miércoles, 14 de diciembre de 2016

EL CAPITÁN GENERAL, LOS VOLUNTARIOS Y EL PRESO HOLGUINERO


Por: José Abreu Cardet
Uno de los principales líderes de la conspiración que dio inicio a la guerra de 1868 era  Belisario Álvarez y Céspedes. Al estallar el alzamiento del 10 de octubre Belisario se negó a secundarlo aduciendo que no contaban con suficientes armas y parque. Cuando la revolución se extendió por Manzanillo, Bayamo, Jiguaní, Tunas, Santiago de Cuba y Holguín Belisario se unió a las fuerzas coloniales. Ingresó en la manzana de La Periquera, el edificio de mayores dimensiones del casco histórico en aquellos momentos. Los españoles fortificaron las casas de la manzana y soportaron el bloqueo y sitio a que los sometieron los mambises del 17 de noviembre al 6 de diciembre de 1868. Belisario combatió a sus antiguos compañeros pero no informó de su participación en la conspiración a las autoridades coloniales.
En las investigaciones realizadas por los hispanos al concluir el sitio lograron determinar que Belisario había sido un  miembro muy importante  de la conspiración. Belisario fue detenido y enviado a La Habana a la fortaleza de la Cabaña. Esto se produjo en medio de la efervescencia del odio de los integristas. 
El gobernador español que dirigió al defensa de las fuerzas sitiadas, Francisco de Camps y Feliú, en los momentos en que Belisario fue aprehendido   ya habían sido destituido del mando de la plaza y trasladado a otro territorio. Se encontraba en La Habana cuando se enteró de aquel acontecimiento.  Quizás Camps comprendió que había muchas razones para considerar que Belisario había tomado parte en la conspiración pero se había batido con arrojo bajo su mando. Decidió mediar para obtener la libertad del holguinero. Solicito una entrevista con el Capitán General Domingo Dulce. Este había intentado de hacer cambio en la política de guerra a muerte aplicada por los integristas en los primeros meses de la contienda. Trataba de atraerse a los independentistas. Pero en el ambiente en La Habana predominaba el odio contra estos. Años después de concluida la guerra Camps y Feliú escribió sus memorias. En ella describió sus gestiones para liberar al conspirador arrepentido.  Démosle la palabra a Francisco de Camps y Feliú:

En aquel entonces estaba preso en la Cabaña el coronel comandante de voluntarios, más tarde condecorado con la placa roja de 2ª clase del Mérito Militar, D. Belisario Álvarez y Céspedes, por una vil calumnia que atacaba groseramente su fidelidad.
Cuánto se inventaba en su descrédito, por personas que en poco tienen el honor ageno, (1) los desmentía la conducta de Álvarez, que fue uno de los más decididos defensores en la Periquera de Holguín y por tanto leal compañero del jefe de la plaza.
Este no podía olvidar en la desgracia á su buen amigo y camarada, y creyó de su deber acudir ante el General Dulce pidiéndole, con súplica patriótica, la inmediata libertad del preso; la obtuvo, en el acto, pero de nada le sirvió por haber opuesto resistencia á su cumplimiento algunos individuos en la fortaleza. Regresó á la Habana(2) el portador de la orden de libertad con un mundo de ideas en el cerebro, si bien agradecido al resuelto comportamiento del capitán de voluntarios D. José de Rojas que supo mantener sumisa á su compañía y obediente á las órdenes del coronel D. Miguel Antonio Herrera, sólo sin el auxilio del irresoluto gobernador de la fortaleza, en aquel alboroto mar de las pasiones de la canalla.(3)
Sabedor de lo ocurrido el Sr. General Dulce, le dijo al que esto escribe, el 25 de Abril de 1869:
— “Señor Comandante: el preso saldrá en libertad porque lo quiero, y lo mando; ahora mismo voy á la Cabaña.”
—“Yo deseo acompañar á V. E., mi General.”
—“No venga U. Es U. Joven y no debe comprometerse inútilmente; yo soy viejo y lo mismo me da vivir que morir.”
—“Pero mi General........”
—“Nada, déjeme usted solo.”
Vistióse Dulce de uniforme, púsose la gran cruz de San Fernando y digno y resuelto subió á pié, con gran trabajo corporal, la empinada y molesta cuesta del Castillo; dirigió su palabra á los jefes; dio órdenes terminantes al gobernador militar; recomendó la obediencia á los oficiales, elogiando al calumniado preso; y ordenó, con resolución, la inmediata soltura de Álvarez y Céspedes. Esta se llevó á efecto poniéndose de acuerdo el gobernador de la Cabaña con el coronel de voluntarios D. Julián de Zulueta, quien tuvo la delicadeza de dimitir la coronelía, como medio de aplacar á los murmuradores, conservándola por consejo de los más cuerdos, después.(4)
Domingo Dulce acabo siendo  destituido por los voluntarios pues consideraban que este no actuaba con todo el rigor necesario contra los revolucionarios. Este acontecimiento narrado por Camps quedo como un ejemplo del debilitamiento de la autoridad del Capitán General y el poder de los voluntarios. Belisario Álvarez y Céspedes continuó sirviendo a España en Holguín y fue condecorado. Falleció a principios del siglo XX. Su tumba se conserva en el cementerio colonial de la localidad.

1--Se ha respetado la ortografía original
2—La fortaleza de la Cabaña se encuentra fuera de la ciudad de La Habana al otro lado de la bahía.
3—Las fuerzas regulares españolas encargadas de la custodia de la ciudad habían sido enviadas a combatir a los independentistas al centro y el oriente del país. La ciudad de La Habana estaba resguardad principalmente por  voluntarios. A ellos llama canallas Camps en su relato.  
4--Francisco de Camps y Feliú,  Españoles e Insurrectos;  Recuerdos de la guerra de Cuba Imprente de Álvarez y Compañía Calle de Riela número 40 La Habana 1890 pp. 44 y  45


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