martes, 13 de diciembre de 2016

Calixto Garcia: “no se ha señalado por su inhumanidad con nuestros prisioneros”



Por Jose Abreu Cardet.
“Escribo estos cortos renglones bajo la impresión de una hermosa victoria… la columna enemiga, compuesta de 500 a 600 hombres fue casi por completo destruida dejándonos en el campo 350 cadáveres y varios oficiales prisioneros” (1) Así describía Calixto García, al presidente Carlos Manuel de Céspedes la victoria de Santa María de Ocujal. La acción había sido librada el de 26 de septiembre de 1873, en el norte del oriente de Cuba. Una columna española que operaba en la jurisdicción de Holguín fue aniquilada.
Entre los oficiales prisioneros se encontraba el teniente Antonio del Rosal y Vázquez de Mondragón. Jefe de la contraguerrilla montada, de la columna expedicionaria de Chiclana, como se llamaba la unidad aniquilada. Estuvo en poder de los mambises desde el 26 de septiembre hasta el 18 de noviembre de 1873. Al ser liberado por los independentistas cubanos Antonio escribió un folleto titulado: Los Mambises. (2) El 3 diciembre de 1873, ya estaba listo para la publicación con una dedicatoria al brigadier Francisco de Acosta y Albear.   Se imprimó en 1874, en Madrid. El texto es un estudio sobre las tácticas empleadas por los independentistas cubanos. Según el autor en el trató de sintetizar las: “…costumbres de los insurrectos, a sus modos de vivir y hacer la guerra, a sus recursos, a sus cualidades” (3)
El objetivo de este libro es, según el propio autor “…ser de alguna utilidad a mi país…” (4) Era una obra de un carácter militar que tenía como fin enseñar al ejército hispano cómo combatir a los insurrectos.
Luego escribiría una segunda obra sobre sus días de prisionero, a la cual tituló En la Manigua: diario de mi cautiverio (5). Esta fue publicada en 1876. Realizaría una segunda edición en 1879, en la que incluyó los dos textos.  En la Manigua: diario de mi cautiverio y Los Mambises, el autor reconstruyó los 54 días que estuvo preso de los cubanos, de forma cronológica. Aunque Antonio lo público con el título de “Diario” realmente son unas memorias. El propio Antonio del Rosal aclara “…no habiendo escrito diario durante mi cautiverio”. (6) De todas formas Antonio del Rosal estructuró el texto en forma de diario narrando día a día lo que aconteció durante su vida como prisionero. El jefe de la fuerza insurrecta que tomó prisionero era Calixto Garcia, por lo que desde el primer momento el oficial hispano entra en contacto con el líder insurrecto. Dejó constancia de ese encuentro y del trato que recibió. Un año después de estos acontecimientos Calixto Garcia, cayó prisionero de los colonialistas. Intentó suicidarse disparándose debajo de la barbilla. Estaba gravemente herido, fue atendido y curado. Hasta aquellos momentos todo líder mambí que caía en poder del enemigo era ejecutado. El capitán general, que había comprendido lo imposible de liquidar la insurrección, le escribió al ministro de ultramar en Madrid, que el objetivo que perseguía al no ejecutar a Calixto era convencer a los mambises se podía llegar a un acuerdo de paz y se les respetaría la vida. Pero también agrego:  “que por otra parte no se ha señalado por su inhumanidad con nuestros prisioneros” (7)Esta altura espiritual de este mambí de no cometer humillaciones ni ultimar a quienes se habían rendido se puso en evidencia en su trato con este oficial prisionero.El prisionero Antonio del Rosal narra en estos términos su encuentro con Calixto Garcia:
Después de un buen rato, me llevaron á presencia del titulado Mayor General Calixto García, que me recibió con amabilidad, y haciéndome sentar sobre una hoja de yagua (8), me participó que había formado el designio de proponer un canje de prisioneros: no abrigaba grandes esperanzas de que se aceptase su proposición, y yo abundé en sus ideas, pues comprendía que cualquier arreglo que se tuviese con ellos equivalía tácitamente á reconocerles beligerancia. Sin embargo, con el fin de sacar algún partido de su idea, y creyendo que ya que no era posible que nos librásemos todos, sería por lo menos probable salvar á Mascías (9), le dije que no debía prescindir de hacer una proposición, que de ser admitida, despojarla á la guerra de su carácter feroz y cruel de represalias; pero que para revestirla de cierta formalidad sería conveniente presentarla por conducto de un oficial  español, pudiendo valerse al efecto de Mascías, enemigo de quien nada podía temer aunque le diese libertad, pues que se hallaba en tan grave estado, que lo más probable sería que sucumbiese á su herida.”
“No tan sólo aprobó García mi idea, sino que añadió que tenia él pensado lo mismo, pues quería por ese medio salvar á Mascías, quien había sido muy simpático á la mayor parte de los cabecillas insurrectos.”
“Calixto García me condujo á un ranchito pequeño, ocupado por los ayudantes de Maceo, que eran dos hermanos, llamados Pedro (10) y Ramón Martínez: con ellos estaban otros dos cabecillas, de los que el uno se titulaba jefe de estado mayor y se llamaba Herrero (11), y el otro decía ser comandante y llamarse Salvador Rosado (12)”.
“Todos ellos me trataron con mucho agrado y finura, y hasta tuvieron la delicadeza de no permitirse siquiera la más ligera alusión al triunfo que sobre nosotros habían conseguido, por temor á lastimar mi amor propio.”
 “El jefe de estado mayor me dijo, que Calixto García había dispuesto que uno de nuestros soldados acompañase á Mascías, que según he dicho, debía marchar á Holguín á presentar á nuestro brigadier la proposición de cange, y me dejó el arbitrio de la elección. Quise proporcionarle al Hermano (13) la ocasión de librarse, y él fué el designado; pero me replicaron que nombrase otro, porque aquel, con muchos de sus compañeros, había jurado la bandera cubana.”
“Esta noticia me llenó de dolor y de vergüenza. De vergüenza, sí, porque ignoraba la intención de nuestros valientes soldados al abrazar la causa de la insurrección, y lo mismo que los mambises, creía que el temor de perder la vida era el único móvil que los impulsaba á ser traidores á su patria, prefiriendo esa deshonra á la gloria de morir por su buen nombre.
Yo, que el día anterior había oído con orgullo los merecidos elogios que nuestros enemigos tributaban á los españoles por su heroico comportamiento; yo, que creía que el llamarse español era la mayor gloria á que se podía aspirar, veía con dolor desaparecer el único consuelo que en el caso más que probable de morir había de llevar á la tumba, y escuchaba con vergüenza las irónicas frases de algunos  insurrectos, que con mordaces chistes satirizaban la inconcebible conducta de los soldados: no me ocurrió sospechar que al obrar así lo hacían únicamente con el objeto de encontrar una buena ocasión de fugarse, como lo verificaron casi todos en el ataque de Uñas (14), logrando por ese medio sustraerse á la muerte que les amenazaba.”
“Para el que encuentre poco delicada tal estratagema, debo advertir que la escasa instrucción del soldado, no le permite conocer cuestiones de tal naturaleza, con la exquisita dignidad que nace de una esmerada educación. Lo que hubiese sido censurable en un oficial, era no sólo disculpable, sino lógico, tratándose de soldados, cuyo único ardiente deseo era conseguir su libertad, sin dejar de ser fieles á su patria. Téngase además presente la clase de enemigo en cuyo poder se hallaban, y no podrá menos de aplaudirse la conducta de aquellos leales españoles.” (15)
“Engañado yo por las apariencias de verdad que presentaba el extraño modo de obrar de aquellos desgraciados, no sólo me negué a complacer á Calixto García, que por conducto de su jefe de estado mayor me instó á fin de que escribiese á nuestro brigadier con el objeto de interesarlo á que accediese á su petición de cange, sino que muy al contrario, animado del deseo de hacer cambiar la mala opinión que los insurrectos hubiesen podido formar de los españoles, en vista del proceder de nuestros soldados, le dirigí una carta á mi amigo el capitán D. Gabriel Gelabert, ayudante del brigadier D. Sabas Marín, que puedo reproducir aquí, por haber tenido aquel la delicadeza de remitir á mi familia una copia de ella. Dice así:”
“«Santa María 27 de Setiembre de 1873. — Querido amigo Gelabert. — En el desastre de ayer me cupo la suerte de caer prisionero, después de haber hecho cuantos esfuerzos pude para conservar mi libertad ó morir peleando como bueno, y como tantos otros de nuestros desgraciados compañeros. Tanto los oficiales como la tropa, se batieron con la bravura con que acostumbran hacerlo los soldados españoles; pero nos fué imposible resistir el empuje del enemigo, que después del combate, procedió con nosotros con una hidalguía nada común, sin cebarse en los dispersos. Nos tratan á los prisioneros con cuantas consideraciones y atenciones se pueden desear, y sólo la vergüenza de la derrota y el recuerdo de tanto valiente como ha perecido, me hacen padecer más; materialmente no sólo no puedo quejarme, sino que por el contrario, encuentro un trato como no podía esperar.”
“A Mascías, que está herido, lo mandan á esa para que se cure, y creo que lleva el encargo de proponerle al brigadier el cange de los prisioneros: si es así, te ruego que nuestra amistad no influya en nada para que trates de en el ánimo del brigadier en favor de esa proposición. Mucho me alegraría, como puedes suponer, recuperar mi libertad; y si eso pudiera hacerse, sería mucha mi fortuna; pero si ese paso puede menoscabar en algo á nuestra causa, yo no quiero que se lleve á cabo, y aunque supiera que había de morir, preferiría la honra de esa muerte á tenerme que avergonzar después. Estoy muy estropeado, pues una bala, que desgajó una rama sobre mí, me hizo casi perder el conocimiento, á consecuencia del golpe que recibí en la cabeza y en casi toda la espalda, y después me pisotearon varios soldados; pero aunque dolorido, estoy muy bien.  Estimaré de tí que escribas al Papá (16)  para que él lo haga á mi familia, por si á mí no me es posible hacerlo, y que hagas presente á Laucirica mis recuerdos, al que le dirás también, que cada vez me alegro más de que su enfermedad le haya librado de la muerte ó de la vergüenza de ser vencido.”
“No puedo á punto fijo decirte los oficiales que han muerto pero sí que son muchos, y muchísimos los individuos de tropa. Como prisioneros estamos aquí Peñalver y yo, como también lo están, y heridos, el coronel Diéguez, Mascías y dos alféreces más.” 
“Adiós, querido amigo; hazme el favor, si no vuelvo, de que Laucirica se encargue de mi equipaje para mandarlo á mi familia, que aunque es de poco valor, se alegrarán tenerlo.
En la maleta que tengo en la fonda hay varios retratos míos; recoge uno para tí y otro para el Papá, y deja los restantes en el equipaje.”
“Da mis afectos á todos, y sabes te quiere dé veras tu buen amigo— Antonio del Rosal.”
“Postdata. Acaban dé proponerme el cange de dos soldados de nuestros prisioneros por otro del enemigo, que se encuentra en esa y que se llama Rafael Fonseca, y me atrevo á suplicarte que influyas cuanto puedas porque se acepte, pues como no se trata de nosotros, y me intereso por nuestros desgraciados y valientes soldados, me alegrarla mucho poder librar á alguno de tan desgraciada situación.”
“Comprendí que esta carta sería leída por Calixto García, y esperaba que, al ver éste defraudadas sus esperanzas de que apoyase su pretensión de cange, me haría matar; á pesar de ello, no vacilé en escribirla, para hacerles ver á los insurrectos, que los españoles saben despreciar su vida, cuando tal sacrificio se hace en bien de la patria.”
“Leyó la carta, en efecto. García, y contra lo que esperaba, en vez de encolerizarse, como parecía natural, me miró sonriendo y exclamó:
— íEste chico está locol
Después me llamó y me dijo:
— Hace V. bien, Rosal, en escribir del modo que lo ha hecho: su obligación es esa, y creo muy digno que la acepte V. con la abnegación que debe hacerlo todo buen oficial; mas no me parece justo que haga extensiva su resolución á los demás prisioneros, por cuya razón, si no tiene V. inconveniente, puede interesarse en que sean cangeados dos soldados de Vds. por otro nuestro que está en Holguín; es cojo, y por consiguiente, enemigo poco temible.
Entonces cogí la carta, y añadí la postdata que en ella figura….”
 Calixto había tratado a estos implacables enemigos con una altura moral que raramente era reciprocada. Demostró que respetaba la vida de sus contrarios. La guerra era una anomalía monstruosa solo justificable por la necesidad de obtener la independencia de Cuba del colonialismo español. 
FUENTE: Los  fragmentos reproducidos textualmente del libro del oficial español prisionero lo tomamos de    Antonio del Rosal y Vázquez Mondragón: En la manigua diario de mi cautiverio. Segunda edición Imprenta del Indicador de los Caminos de Hierro, Costanilla de los Ángeles, número 3, Madrid, 1879. Hemos respetado la ortografía original.
NOTAS
1--Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana  /C M / Céspedes/ núm. 20
2--Los Mambises: Memoria de un prisionero. Imprenta de Pedro Abienzo, Madrid, 1874.
3--Antonio del Rosal y Vázquez Mondragón: En la manigua diario de mi cautiverio. Segunda edición Imprenta del Indicador de los Caminos de Hierro, Costanilla de los Ángeles, número 3, Madrid, 1879, p.  247.
4--Ibídem. p .247.
5--En la Manigua: diario de mi cautiverio, Imprenta de Bernandino y Cia, Madrid, 1876.
6--Antonio del Rosal y Vázquez Mondragón, ob. cit.  En la introducción sin numerar.
7--Centro de Información de las Guerras de Independencia, Museo Casa Natal de Calixto García, fotocopia  del expediente seguido por los españoles al Mayor General Calixto García,  (1874-1896) el original se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid Legajo 4837 Numero 62 año 1875 Subsecretaria Ministerio de Ultramar Negociado 2 Cuba. 
8--Especie de corteza fibrosa, elástica é impermeable, que cubre la parte superior de la Palma Real, junto á las pencas, á las cuales está adherida por la base (Nota de Antonio del Rosal y Vázquez  Mondragón)
9--Se refiere al capitán Wenceslao Mascías herido de gravedad y prisionero de los mambises. Había sido compañero en la academia militar de Antonio del Rosal y los unía una buena amistad.
10--Pedro Martínez Freyre. Nació en Bayamo en 1847. Se alzó en 1868. Participó en la guerra en Oriente y Camagüey. Tomó parte en la Protesta de Baraguá. Capituló en junio de 1878 en Guantánamo. En la contienda alcanzó el grado de coronel. Fue uno de los principales organizadores de la Guerra Chiquita en la provincia de Oriente. Fue detenido unos meses antes del estallido de la guerra. Le ocuparon documentos comprometedores y lo enviaron a España donde sufrió prisión por un año.  Se estableció allí. Trabajó en la administración colonial en Filipinas. En 1900 regresó a Cuba. Murió en La Habana, en 1911. Fuente: Amels Escalante Colás y otros: Diccionario enciclopédico de Historia Militar de Cuba, Primera parte (1510-1898) Biografías. Ediciones Verde Olivo. La Habana, 2001, T. I. pp. 243 -244.
11--Coronel Felipe Herrero. Nació en México. Miembro del ejército de su país participo en la guerra contra el emperador Maximiliano. Llegó a Cuba en la expedición del primer viaje del vapor George B. Upton en mayo de 1870. Combatió en oriente. Fue jefe del Estado Mayor de Calixto García. En diciembre de 1873 fue ascendido a coronel. Murió en combate en abril de 1874. Fuente: Amels Escalante Colás y otros, Diccionario enciclopédico de Historia Militar de Cuba Primera parte (1510-1898) Biografías. Ediciones Verde Olivo. La Habana, 2001, T. I. p. 192.
12--Teniente Coronel Salvador Rosado Lorié. Nació en Oriente. Tomó parte en la Guerra de 1868. Combatió en Oriente y Camagüey. Participo en la organización de la guerra Chiquita. No poseemos más información de este patriota.  Fuente: Amels Escalante Colás y otros, Diccionario enciclopédico de Historia Militar de Cuba Primera parte (1510-1898) Biografías. Ediciones Verde Olivo. La Habana, 2001, T. I. pp. 325 – 326.
13--Soldado español al que sus compañeros llamaban hermano.
14--Uñas; poblado del municipio Gibara en la actual provincia Holguín.
15--Este es el criterio que tenía la elite de poder española sobre los militares hispanos, gente de origen humilde en su inmensa mayoría. Estos hombres morían defendiendo las prebendas de la clase dominante. Incluso luchaban con valor por quienes lo despreciaban.
16--Se refiere a  Cándido Hernández oficial del ejército y amigo personal de Antonio del Rosal  y Vázquez  Mondragón. 

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