pero al mismo tiempo nos encontramos con asuntos comunes, implícitos en la sociedad en que vivieron, que nos permiten ir más allá de los marcos estrechos de la biografía; para intentar entender el trasfondo de la decisión que los llevo al campamento mambí.
Un asunto evidente, a simple vista, eran las diferencias notables entre ambas sociedades. Los dominicanos vivían en un país libre. Es cierto que de una gran inestabilidad política. No habían sido capaces de administrar correctamente su libertad. Incluso acabaron retornado al imperio español por iniciativa de la élite gobernante, lo que provocó la Guerra de Restauración, entre 1863 a 1865. Pero la misma decisión de regresar al seno del imperio español era una prueba inequívoca de la mucha libertad que gozaban. Podían determinar cual sería el destino de la República. No padecían la sumisión de los pueblos que soportan largas tiranías. 
Hay un asunto sorpréndete, y es que estos dominicanos se destacaron por su acción a favor de la anexión de su patria. Veamos algunos ejemplos. A Máximo Gómez el mando militar hispano, en Santo Domingo, le otorgó el grado de comandante, por su actitud en la retirada de  San José de Ocoa, el 13 de octubre de 1863. (2)
Modesto Díaz prueba su fidelidad a España en numerosos combates en la Guerra de Restauración. Incluso es hecho prisionero por las fuerzas que combaten por la independencia de dominicana  junto a otros oficiales naturales de ese país  al servicio de España. Logran desarmar al oficial que los custodia y escapan. Se internan  en el bosque evitando  la persecución de los revolucionarios hasta que se unen a una columna hispana. (3) Modesto Díaz abandonó Santo Domingo con el grado de general de división  de las reservas dominicanas. En julio de 1865, José de la Gandara, el capitán general de la isla de Santo Domingo, luego de detallar en un documento los numerosos méritos contraídos por Díaz en sus actividades en el ejército hispano agrega que: “...deja todo lo que constituía su fortuna, por seguir la Bandera Española, dando con esto nuevas pruebas de su lealtad y amor a España...” (4) En Cuba Modesto Díaz se convirtió en mayor general del ejército independentista cubano.
Félix Marcano Álvarez, al estallido de la revolución, en agosto de 1863, es sargento primero. De inmediato se unió a las fuerzas hispanas. Fue hecho prisionero al inició de la sublevación. Se fugó y se unió de nuevo a los españoles junto con su hermano Luís Marcano. Resultó herido en una acción. Se le otorgó la Cruz Carlos III, por sus méritos alcanzados en la guerra de Restauración en defensa de España. El 29 de agosto de 1864, fue ascendido a capitán por el valor que mostró  en los combates realizados en la zona de San Cristóbal, entre el 19 y el 28 de abril de ese año. Félix Marcano cambio en Cuba su posición política y se unió a la insurrección. Llego a ser general de brigada del Ejército Libertador Cubano. Hecho prisionero fue fusilado por los colonialistas en 1870.
La decisión de todos ellos de seguir al derrotado ejército hispano es una prueba  evidente de su fidelidad. Incluso una parte considerable de ellos querían continuar militando en el ejército español.  En sus primeros momentos de su llegada a Cuba no se sienten menospreciados por sus colegas españoles.
Francisco Marcano Álvarez,  se encontraba en Manzanillo, en abril de 1866. Tenía  32 años de edad y estaba  casado. Pidió continuar como miembro de las fuerzas armadas españolas. Llegó a ser coronel de la insurrección cubana. Félix Marcano Álvarez, hermano del anterior, el 13 de abril de 1866, tenía 23 años de edad y demostró su disposición de continuar en las filas del ejército.
Luís Marcano Álvarez, informo a un oficial español: “que su deseo respecto a su ulterior destino es ser clasificado para su colocación en el   Ejercito”  (5)  Luís Marcano llego a ser mayor general de las fuerzas independentista y murió en la campaña en marzo de 1870.
Un caso interesante es el del coronel Manuel de Jesús Javier Abreu Romero. Esta figura poco conocida nos puede revelar un criterio de los hispanos sobre los dominicanos. Abreu Romero llegó a Santiago de Cuba con el vencido ejército colonialista. Se estableció en Manzanillo y expreso desde los primeros momentos  que sus deseos eran: “...ser clasificado para su colocación en el Ejército....” (6) Romero Abreu se alzó, en octubre de 1868, junto con los cubanos.
Máximo Gómez ostentaba el grado de comandante de las Reservas de Santo Domingo pocos meses después de su llegada de Santo Domingo expresó a las autoridades: “que sus deseos respecto a su ulterior destino son ser clasificados para su colocación en el Ejercito (español)” (7)
Pero el criterio del mando militar de Cuba era muy diferente a las aspiraciones de los dominicanos. No se creía conveniente  incluirlo en el ejército español pues:
        Los individuos del antiguo Ejercito de la Republica de Santo Domingo, Ignoran todos los ramos de la instrucción militar en el cual no existía organización regular ni disciplina; que el carácter y hábitos de aquellos habitantes difiere muchos de los nuestros y principalmente en la cuestión de razas... (8)

Este criterio era bastante frecuente en los informes españoles sobre estos fieles y sufridos oficiales dominicanos. Los dominicanos tenían un alto concepto sobre su oficio militar. Este representaba para ellos un sentido de la vida. El sentirse rechazados por quienes hasta ayer habían sido sus compañeros de armas  debió de ser desconcertante. Además, en Santo Domingo, militares españoles y dominicanos combaten enérgicamente contra los independentistas. La acción militar, la constante movilidad, el vertiginoso desarrollo de las operaciones ponía en un segundo plano el desprecio que sentía la oficialidad hispana por los antillanos. En su país estos individuos formaban parte de la elite del poder colonial, por lo que tenían otras consideraciones de las autoridades.  Pero la realidad era muy distinta. La oficialidad hispana sentía desprecio por sus improvisados colegas. Este desprecio se acrecentaba si  corría sangre africana por las venas de estos oficiales antillanos, asunto bastante frecuente  en un país con una abundante población negra y mestiza. Además, a estos hombres debió de golpearles profundamente la existencia de la esclavitud en la isla y en general lo injusto del sistema colonial.
En Cuba, bruscamente, se encontraron en la misma situación que los cubanos. Eran gente de segunda categoría a los ojos de los amos de la isla. La mayoría fueron pasados a retiro y abandonados a su suerte.  Al lado de estos prepotentes y muchas veces ignorantes funcionarios y militares coloniales los dominicanos se encontraron con otra realidad. La población cubana le ofreció una comprensión y solidaridad cotidiana. Además se encontraron con un grupo de cultos y sensibles terratenientes y profesionales cubanos que debieron de causar una honda impresión en estos hombres de rudas costumbres. Es de pensar los criterios que debieron de tener los hermanos Márcanos de un hombre como Carlos Manuel de Céspedes. Educado en Europa, de una cultura poco común y al mismo tiempo cercano a la vida de los campesinos y monteros  orientales.  
Estos dominicanos se compenetraron con la población de la isla. Por ejemplo el Coronel Manuel Javier Abreu estableció una escuela en Ti Arriba (9) Allí se incorporó al movimiento revolucionario. También un sobrino de Manuel, llamado Francisco Javier Abreu, se unió a la insurrección. Al igual que los hermanos Francisco y Antonio Delgado, ambos dominicanos. Todos murieron junto a Manuel, en enero de 1869, combatiendo contra España. (10)
Para los cubanos la incorporación a la revolución de los dominicanos debió de despertar un profundo respecto. Pero sobre todo ejerció un ejemplo desastroso para el integrismo pues estos hombres formaban parte del aparato represivo hispano aunque estuvieran la mayoría en la reserva. Además los cubanos contaban con aguerridos combatientes que serian muy importantes en la lucha contra España

NOTA 

1-- Archivo Nacional de Cuba. Fondo Comisión Militar. Legajo 126, Número 12.
2-- Emilio Rodríguez Demorizi. Hojas de Servicio del Ejército Dominicano. 1844 1865. Editorial del Caribe C. Por A. Santo Domingo. R.D. 1968, T 1, p  175,
3—Ibídem, p  121.
4-- Ibídem,, p. 132.
5-- Ibídem, p. 248.
6-- Ibídem, p. 50.
7--. Ibídem.   p 168
8--. Ibídem.   p 50
9--. Ibídem.   p 51
10— Ibídem 51

DESERTORES Y MAMBISES

Las  deserción de los mambises no siempre terminaba en las filas enemigas.  En el campo insurrecto se movían desertores que no se presentaban a los españoles. Estos estaban sometidos a dos peligros. Si eran capturados por los españoles podían ser ejecutados bajo la acusación de ser  insurrectos y si caían en manos de los mambises también podían correr igual suerte por desertores.
En los testimonios escritos por participantes en la contienda era usual referirse a los desertores que merodeaban por los campamentos y prefecturas mambisas. Un líder civil insurrecto  se encuentra a “Dos soldados de la fuerza de (Santiago de) Cuba a quines supongo desertores… (1) Pero estos hombres se mantienen en el campo insurrecto. Poco después escribirá: “Mi caballo desapareció el lunes, las apariencias son de que lo ha robado un tal Naranjo, desertor de la división de (Santiago de) Cuba” (2) 
Es decir que en Cuba Libre se vivía en contacto con individuos que eran desertores de las unidades insurrectas pero no se presentaban a los españoles.  Vagaban por ese espacio de fronteras imprecisas  que era “La Tierra del Mambí”. Un acontecimiento bastante excepcional nos ayuda a comprender esa mentalidad. Un insurrecto que había desertado varias veces de su unidad fue condenado a muerte. Antes de ser ejecutado hizo unas declaraciones que un diarista mambí recogió. El infeliz expreso que: “no sentía morir porque ni quería servir en las filas de  Cuba Libre, ni presentarse al enemigo,  y si vivir independiente y á su manera.” (3) 
Este era el pensamiento del “maja” como se le llamaba a estos individuos que trataban de mantenerse alejado de ambos bandos. En otro consejo de guerra contra un desertor celebrado horas después del fusilamiento de este  soldado,  fue condenado  a dos años de trabajo forzado que era servir de convoyero (4) a un oficial de su batallón. Este desertor a diferencia del anterior que era reincidente  y se enfrentaba a sus captores mientras el condenado  a dos años  en el momento en que lo iban a detener “… se contentaba con suplicar y reírse después de cogido” (5)
Un caso muy interesante para el estudio de las mentalidades de los insurrectos fue el de  Jiménez un oficial villareño    que fue enviado a las Villas con cincuenta rifleros como una avanzada de la invasión que se preparaba. Ocurrió un acontecimiento incomprensible a la condición  humana de tratar de eludir peligros y sinsabores, base fundamental de las deserciones. De las tropas villareñas que operaban en Camaguey:   “…se desertaron mas de 60 de las fuerzas de las Villas que se le unieron… (6)  La actitud esta contra toda la lógica. Estos villareños operan en Camaguey, un territorio en esos momentos en buena medida bajo el control de las incansables columnas de Máximo Gómez. Sin embargo no dudan en abandonar la relativa seguridad de esas tierras para marchar a Las Villas controlado por completo por el enemigo.  En cierta forma es la antitesis de los famosos  majases. Actuaran en una zona dominada por el enemigo en absoluta desventajas. Tan solo tienen a su favor que allí se encuentran sus familias y es su territorio natal. Esta   es la esencia del regionalismo. Estamos ante una disciplina en extremo flexible pero que es necesario entender para estudiar la guerra de 1868.
Notas
1--Nydia Sarabia.  Ana Betancourt. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1970, p 147
2--Ibidem   p 147
3--Ibidem, p 168
4--Convoyero era el encargado de buscar los alimentos a un oficial superior al que le era asignado. Muchas veces estaban desarmados.
5--Nydia Sarabia, obra citada,  p 168
6--Nydia Sarabia, obra citada, p 213

Algunas consideraciones sobre los grandes combates de Calixto García en la Guerra del 68

En general este tipo de acciones  fueron escasas pues en las guerras de independencia de Cuba lo que prevaleció fue  la escaramuza y el hostigamiento guerrillero. Aunque de todas formas Calixto dirigió algunos de gran trascendencia y que merecen un análisis. No es tarea fácil hacer generalizaciones al estudiar los grandes combates di­rigidos por Calixto García durante la Guerra del 68. Aunque no siempre se disponen de mucha información creemos necesario, sin pretender llegar a conclu­siones definitivas hacer algunos análisis.
Casi siempre sus combates se desarrollaron después de atacar un poblado enemigo. El combate de Palmarito, efectuado después del ataque a Jiguaní, en septiembre de 1871; el de Veguitas de Bañes, luego del ataque al poblado de Cañadón en julio de 1872, el de Camazán posterior al ataque a Holguín, en diciembre de 1872, el de la Cana, después el asalto a Auras, en abril de 1873, el de Santa María de Ocujal, después del ataque a Güirabo, en septiembre de 1873, Melones des­pués de los ataques a Corralito, Yabazón y el Rabón en los primeros días de enero de 1874.
Varios factores influyeron en las similares características de estos combates:
La rápida reacción española. Después del ataque a un poblado impor­tante, enviaban de inmediato, en persecución de los cubanos, una o va­rias columnas con el objetivo de disminuir el efecto político militar, así como arrebatarles el botín capturado.
El desarrollo por los españoles de un magnífico servicio de exploración integrado por los llamados guerrilleros que les facilitaba localizar el ras­tro de las fuerzas cubanas.
La agresividad y tenacidad de la mayoría de los jefes de columnas espa­ñolas. No cejaba en la persecución hasta las últimas consecuencias. De ella, cabe destacar a Huerta, Gómez Diéguez y Esponda.
4° La gran impedimenta transportada (alimentos, ropas, armas y diversos objetos), el botín obtenido en los ataques, disminuía la movilidad de los mambises.
5°- Necesidad de establecerse rápidamente en un campamento después del ataque a un poblado para el descanso de la tropa y la curación de los he­ridos. No podemos olvidar que los insurrectos, para poder sorprender a los defensores de los poblados, realizaban agotadoras marchas noctur­nas. En ocasiones, éstas se prolongaban demasiado, tiempo.
6° La utilización de grandes concentraciones de hombres para atacar los poblados permitió a Calixto, en los casos que lo creyó conveniente o las circunstancias lo obligaron a aceptar combate con la columna persecu­tora.
Solamente hemos encontrado tres acciones importantes, dirigidas por él, en que no cumplió esta regla. Estas fueron, Alcalá, Rejondón de Báguano y Chaparra.
Cuando una columna española era muy superior, Calixto utilizaba  parte de sus tropas para entretener al enemigo, mientras el grueso de ellas se reti­raba. Por ejemplo, la acción desarrollada poco después del ataque a Holguín. A los dos días de éste, el 21 de diciembre de 1872, una poderosa columna es­pañola atacó el campamento cubano en Camazán. Debido a la carga del in­menso botín obtenido, y seguramente, al escaso parque, no quiso aceptar el combate. Designó al batallón Cuba para enfrentarla. Ante la agresividad del enemigo, envió parte de las fuerzas de Holguín, las cuales lograron contener su avance, facilitando la retirada.
En los combates se reproducían tres momentos importantes: ataque espa­ñol sobre las posiciones cubanas, contraataque cubano y persecución de las fuerzas enemigas.
Ataque español sobre las posiciones cubanas

En la mayoría de los combates dirigidos por Calixto García, dejaba a los es­pañoles la iniciativa de atacar las posiciones cubanas. Esto se debía a su óp­timo aprovechamiento del terreno. Un ejemplo de esto se comprueba en el estudio del combate de Santa María de Ocujal donde "los insurrectos espe­raban en posiciones ventajosas, al otro lado del río Santa María que cortaba el camino".
Los jefes de columnas españolas, cuando veían la posibilidad de enfren­tar a una fuerza cubana, raramente eludieron el enfrentamiento. Quizás para el jefe español, entablar un combate mas cercano a los desarrollados en una guerra  regular constituía una buena oportunidad que creyó necesaria aprovechar. Recordemos que  en la guerra de Cuba el hostiga­miento guerrillero era lo más frecuente,
En esta primera etapa del combate, la infantería desempeñaba un papel fundamental, pues debía diezmar a las huestes enemigas que avanzaban ha­cia las posiciones cubanas. Alcalá es un buen ejemplo de estudio. Se inició con el ataque español apoyado por la artillería. Otro, el de Santa María de Ocujal, Carlos Manuel de Céspedes, lo describió: "La columna española de 600 hombres, que los perseguía desde la toma de la trinchera de Güirabo, se presentó repentinamente el 26 de septiembre próximo pasado y atacó al Ba­tallón Presidente número 3, mandado por el teniente coronel Enrique Céspe­des, que la cargó hasta consumir su parque. El enemigo avanzó hasta cerca de la escolta del general Céspedes; pero fue heroicamente rechazado por el batallón Bayamo número 4 al mando del teniente coronel Mariano Domín­guez, el que fue reforzado por el batallón Mayán, número 18, a las órdenes del teniente coronel Ángel Guerra, extendiéndose un fuego terrible por toda la línea que duró desde las 10 de la mañana hasta más de la 1 del día".
En Rejondón de Báguano fueron también los españoles los iniciadores del combate, al atacar las trincheras insurrectas situadas en lo alto de una loma. En el de Veguitas de Banes o Cupeyal, los españoles se lanzaron contra los cubanos. En Melones también tomaron la iniciativa tal como lo reveló el militar español Francisco de Camps y Feliú:
"Un rastro reciente les señalaba a los españoles la dirección del enemigo y bien pronto desde un bosque de grande espesura, en el descenso pedrego­so de una gran loma, fuerte avanzada nutrido fuego que fue contestado por los nuestros que avanzaban decididos por el centro y envolventes flanqueos hasta llegar a un río. Este pudo vadearse, arrastrando inmenso peligro y des­pués de salvar la fuerza una laberíntica vereda que dividía espeso manigual desembocó en un potrero donde en su último límite, estaba el enemigo abro­quelado tras un palmar, cuyos troncos favorecían la defensa.
"Sin detenerse (el jefe español) miró la posición del contrario, dio órde­nes a los jefes de que atacasen por los flancos y él al frente de la fuerza, sable en mano, dirígese contra la posición enemiga, atravesando unos qui­nientos metros de camino; paso penosísimo por estar interceptado por ramas secas".
El objetivo de Calixto no era defender hasta las últimas consecuencias una posición determinada, sino ocasionar la mayor cantidad de bajas posi­bles al enemigo.
El contraataque
Los cubanos, en esta fase del combate, aprovechaban las pérdidas y el ago­tamiento producido por la carga española para realizar un enérgico contraata­que en el que entraban en acción tanto las fuerzas de caballería como las de infantería. En Rejondón de Báguano, los insurrectos, tras tres horas de combate, abandonaron las trincheras y cedieron ante la presión de los españoles, para luego, cuando éstos se retiraban con gran cantidad de bajas, realizar un contraataque. En Melones, también se retiraron después de defender el cam­pamento. Los españoles agotados se dedicaron a curar sus heridos y sa­quearlos. Calixto, aprovechó el momento de desorganización en las filas enemigas y contraatacó venciéndolas en un sangriento enfrentamiento que se extendió por varios kilómetros.
En Santa María de Ocujal, después de diezmar a los españoles con el fue­go de la infantería, dirigió una carga al machete que prácticamente destruyó la columna enemiga. Es en este momento del combate cuando se ponía en evidencia su flexibilidad táctica, sobre todo al determinar cuándo sostener la defensa y cuándo iniciar el contraataque.
La persecución del enemigo
La persecución de las fuerzas enemigas, aun cuando éstas fueran derrotadas, casi nunca tenía como objetivo entablar un combate final de exterminio. Quizás haya que considerar dos excepciones en este tipo de táctica: Santa María de Ocujal, donde la columna española fue completamente diezmada, y Melones, donde los cubanos continuaron la persecución tenaz al enemigo por varios kilómetros. Ésta, en muchos casos, se convertía, más bien, en un hostigamiento guerrillero con el objetivo de causarle el mayor número de bajas al enemigo, impedir su reorganización, capturar a los rezagados y apo­derarse de las armas, el parque y los equipos abandonados.
En relación a la utilización de la caballería y de la infantería, no hemos arribado a conclusiones definitivas por la carencia de documentación. Sin embargo, consideramos que, en el 68, durante los combates dirigidos por él, la infantería desempeñó un papel mucho más importante que la caballería.
Aunque la guerra contra España dada la diferencia de los contrarios no se decidía en un gran combate pero estos fueron importantes. Estas acciones obligaron al enemigo a concentrar sus fuerzas en grandes columnas lo que disminuía su eficacia. En algunos se logro ocupar armas y parque. En general demostraba la pujanza del ejército cubano y servia de aliento a los partidarios de la independencia.
Bibliografía
Collazo. Enrique. Desde Yara hasta el Zanjón (Apuntaciones Históricas). Instituto del Libro. La Habana. 1967.
Escalante Carlos Amel y otros , Diccionario enciclopedico de historia militar de Cuba Primera parte (1510-1898)  Biografias Ediciones Verde Olivo La Habana , 2001, T. I.
Figueredo Socarrás, Fernando.  La revolución de Yara. Instituto del Libro. La Habana. 1968    
. Franco Ferrán, José Luciano. Antonio Maceo Apuntes para una Historia de su Vida. Tercera edición revisada en tres tomos. Editorial de Ciencias Sociales La Habana 1975
Guerra y Sánchez,  Ramiro.  Guerra de los Diez Años 1868-1878. Cultural S.A. La Habana. 1950. Tomo I  
O Kelly James  La Tierra del Mambi Instituto del Libro La Habana 1968
Instituto de Historia de Cuba, Las Luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales 1868 1898, Editora Política, La Habana, 1996,
. Pírala Criado, Antonio. Anales de la Guerra de Cuba. En tres volúmenes Imprenta F. González Rojas. Madrid 1895-1898.
Portuondo Fernando y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1974  T. 1
. Zaragoza, Justo. Las Insurrecciones en Cuba. Apuntes para la historia política de esta isla en el presente siglo. Imprenta de Manuel G. Hernández. Madrid 1872- 1873.

HOLGUIN Y EL SEGUNDO FRENTE ORIENTAL FRANK PAIS

El 27 de febrero de 1958 mediante una orden escrita Fidel creaba las columnas 3 y 6. La primera esta bajo las ordenes de Juan Almeida. Esta operaria al este de la Sierra Maestra y la 6 en un amplio territorio que comprendida desde el municipio Baracoa hasta Mayarí. Al frente de esta columna fue asignado con el grado de comandante Raúl Castro.  Entre sus facultades estaba el otorgar grados hasta capitán, crear nuevas columnas y designar a los  jefes de estas con el  grado de comandante.  
El primero de marzo de 1958  ambas columnas salieron de la Pata de la Mesa, en la Sierra Maestra, hacia sus respectivas zonas de operaciones. El 11 de marzo la columna 6 “Frank País” había llegado al territorio que le fue asignado. Desde aquel momento esta columna inició sus operaciones militares así como un proceso de constante crecimiento. Se creaba el Segundo Frente Oriental Frank Pais bajo las órdenes del comandante Raúl Castro.  Nuevas columnas se desprendían de la columna central  e incrementaban el territorio del frente. Además procedente de Santiago de Cuba se le unió en mayo  una columna que fue un aporte importante de hombres y medios.
Un amplio territorio de la actual  provincia Holguín quedo enmarcado en la zona de operaciones del Segundo Frente. Estos estaban formados por los antiguos municipios de Sagua de Tánamo, Mayarí, Banes, Antilla y parte de Holguín así como una porción del municipio  Baracoa. Todo este territorio  según la actual división política administrativa (1976) quedó enmarcado en la provincia de Holguín. Comprende los hoy  municipios de  Moa, Frank País Sagua de Tánamo, Cueto, Baguanos,  Antillas,  Urbano Noris y parte de Holguín.  La primera acción militar llevada a cabo por los revolucionarios se desarrolló en territorio de Moa, cuando tropas rebeldes ocuparon el aeropuerto  de Moa en espera de una operación que debía traer una expedición en un avión. También una de las últimas acciones de este frente se desarrolló cuando el primero de enero tropas del frente  atacaron el cuartel del central Baguanos.
La historia del Segundo Frente Oriental “Frank País”  esta estrechamente relacionado con la provincia Holguín.

FORMACION COLUMNA 16 DEL SEGUNDO FRENTE ORIENTAL FRANK PAIS.( CUBA 1958)

En el mes de octubre de 1958, en el Segundo Frente Oriental, se forma una nueva columna que es designa con el número  16 “Enrique Hart Dávalos” Al frente de esta columna fue situado el comandante Carlos Iglesias Fonseca.  Para organizar esta nueva fuerza fueron  designados los comandantes Belarmino Castilla Mas y Antonio Enrique Luzón y el capitán Manuel Piñeriro Lozada. Todos ellos eran experimentados combatientes.  En la organización de esta columna una medida muy importante es que integraron la misma los compañeros Marcos Esperance y Celestino Expósito Méndez miembros de la dirección del movimiento  en los territorios asignados a esa fuerza. Ambos poseían importante información sobre la zona   donde operarían. Mediante la orden militar número 47 se creo la referida columna.  Según esta el territorio asignado serian los municipios de Banes y Antillas. También se especificaba que   mientras en Gibara y Puerto Padre no  operaran otras fuerzas la columna 16  se haría cargo de esos territorios. (1)
En la primera quincena de octubre la columna se encontraba en Soledad de Mayarí lista para emprender las misiones asignadas por el jefe del frente. Entre los integrantes de la columna se encontraban un grupo de destacados combatientes. El segundo jefe de la columna fue el capitán Reynerio Jiménez Lage, veterano de la lucha guerrillera.
Los guerrilleros se concentran en Juan Mulato, que era un campamento de la compañía C, de la columna 17. El jefe de esta compañía era Abelardo Colomé Ibarra.
El combatiente internacionalista estadounidense Richard Meredith Sanderlin, conocido por Rex, se encarga del entrenamiento de esta fuerza.  Luego la integraría.
EL 17 de octubre la columna sale de Juan Mulato con destino a su zona de operaciones que serian los municipios de Banes y Antillas. La columna cuenta  con 22 armas que podríamos dividirla en  3  carabinas M-2 con 900 proyectiles. 4 carabinas M-1 con 1200 proyectiles,   dos ametralladoras Thompson con 430 proyectiles, dos fusiles Garand con 300 proyectiles, un fusil  Jonson con 150 proyectiles y 10 fusiles springfield con 650 proyectiles. En los momentos en que los combatientes de la columna 16 comienzan a desplazarse hacia su zona de operaciones se iniciaba otra página de la lucha contra Batista. Esta fuerza libraría importantes acciones como los combates de Yaguajay, Cueto, Rejondones de Baguanos, Los Palacios entre otros.
Notas
1- Al llegar la columna 16 a su zona de operaciones ya en el municipio Gibara actuaban las fuerzas del pelotón 1 de la Columna 14 Juan Manuel Márquez bajo el mando de Eddy Suñol

FUENTES.
1--Comisión de Historia de la Columna 16 Enrique Hart  Rumbo al triunfo de enero Casa Editorial Verde Olivo La Habana 2007 pp. 25 a la   35
2--Archivo de Historia Provincial de Holguín, Fondo Lucha Insurreccionad.