martes, 13 de diciembre de 2016

EL UNIVERSO ESPIRITUAL MAMBÍ Y LA RESISTENCIA


José Abreu Cardet
Los mambises habían creado un mundo espiritual que podíamos considerarlo como un elemento útil para comprender la gran resistencia. La religiosidad popular cubana era un soporte en ese sentido. Pese a que la iglesia católica se oponía al movimiento independentista y apoyaba a España esto no mermó esa creencia del común de los cubanos en el panteón católico. Se sentía una especial devoción por la virgen de la Caridad del Cobre. En esto pudo influir la misma aparición mitológica de su imagen. Según la tradición fue encontrada por tres humildes vecinos de la bahía de Nipe, flotando en el mar. Había aparecido en el corazón del universo de los criollos, en los territorios donde se sedimentó la nacionalidad con más fuerza. La construcción de su mito no se trajo de España como ocurrió con las demás figuras de la religión católica. Era una virgen cubana y sobretodo oriental. Es de pensar lo que esto significaba para personas muy ligadas a un concepto  regional de la vida. Máximo Gómez había caracterizado al cubano del siglo XIX con ese espíritu muy vinculado a lo local:

             El hijo de la tierra es hombre de condición esencialmente domestica; mejor dicho, es hombre de casa. Ni siquiera es dado a las aventuras callejeras. Joven contrae matrimonio, crea una familia,  la educa en el molde de sus hábitos y llega a la vejez sin que la modesta historia de su vida  haya traspasado los límites estrechos del batey de su hogar. (1)
Este hombre tan ligado a un universo regional ya no solo vivía rodeado de parientes y amigos, del paisaje geográfico y cultural que lo vio nacer, sino también podía sentir que las fuerzas sobrenaturales alcanzaban cierto relieve de lo local, de lo conocido. Esta devoción por la virgen fue interpretada por el intelectual mambí Ignacio Mora escribió en su diario personal:
                  El fanatismo del pueblo cubano raya en locura. La fiesta de la Caridad es un delirio para él. Sin tener que comer, pasa  dedicados estos días en buscar cera para hacer la fiesta al estilo mambí, esto es, encender muchas velas y suponer  que la imagen de la Virgen está presente. En todos los ranchos no se ve fuego para cocinar sino velas encendidas á la Virgen de la Caridad. (2)

La buena madre de Cristo parecía estar atenta a los muchos sufrimientos de sus hijos antillanos. No los pudo rescatar de los pelotones de fusilamientos, de la acción implacable de las contraguerrillas, pero por lo menos estos sufridos combatientes debieron de sentirse acompañados en sus momentos más trágicos por la piadosa imagen. Quizás en cierta forma conformaba una  especie de abstracción  de la patria para esta gente de un sentido muy recto y simple de la imaginación. Cuba era representada como una mujer. La virgen podía en alguna medida ser el símbolo de la republica que se quería construir La masonería también podía conformar un sentido de la resistencia. Mas teniendo en cuenta que era una institución solidaria y de enaltecimiento de los valores morales.
En plena manigua se hacían talleres masones. Un insurrecto anotaba en su diario en diciembre de 1870: “Como quiera que nos hallamos reunidos varios Masones, acordamos instalar un taller masónico celebrando sesiones por la noche”. (3) Carlos Manuel de Céspedes participó en una: “Tenida masónica en que se dio la luz al teniente coronel Pancho Vega” (4)
Mientras Calixto García en una proclama dirigida a los españoles integristas dejaba constancia de su pensamiento masónico al afirmarle que el fin del dominio colonial en Cuba estaba cercano como: “…justo castigo aplicado por el gran arquitecto del universo” (5) al decadente imperio hispano
Las religiones de raíz africana también debieron de tener un espacio en el mundo mambí. Hay referencias en algunos diarios y cartas a las ruidosas fiestas realizadas por los revolucionarios que habían sido esclavos. Quizás estemos ante la materialización de ritos de origen africano. Pero como los testimonios sobre la guerra fueron escritos, fundamentalmente, por blancos no tenemos referencia a ese asunto que nos pueda conducir a un análisis de carácter histórico. 
El arte acompañó a los libertadores a sus campamentos. La música tomó expresión especial entre esta gente de vida tan insegura. Thomas Jordán fue uno de los primeros que imaginó que el establecer una banda de música en el sentido tradicional de la marcialidad militar podía darle solución a las serias deficiencias de disciplina que tenían los libertadores. Su interés llegó al extremo que, el 21 de junio de 1869, le escribió a Francisco Javier Cisneros adjuntándole una lista de instrumentos musicales para crear una banda para la división de Holguín. Jordán estaba convencido que esto ayudaría a que: ...estos hombres se conviertan en soldados.... (6)  
Pero esta era una parte de la función que podía tener el arte y en especial la música. Esto encajaba muy bien en la mentalidad de un general acostumbrado a la vida de un ejército regular con bandas y marchas. El asunto cambiaba por entero para estos hombres donde lo irregular en todos los sentidos era mucho más común. No es pensable que sería de esa pomposa banda en las dispersiones y las escaramuzas. Pero la música alcanzó otro sentido en estos mambises acompañándolos en sus fiestas, en sus guateques. Con ese objetivo intentaron constituir bandas o por lo menos grupos musicales de diversas dimensiones según los instrumentos que hubieran conquistado a los contrarios. En el asalto a Holguín en diciembre de 1872 lograron   conformar una banda de música. Según Céspedes esta era: “una orquesta completa” (7) En Holguín el joven oficial Pedro Martínez Freyre creaba un vibrante himno para esa división qye enaltecía el patriotismo y la resistencia.
El mambí no iba al combate ni enfrentaba las miserias cotidianas en la soledad del espíritu. Se sentía acompañado por la familia, la noble amante, la virgen de la Caridad del Cobre, por una deidad africana o por el mundo universal de la masonería. Quizás también por otras creencias y pasiones de las que no han quedado evidencias. Todo eso de alguna forma fue un soporte de la resistencia.  

NOTAS

1—Máximo Gómez, El viejo Edua, Instituto del Libro, La Habana 1968, pp.  80, 81
2—Nydia Sarabia, Ana Betancourt, Editorial de Ciencias Sociales,  La Habana, 1970, p. 153      
3—Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 91 
4—Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, Tomo I, p. 354
5—Proclama de Calixto García del 1 de junio de 1870 En: Pirala, Antonio, “Anales de la guerra de Cuba” Tomo 1.  Pág.  763
6—Aleida Plasencia. Bibliografía de la guerra de los diez Años. Biblioteca Nacional Jose Martí Departamento Colección Cubana. La Habana, 1968, p 126.
7—Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,  p 179


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