lunes, 12 de diciembre de 2016

LOS QUE NO RETORNARON


Jose Abreu Cardet
Entre 1895 y 1898 se llevó a cabo la última guerra de los cubanos por su independencia contra España. La metrópoli envió un inmenso ejército a su colonia. Se calcula que sumaba  unos 250 000 hombres bajo el mando de 40 generales, 700 jefes y 6 300 oficiales. A esa inmensa masa de militares hay que agregar  unos 80 000 voluntarios, guerrilleros y otras fuerzas auxiliares. (1)
Una gran cantidad de estos militares fallecieron. Hace varios años el historiador cubano Raúl Izquierdo Canosa encabezó un equipo que llevó a cabo un estudio sobre los militares fallecidos. En  Holguín revisaron el archivo del Registro Civil. Producto de esta investigación se publicó Viaje sin Regreso, Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2001. En el libro se ofrece un amplio panorama sobre los fallecimientos en el territorio de cada provincia cubana, según la división política administrativa de 1976.  Esto nos ha permitido particularizar sobre los que cayeron en el territorio de la actual provincia Holguín. Según el estudio en este territorio murieron un total de 1073  militares. En el año 1895 fallecieron 312, en 1896  295, en 1897  225 y en 1898  241. (2)  Un mayor número de fallecidos corresponde a 1895 lo que  es comprensible pues en ese año los españoles concentraron sus operaciones en el departamento oriental.
 Al producirse la invasión al occidente el grueso de las tropas coloniales operaron en esa región.  No sería hasta 1898 que de nuevo se activaron las acciones  en Oriente. Pero la intervención de los Estados Unidos hizo disminuir considerablemente la actividad bélica que se concentró alrededor de Santiago de Cuba. La llegada de la flota del almirante Cervera a esa bahía trasladó hacia allí el teatro principal de las operaciones.
En esa época el territorio holguinero estaba estructurado en cuatro municipios: Sagua de Tánamo, Mayarí, Gibara y Holguín. Si analizamos los fallecidos por las estructuras municipales de la época nos encontramos que  en Gibara murieron 420 de ellos 27 en 1895, 87 en 1896, 163 en 1897 y 143 en 1898. En el municipio Holguín el total suman 393, repartidos en 135, 98, 62 y 98 respectivamente en los cuatro años de guerra. Mientras en Mayarí de un total de  133, viéndolo por años en el 95  eran  50 en el 96 mueren 83 y no hay fallecidos en el 87 y 98. En Sagua de Tánamo eran 127 de ellos murieron en 1895 unos 100 en 1896 suman  27 y no se reportaron fallecidos en  los últimos dos años de la guerra. (3)
Al analizar las causas de fallecimiento uno espera que la mayoría muriera en combate pero realmente muy pocos fueron ultimados directamente por los mambises. Solo 16 cayeron en acción.  De ellos diez en el 95, seis en el 1896 y uno en el 1898. Unos 550 murieron de fiebre amarilla, 85 de fiebre infecciosa, 63 de paludismo,  55 de fiebre tifoidea. El resto muere de diversas enfermedades como: viruela, sarampión, gastroenteritis entre muchas. (4)  Estas cifras están acordes con el total de fallecidos en Cuba durante la guerra de 1895 que suman  37 721.    Solo murieron por causas de heridas de guerra 1170  es decir el 3.18  por ciento. (5)
Esto ha desarrollado la tesis por algunos historiadores afirmando que la guerra de Cuba era más contra los microbios que contra los militares. Para comprender por qué los muertos en combates son tan pocos debemos de hacer un análisis de la guerra en su conjunto.
El primer aspecto a destacar es que nos encontramos ante una isla, el espacio es limitado. Incluso  las dos primeras guerras de independencia se desarrollaron en la parte oriental y central solamente.  No estamos ante el territorio casi infinito en términos humanos que tenían ante sí Jorge Washington y Simón Bolívar. Por lo menos teóricamente son territorios que se pueden ocupar y en ocasiones gran parte de ellos se ocuparon por un ejército numeroso y bien organizado. Tampoco se pueden emprender retiradas donde el espacio puede ser un aliado en caso de derrotas momentáneas. Por su condición de isla las costas pueden ser vigiladas por una flota de guerra. Esto pone a los mambises en desventaja respecto a los colonialistas.   En 1887, ocho años antes de iniciar la última contienda la población alcanzaba la cifra de 1 631 687  vecinos. (6) En definitiva que apenas contaban  con poco más de millón y medio de personas para su empresa independentista.
En general  los cubanos no reciben apoyo importante del exterior en la guerra de 1895. Contaban con pocos proyectiles y armas. Todos estos factores han determinado que  el combate tenga un papel secundario. En Cuba no nos encontraremos con un Ayacucho o un Yorktown. La imaginación, posterior a los hechos, de historiadores y políticos ha logrado subsanar tal asunto y evitar  un verdadero trauma nacional. No podemos olvidar que la referencia para juzgar el pasado tiene un poderoso trasfondo de historia militar tradicional impuesto por la cultura de la metrópoli.
En cierta forma las metrópolis nos han exportado sus Austerlitz y Waterloo. No nos parece nada honroso reconocer la importancia definitoria  de la escaramuza. Tampoco es elegante valorar que el combate  en las guerras de independencia de  las Antillas es asunto muy secundario y que nada decide que no sea mantener la guerra. Es esta, en esencia, guerra de pequeñas partidas, de resistencia prolongada. Las causas de los fallecimientos de los militares coloniales lo demuestran, la mayoría mueren de enfermedades. En la guerra de 1868 a 1878 los españoles reconocieron que entre el primero de noviembre de 1868  al primero de enero de 1878 tienen un total de 145 884   fallecidos. De ellos por causas de enfermedades 133 555, en combate 12 329. Además  quedaron inútiles por heridas y fueron licenciados  1612 y por enfermedades se encontraron en esa situación  37 728. De esa forma tan solo el 8.4  por ciento murió en combate. 
Esta es una característica en general de las guerras irregulares pero muy en especial de las Antillas. Las enfermedades forman parte del conflicto.  Un historiador español contemporáneo de las guerras cubanas  hacía un interesante razonamiento.
     El principal enemigo que tenemos en Cuba no son los insurrectos, es el clima .Con todas las apariencias de  benigno, es mas con serlo realmente cuando se vive en el con las precauciones que acredita la experiencia, castiga con el mayor rigor al individuo, y hace los mayores estragos en las masas cuando estas precauciones dejan de guardarse- -(7)
Este criterio es cierto. En Cuba vivía una numerosa inmigración peninsular que bien alimentada y cuidada lograba sobrevivir por muchos años al clima tropical. Lo que sí era mortífero no era el clima sino la existencia de las guerrillas insurrectas. Las tropas españoles debían de hacer un esfuerzo considerable para liquidarlas. Tenían que realizar prolongadas caminatas, vivir a la intemperie en medio de una constante tensión, tomando aguas de charcos de sabanas o arroyos intermitentes. Todo esto iba desgastando la resistencia de estos individuos a las enfermedades tropicales. Muy cerca de los hospitales donde estos hombres morían por cientos residían emigrantes españoles que demostraban con su longevidad, según los parámetros de la época, de que más que las enfermedades lo realmente mortífero  era la guerra y la resistencia de los mambises. El mismo autor citado anteriormente, nada amigo de los cubanos así lo refleja en su obra: “...los planes de persecución más famosos, las combinaciones mas activamente seguidas para prender o destruir á  determinados cabecillas, han sido siempre los más fecundos en desastres sanitarios- -“ (8)
Lo que llevó a la hecatombe a todo un ejército no fueron media docena de grandes combates sino  la partida reducida de guerrilleros.  Hay muchas  hazañas sin historiadores en esa veintena de hombres dirigidos por un caudillo de barrio. Hambrientos, desarmados o mal armados, arrastrando sus harapos por bosques y sabanas, buscando en sembrados abandonados un poco de boniato, robando plátanos y yucas de zonas de cultivos enemigas, muchas veces al costo de la vida de uno de ellos, huyendo a la desbandada ante la presencia del enemigo superior en armas y parque. Así años tras años con un nivel de obstinación y resistencia que asombra a todos. Estas gentes sin historia son los que han obligado a los ejércitos coloniales a lanzarse en una persecución irreal.
Los agotados soldados europeos han ido perdiendo las defensas elementales ante el infinito mundo de microorganismos y parásitos de todo tipo que los acechan en los charcos y riachuelos intermitentes de las sabanas antillanas. En la persecución obstinada a la partida de desarrapados se olvidan las reglas higiénicas elementales que desembocarán en la hecatombe de ejércitos enteros.
Lo determinante en las guerras antillanas y en Cuba en particular no son los grandes combates sino el nivel de resistencia de estos pueblos contra las metrópolis.  La persistencia, la obstinación es el arma fundamental de estos hijos del sol y el mar.   La acción bélica como tal es asunto secundario. Incluso importa poco quien venza en el sentido militar tradicional. 
A esta situación en específico de las unidades de combate hispanas había que agregar la situación en general de la isla.  La   guerra     tuvo  su  impacto   en   el   mundo microscópico. En  la isla habían varias  enfermedades  endémicas, que  de  vez en cuando desataban  epidemias, pero en  general  se mantenía  un equilibrio entre el hombre y los virus  y  bacterias patógenas. La  guerra  introdujo  un  inesperado  desequilibrio. La llegada  de  una  importante  masa  de  hombres  que  no  estaban aclimatados, la  desnutrición, el hacinamiento  en  los  poblados donde  eran  reconcentrados  los  campesinos dejó indefensa a  una parte  de  la población al efecto de las enfermedades infecciosas.  Esta concentración de los campesinos  en los poblados controlados por los colonialistas tenía como objetivo impedir que estos ayudaran a los mambises. Todo   esto  tuvo  un   brusco  impacto  en  el   mundo microscópico   provocando   un  incremento   inusitado   de   las enfermedades que causaron miles de muertes. En cierta forma fue una incursión de los hombres en el mundo de los microbios.
NOTAS
1--Raúl Izquierdo Canosa Viaje sin regreso Ediciones Verde Olivo La Habana 2001 p. 32 
2—Ibídem p. 170 
3—Ídem p. 170 
4-- Ibídem p. 171 
5-- Ibídem p.  125 
6. Censo de la República de Cuba bajo la administración provisional de los Estados Unidos 1907, Oficina del Censo de los Estados Unidos, Washington, 1908, p. 30.
7-- Feliz de Echauz y Guinart. Lo que se ha hecho y lo que hay  que hacer  en Cuba. Breves Indicaciones sobre la Campaña. Habana.  Imprenta de la Viuda de Soler y Compañía, Ricla 40, 1873, p. 17.
8—Ibídem p. 18


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