viernes, 24 de abril de 2015

LLANO Y GUERRILLA: CUARTO FRENTE SIMÓN BOLÍVAR



José  Abreu  Cardet

     Verano sin playa ni diversión fue aquel de 1958, para una parte considerable de la oficialidad del ejército de Batista. Durante casi dos meses se habían visto obligados a cambiar la comodidad de cuarteles y barracas por las empinadas lomas de la Sierra Maestra.  Miles de militares se lanzaron a una singular operación militar contra las guerrillas dirigidas por Fidel Castro. Para esto contaron con el apoyo de la aviación, la marina y modernos equipos de combate, entre ellos no pocos blindados y piezas de artillería. La dictadura había aceptado el reto de los revolucionarios. Desde el primer momento del desembarco, hacia la Sierra Maestra, fueron movilizadas numerosas unidades de combate. Se estableció una activa persecución contra los guerrilleros.
Contra todo cálculo y lógica militar la ofensiva fracasó. Lo peor para el estado mayor batistiano no era la  pérdida de hombres. Se podían reclutar mas entre las filas de los desempleados tan abundantes en la república. Los guerrilleros habían capturado una cantidad considerable de armas y parque. La capacidad de combate de los revolucionarios se había multiplicado varias veces.
La dirección de la revolución tenía ante sí dos posibilidades, una consistía en mantener un núcleo numeroso de fuerzas en torno a la Sierra Maestra y la otra, crear columnas    bien armadas que llevaran la guerra por todo el país.  El comandante en jefe de las guerrillas serranas, Fidel Castro escogió este último plan. (1)  Aceleradamente se comenzaron a formar columnas guerrilleras con las  armas ocupadas al enemigo y pequeñas cantidades llegadas del  extranjero.  El material humano, el factor más importante en  la  guerra irregular, provenía del núcleo que se había fogueado en la  lucha contra  la ofensiva de Batista. Otro aporte importante eran los  bisoños combatientes  que  se habían incorporado mas recientemente  a la guerrilla.
 En  Minas  del Frío, en plena Sierra Maestra, funcionaba un centro de entrenamiento a donde eran  enviados los individuos que se presentaban para unirse a los  revolucionarios.  La mayoría de estos no tenían armas. En la escuela se  les sometía  a  un  duro entrenamiento. Sufrían el   hostigamiento  de  la aviación enemiga y soportaban un hambre antológica. La aspiración común  de estos reclutas, casi todos muy jóvenes, era el  recibir un fusil  e ir al combate.
La  escuela  de Minas del Frío fue la cantera de  la  que  se nutrieron las nuevas columnas. El plan se puso en  funcionamiento con la formación de dos columnas. La número 2 y la 8  dirigidas respectivamente  por  Ernesto  Che Guevara  y  Camilo  Cienfuegos. Ambos debían  de llevar la guerra al Centro y el Occidente de la  isla. Las  columnas se pusieron en movimiento hacia  sus  respectivas zonas de operaciones en agosto de 1958. Apresuradamente se comenzaron a preparar otras columnas. A Camagüey se envío una columna. A  las zonas llanas del norte y centro de la provincia de  Oriente se  mandaron cuatro columnas, la número 12, la 14, la 31 y la  32. Tres de ellas, la 12, la 14 y la 32 serían la génesis del  Cuarto Frente  Simón Bolívar. Operarían fundamentalmente en    el  territorio  de los antiguos municipios de Victoria de las  Tunas, Puerto Padre, Gibara y gran parte de Bayamo y Holguín. Formarían uno  de  los frentes menos conocidos de la guerra  de  liberación cubana contra el tirano Batista.
Trataremos de dar una visión general del frente. Descartamos enfrascarnos en describir combates y operaciones que fuera de un marco muy  local nada le dirían al potencial lector.  Tomamos en cuenta asuntos en ocasiones  casi olvidados como el papel de la familia, la  mujer, los  caudillos  locales,  el barrio o las  motivaciones  para  el combate. Hemos tratado de humanizar al máximo los grandes actores de este drama bélico: el hombre y la mujer común.    

UN ESFUERZO INCONCLUSO

Al triunfo de la revolución hubo un marcado interés de la prensa de la época de reflejar en sus páginas  la hazaña guerrillera. Aparecieron en diferentes medios de circulación nacional o local entrevistas y reportajes breves sobre diferentes hechos acontecidos en la guerra. En lo referente a la materia que estudiamos es de destacar una entrevista aparecida en la revista Bohemia realizada a Orlando Lara(2), uno de los grandes mitos de la guerra en los llanos orientales. En el periódico Norte de Holguín se publicaron breves crónicas del historiador Juan Albanés (3) con testimonios de aquellos combatientes de los llanos. Eran trabajos periodísticos no de carácter historiográfico, si no  más bien  dados a resaltar lo anecdótico.
El primer esfuerzo que podemos considerar historiográfico sobre el Cuarto Frente fue realizado por uno de los oficiales guerrilleros de  los llanos orientales: el comandante Eddy Suñol Ricardo(4), jefe de uno de los pelotones de la columna 14. En 1965 reunió en la biblioteca pública de Holguín a un grupo considerable de combatientes de su tropa. A cada uno de ellos se les llenó una planilla con datos mínimos. Hubo un intercambio de criterios. Producto de esto Eddy Suñol confeccionó una plantilla de su unidad de combate. Escribió una crónica corta de la génesis del pelotón, su recorrido desde la Sierra Maestra a los llanos orientales y algunas de sus principales acciones. Esto se publicó en la revista Verde Olivo, Organo Oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Este esfuerzo historiográfico concluyó en ese mismo año y no pasó mas allá de estos artículos.
En esa misma revista se publicaron, posteriormente, otros trabajos testimoniales de integrantes de ese frente. Se destacan entre ellos uno sobre la toma de Puerto Padre de Arsenio García y una serie de testimonios de Bermúdez Cutiño combatiente de la Columna 12.
 A partir de 1968 con la creación de las Comisiones de Historia del Partido Comunista de Cuba se realizó un esfuerzo en el estudio de las luchas revolucionarias en cada territorio. Se confeccionaron síntesis biográficas de la mayoría de los integrantes de estas columnas que cayeron en combate. Se realizaron estudios de algunos combates y en general se logró obtener una valiosa colección de testimonios, entrevistas y otros documentos. La Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado fundada por iniciativa de Celia Sánchez Manduley logró obtener una importante colección de documentos. Realizaron algunas entrevistas a los principales jefes de las columnas y pelotones que operaban en el frente. Conocemos  que en las provincias de Granma, Tunas y Holguín se han realizado diversas investigaciones sobre combates, biografías y otros aspectos de interés de este Frente; pero permanecen inéditas.
En la década del 80 el autor de esta obra y un pequeño equipo de investigadores  confeccionaron varios libros de  testimonios y compilaciones de documentos. Algunos de ellos se publicaron.
 Pero hasta el presente no se ha realizado una síntesis histórica de aquel Frente guerrillero que es lo que intentamos con este trabajo.
 
ESPACIO MUY LLANO

Como tema elemental para comprender la historia del Cuarto Frente necesitamos  ubicarlo en el espacio. Veamos la División Política Administrativa que prevalecía en el momento en que se desarrollaron los acontecimientos. Este Frente operó en todo el territorio de los municipios de Victoria de las Tunas, Puerto Padre, Gibara y  gran parte de Holguín y Bayamo. También sus fuerzas llegaron a incursionar de una forma mas o menos estable en los límites entre Camagüey y Victoria de las Tunas y en ocasiones en Manzanillo.
Es difícil determinar con exactitud el área que abarcaba el frente. Si bien en Gibara, Puerto Padre y Tunas estaba muy bien definida, pues ocupaban todo ese territorio. En Holguín los límites son más imprecisos pues en él operaron tropas del Segundo Frente principalmente en el barrio de San Germán.  En Bayamo operaron también  fuerzas del Primer y Tercer Frente. Podemos considerar como un cálculo muy general que las fuerzas del Cuarto Frente operaron en un territorio que abarcaba alrededor de 9 000 kilómetros cuadrados. 

EXTENSION TERRITORIAL DE LOS MUNICIPIOS DONDE OPERARON LAS  FUERZAS DEL CUARTO FRENTE.

MUNICIPIO                                EXTENSION                           POBLACION

BAYAMO                                  3656 KM CUADRADOS               143 483
GIBARA                                     922 KM  CUADRADOS                 39 947
HOLGUIN                                  2874 KM CUADRADOS               226 779
PUERTO PADRE                       1321 KM CUADRADOS               89 551
TUNAS                                        4044 KM CUADRADOS                ___     (5)

  La riqueza de este territorio se basaba fundamentalmente en la agricultura y la industria de transformación de productos de esa actividad. Se destaca en especial la industria azucarera con la presencia de 10 centrales, dos de ellos - El Chaparra y el Delicias- se encontraban entre los mayores de Cuba. La ganadería era otro renglón importante. Se calcula en unas 537 874 cabezas de ganado la riqueza del territorio. A los que se unía la producción de arroz y una gran variedad de cultivos como tabaco, granos, en especial frijoles, viandas, hortalizas,  maíz, papa y otras diversas producciones que servían de subsistencia a sus productores o se integraban al mercado local o nacional.

PERIODIZACIÓN DE LA GUERRA EN EL LLANO DEL NORTE Y EL CENTRO DE ORIENTE

En el territorio que constituiría el Cuarto Frente operaron antes de su creación pequeñas guerrillas.  El primer grupo guerrillero que actúo en el llano era el dirigido por Orlando Lara Batista, que combatió en el territorio del municipio de Bayamo.  Lara sobre  la fecha del alzamiento expresó en una entrevista que:

    En el mes de agosto de 1957 cuando establecimos el primer   
    campamento rebelde en el llano, en la zona de Cauto del
    Paso, yendo conmigo Roberto Reyes, Jesús Martínez, Víctor
    Sotomayor y Elvira Paneque. Contábamos nada mas que con
    un revolver 38, dos pistolas 38 y una pistola 32.(6)

Salvando algunas diferencias los alzamientos  de los demás  destacamentos que operaron en los llanos es similar. Pocos hombres y menos armas. Lo importante de este alzamiento de Orlando Lara es que fue el primero realizado en el territorio donde operaron las fuerzas del Cuarto Frente. Por lo que podemos considerar que este es su  antecedente más lejano.
Para facilitar una mejor comprensión de este proceso bélico hemos realizado una periodización a partir de la formación de la primera  guerrilla en esta región. Esta tiene como base el desarrollo de las acciones militares entre ambos bandos. Teniendo en cuenta este aspecto de la guerra podemos considerar que estamos ante dos períodos muy bien definidos. El primero comprende desde el inicio de la lucha a mediados de 1957 hasta agosto de 1958, el segundo se extiende  desde septiembre de 1958 al fin de la guerra, el 1 de enero de 1959.  Caractericemos cada periodo por separado.

PRIMER PERIODO: LOS ESCOPETEROS EN EL LLANO (1957- AGOSTO DE 1958)

Luego del alzamiento de Orlando Lara se producen otros en diferentes lugares del territorio analizado. Entre los que se encuentran los de los grupos dirigidos por  Concepción Ribero, Marcos Carmenate, Gerardo Machado, Carlos Borjas, Lizardo Proenza y otros.
La huelga del 9 de abril de 1958 incrementó el número de alzamientos. Hasta mediados de abril todos estos grupos operaron independientes entre sí sin un mando central en la zona. Se consideraban subordinados a Fidel. Pero en la práctica no pasaba de ser una subordinación mas bien en el plano teórico, pues se dificultaba el recibir órdenes directas de la guerrilla serrana. Aunque  Fidel, tempranamente, había tomado medidas para organizar las pequeñas guerrillas de este territorio.  En enero de 1958 nombró a Orlando Lara  jefe de un territorio que comprendía parte de los municipios  Bayamo y Victoria de las Tunas. Lara  recibió parque y orientaciones directas del líder revolucionario.
La medida más importante tomada por Fidel fue el envío del capitán Camilo Cienfuegos a los llanos con una pequeña tropa integrada por 22  hombres. Camilo inició su marcha hacia los llanos el 31 de marzo de 1958. El 16 de abril Fidel lo asciende a comandante y lo nombra jefe de un gigantesco triángulo cuyos vértices serían las ciudades de Tunas, Bayamo y Manzanillo. En la práctica abarcaba a los municipios de Puerto Padre, Tunas, Holguín, Gibara y parte de Bayamo.
Los grupos rebeldes que operaban en este territorio, con la excepción de Orlando Lara que continuó directamente bajo las órdenes de Fidel, se le subordinaron. De esa forma se dio un paso trascendental al crear un mando único. Esto en el orden político tenía una relevante importancia pues permitía establecer la disciplina de la guerrilla serrana en especial con el trato hacia los campesinos. Este tema era en extremo delicado y de gran preocupación de Fidel. Las fuerzas bajo el mando de Camilo fueron designadas como Columna 2. Al ser detenido y asesinado Osvaldo Herrera, uno de los oficiales de Camilo, se le puso su nombre. Este número se mantiene hasta septiembre de 1958. La Columna 2 la conformaban varios  grupos de escopeteros dispersos en aquel gigantesco territorio con muy poca relación operativa entre ellos.
 Camilo llevó  a cabo toda una serie de audaces acciones. Algunas de ellas verdaderamente temerarias, como una incursión por las calles de Bayamo. En aquellos momentos Bayamo era uno de los centros militares más importantes del país. Allí se encontraban numerosas unidades de combate que actuaban sobre la Sierra Maestra.
 Camilo Cienfuegos tan solo logró llevar al llano 22 hombres armados. Aunque eran experimentados combatientes de la Sierra Maestra, por su número no podían cambiar la correlación de fuerzas que eran completamente favorables a las tropas de la dictadura. Las fuerzas de la dictadura tenían la iniciativa operativa. Incursionaban en todo el territorio sobre el que mantenían el control.
Un ejemplo de esto fue el combate de La Estrella. En la acción los combatientes revolucionarios dirigidos por Cienfuegos fueron atacados por una poderosa unidad de combate enemiga que contaba con blindados y apoyo de la aviación. El grueso de los guerrilleros lograron abandonar el lugar. Los revolucionarios tan solo tienen 2 bajas. Tradicionalmente se pone como ejemplo de la capacidad de la guerrilla de los llanos para enfrentar una fuerza superior. Esto es cierto, pero el combate merece otro análisis. Las fuerzas de la dictadura lograron llegar hasta el campamento de la unidad rebelde más importante que operaba en esos momentos en los llanos. La atacaron y la obligaron a retirarse. El otro grupo guerrillero de importancia que operaba en el llano dirigido por Orlando Lara se encontró en similar situación cuando el enemigo los atacó en su campamento de los Montes de Infante. Se vieron  obligados a retirarse tan apresuradamente como la fuerza de Camilo. El enemigo también penetró en el territorio de Cauto el Paso, base logística de la guerrilla de Lara y logró detener a una de las principales colaboradoras de los revolucionarios. La guerrilla de Carlos Borjas fue virtualmente dispersada en los montes de Pestán en el Cauto por un ataque enemigo.
 Los revolucionarios no podían sostener un territorio liberado. Esto respondía a una realidad: el armamento era en extremo deficiente. La mayoría de los combatientes tan solo contaban con escopetas de caza, deportivas y armas cortas. Algunos estaban desarmados. Incluso no siempre había parque suficiente para estas armas.
  Era imposible hacer una concentración de las diferentes guerrillas para llevar a cabo una acción de relevancia. No se contaba con arma y parque para sostener un ataque enemigo en caso de que fuera descubierta la concentración. La supervivencia de la guerrilla estaba condicionada por su capacidad de escapar a la persecución enemiga, no de enfrentárseles. Las condiciones naturales eran por completo desfavorable a estas guerrillas. Predominaban las grandes llanuras o pequeñas elevaciones con escasa vegetación. Las comunicaciones eran relativamente buenas. El territorio estaba cruzado por una red de carreteras, caminos vecinales y vías férreas. Es cierto que en los meses de lluvia el barro dificultaba las marchas, pero para un ejército moderno esto no era un problema insalvable. El ejército de Batista era abastecido con material procedente de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Una parte del equipo de transporte había sido utilizado por los aliados en las difíciles condiciones de la guerra del Pacifico.  Incluso existían varias pistas aéreas en las centrales azucareras y arroceras. Todos los pequeños poblados estaban comunicados por vía telefónica y telegráfica. 
Esto fue imponiendo un tipo de actividad militar que se caracterizó por los ataques a pequeños puestos de la guardia rural, emboscadas a patrullas enemigas pero en especial sabotajes a las vías de comunicaciones como carreteras, líneas férreas, telegráficas y telefónicas. También se realizaron atentados contra delatores y miembros del grupo paramilitar dirigido por el senador batistiano Rolando Masferrer Rojas.
 Otra tarea importante fue la propaganda así como la recaudación de armas y parque. Podemos considerar que al concluir este periodo los grupos de escopeteros operaban virtualmente en todos los municipios.
 Algunos habían alcanzado notable nivel de organización como el encabezado por Orlando Lara que contaba con un gran apoyo popular en la zona de Bayamo. En carta de fecha 12 de abril a Fidel le explicaba Lara como funcionaba lo que hoy  podríamos considerar en un ejército regular como la inteligencia militar.

     En estos momentos a un kilómetro y medio del campamento
     se  encuentran  150 soldados de la dictadura,  están  desde
      ayer, pero cualquier movimiento que ellos hagán lo sé  ense-
     guida, pues cada diez minutos me llega un parte de los cam-
     pesinos, le parecerá extraño pero tengo una organización
     entre los vecinos del lugar que viéndolo es como se puede
     apreciar, desde las costas de Bayamo hasta los alrededores
      de Buenaventura incluyendo la Sal Cauto Embarcadero, Cauto
      el Paso, Mir, Monte Alto, Las Mil Nueve, Las Arenas, Omaja
     Central Maceo y otros barrio.(7)

 Fidel comprendió las grandes posibilidades combativas de estas guerrillas pese a lo rudimentario de su armamento. Habían desarrollado una capacidad de sobrevivir en el llano, imponiéndose a las más difíciles condiciones. El líder rebelde decidió aprovechar estas cualidades y organizó con ellas la primera invasión fuera de los límites de la provincia de Oriente. Le impartió órdenes a Orlando Lara de enviar parte de sus fuerzas a la provincia de Camagüey lo que se realizó a finales del mes de abril de 1958. Ya en esta fecha Fidel se había planteado la posibilidad de mandar a la provincia de La Habana un destacamento dirigido por Orlando Lara.. La gran ofensiva de la dictadura impidió realizarlo.
La invasión a Camagüey por las guerrillas de Orlando Lara  ha pasado inadvertida para la historiografía de la guerra de liberación. Realmente tiene un singular valor en la estrategia de la revolución. Era  el primer intento del Ejército Rebelde de llevar la guerra fuera de los límites de la provincia de Oriente.     
Camilo Cienfuegos continuó al frente de las guerrillas de los llanos hasta junio de 1958. Fidel había comprendido que la guerra se decidiría en las montañas serranas. El enemigo  preparó su ofensiva de verano. Largas caravanas de transportes militares comenzaban a recorrer los caminos que conducían a las estribaciones de la Sierra Maestra. Un ambiente de tensión como el que precede al estallido de una tormenta se podía respirar en el aire.
El Comandante en Jefe dio órdenes a Camilo Cienfuegos de que junto con el grupo de combatientes rebeldes que lo habían acompañado al llano regresara a la Sierra Maestra. Era un refuerzo muy importante con que enfrentar la gran ofensiva de la dictadura. Orlando Lara con otro grupo de combatientes marchó a la Sierra Maestra y se unió a las huestes de Fidel.
 Antes de retornar a la Sierra Maestra Camilo designó como jefe de las fuerzas rebeldes de los llanos  al capitán Carlos Borjas Garcés. (8)
 Este era un combatiente clandestino holguinero. Carlos tuvo una destacada participación en el atentado al jefe del regimiento de Holguín, coronel Fermín Cowley Gallegos, en noviembre de 1957. Se incorporó a la guerrilla serrana a finales de 1957. Participo en varios combates.  En marzo de 1958 Fidel lo envió a Holguín como jefe de acción. Borjas formó una guerrilla que operó fundamentalmente entre la ciudad de Holguín y el río Cauto.
A mediados de 1958 se había producido un incremento de los grupos de alzados. En Gibara operaba una guerrilla dirigida por Lizardo Proenza, en Puerto Padre otro destacamento dirigido por Pedro Galindo Ramírez, en Tunas varios grupos  entre los que se destacaba el de Concepción Rivero, en  Bayamo actuaban entre otros grupos de escopeteros  el de Gerardo Hernández Silva, conocido por Juan Machado, que actuaba en la zona de Cauto Embarcadero, José Cedeño  en el Cautillo, Palmarito, Babiney y el Jardín. En Holguín actuaban en el barrio de Cacocum el grupo de Ernesto Mulet y el de Jesús Diz Fernández.
A estas pequeñas tropas había que añadir la del  teniente, Cristino Naranjo que operaba al frente de un pequeño destacamento entre Holguín y Bayamo.  Carlos Borjas llegó a enviar hacia  Tacajó, en el municipio Antilla, relativamente alejado de su zona de operaciones, a dos combatientes para que crearan guerrillas con los vecinos de esos lugares.
En el llano se iba produciendo un salto cuantitativo con el incremento de las guerrillas y el número de sus integrantes. Pero la situación del armamento no había variado sustancialmente. Hemos realizado un estudio de 5 de los grupos guerrilleros que operaron en los llanos orientales en el verano de 1958. En total lo integraban 102 combatientes de ellos tan solo 10 armados de fusiles propiamente de guerra, el resto de escopetas de caza y deportivas, antiguos fusiles y carabinas de las guerras de independencia, así como pistolas y revólveres y otras armas mas dignas de un museo que de un ejército.
 Estos diez fusiles de guerra se encontraban en la tropa de Cristino Naranjo (9) que fue armada por Camilo Cienfuegos al retornar a la Sierra Maestra. El resto  de los grupos guerrilleros prácticamente no contaban con un arma propiamente de guerra. Con tales equipos operaban en un terreno muy llano, con vías de comunicación relativamente buenas. Además de una absoluta superioridad del enemigo. En esas condiciones era muy difícil  liquidar una fuerza enemiga y capturar armas y parque. Casi por regla en los encuentros con el enemigo este quedaba dueño del terreno. Los revolucionarios no contaban con suficiente poder  de fuego para imponerse.  
Pese a sus grandes limitantes militares  estas guerrillas desempañaron un papel importante en los llanos. Mantuvieron la presencia de la revolución socavando el poder del régimen y sus adictos. Obligaron al enemigo a mantener fuerzas de forma permanente en la zona que eran desviadas de los escenarios  principales de combate
En lo referente al futuro Cuarto Frente estas guerrillas de escopeteros desempeñarían un papel relevante pues crearon una verdadera superestructura de apoyo, facilitando  el abastecimiento; así como una amplia red de inteligencia y contrainteligencia militar. Crearon una fuerza que al ser incorporada a las columnas guerrilleras enviadas de la Sierra Maestra formaron los  pelotones de escopeteros de esas tropas.  Esto permitió que las columnas mantuvieran cohesionadas las fuerzas originales bien armadas y entrenadas para librar operaciones de envergadura. Mientras los escopeteros se encargaron de llevar a cabo complejas y difíciles tareas: como controlar las zonas liberadas, bloquear las poblaciones, realizar sabotajes y labores de abastecimientos. Las columnas fueron capturando armas y equipos militares. Los escopeteros se armaron con estos medios y pudieron participar  en acciones militares importantes.
En el orden político los escopeteros desempeñaron un papel muy relevante y pusieron en clara evidencia el aporte del caudillismo y el regionalismo a la guerra de liberación contra el tirano Batista. La historiografía ha obviado este sentido de la lucha siguiendo los pasos de una corriente tradicional y esquemática que considera al regionalismo y el caudillismo como un aspecto negativo de la historia de Cuba sin valorar los muchos matices y contradicciones de ese fenómeno.
Los escopeteros fueron en esencia un producto de los complejos mecanismos del regionalismo y el caudillismo y de las nuevas circunstancias sociales y políticas de la sociedad cubana que se habían formado en la gigantesca cuenca del Cauto desde los primeros siglos de la colonización y poblamiento. Estos grupos que se alzaban, lo hacían en sus barrios, casi todos sus integrantes se conocían entre sí, incluso no pocos tenían algún parentesco. Raramente salían en sus operaciones de los límites del barrio y áreas inmediatas. Eran mantenidos por el barrio que los protegía de delatores y traidores.
Con el desarrollo de la guerra y el incremento del prestigio de la revolución por las importantes victorias el apoyo de los vecinos de estos barrios se incrementó lo que redundaba muy beneficiosamente para estas guerrillas. En octubre de 1958 Manuel Fajardo hizo una interesante descripción de los escopeteros que operaban en el municipio de Victoria de las Tunas:

    Los rebeldes forjados en el llano le dan colorido al Ejér-
    cito Revolucionario 26 de Julio. Usan bonitos sombreros te-
    janos, se encuentran bien vestidos, y sus uniformes adornados
    con llamativos pañuelos, su cara rasurada y su pelo bien
    cortado. (10)

 Los jefes de estos destacamentos   eran personas de alguna  relevancia en la zona como por ejemplo Francisco Concepción en  Puerto Padre y Gibara. Francisco tomó parte en la lucha contra el dictador Machado. Desempeñó un puesto de cierta importancia en Puerto Padre durante los gobiernos auténticos. Otros eran  gente de un origen  humilde que por su actividad revolucionaria habían alcanzado determinado prestigio. El  ejemplo más relevante de estos últimos era  Orlando Lara. De un origen muy humilde,  por su participación en la lucha alcanzó una muy justa fama.
Incluso se dieron casos de individuos de antecedentes nada recomendable, que habían llegado a participar en robos o por lo menos sobre ellos recaían esas sospechas. Estos lograron forjarse en la lucha un prestigio y convertirse en destacadas figuras de la guerra. Pero en general todos estos grupos estaban estrechamente ligados a un caudillo de barrio, una comarca y a varias familias.
 Estos grupos de escopeteros regionales tenían un papel movilizativo y de  cohesión  de la población local en torno a la revolución muy  grande. Lo  que fue muy útil a la llegada de las columnas  rebelde.  Pero también  existía  la posibilidad de que podían  ser  ganados  por politiqueros  tradicionales que veían en la revolución un  simple cambio  de hombres. Esto hubiera introducido divisiones  internas en el proceso revolucionario.
 Otro asunto también complejo es que estos grupos pudieran  devenir en especie de semibandidos  que utilizaran el prestigio de la revolución  para  fines de lucro como había ocurrido  ya  en  la Sierra Maestra. Incluso era posible que manteniéndose en la línea de la revolución emplearan métodos incorrectos en el trato a  los campesinos y en general la población. Podrían  cometer excesos y aplicar   la  justicia revolucionaria de una forma  incorrecta.  El envío  de  Camilo  Cienfuegos en abril de 1958 y el establecimiento  de  un  mando centralizado  fue la medida más eficaz para  intentar  solucionar esta compleja situación. La llegada de las columnas rebelde del Cuarto Frente  puso fin a este peligro.

LAS COLUMNAS REBELDES EN LOS LLANOS ORIENTALES.

 Paso obligado en su marcha hacia el occidente del país Camilo  y el Che al frente de sus respectivas columnas invasoras  realizaron un  alto a finales de agosto de 1958 en la  cuenca del Cauto.  Camilo  se vio obligado a tomar medidas en las que no había pensado.
 Era  criterio  de Camilo Cienfuegos que Carlos  Borjas  no  había cumplido con las orientaciones impartidas, cuando  en junio de 1958 abandonó los llanos orientales y se dirigió a la Sierra  Maestra., Camilo consideró que había  incrementado desproporcionalmente el número de integrantes de cada guerrilla. Se  puso en contacto con politiqueros tradicionales recabando  su ayuda. Comprometía de esa forma el prestigio de la revolución.  Camilo destituyó al aguerrido capitán rebelde y lo remitió detenido a la Sierra Maestra. No tenía tiempo para realizar una detallada investigación y un juicio justo a Carlos Borjas. Decidió enviarlo para la Sierra Maestra. 
 Cienfuegos designó como jefe de las fuerzas rebeldes que operaban en los  llanos  a Cristino Naranjo. Este operaba al frente de un pequeño grupo de combatientes. Había sido un antiguo miembro de la fuerza de Camilo cuando operó en el llano por primera vez.  Lo ascendió a capitán y le dejó un refuerzo. Esto era en extremo importante si tenemos en cuenta que le  asignó 22 hombres, quince de ellos armados de fusiles de guerra. Lo  que representaba el 24 % de los integrantes de su columna(92 hombres en total) y el 18.2% de las armas con que contaba. (11)
Esto  es  una prueba elocuente de la importancia que  tenía  para Camilo  la guerra en los llanos del Cauto. También dice mucho  de la  amplia visión del líder guerrillero que era capaz de  ver  el desarrollo  de la guerra en toda la amplitud del país no solo  en el frente asignado a él.
 Podemos considerar que a partir de la derrota de la gran ofensiva  de Batista en el verano de 1958 este fue el primer  gran  esfuerzo  de la guerrilla serrana para cambiar la situación  en  el llano.  Aunque esto fue iniciativa de Camilo no encontró  ninguna objeción  del  Che  Guevara, que estaba presente  ni  tampoco  de Fidel cuando se enteró de esa decisión. En cierta forma Camilo y su columna guerrillera realizaron dos invasiones, una a los llanos del Cauto y otra hacia el  centro del país. El primer acontecimiento ha sido olvidado por entero.    Por primera vez desde el retorno de Camilo Cienfuegos y su fuerza a la Sierra Maestra en el llano operó una tropa de un poder de fuego de importancia. Sumando las armas con que  contaba anteriormente  y  las que le dejó Camilo la  fuerza  de  Cristino llegó  a  contar  con un total de 25 armas de guerra  y  unas  19 escopetas, fusiles deportivos y de otros tipos. (12)
 Ya  para  esta fecha el Comandante en Jefe  había  elaborado  un amplio plan para el envío de dos columnas bien armadas y pertrechadas. Debían de imponer un cambio radical en la  zona.  Estas serían  la Columna 12 Simón Bolívar bajo el mando del  comandante Eduardo Sardinas y la Columna 14, Juan Manuel Márquez, dirigida por el capitán Orlando Lara.

UNA SINGULAR EXPLORACION

Previo al cumplimiento de esos planes Fidel decidió  enviar una fuerza para realizar una exploración por parte del territorio donde operarían las columnas rebeldes. Esta labor de inteligencia es  en extremo interesante. En primer lugar es la mayor  exploración organizada por el Ejército Rebelde. La fuerza quedó  constituida  por un total de 34 hombres muy bien armados y  con  parque abundante por lo menos  para  un soldado rebelde. Todos los integrantes de  la  misma tenían  fusiles de guerra. Hecho bastante insólito, pues  en las columnas invasoras de Camilo y el Che se encontraban algunos combatientes equipados tan solo con escopetas e incluso desarmado. Por ejemplo la  columna invasora   dirigida  por  Camilo  Cienfuegos  tenía   10   hombres  desarmados en el momento de salir de la Sierra Maestra. (13)
 Este  pelotón o pequeña columna la  integraban veteranos  de  la lucha en lo Sierra y combatientes del llano. Estos últimos  habían acompañado a Orlando Lara cuando se unió a la guerrilla de Fidel antes de la ofensiva  de verano. Para tener una idea de las  proporciones  de este  esfuerzo  podemos considerar que la  columna   invasora  de Camilo  Cienfuegos la integraban 92 combatientes para una  misión tan  difícil  como  llegar al occidente del  país. Esta fuerza   exploradora   la  componían  34   combatientes   lo   que  representaba  poco  mas  de  un tercio  de  la  referida  columna invasora.
 Por  otro  lado el objetivo de esta exploración  es  en  extremo peculiar. En el documento que le entregó el Comandante en Jefe en el momento de su partida le especificaba que debía de realizar su misión:

         ...en el territorio comprendido entre la carretera de
          Bayamo-Manzanillo y la costa norte de la provincia de
          Oriente, de donde deberá regresar a la Sierra Maestra,
          una vez cumplida la misión, informando además, el
          estado del orden interno, la disciplina, conducta y
          relaciones de las patrullas rebeldes con los campesinos
          armas de que disponen y todo cuanto pueda ser de
           interés ....(14)

El interés de Fidel se centra mas bien en los aspectos políticos y  de  relación  de los escopeteros con la  población  civil  que propiamente en los asuntos militares. Para el líder  revolucionario  estaba muy claro que la victoria dependía por entero  de  la aceptación o no por parte de la población de las fuerzas  revolucionarias. Él tenía una sensibilidad especial sobre este tipo  de relaciones  y  era en extremo exigente con sus  subordinados.  El campesino y su familia eran asunto sagrado para los rebeldes.
 El jefe del pelotón era el teniente Oscar Orozco. Este individuo había  sido primero soldado de la Columna 1 en la Sierra  Maestra  luego  combatió en los llanos bajo las órdenes  de  Orlando Lara y retornó con este a la Sierra Maestra. Era un experimentado guerrillero,  al  igual que la mayoría de  sus  subordinados.  La unidad rebelde fue bautizada como Pelotón número 1 de la  Columna 14, Juan Manuel Márquez.
El  recorrido de esta tropa caracterizaría el  que  realizarían las demás columnas rebeldes que invadieron los llanos  orientales. El  5 de septiembre de 1958 el pelotón partió de la  Plata  donde Fidel  lo despidió. En el recorrido por la Sierra la única  dificultad serían los grandes aguaceros de un ciclón que hacia  reventar los ríos y dificulta la marcha. Pero avanzaban por un  territorio  completamente  liberado protegidos por los árboles  de  la mirada mortífera de los artilleros de los aviones B-26.
Al  llegar al llano la situación varió por  completo.  Avanzaban por  terrenos despejados fácilmente controlados por un  reconocimiento aéreo. Esto los obligaba a caminar de noche y descansar de día. El ejército de Batista había dislocado entre Manzanillo  y Bayamo diferentes compañías.  Mantenía  permanentemente patrullas protegidas por blindados en la carretera. Era  en esos  momentos  lo que podríamos llamar la  superestructura guerrillera  creada  por  los grupos de  escopeteros que operaban con anterioridad en los llanos  entraba  en funcionamiento.  Los  escopeteros habían formado toda una  red  de guías, medios de transportes, campamentos, sistema de  abastecimiento  que podían ser utilizados por las columnas guerrilleras recién llegadas. El Pelotón 1 establece su campamento en Cauto el Paso.
Este  apoyo  espontáneo de los escopeteros y en  general  de  la población  civil ayudaba en algo a palear el desamparo en que  de pronto  se encontraban muchos veteranos de la Sierra  Maestra  al llegar al llano.
 En esos momentos se crea una situación muy peculiar en lo  referente  al  mando centralizado. Fidel no había logrado  entrar  en contacto con Cristino Naranjo para explicarle la nueva  situación creada  con  la formación de las columnas rebeldes.  Por  lo  que existían  dos jefes rebeldes en  similar condición en  una  misma zona sin determinarse la  subordinación. Oscar Orozco y  Cristino Naranjo  se entrevistaron posteriormente. Cristino fue puesto  al corriente por Fidel de la nueva situación del llano. Cristino con su  tropa integró la Columna 14 Juan Manuel Márquez  formando  el Pelotón  número  2  de esa fuerza y le  fueron  reconocidos  los grados de capitán  propuesto por Camilo.
Respecto  a la estructura organizativa del llano es  interesante analizar que la formación de un  mando único no fue producto de un  desarrollo y  maduración  de  la lucha en los llanos. Si no  de  una  decisión proveniente de la dirección de la guerrilla en la Sierra  Maestra  iniciada  con  el  nombramiento de Camilo  Cienfuegos.  No  había surgido un líder local que fuera reconocido por los demás combatientes. Quizás Orlando Lara estaba en vías de alcanzar tales dimensiones. Fidel lo reconoció así cuando lo nombró jefe de la Columna 14.
Fidel supo actuar con sumo cuidado e inteligencia para poner  al servicio de la unidad revolucionaria en torno al movimiento 26 de julio  a las diferentes fuerzas locales y sus dirigentes.  Varios de los principales cargos en las jefaturas de las columnas enviadas  a  los llanos fueron ocupados por  individuos  naturales  de aquellos  lugares  o que habían participado en la  lucha  en  esa región.  Así  el jefe de la Columna 14 era Orlando  Lara,  figura descollante  en la región. Sus tres pelotones estuvieron  dirigidos, el número uno por Oscar Orozco, veterano de la guerra en los llanos  y luego por Arsenio García, el dos por  Cristino  Naranjo, también veterano del llano, el tres por Eddy Suñol Ricardo,  natural  de Holguín y que había desarrollado un destacado papel  como combatiente clandestino en esa comarca antes de alzarse. El  jefe del Cuarto Frente y de la columna 32 era Delio Gómez Ochoa,  natural  de  Holguín  y que había jugado un papel  importante  en  el clandestinaje en ese territorio.
El  movimiento  clandestino en el momento de la llegada  de  las tropas  invasoras era un ejemplo elocuente del desarrollo de  las fuerzas regionales. Algunos de los dirigentes de este  movimiento eran  reconocidas personalidades de esas localidades,  principalmente  provenientes  de la pequeña burguesía.

SEPTIEMBRE Y OCTUBRE: DE LOS ESCOPETEROS A LAS COLUMNAS REBELDES

 En  septiembre de 1958 se encontraban en los llanos dos pelotones de  la Columna 14. El Pelotón número uno dirigido por Oscar Orozco  que contaba  con  34 fusiles de guerra y el número dos  dirigido  por Cristino  Naranjo  con unas 25 armas. Ambos operaban fundamentalmente en parte de los municipios Holguín y Bayamo. Pero esto no  significó  un cambio  radical de las operaciones. Cristino reportó que en  este mes  que  las  guerrillas bajo su mando  realizaron  16  acciones contra vías y medios de comunicaciones, 6 escaramuzas, un sabotaje, tres ajusticiamiento de delatores. La mas significativa  de estas fue el ataque  y toma el 17 de septiembre a la finca Limoncito  del representante a la Cámara Martín Robaina Leiseca.  Esta finca era protegida por algunos soldados y elementos  paramilitares.
 Mientras  el Pelotón 1 se limitó a atacar  un jeep  del  enemigo entre Mir y Buenaventura. Un militar enemigo resultó muerto  pero el jeep logró escapar bajo el fuego rebelde.
 Es  elocuente que durante el mes de septiembre la  situación  no había variado sustancialmente. Ambos pelotones pese a que cuentan con un buen armamento han actuado con las mismas  características de  los grupos de escopeteros que combatieron durante el  periodo estudiado. Es decir pequeñas acciones y sabotajes. En esencia  el enemigo mantenía sus posiciones y el control sobre los medios  de comunicación  pese a los sabotajes de los escopeteros.  Pero  muy pronto se introducirían importantes cambios en la correlación  de fuerzas en la región. Fidel en carta a Juan Almeida de fecha 8 de octubre le detallaba sus nuevas ideas: 

    El plan de tomar primero a Santiago de Cuba, lo estoy susti-
    tuyendo por el plan de tomar la provincia. La toma de Santia
    go y otras ciudades resultaría así mucho más fácil, y sobre
    todo podrán ser sostenidas. Primero nos apoderaremos del cam-
    po; dentro de doce días aproximadamente todos los municipios
    estarán invadidos; después nos apoderaremos y si es posible
    destruiremos todas las vías de comunicación por tierra, ca-
    rreteras y ferrocarril. Si paralelamente progresan las opera-
    ciones en Las Villas y Camagüey, la tiranía puede sufrir en
    la provincia un desastre completo como el que sufrió en la
    Sierra  Maestra. (15)

Los  planes elaborados para el territorio estudiado  consistían en el envió de dos Columnas la 12 y la 14. La primera operaría en  los  municipios  de  Victoria de las Tunas y Puerto  Padre  y  la segunda en los de Holguín, Gibara y parte de Bayamo.
 La  Columna 12 fue la unidad de combate más poderosa que  operó en  el Cuarto  Frente y una de las  mayores  columnas  invasoras organizadas en la  Sierra Maestra.
  El  origen de esta columna había sido un pelotón integrado  por 54  combatientes que combatía en la Sierra bajo las  órdenes  del entonces capitán Eduardo Sardiñas. A esta fuerza se le  agregaron nuevos  combatientes, reclutas recién graduados de la  escuela  de Minas  del  Frío,  hasta convertirse en  una  verdadera  columna. Sardiñas fue ascendido a comandante.
 El 27 de septiembre la columna entra en combate en Cerro Pelado. Al  día siguiente recibe órdenes de prepararse para  invadir  los municipios  de  Victoria de las Tunas y Puerto Padre.  La  fuerza estaba  integrada por 155 combatientes que quedaron  estructurados para la marcha en 5 pelotones. Contaban con un armamento realmente impresionante, que consistía en 83 fusiles Garand, 31 carabinas M-1,  11 San Cristóbal, 10 Springfield, 2 fusiles M-2, 2  ametralladoras  Browming, 2 fusiles Jhonson, una ametralladora  calibre 30,   otra  Thompson  y  una  Nijauser,  un  fusil  con   mirilla telescópica, un  antitanque  de 85 mm, 33 granadas de  mano  y  18 armas cortas.
En  total 147 armas de guerra. Este despliegue bélico  era  comprensible  pues a esta unidad le correspondía el interrumpir  las comunicaciones  entre Oriente y Camagüey. Tarea fundamental  para poder cumplimentar los planes establecidos por Fidel de controlar la provincia de Oriente.

DE LA SIERRA MAESTRA AL LLANO

 A  las  tres de la tarde del 2 de octubre la Columna 12  inicia  su marcha  hacia los llanos del norte de oriente. Una fuerte  lluvia muy real y al mismo tiempo simbólica los despide y los acompañará durante  una buena parte del camino. La lluvia fecunda la tierra de un  lodo pegajoso y resbaladizo. Los caminos pantanosos  hacen de cada metro un pequeño martirio.
 Paralelo a esta unidad se organiza otra tropa rebelde que devendría  en el Pelotón número 3 de la Columna 14, bajo el  mando  del capitán Eddy Suñol y como segundo el capitán Raúl Castro Mercadé. Esta fuerza al igual que la Columna 12 contaría con un núcleo original de aguerridos combatientes, la  escuadra  del  capitán Raúl Castro Mercadé que  había  participado  en numerosos combates. Se le suman otros combatientes experimentados y el resto los reclutas de la escuela de Minas del Frío. Como  un acontecimiento bastante singular, por orden de Fidel, se le  asignó a  la fuerza dirigida por Eddy Suñol una escuadra del pelotón  de Las Marianas integrada por cuatro mujeres. Pese a la oposición de Eddy  Suñol  en una tradicional subestimación del  papel  de  las mujeres.  Para él eran cuatro fusiles subutilizados. Acabó  aceptando  mas por el respeto que sentía por Fidel que por  convencimiento.  Seguramente que tenía la esperanza de que las fatigas  y las muchas crueldades de la guerra les hicieran perder sus  aspiraciones bélicas a aquel puñado de muchachas bonitas y  femeninas que  parecían  hechas para todos menos para disparar  contra  sus semejantes.
  La  fuerza estaría integrada por 64 combatientes, de  ellos  61 armados  con equipos de guerra.   En la mañana  del  9  de octubre inician la marcha hacia los llanos.
 El  23  de octubre salía de la Sierra Maestra la  última  fuerza invasora.  Esta era la Columna 32, como peculiaridad esta  fuerza no  tenía  un núcleo de fogueados veteranos como  las  demás.  La integraban algunos oficiales veteranos de la Sierra Maestra,  dos  dirigentes  de  la Federación de Estudiantes  Universitarios  que habían  acabado  de llegar a la Sierra Maestra en  un  avión  con armas del exterior. El resto eran alumnos de la escuela de reclutas de Minas del Frío. Otra peculiaridad de esta tropa era que no tenía asignado un territorio determinado. Era la columna  escolta del  jefe del Frente, comandante Delio Gómez Ochoa, y  debía  de moverse por todo el extenso territorio. La tropa la formaban unos 50 combatientes.  
  El recorrido de las cuatro fuerzas invasoras que salieron de la Sierra Maestra hacia los llanos orientales  en diferentes días de los  meses  de septiembre y octubre, los Pelotones 1 y  3  de  la Columna 14, la Columna 12 y la Columna 32 podemos resumirlo en un avance  por la Sierra Maestra con mucho desenfado protegidos  por la vegetación de las miradas mortíferas de los artilleros de  los bombarderos  medianos  B-26 símbolos de la aviación enemiga. También estaban   a salvo  de toda sorpresa desagradable pues marchan por  una zona  completamente libre de batistianos.
 En  el llano las circunstancias variarán por entero. Tienen  que caminar de día y descansar de noche para eludir la vigilancia  de la  aviación  enemiga. Sorprende la rápida  adaptación  de  estos combatientes a las nuevas circunstancias de marchar por  terrenos muy  llanos  y en gran parte descubiertos, casi  ideales  para  la acción de la aviación enemiga. La aviación tenía un efecto  sicológico desbastador sobre algunos combatientes. En primer lugar el rebelde  estaba por completo impotente ante un ataque  aéreo.  El Ejército Rebelde no tenía armas antiaéreas eficaces.
 El único medio de combatir a los aviones era escabullirse en las montañas serranas, en sus cuevas y bosques. Algunos  combatientes llegaron  a  traumatizarse  con los aviones  y  prácticamente  no podían  soportar la presencia de estos.
En el llano además de  un posible encuentro con una nave aérea batistiana existe la posibilidad  muy real de chocar con una emboscada enemiga.  Esto  podía ser desastroso como ocurrió con una columna enviada a Camagüey  y que por descuido del jefe cayó en una emboscada.
 Aparece un personaje muy útil: el guía.  El guía  es  una especie de ser sobrenatural que  les  hará  ahorrar largas  caminatas o en caso de extravío los someterá al  martirio de deambular por sabanas inundadas como buque al pairo. El  conocimiento  de este mítico personaje les permitirá  establecer  con mucha anticipación una mortífera emboscada o evitar la sorpresa o extraviarse y no cumplir con un plan de operaciones bien detallado. El guía es el gran aporte de los escopeteros y el  movimiento clandestino a las columnas invasoras.
 Dentro del apoyo brindado por los colaboradores hay otro  personaje  bastante  peculiar: el capataz o mayoral. Este es  un  individuo  muy importante en la cuenca del Cauto. Un buen capataz, había  muchos buenos, era una especie de condueño de un latifundio o finca. El poder de este  se incrementaba en la medida en que iban  apareciendo  cada vez con mayor frecuencia terrateniente absentistas.
 En las principales poblaciones de la región  habían construido repartos  o barrios  de calles muy bien  trazadas  y  buenos chalets-  una copia, disminuida  lógicamente,  del reparto  Miramar en La Habana- donde residían terratenientes  que tan  solo  de  vez en cuando visitaban sus  fincas  que  quedaban atendidas por sus capataces.
 Estos capataces podían disponer de los recursos de las propiedades que administraban. Aunque luego debían de rendirle cuentas al terrateniente. Pero a finales de 1958 una parte significativa  de la  burguesía agraria cubana, por lo menos en el valle del  Cauto era  desafecta al régimen. En la región se había creado un  nivel de inseguridad que perjudicaba a todos. Las fuerzas represivas no siempre respetaban las tradicionales influencias de la burguesía.
 El absoluto dominio del campo por las columnas rebeldes les hizo muy pronto comprender a estos terratenientes que de buenas o malas ganas estaban obligados a colaborar con los revolucionarios.  Por lo que los capataces de sus fincas contaron con bastante libertad para apoyar a los guerrilleros.
 Muchos de estos capataces actuaron con absoluto  convencimiento. El  ejemplo más típico fue el de Arcadio Reyes, capataz del  latifundio El Jardín. Conocido por los revolucionarios como el Coronel. Había comenzado  a colaborar desde los primeros momentos en que  aparecieron  las  guerrillas  en los llanos. Otro  capataz  en  extremo destacado fue el "negro Govín" que administraba un latifundio  en un  lugar  conocido como El Salvial. Ambas fincas estaban  en  la ruta obligada de las diferentes fuerzas invasoras que fueron  muy bien atendidas en esos lugares.
 Los  integrantes  de la Columna 12  fueron  beneficiados  apenas llegaron al llano por varios de estos administradores. El capataz de  la  finca Alto Cedro de Repelón los recibió  en  la  lluviosa madrugada  del 9 al 10 de octubre con una ráfaga de bondad abriéndole  puertas,  encendiendo fogones que comenzaron muy pronto a  desprender un anhelado vaho de fritos. 
 "Ciano", como era conocido Crescencio Montero Cabrales,  capataz de  la finca El Yarey fue también  ángel guardián para los agotados  miembros  de  la  Columna 12. Se habían detenido a  8  kilómetros  de Veguitas en medio de interminables fangueros bajo un cielo  encapotado. Una parte de los hombres estaban enfermos, otros se veían atacados  por  las  insoportables llagas. De  pronto  apareció  un tractor con una carreta que les enviaba "Ciano". Nunca se  sabría si  la decisión del buen "Ciano"  era por los ruegos de ayuda  a la virgencita de la Caridad del Cobre de los agotados  combatientes  o  la acción de otro santo. Lo cierto era  que  allí  estaba "Ciano"  con su tractor. Al día siguiente serían atendidos por el mayoral  de la finca El Jaquete que puso a su  disposición  todas las  instalaciones de esa propiedad. Además le sirvió de guía.  El  13  fue día de mucho paraíso creado por Arcadio Reyes, el mayoral  de la  finca El Jardín que les abrió la talanquera de la hacienda y  su corazón. (16)
 Pero fueron los campesinos, propietarios o arrendatarios,  obreros agrícolas y otras gentes de origen muy humilde vinculados a la tierra los grandes héroes de la guerra en el llano. Unos  colaboraron  directamente con las columnas sirviéndole de guías,  ofreciéndole lo poco que tenían a su paso. Fueron ellos en definitiva la cantera que engrosó sus filas. La escena narrada por un combatiente del Pelotón 1 de la Columna 14 de unas pobres mujeres al lado de unos desvencijados y miserables bohíos sacando agua de un pozo y ofreciéndole a los cansados rebeldes es un sublime resumen de la fidelidad campesina a la revolución. Aquella pobre gente no tenía otra cosa que dar, agua y su corazón.      
 La lluvia y el fango son los grandes enemigos de estas  marchas: agotan a los hombres y destruyen el calzado. Fue la gran prueba de los invasores.
Aquella dura prueba provocó la perdida de una silenciosa apuesta colectiva. Era asunto  esperado en  el  Pelotón número 3 de la Columna 14 que  el  cansancio fuera  dejando en el recodo de un camino cualquiera a las  muchachas del pelotón de las Marianas. Se daba por descontado que una de ellas, pequeña,  menuda, aparentemente  frágil, Tete Puebla que se hundía hasta el  cuello en  cualquier cañada sería la primera en comprender  que  aquello era  asunto masculino. Para sorpresa colectiva al hacer  un  alto mientras los hombres agotados se dormían en el fangoso suelo  las mujeres se dedicaban a curar llagas y a atender a los mas  cansados o los enfermos. 
 Cuando se consigue un transporte, por el apoyo de los revolucionarios  del llano, las gomas se hunden en los caminos  pantanosos impidiendo  la  marcha. Si en la Sierra la  victoria  se  alcanza caminando en el llano el asunto es diferente. Aquí factor  indispensable es el rápido traslado. En la montaña rebeldes y  militares están bastante equiparados respecto al desplazamiento. Muchas veces los soldados tendrán que desplazarse a pie. Si lo hacen  en transporte  se verán obligados a recorrer rutas muy  fijas  donde lógicamente nunca podrán sorprender a una guerrilla. En el  llano el  ejército tiene a su disposición diversos caminos vecinales  e incluso  en última instancia puede atravesar potreros y  sabanas en sus vehículos. El  aporte en este sentido de los grupos de escopeteros  fue  muy significativo  al  poner  a disposición de  los  recién  llegados camiones  y  sobre todo tractores con carretas  que  aceleran  su desplazamiento por los llanos. Intenciones en ocasiones  arruinadas por la lluvia y los fangueros.
 El  fango también tiene sus ventajas, el lodo es mal  de  todos. Los  militares también lo sufren y prefieren continuar  sus  muy inútiles  patrullas  sobre  la asfaltada carretera  de  Bayamo  a Manzanillo.  Esta  situación explica la facilidad  con  que  las fuerzas  invasoras atraviesan este terreno muy llano donde  están dislocadas algunas unidades batistianas.  Un párrafo de una carta del comandante Eduardo Sardiñas a Fidel de fecha 16 de octubre ya en  plena  zona  de  operaciones  resumía  la  situación  que   se encontraron a su paso las columnas y pelotones rebeldes:

     ...el Ejército de la Dictadura brilla por su ausencia.
        Han abandonado los campos y se han refugiado en las
        ciudades. Hasta el momento de ofrecerle estas líneas
       no hemos tenido choque alguno. Patrullas y emboscadas
       acostumbradas en los terraplenes y caminos han sido
       retiradas. Hemos ocupado el territorio situado al sur
        de la carretera Central sin hacer un solo disparo. (17)

El  ejército  batistiano  no hizo ningún  esfuerzo  eficaz  para tratar  de  desalojar  a los pelotones y  columnas  cuando  estas ocuparon  sus respectivos lugares de operaciones. Las fuerzas  de la dictadura habían recibido un rotundo golpe durante la ofensiva del verano de 1958 que  les hicieron perder la iniciativa. Además  no habían logrado elaborar una táctica antiguerrillera pese a sus muchas amargas derrotas. Concentraron toda su actividad en  organizar   patrullas que en ocasiones apoyadas por  blindados  recorrían la carretera entre Manzanillo y Bayamo, el lugar más crítico en el paso de las columnas invasoras. Esta medida de patrullaje no podía detener a una guerrilla.

MOTIVACIONES PARA UNA DECISION

Podríamos  preguntarnos cuales fueron los factores  que  hicieron que los rebeldes que combatían en la Sierra Maestra se decidieran a  integrar las columnas rebeldes e invadieran los llanos.  Estos hombres  de forma completamente voluntaria aceptaron el reto  que significaba  incorporarse  a  una fuerza  invasora  cambiando  la seguridad,  en  aquellos momentos prácticamente  bucólica  de  la Sierra Maestra por las muchas incertidumbres del llano.
 Podemos considerar sin lugar a dudas que fue el odio a la dictadura batistiana y los deseos de liberar la patria lo que llevó a estos hombres y mujeres a aceptar tan riesgosa misión. Ocho años de gobiernos auténticos, pese a sus muchos defectos habían sido propicios para crear un ambiente de una serie de libertades políticas que la dictadura batistiana cortó bruscamente. Batista era repudiado por una parte de la población cubana desde su anterior gobierno.  Tal  afirmación  está en el trasfondo, pero los seres humanos  generalmente no se mueven en torno a tales abstracciones para tomar determinaciones que afecten en lo inmediato su vida.
 Había una infinidad de pequeños motivos personales que  debieron influenciar en la decisión de estas personas para convertirse  en invasores  que escapan a la generalización de cualquier  estudio. Sin  embargo es de pensar que debieron de existir aspectos mas  o menos comunes que en mayor o menor medida debieron estar  presentes en cada uno de ellos.
 Una  parte  de  estos combatientes provenían de  la  escuela  de reclutas  de  Minas del Frío. Debemos primero de tratar  de  comprender  lo que era esa escuela. Allí iban a parar todos los  que llegaban  a la Sierra Maestra y eran aceptados como  guerrilleros pero   no   tenían  armas.  Como  las   armas   escaseaban    los entrenamientos casi siempre se hacían sin armas. Estaban  sometidos a un hambre  antológico y por último la aviación había descubierto  la  ubicación del improvisado centro de  enseñanza  y  lo sometía  con  bastante  frecuencia a  intensos  bombardeos.  Unos acababan por abandonar tan duro centro pero otros continuaban  en espera de recibir un arma para poder combatir.
 En la sicología  del rebelde la mayoría de edad estaba dada  por la  posesión  de un arma de fuego. Pero esto  también  tenía  una compleja escala de valores. Asunto menor eran las armas de caza o deportivas. Categorías mas bajas tenían revólveres y pistolas.
 Para  los rebeldes los alumnos de la escuela de Minas  del  Frío eran  virtualmente  niños. Ellos ni siquiera poseían  una  simple escopeta o un despreciable revólver. El llano les ofrecía a estos combatientes la posibilidad de obtener un moderno fusil de guerra de los arrebatados al enemigo durante los combates contra la gran ofensiva de Batista. Esta no era una sobrevaloración respecto  al arma  si  no  una realidad de la que no  escapaba  desde  el  mas modesto  combatiente  hasta el propio Comandante  en  Jefe  Fidel  Castro.  En carta a Camilo Cienfuegos el 17 de abril de  1958  le decía:

     Dada la vehemencia con que me pides fusiles y conocer lo
     que es esa desesperación lo que mas me apena es no poder
     enviarte en estos momentos. A parte de que tu sabes lo
     duro que es quitarle el arma a  compañeros que han partici
     pado en estos días en varios combates y que a mi realmente
     me repugna hacerlo.(18)

Un fusil de combate tenía tal importancia  que fue Fidel quien los entregó  personalmente   a los integrantes de los pelotones y  columnas.  El formar parte de  una  de estas columnas era para  cualquier  recluta  de Minas de Frío algo así como alcanzar la mayoría de edad.
 Tanto  para los veteranos como los jóvenes reclutas  había  otro elemento  importante en el llano: la posibilidad de combatir.  La guerra había escapado definitivamente de la montaña. Ahora era necesario  ir  hasta la guarida del enemigo  para  atacarlo.  El llano ahora estaba estrechamente unido  a la misma esencia del rebelde, a su objetivo fundamental: combatir.
Había otro asunto que tenía que ver mas con el estómago que  con los sentimientos: el llano para estos sufridos rebeldes era  país de  Jauja. La Sierra  Maestra era país del hambre, de las  carencias. Habían más rebeldes que comidas en el día. Para los  reclutas de Minas del Frío que dependían por entero de lo que le diera el  mando central la situación era mucho peor. Era común ingerir una sola comida al día y bastante mediocre. 
 El  llano  era otro mundo. Allí se podía desayunar,  almorzar  y comer si se tenía un poco de suerte. El comandante Manuel  Fajardo,  segundo jefe de la Columna 12 se refería a  esa  emocionante posibilidad de poder comer hasta la hartura:

     El cerco de hambre mantenido alrededor de la Sierra du-
     rante tantos meses nos había hecho olvidar los placeres
     de una buena comida bien condimentada, para mi fue emo-
     cionante el poder desayunar hace solo algunos días con
     un jugo de naranjas, dos huevos fritos, pan con mantequi
     lla  y cafe con leche. Los muchachos se lo están desquitan-
     do hacen tres comidas al día y todo lo acompañan con pos-
     tres. La leche y la carne es abundante y buena. En todos
     los barrios hay tiendas bien surtidas y en ropa no hay que
     irla a buscar muy lejos.(19)

 Eddy  Suñol  rememora  esa secreta  aspiración  del  combatiente serrano al describir el avance de su pelotón hacia los llanos.

        ...la marcha fue rápida a pesar de que la mayor parte
           del personal estaba descalzo y semidesnudo, pero el
           deseo de llegar al llano, lo cual nos permitiría com-
           batir al enemigo en su madriguera y saciar el hambre
          de  tantos tiempos, era el motor que nos  impulsaba...
         (20)

También  el llano ofrecía un sentimiento muy emocionante que  no podían  encontrar en la Sierra Maestra: la sensación de  sentirse libertadores, quizás también de sentirse importantes. La población de  la Sierra Maestra  en casi dos años de guerra se había  acostumbrado a los barbudos rebeldes. El llano era asunto  diferente. Allí el barbudo era un mito. Manuel Fajardo "Piti" rememoraba  en una carta a Celia Sánchez esa sensación que le ofrecía la  población del llano expresada en sus múltiples atenciones:

        Las atenciones que se le dispensan al soldado rebelde
        son extraordinarias: cuidan de nuestra ropa, nuestros
        males hasta de nuestro aspecto.
        Es asimismo agradable el sentirse admirado y poder brin-
        dar garantías a los pobres campesinos que solo habían
        recibido malos tratos por parte del Ejército de la Di-
        ctadura y por parte de los falsos revolucionarios que
        operaban hace solo algunos meses en esta zona.(21)  

El  llano  era para los rebeldes de la Sierra Maestra  un  mundo maravilloso y desconocido. No todo se puede explicar por la carne y  la mantequilla, la posibilidad de obtener calzado y  ropa,  de capturar  un arma de guerra y combatir al enemigo. El llano  para el rebelde de la Sierra Maestra era todo eso  pero sobre todo  un misterio. Tenía la excitación de la incógnita.
Los rebeldes  estaban imbuidos de un espíritu desconocido en la historia militar cubana desde las guerras de independencia. Una anécdota recordada por un capitán guerrillero merece una reflexión en ese sentido. Ocurrió en los momentos en que las fuerzas revolucionarias se disponían a partir para atacar a Puerto Padre. Como el ataque se realizaría el 24 de diciembre día  tradicional de festejos cubanos por la Noche Buena se habían comprado varios puercos que se estaban asando para que los rebeldes cenaran antes de entrar en combate. Siempre estaba la potencial amenaza de  que fuera la última cena. Una última cena muy real que podía tener de trasfondo  un  eficaz proyectil que cortando arterias  y  órganos provocara  un  fin  mucho más rápido y eficiente que  el  de  una crucificación pero que en cambio  nadie inmortalizaría en pintura de mucha fama.
El capitán Arsenio García rememoraría años después:

  Recuerdo que hice una pequeña inspección por donde estaban
  asando los puercos y comprobé con disgusto que aun estaban
  crudos, por lo que comunique a Gómez Ochoa que si esperábamos
  mucho tiempo nos demoraríamos para llegar a Puerto Padre a
  la hora planeada. Ochoa estuvo de acuerdo conmigo y se
  ordenó la partida. Reuní la tropa bajo mi mando y hable
  a los compañeros - ¿que prefieren, les pregunte, esperar
  a que estén los puercos o cenar los que hayan preparados
   los guardias para esta nochebuena? Sabia de antemano la
   respuesta celebraríamos la tradicional fiesta con la
   cena de los guardias. Comenzamos la marcha.(22)

La  anécdota  es  puramente intranscendente  sino  mostrara  las relaciones establecidas entre los oficiales rebeldes y su  tropa. No estamos ante un ejército regular de límites muy bien  trazados en las relaciones subordinado - oficial sino ante una fuerza  donde con  relativa facilidad se puede pasar la frontera de las  jerarquías.  Se  solicita  el criterio de los hombres  de  filas  para dejarlos sin cena de nochebuena. Arsenio afirma que esperaba  una coincidencia en su criterio pero ¿ y si no existía esa coincidencia?. Hasta que punto realmente existía esa posibilidad y que  el jefe acatara la disposición de la mayoría.
 Este tipo de relación subordinado jefe era bastante flexible en la  lucha  en el llano. Al Camilo Cienfuegos  ser  designado  por Fidel  como  jefe de las guerrillas que operaban  en  los  llanos  Orlando   Lara  no  aceptó  su  subordinación  a  este,  pues   se consideraba directamente subordinado al Comandante en Jefe.  Lara no  se  subordinó a Camilo lo que no significó una crisis  en  la disciplina y entre ambos jefes se mantuvieron buenas  relaciones. Eddy  Suñol  tuvo determinadas contradicciones  con  Raúl  Castro Mercadé, el segundo jefe de su pelotón. Esto hizo que Raúl Castro Mercadé  actuara  con  las fuerzas que  le  estaban  directamente subordinadas con gran independencia operativa lo que fue aceptado por Suñol que era un individuo de un carácter bastante rígido  en  estos  asuntos  de disciplina.
 Había un acuerdo no escrito en esta fuerza eminentemente popular en lo referente a las relaciones jefe - subordinado que la hacia en extremo  flexible pero al mismo tiempo los oficiales rebeldes  le podían  pedir a sus soldados sacrificios que era muy difícil  que otra tropa acatara.

LA COLUMNA 14 JUAN MANUEL MARQUEZ: LEYENDAS Y REALIDADES

La  Columna  14  Juan Manuel  Márquez iba a tener unas características  muy  peculiares que creemos merecen que le dediquemos nuestra atención. Raramente los historiadores se preguntan lo que opinan sus contemporáneos, es  decir  los  potenciales  lectores sobre  los  hechos  que  él analiza.  Lo  que conocen sobre  tales  acontecimientos.  Nosotros emprendimos  una breve indagación en torno a la Columna 14 y  nos encontramos una extraña diversidad de criterios. Para los vecinos de  Gibara y Holguín el jefe de la Columna 14 era Eddy Suñol,  el jefe  del  pelotón  que operó en esa zona. Para  los  vecinos  de Cacocum  y zonas aledañas era Cristino Naranjo, el jefe  rebelde que actuó allí. Mientras que para los vecinos de Buenaventura era Orlando Lara o Arsenio García, las guerrillas que operaron directamente allí. El asunto se complica mas al oír el criterio de los combatientes.
 En sus testimonios y artículos sobre la guerra Eddy Suñol (falleció en 1971) no reconoce el mando de Orlado Lara como jefe de  la Columna 14. Los combatientes del pelotón dos, dirigido por  Cristino  Naranjo, tampoco reconocen, en las  entrevistas  realizadas por el autor, el mando de Orlando Lara como jefe de esa  columna. Mientras  Arsenio Garcia, el único jefe de pelotón  sobreviviente de  esa  columna, niega rotundamente que Lara fuera  su  jefe  en algún momento.
Al  mismo tiempo los más cercanos colaboradores de Orlando  Lara afirman que este es el jefe de la columna. No hemos encontrado  el  nombramiento oficial de Lara como jefe de  la  columna. Pero  existen documentos firmados por Fidel dando por sentado que  Lara tenía esa jefatura. Un  ejemplo es la carta de fecha 30 de septiembre de 1958. Fidel  le dice a Lara que:  "ese  territorio de Gibara pertenece a la columna tuya" (23)
Podríamos  preguntarnos entonces ¿Cuál fue el papel de  Lara  en esta  columna? Incluso más interesante seria interrogarnos  sobre el por qué esta es la única columna rebelde de las que sus  integrantes cuarenta años después ponen en duda quien la dirigía.
  Deberíamos  indagar en la personalidad de Lara. No creemos  que tuviera condiciones que lo hicieran repulsivo a sus  subordinados y  la población en general. Incluso todo lo contrario,  mas  bien era  persona  popular. Pero en torno a él ocurrieron  hechos  que ayudan  a  explicar este inesperado olvido de  sus  subordinados. Lara había sido herido en un combate en la Sierra Maestra en  una pierna.  Esto  hizo  que bajara al llano mucho  después  que  sus tropas. Incluso cuando se incorpora se encontraba convaleciente lo que le disminuía sus  posibilidades  de  desplazarse.  Esta tropa  de  guerrilleros  campesinos dependía mucho de la realidad física no de la abstracción de  un jefe de columna al que nunca veían.
 También  había  una condición del espacio. Los  tres  pelotones estaban  esparcidos en una inmensa área. Mientras las fuerzas  de los  Pelotones 1 y 2 actuaban en el territorio entre  Holguín   y Tunas y Bayamo. El Pelotón 2 había centrado sus actividades en el municipio  Gibara.  La ciudad de Holguín  parecía  un  gigantesco corte entre ambas fuerzas que los separaba en dos zonas de operaciones bien definidas.
 Los  pelotones habían sido enviados por Fidel incluso  despedido por  este lo que había mantenido una estrecha relación  entre  el máximo  jefe de la revolución y los jefes de pelotones. Estos  le escribían  directamente.   Cada  uno de los  pelotones  por  la cantidad  de  armas  y hombres que poseían lo  convirtieron en verdaderas columnas.
 El  Pelotón número 2 dirigido por Cristino Naranjo es un  caso bastante peculiar. Esta fuerza al crearse la Columna 14 ya  existía  en el llano. Cristino había sido nombrado  jefe de las  guerrillas  que  operaban  en el territorio que  luego  formaría  el Cuarto  Frente. Fue incluido en la nueva estructura  militar  sin tener ningún tipo de vínculo con ella.
Las fuerzas de la Columna 14 actuaron con una gran independencia operativa.  En ningún  caso  se realizó una operación con participación  de  las fuerzas  de los tres pelotones. Solo se realizó una acción  entre dos  pelotones coordinada por el jefe de las columnas que fue  una incursión  en Holguín para sabotear las elecciones del 3  de  noviembre  de  1958.  La otra acción de envergadura,  el  ataque  a Puerto Padre, realizada con la participación de varios  pelotones de  la columna fue coordinada por el jefe del frente no el de  la columna. Por último a finales de diciembre la parte  mejor armada de las fuerzas  del Pelotón 2 fue trasladado a la zona de Jiguaní  donde participó en operaciones junto a las  fuerzas  del Tercer  Frente. De hecho en esta parte final y muy importante  de la  guerra  el  núcleo principal del Pelotón 2  quedó  fuera  del control por entero del jefe de la Columna 14.
  Los Pelotones 2 y 3 crearon su propia superestructura. Es decir hospitales, un aparato de logística y otras actividades indispensables  para que una guerrilla pueda sobrevivir. El  Pelotón  1  en  este  sentido quedó mucho más vinculado a Orlando  Lara  pues utilizó  en lo fundamental la sólida estructura creada  por  este entre la población civil.
 El  jefe de la columna, Orlando Lara, se situó en su  campamento de Cauto el Paso donde organizó un pequeño grupo de  combatientes que  realizaron algunas acciones. Esta fue una característica  de esta columna. Sus jefes de pelotones tenían mas comunicación  con el Comandante en Jefe primero y luego el jefe del frente que  con el jefe de la columna propiamente.

LA COLUMNA DE LOS ESTUDIANTES

 La  Columna 32 José Antonio Hecheverría fue una fuerza   guerrillera  bastante  peculiar.  Casi siempre  la  definición  columna rebelde se asociaba a un espacio geográfico bien específico.  Las columnas se enviaban a territorios determinados que quedaban bajo su  jurisdicción.  Como  toda fuerza  guerrillera  eran  unidades regionales que necesitaban una base de apoyo en la población para poder sobrevivir.
 La  Columna 32 venía a ser como una especie de escolta del  jefe del  frente y al mismo tiempo unidad para apoyar las  operaciones de  las  otras columnas. El Comandante en Jefe no  le  asignó  un territorio  en específico y la sitúo como una columna  móvil  que actuaría  en todo el frente. Era un caso casi excepcional  en  la guerra contra la dictadura de Batista.
 Tal  decisión era muy acertada. Por la concentración de  fuerzas enemigas y las desventajas geográficas, lo que permitía un rápido desplazamiento  del  enemigo y por el  objetivo  fundamental  del frente  que era impedir las comunicaciones entre Oriente y  Camagüey se necesitaba una fuerza capaz de reforzar rápidamente a las columnas que operaban en la zona.

CARACTERÍSTICAS DEL CUARTO FRENTE

 El  Cuarto Frente Simón Bolívar tenía  características  bastante peculiares.  De los frentes que operaron en el territorio  de  la provincia  de Oriente fue el único que el grueso de  sus  fuerzas  se encontraba en una zona llana. Todos los frentes en Oriente habían nacido a  partir de una columna - fundadora o columna - madre de las que  se habían  formado  las demás columnas.
 En el caso del Cuarto Frente primero se formaron las columnas  y luego  se  creó propiamente el frente. Otro  aspecto  en  extremo interesante  se  refiere a la cronología de este frente.  De  los seis grandes y decisivos frentes guerrilleros que operaron durante la guerra de liberación, el primero, segundo, tercero, cuarto y los  dos  frentes  de las Villas dirigidos por Camilo  y  el  Che Guevara el de más corta duración fue el Cuarto Frente. Si bien es cierto que las dos grandes columnas que lo integran ya se encuentran desde alrededor del 20 de octubre en sus zonas de  operaciones  son  fuerzas  que actúan independientes entre    tan  solo subordinadas a Fidel. El frente propiamente no se crea hasta  que no llega Delio Gómez Ochoa y se entrevista con los jefes  guerrilleros.  Esto ocurre entre el 3  y el 10  de  noviembre. De hecho la existencia del frente no va mas allá de unos 45 ó 50 días.

LAS OPERACIONES MILITARES.

Hemos llegado a un momento culminante de una historia militar: los análisis y descripciones de las acciones militares.
Durante su corta existencia las tres columnas que integraron el Cuarto Frente Simón Bolívar llevaron a cabo decenas de operaciones militares.
Hay bastante material para romper este nudo gordiano y entregar al lector una larga aritmética de balazos y bombazos. Pero en lugar de irnos tras minuciosas descripciones de esas acciones como es costumbre en este tipo de obra escritas en los últimos años sobre los frentes guerrilleros de las guerras de liberación, trataremos de resumir en una síntesis general este proceso haciendo énfasis mas que en describir el detalle de cada combate entender el ritmo de estos y su papel real en el desarrollo de los acontecimientos políticos que precipitaron el fin de la dictadura. De otra forma sería ofrecer detalles que a la mayoría de los lectores potenciales poco le dice.

EMBOSCADAS DE ANIQUILAMIENTO

 Una  de  las operaciones realizadas por  las  columnas  rebeldes fueron las emboscadas de aniquilamiento contra pequeños  destacamentos  enemigos. Pese a la presencia de estas columnas  rebeldes el enemigo continuó enviando pequeños destacamentos en labores de vigilancia, traslado de personal, etc. Por lo menos ocurrió así en los primeros días de la presencia de las columnas en los llanos.   Los revolucionarios aprovecharon  este  descuido  y lograron emboscar a  algunas  de  estas tropas, liquidarlas y apoderarse de armas y parque a cambio de un gasto  muy reducido de este. En este sentido podríamos  catalogar las  emboscadas   realizadas por la Columna 14  en  Yaguabo,  los Guiros, Juan Cantares,  en el camino de la presa a Holguín, en el de Mir a Buenaventura y otros.
 En  algunos  de estos casos se aprovechó la  rutina  militar  de mantener  en horario mas o menos fijo  determinados  movimientos.
 Estamos ante un primer asunto: la existencia de un  rudimentario pero  eficiente  servicio de inteligencia que le  permite  a  los revolucionarios  tener una información bastante  detallada  sobre los movimientos de las fuerzas enemigas.
 Había  otros tipos de emboscadas que fue producto  del  conocimiento  que se tenía de que el enemigo obligado por las  circunstancias  debía de lanzar sus fuerzas a los caminos y  carreteras. En  ese caso están las emboscadas del 2 de  noviembre  realizadas por  las fuerzas del Pelotón 3 en el cerro de  Los Guiros  en  la carretera  de Holguín a Velasco  y en la Loma de la Vigía  en  la carretera  de Holguín a Gibara. En esta ocasión se sabía  que  al día  siguiente  se realizarían las elecciones convocadas  por  la dictadura por lo que se esperaba un lógico movimiento de  fuerzas por las carreteras y caminos entre las principales poblaciones en apoyo a esta maniobra  de la   dictadura.
 Los resultados de estas acciones fueron realmente desalentadores para  las  fuerzas de la tiranía. En Juan  Cantares  la  patrulla formada  por una docena de soldados fue desecha. En el cerro  de Los  Guiros  la  fuerza enemiga,   fue  virtualmente  aniquilada.  Murieron  29 militares, cinco fueron capturados, tres  de  ellos heridos. En Yaguabo la patrulla también fue aniquilada.
 En  todos  estos casos los rebeldes se encontraban  en  absoluta ventaja  sobre el enemigo que avanzaba por un camino  descubierto sin  protección de fuerzas blindadas y en número menor al de  los revolucionarios que contaban con modernas armas de guerra.  Estamos ante un buen aprovechamiento de la emboscada.
Uno de los  más importantes resultados  es que le permitió capturar fusiles y  parque.  Esto tenía  una  importancia capital para el frente. En  los  combates contra  los grandes convoyes enemigos en la carretera se  gastaba mucho parque sin lograr recuperarlo.
 Estas  acciones obligaron al enemigo a suspender las salidas  de pequeños destacamentos por grandes columnas protegidas por  blindados,  aviación y numerosas fuerzas de infantería.     El  enemigo fue constantemente disminuyendo sus operaciones. Para evitar  que las pequeñas guarniciones quedaran aisladas las fue retirando. De esa forma se incrementó considerablemente el territorio liberado.
Un ejemplo elocuente fue la acción de Juan Cantares, en el camino entre  Fray  Benito  y Santa Lucía. A partir de ese  día,  12  de noviembre de 1958,  el enemigo no incursionó mas en Fray Benito.  De  esa forma una extensa y rica región agrícola quedaba en poder de  los rebeldes.  Luego de la acción del cerro de Los Guiros los  batistianos retiraron la guarnición de Velasco. También fueron abandonados  poblados como San Andrés, Las Parras, Cruces de  Purnio  y otros.

LA GUERRA EN LA CARRETERA CENTRAL.

 El 13 de noviembre el comandante en jefe había dado  instrucciones precisas para interrumpir las comunicaciones entre Oriente  y Camagüey. Expresaba lo siguiente:
         
             El tráfico en la provincia de Oriente debe quedar
             por tanto, paralizado de nuevo totalmente...Todas
             las vías de entrada y salida de las ciudades, así
             como la provincia de Oriente deben quedar cortadas.
             (...) Las tropas rebeldes que operan en el centro y
             y el este guardando la entrada de la provincia de
             Oriente, deben combatir con tenacidad cuantos re-
             fuerzas enemigos pretendan enviar a la provincia.-   
              (24)         

Uno de los objetivos de este frente era impedir las comunicaciones entre Oriente y Camagüey por lo que el tramo de la  carretera que  unía a Holguín con Camagüey devino en centro fundamental  de las operaciones. Dos fuerzas guerrilleras  tenían operaciones muy precisas  de impedir este tráfico: la Columna 12 y el Pelotón 1 de la  Columna 14. La Columna 12   concentró sus operaciones en el tramo de la carretera central entre  Victoria  de las Tunas y Guaimaro. El Pelotón 1 de la Columna  14  situó su hostigamiento en la carretera central en el tramo  entre Buenaventura  y  Holguín. De esa forma una caravana  enemiga  que salía  de Camagüey hacia Santiago de Cuba debía de enfrentarse primero  al hostigamiento de las fuerzas de la Columna 12. Si lograba  salvar este  obstáculo  y llegar a Tunas al emprender  la  marcha  hacia Holguín sería hostigada desde Buenaventura hasta cerca de Holguín por la tropa del Pelotón 1 de la Columna 14.
 Hasta  el 30 de octubre el tráfico por la carretera  y  caminos que conducían a la población de Victoria de las Tunas se realizaba  sin  grandes inconvenientes, fuera del  hostigamiento  mas  o menos esporádicos de los grupos de escopeteros que operaban en la zona.  Ese día las fuerzas de la Columna 12 decidieron  trasladar el  grueso  de sus operaciones a la carretera central  e  intentar cortar todo tráfico.
 Los  batistianos  habían  hecho un  considerable  esfuerzo  para mantener  en su poder la carretera  Central situando  en  ellas emboscadas  y  manteniendo el patrullaje. Esto había  causado  un favorable resultado pues por la asfaltada vía se movían  diversos vehículos. Por eso debió de ser sorpresa mayor para los conductores y choferes de tres rastras y dos ómnibus aquel 30 de  octubre cuando vieron surgir frente a ellos un puñado de barbudos que los hicieron  abandonar los vehículos, sin hacer caso de la  protesta de los asustados pasajeros e incendiaron los equipos.
 De la indignación y la molestia los pasajeros y choferes pasaron al  terror cuando de pronto se vieron envueltos en  un  verdadero combate  librados  por los rebeldes y una  patrulla  enemiga  que acudió al lugar. Algunos de los soldados batistianos,  alcanzados por el fuego rebelde se desplomaron dejando entre sus cuerpos sus armas  y creando una verdadera excitación entre los rebeldes. Algunos de ellos portaban viejas armas. Incapaces de resistir la tentación se   lanzaron  a capturarlas. Las  esperanzas  fueron  bruscamente cortadas con la aparición de un refuerzo apoyado por un blindado. Bajo el fuego de ametralladoras pesadas los jóvenes combatientes retrocedieron.
 El  día 2 de noviembre se suspende todo el tráfico por la carretera  central. El 3 el enemigo sustituye las pequeñas patrullas  por una  poderosa caravana que una vez al día recorre  la  carretera. Los rebeldes  levantan grandes lomas de tierra utilizando  buldocers. De nuevo se combate en la franja asfaltada.
Estas escenas se repetían. Cada convoy enemigo era duramente atacado en la carretera central. No siempre se podía impedir el paso de una caravana protegida por tanques y otros vehículos blindados. Además con gran cantidad de fuerzas de infantería e incluso en muchas ocasiones cobertura aérea. Los batistianos comenzaron a desmontar sus soldados en los lugares más peligrosos y hacerlos avanzar en las inmediaciones de la carretera. De esa forma se incrementaba su eficacia y disminuía el número de bajas.
 Aunque había una situación desventajosa. En estas acciones no se podía capturar parque. Veamos lo que se puede considerar un combate típico en la carretera central. 
 El  6  de noviembre seis automóviles ocupados por  miembros  del ejército,  y paramilitares intentan avanzar desde Tunas  hacia Camagüey.  Eran seguidos  por una patrulla integrada por fuerzas trasladadas  en camiones,   dos tanquetas y con la protección  de  una  avioneta artillada.  Al  llegar a un lugar conocido como La  Guanábana  se inicia  un intenso combate que se prolonga por cuatro horas.  Las fuerzas  batistianas  regresan a Tunas con algunas   bajas.  Los rebeldes no tienen bajas. Han combatido desde posiciones  escogidas  de antemano contra un enemigo que se desplaza por  una  zona descubierta. Es incuestionablemente una brillante victoria rebelde.  Pero un puñado de palabras al final del informe  dirigido  a Fidel por el jefe de la columna 12  debió de crear cierta amargura en el líder rebelde:  "...el gasto de parque fue grande. "-21- Los revolucionarios no habían logrado capturar un solo proyectil.
El día 28 de  noviembre  el comandante Eduardo Sardiñas le informaba al comandante en jefe la desesperada situación de sus fuerzas:
     
      nuestra necesidad de parque es grande. Podemos mantener
      indefinidamente nuestras posiciones, pero los guardias
      insisten en abrirse camino y todos los días hay bronca.
      Las patrullas del ejercito son grandes y hay que dete
      nerlas a tiros. (25)

Los revolucionarios derribaron un puente de la carretera central lo que prácticamente acabo cortando el paso del enemigo. Por lo menos el comercial.
Buenaventura era típico poblado de la carretera central entre Holguín y Tunas. Todas sus casas estaban situadas sobre esa vía. Prácticamente no había calles interiores. Para los viajeros era un paisaje monótono, para los rebeldes del Cuarto Frente tenía una especial significación.    A partir de allí hasta Holguín le correspondía  a la  fuerza del  Pelotón número 1 de la Columna 14 dirigido por Arsenio  García hostigar las carabanas enemigas.  Esta  tropa no contaba con la cantidad de hombres  y  armas suficientes  para  tratar de detener al enemigo. Por  lo  que  se decidió realizar una labor de hostigamiento a todo lo largo de la carretera.  Se  distribuyeron las cuatro  escuadras  del  pelotón en este tramo de la carretera.
Se levantaron obstáculos en la  carretera. Con un  tractor  se  llegó  a construir una profunda zanja y  se  derribó  un puente.  Por el escaso número las tropas del Pelotón 1 no  podían detener  a  una  caravana batistiana protegida  por  blindados  y aviación.  Pero  su constante labor de hostigamiento  además  del daño material creaba una situación psicológica muy desfavorable  a los que viajaban en aquellas caravanas.
 Las fuerzas del pelotón dos también llevaron a cabo una labor de hostigamiento  contra el transporte en la carretera de Holguín  a Bayamo. Mientras el Pelotón 3 actúo contra los caminos que  comunicaban  a  la  ciudad de Holguín con diferentes  puntos  de  los municipios Gibara y Puerto Padre. Junto a este esfuerzo guerrillero las fuerzas de la dictadura realizaron una tentativa en ocasiones desesperada para evitar que el transporte por carretera colapsara. Los informes rebeldes hacen referencia al final definitivo de esta actividad en las principales vías de comunicaciones. Pero siempre el enemigo logró imponer un mínimo de tráfico que resultó cierto abastecimiento de las principales poblaciones que controlaba.  Aunque en el sentido práctico de un trasiego comercial y de pasajeros normal de hecho a  finales  de diciembre ya se había suspendido  por  entero   por  la carretera central.

EL BLOQUEO

Simultáneamente  con  las acciones en la carretera  central  las fuerzas rebeldes sometieron a cada población en poder del enemigo a  un  intenso bloqueo. Este se fue estrechando  día a día  hasta  casi llegar a interrumpir el suministro de  vituallas. El cerco no era solo la interrupción del transporte por carretera sino que  tenía un  concepto  más amplio. Incluía todo tipo de suministro  a  las ciudades como la electricidad y el agua. Holguín, Victorias de las Tunas,  Gibara  y otros centros urbanos quedaron desde noviembre de 1958  sin fluido  eléctrico. Los cables conductores fueron destruidos y  se crearon  todas  las condiciones para que estos  no  pudieran  ser reparados.
El  gobierno  recurrió a instalar  pequeñas plantas  en  algunos establecimientos importantes. En Holguín en el parque central  se colocó una de estas plantas. En medio de la ciudad  profundamente oscura y silenciosa se mantenía el parque alumbrado, completamente  vacío, tan solo alguna patrulla militar que de vez  en  cuando pasaba  por  algunas de sus calles. La escena  era  por  completo tétrica y todo un símbolo de la impotencia batistiana. Un vecino de Holguín testimoniaba al respecto:
         Me recordaba el día de los difuntos cuando algunas
         familias pudientes iluminaban sus panteones en medio
         de la oscuridad de el cementerio. (26)

Los rebeldes tuvieron éxito menor con sus intentos de cortar  el suministro de agua. Pese a su ataque a la presa que abastecía  de agua  a Holguín el gobierno logró repararla. Situaron una  unidad para su protección.
 Los escopeteros mostraron en esta ocasión su capacidad. Pequeñas unidad guerrilleras, gente armada de escopetas rifles deportivos, revólveres  o  simplemente desarmados fueron  situados  en  estos caminos vecinales con órdenes de impedir el suministro. Aunque no llegó a interrumpirse del todo. Algunos campesinos penetraban  de noche,  por  sabanas y potreros eludiendo la  vigilancia  rebelde para vender a buen precio su mercancía. De todas formas el bloqueo  afectó mucho  el suministro.


LOS ATAQUES A POBLACIONES: ALGUNAS CONSIDERACIONES

 Las fuerzas armadas de la dictadura tenían un verdadero entramado  de pequeños puestos de la guardia rural con una  dotación  de una o dos parejas en los pequeños caseríos así como cuarteles  de ese  cuerpo situados en centrales azucareros y otros poblados  de mayor  importancia con una docena o mayor cantidad de  militares. Los revolucionarios realizaron ataques a algunos de estos poblados.
Fuera interesante realizar un breve análisis sobre estas  acciones rebeldes sobre las poblaciones controladas por el enemigo.  En el primer periodo estudiado de la lucha guerrillera en los llanos orientales, 1957- agosto de 1958, estas guarniciones tuvieron una gran importancia pues dada la debilidad del movimiento guerrillero  los  militares podían hacer recorridos por el área  bajo  su jurisdicción  con  pocas posibilidades de ser atacados.  Eran  un medio de dominio sobre los campos colindantes y de amenaza  constante para los guerrilleros. Por las escasas armas de los  rebeldes cada uno de estos cuartelillos devenía en un bastión inexpugnable  para  las  aspiraciones de los  revolucionarios.  En  este periodo los escopeteros tan solo pudieron capturar un  insignificante  puesto de la guardia rural, en el poblado de  Mir  termino municipal  de Holguín, en un inesperado ataque - 31 de  marzo  de 1958- dirigido por Orlando Lara.
 La  situación cambio por entero con la llegada de  las  columnas rebeldes.  Cristino Naranjo  atacó la hacienda de Limoncito. En ese lugar la dictadura había situado una pequeña guarnición. Luego  de esto  los  ataques se sucedieron tanto a puestos aislados  como  a poblados.  En total fueron atacados -Limoncito, Manatí,  presa  de Holguín,  Jobabo atacado en dos ocasiones, cantera de Palo  Seco, microonda   de   Buenaventura,   San   Germán,   Bartle,   Puerto Padre, Gibara, Buenaventura. En total se registraron 12 ataques  a guarniciones  enemigas que protegían un poblado u otro  lugar  de interés  económico. De ellas fueron realizadas por tropas  de  la Columna 12 un total de 5, por  la Columna 14 un total de 6 y  con fuerzas  combinadas  de las Columnas 32, 14 y 12  una.  En  cuatro casos  fracasaron los ataques - primer ataque a Jobabo, cantera  de Palo Seco, San Germán y Gibara.
 A  partir de la llegada de las columnas rebeldes a los  llanos orientales  los poblados comenzaron a perder importancia para  el mando  batistiano  y  se convirtieron en un  verdadero  dolor  de cabeza.  Por un lado políticamente no era  conveniente  abandonar aquellos caseríos y poblaciones al enemigo. Pero al mismo  tiempo día  a día los rebeldes se iban apoderando de los campos  y  cada vez  contaban con mejores armas y mayor número de hombres lo  que hacían   en   extremo  complejo   abastecer   aquellas   aisladas guarniciones.   Para  esto  último  era  necesario  escoltar   los  vehículos  que  transportaban las  vituallas  necesarias.  Muchas veces estos se veían sometidos al hostigamiento rebelde.
 Para el traslado de personal se recurrió por último a los costosos  viajes en pequeños aviones de transporte que aterrizaban  en pistas aéreas que habían en varios de estos poblados.
 También hay un aspecto interesante y es la organización de la defensa de los poblados; en esencia la defensa de estos  poblados y  sus guarniciones dependían de dos factores. Uno  lo  podríamos llamar  interno y era la capacidad que tenía cada  guarnición  de organizar y sostener una defensa ante un ataque rebelde. El  otro era  las  posibilidades  e interés que tuviera  la  jefatura  del regimiento de apoyar con sus medios a la guarnición sitiada.
 Al  analizar  la defensa de estos poblados debemos de  ver  este asunto en un sentido digamos histórico. En la Cuba republicana no existía  una tradición de ataques a poblados y cuarteles. Ni  por delincuentes ni por fuerzas políticas sublevadas. Estos cuarteles de  poblados no reunían los requisitos mínimos para sostener  una defensa. Estaban ubicados casi siempre dentro del poblado, rodeados  de  casas y establecimientos y otros obstáculos  que  podían afectar el campo de fuego de los defensores en caso de ataque.
 La construcción era bastante inadecuada para una defensa.  Casi siempre  era un edificio de una planta, techo en forma de  azotea, las paredes generalmente eran de mampostería, tenían una caballeriza  y  un amplio patio. En la  construcción  había  materiales combustibles.  No tenían un sistema de trincheras ni  blocaos  ni otro tipo de defensa capaz de resistir la acción de las armas  de fuego  modernas. Las guarniciones eran  relativamente  reducidas. Con  la  presencia de las columnas rebeldes  los  puestos  de  la guardia  rural  existentes en los barrios de la  demarcación  de cada uno de estos cuarteles fueron retirados y concentrados en este lo que incrementó  el  número de defensores. Pero este aporte no fue muy  importante pues  generalmente estos puestos estaban a cargo de  dos  individuos.
 Lo mas corriente era que los cuarteles estuvieran defendidos  por alrededor  de 30 o 40 hombres bajo el mando de un sargento  o  un teniente.  Al  sentirse amenazados los  militares  recurrieron  a organizar  una defensa muy simple. Esta tenía como  eje  central, casi  siempre único, el cuartel. Construyeron algunas  trincheras en  los  alrededores de este y situaron sacos llenos  de  tierra. Muchas  veces estas trincheras se encontraban muy cerca  de  las paredes externas del cuartel lo que en caso de incendio o derrumbe  ponía en muy duro aprieto a quienes la ocupaban. Tan solo  en Jobabo en el primer ataque la guarnición ocupó el central creando así  dos puntos de defensa. En Puerto Padre que contaba  con  una guarnición  mayor se organizó la defensa de varios puntos  de  la población.
 Irremediablemente  los  defensores abandonaban el  pueblo  a  su suerte,  incluso  centros industriales tan  importantes  como  un central  azucarero, como en el caso de San Germán y en Jobabo  en el segundo ataque.
 Las armas de los defensores eran fusiles ligeros de infantería y granadas, Casi nunca llegaron a contar con ametralladoras  pesadas. En ocasiones se valían de la imaginación para sustituir esta arma  tan importante en la defensa. En Buenaventura y  en  Bartle situaron  sobre la azotea un madero cubierto con una manta  y  le informaron  a los vecinos que esto era una ametralladora  pesada. En general esta iniciativa fue bastante eficaz, pues los  rebeldes se  lo  creyeron. En Bartle un desertor de  la  guarnición  local  puso sobre aviso a los revolucionarios del engaño.
 La guarnición pasaba por entero en un estado de absoluta  pasividad  en momentos en que se iniciaba el ataque.  Respondían  desde sus  trincheras y refugios sin tomar ninguna medida ofensiva.  En general  ofrecían una resistencia aceptable  combatiendo  durante varias horas antes de rendirse. Incluso en sorpresas tan  absolutas  como  el  ataque de la Microonda  donde  la  guarnición  fue sorprendida   completamente  dormida  y  sin  armas,  uno  de   los  militares pudo alcanzar su rifle y herir a dos de los  asaltantes.
 El apoyo del regimiento a la guarnición sitiada era otro asunto. En todos los ataques a guarniciones enemigas tan solo los  sitiados de Bartle y de la cantera de Palo Seco fueron apoyados por un refuerzo. En Bartle el ataque rebelde coincidió prácticamente  con la llegada del refuerzo. En Manatí el cuartel de la marina atacada  por los revolucionarios no recibió ningún tipo de  apoyo  del cuartel  del  ejército situado en la cercanía.  En  Puerto  Padre tampoco  hubo un intento del Escuadrón de Delicias de  apoyar  la cercana guarnición de Puerto Padre durante el ataque. Sin embargo la  guarnición de Cueto atacada por tropas del Segundo Frente  se hizo  un  esfuerzo considerable para rescatarla lo que  se  logró aunque a un costo de muchas bajas.
 Los rebeldes por su parte recurrieron a medios muy simples  para rendir a las fuerzas sitiadas. Penetraban de noche en el poblado, se acercaban lo más posible a la guarnición y ocupaban determinados  lugares  tratando de obtener ventajas  del terreno  y  desde allí  abrían  fuego. Los militares respondían y  se  iniciaba  un intercambio  de  fuego  donde cada bando trataba  de  mostrar  su resistencia y la cantidad de parque que tenía cada uno.
 La  captura  de estas pequeñas guarniciones  tenía  ventajas  y desventajas.  Por  un  lado era una forma de ir  aislando  a  los escuadrones  y al propio regimiento. La captura de estas  guarniciones  le eliminaba la posibilidad de utilizarla en  operaciones en  conjunto con tropas del regimiento. Se liberaban  definitivamente amplios territorio y sufridas poblaciones. También a  manos de los revolucionarios pasaban nuevos reductos  con gran cantidad de  medios  materiales como transportes, talleres,  combustible, etc.  En caso de que la guarnición se rindiera se podía  obtener armas y parque lo que era muy valioso y necesario.
 Pero  esos ataques ofrecían también algunas  desventajas.  Estas guarniciones  eran  completamente secundarias en los  planes  del Cuarto  Frente. Significaban un gasto considerable de parque  sin tener la seguridad de que se pudiera reponer. La guarnición podía no ser tomada y en caso de capturarla existía la triste  realidad de que el enemigo hubiera gastado gran parte del parque.
 En general los ataques y capturas de estas pequeñas guarniciones no decidían nada en momentos en que el ejército rebelde pasaba  a la  ofensiva  y  se planteaba el sitiar  las  principales  plazas enemigas.  Es  por  eso que el jefe del frente,  que  tenía  una visión  estratégica  del  desarrollo de  los  acontecimientos  no estuvo de acuerdo con el ataque a Gibara.

EL EJERCITO DE BATISTA

 Las  fuerzas  revolucionarias del Cuarto  Frente   tuvieron  que combatir contra las tropas del Regimiento número 7 Calixto García, cuya  jefatura se encontraba en las afueras de la ciudad de  Holguín. En el área del Cuarto Frente este regimiento tenía dislocados  dos escuadrones, uno en Tunas y otro en Delicias  además  de unidades menores. Abarcaba prácticamente casi todo el norte de Oriente desde Tunas hasta Sagua de Tánamo.
 El  31  de diciembre de 1958 el regimiento de Holguín  no  había sufrido un descalabro que pusiera en peligro su situación. Aunque había perdido las pequeñas guarnición de Jobabo, la microonda  de Buenaventura,    las  armas de la guarnición de  Puerto  Padre  y algunas  de sus patrullas habían sido aniquiladas  en  mortíferas emboscadas.  Pero en su jefatura contaba con  suficientes  medios para  continuar  la  lucha.  No  había  perdido  ninguno  de   sus  blindados.
 Poseía  además  pequeñas avionetas artilladas  para  apoyar  las operaciones  de  infantería. En fin tenían mas de  un  millar  de hombres  listos para entrar en combate. Sin embargo  producto  de las  diferentes  victorias del ejército rebelde,  la  invasión  a varias  provincias  por las columnas rebeldes  las  acciones  del directorio revolucionario y el movimiento clandestino el ejército de  Batista se encontraba en un estado de franco  desplome.  Pero queremos mas que referirnos al número de hombres y armas, analizar algunos aspectos interesantes de aquellos últimos momentos de  la lucha.   
 Es  asunto  considerado por seguro que en los últimos  meses  de 1958  el  ejército batistiano había llegado a un  alto  grado  de desmoralización  que facilitó la victoria rebelde. Esa verdad  se repite  como  incuestionable.  Sin embargo hay  ejemplos  de  que fuerzas batistianas en condiciones muy desventajosas actuaron con indiscutible  valor.  En la emboscada del  cerro  de  Los  Guiros donde  una  treintena de soldados que viajaban en  dos  vehículos quedó  bajo  el  fuego de alrededor de 60  o  70  combatientes rebeldes,  un reducido grupo de sobrevivientes, la mayoría  heridos,  lograron  crear  un foco de resistencia que  tuvo  que  ser liquidado  con  la utilización de una granada por  parte  de  los revolucionarios.  En  Juan Cantares donde una  reducida  patrulla quedó  bajo el demoledor fuego de casi una treintena de  rebeldes por  lo menos uno de los soldados, herido, se refugio  debajo  de uno  de  los camiones y sostuvo un desigual y  solitario  combate hasta que fue liquidado.
 En el ataque al cuartel de Jobabo el 30 de diciembre se  produce un hecho que es recordado por el testimonio de uno de los  rebeldes:
 
     Cuando combatíamos contra el ejército comenzaron a escuchar
     se desde el teatro las notas del Himno Nacional a través de
     un altoparlante. Tanto los guardias como nosotros dejamos
     de tirar mientras oíamos las notas de nuestro bello himno,
     mas cuando este terminó se enardecieron los ánimos por ambas
     partes y creció la lluvia de plomo. (27)

El 28 de diciembre una columna salió del regimiento de Holguín para rescatar la guarnición de Cueto. Esta fuerza sostuvo varios encuentros y logró su objetivo pese a sufrir numerosas bajas.   Las guarniciones de Buenaventura y Báguano atacadas por fuerzas del Cuarto y el Segundo Frente Oriental respectivamente  el 31 de diciembre resistieron hasta el primero de enero que fueron informados de la huida del tirano. Estas descripciones no corresponden al de una fuerza desmoralizada.
Hay  otros ejemplos que nos llevan  a una  reflexión sobre  este tema. Podríamos preguntarnos que parte  del  ejército batistiano  estaba realmente desmoralizado. Es  indiscutible  que existía  un estado de desmoralización de las fuerzas de la  tiranía. Esto era más evidente luego de la gran derrota de la ofensiva  de la tiranía batistiana. Pero el asunto es determinar  hasta donde había penetrado ese grado de desmoralización.
Este asunto merece una cuidadosa reflexión. Los hechos  tienden a demostrar que había  segmentos de las fuerzas de la  dictadura donde la desmoralización no se había hecho tan palpable. Principalmente  entre soldados clases y oficiales de menor  graduación. Es  muy  posible que esto se diera principalmente entre  los  mas jóvenes,  provenientes  de los reclutamientos  ordenados  por  la dictadura en sus últimos momentos. Entre ellos se encontraban una gran  cantidad de jóvenes desempleados, no pocos de  ellos  gente mas  o  menos marginales que de pronto se  veían  convertidos  en militares  con sueldo, uniforme, armas y todas las  prerrogativas que tenía un militar en los últimos meses de la dictadura.
 Durante toda la república burguesa ingresar en las fuerzas armadas  era  una de las grandes aspiraciones de muchos  jóvenes.  El papel  del soldado era en extremo envidiado por una parte de  la población.  Estos  jóvenes  que de pronto  habían  alcanzado  tal posición  estaban dispuestos a afrontar diversos riesgos, por  lo menos  hasta un punto, para mantener su condición. Bajo el  mando de un jefe inteligente y valiente podían reaccionar y luchar  con valor.
 Existía  también la tradición profesional, la inercia  que  crea una institución de este tipo y el importante papel desempeñado  por el  dictador Fulgencio Batista en el ejército.
Batista era una figura simpática y atractiva a los ojos de una parte considerable de la oficialidad y la soldadesca. Gracias a él los militares habían obtenido toda una serie de mejoras materiales. Pero sobre todo con el golpe de estado del 10 de marzo alcanzaron un nivel social que nunca habían gozado bajos los 8 años de gobiernos auténticos.   Para algunos  oficiales de menor rango la guerra era una forma de ascender rápidamente en el escalafón militar. El caso más interesante fue el del capitán Jesús Sosa Blanco quien dirigió una rápida incursión  por parte del territorio controlado por la Columna 14, que se extendió desde  el 29 de noviembre hasta mediados de diciembre, por lo  que recibió  el ascenso al grado inmediato superior. Esto explica  el comportamiento realmente heroico de algunas unidades o individuos de  las  fuerzas armadas de la dictadura en momentos  en  que  el régimen se desplomaba.
El desarrollo de los acontecimientos a favor las fuerzas revolucionarias fue aislando paulatinamente al ejército del resto de la sociedad cubana. Las fuerzas armadas trataron de suplir esa soledad con la represión indiscriminada. Esto creo un espiral que marchaba ineludiblemente hacia el fin. 
Para tratar de entender a las fuerzas de la dictadura veámoslo durante el desarrollo de la más importante operación militar realizada contra las fuerzas del Cuarto Frente entre noviembre y diciembre de 1958 dirigida por el capitán Jesús Sosa Blanco.
            
SI SOSA PASA QUÉ PASA

 Las grandes tragedias están precedidas por una monótona cotidianeidad como aquella que acompañaba a una escuadra del Pelotón 3 de la Columna 14 que había sido enviado a la carretera central, en  el  tramo  entre Holguín y Tunas, a pocos  kilómetros  de  la primera población. Esta tropa debía de impedir el paso de vehículos que burlaban el  bloqueo impuesto por los rebeldes. Capturaron un  camión  que transportaba  ganado pero en descuido gigantesco permitieron  que se escaparan los choferes. También se les fugó un auto con  rumbo a Holguín que minutos antes no quiso detener la marcha. Todo esto había  ocurrido  a unos tres kilómetros del Regimiento  número  7 Calixto García.
 Lo peor fue cuando conducían el camión de ganado hacia el territorio rebelde por un camino vecinal y este se atascó muy cerca de la carretera. Quizás emocionado con el futuro banquete que  debía de depararle aquellas reses, se entregaron con obsesión a tratar de sacar el camión del barro.
 Mientras la sorprendente noticia de la presencia de los  revolucionarios había llegado a oídos de la jefatura enemiga. Se  decidió de inmediato enviar una compañía y una tanqueta. Al frente de esta  fuerza  se designó al capitán Jesús  Sosa  Blanco. Este   oficial estaba destacado  en el regimiento de Holguín desde el 18 de  septiembre, pero que ya había tomado parte en la lucha contra los  guerrilleros.
El éxito fue rotundo. Los rebeldes fueron sorprendidos  mientras trataban de sacar el camión del fanguero donde había caído. Era  una zona  llana  de poca vegetación e incluso en un lado  del  camino había  una cerca perle que les cortaba la retirada. No hubo  prisioneros  ni heridos entre la guerrilla descuidada. Por la  tarde desde  un camión fueron lanzados los cadáveres a la  entrada  del cementerio de Holguín.  Pese  al destrozo causado por la metralla  se  podía comprobar  a simple vista que eran 11 cadáveres. Algunos vecinos  y transeúntes se fueron aglomerando junto a la masa de carne y sangre. Alguien sin nombre ni rostro para la memoria posterior lanzó una flor  sobre los cuerpos jóvenes  e inertes.
Era  el mayor revés militar sufrido por las fuerzas  del  Cuarto Frente. El jefe de la escuadra que logró sobrevivir fue desarmado y degradado de inmediato. Años después se suicidaría.
Los militares celebraron el triunfo. Realmente el combate  debió de  ser estimulante luego de ver como el territorio de la  jurisdicción  del regimiento se llenaba de columnas que  emboscaban  y destrozaban  a sus patrullas. Esta pequeña victoria les abrió las esperanzas.
 No tardaron en organizar una columna integrada por un tanque  de guerra,  dos blindados ligeros de exploración y  unos  doscientos hombres. La fuerza fue situada   bajo  el mando del capitán Jesús Sosa Blanco.  No  hemos podido  encontrar  testimonio oral ni documental que nos  ponga  en claro  el  límite de las esperanzas de este  movimiento.  Es  muy difícil  que  el día que esta fuerza inicio la marcha, el  28  de noviembre,  la  dirección del regimiento de  Holguín  se  hubiera planteado  entre los objetivos de esta el tratar de  desalojar  a los rebeldes de su zona de operaciones. Para esto hubieran  necesitado muchos mas militares para ir ocupando los poblados y otros lugares significativos. Tal parece que el objetivo de esta operación no pasaba mucho mas allá de lo que fue: una simple incursión de  represalia.  Una especie de razzia. De todas  formas  fue  la mayor operación ofensiva  organizada por las fuerzas de la dictadura contra el Cuarto Frente. Quizás, en el ámbito nacional, la última ofensiva preparada por  el ejército batistiano en su lucha contra los revolucionarios.
 Sosa  Blanco  era  un personaje bastante  singular.  Oficial  de academia  de indiscutible valor personal, experiencia  militar  e inteligencia flexible que le permitía hasta donde era posible  en un  ejercito  regular,  adaptarse muy rápidamente  a  las  nuevas condiciones  que le impusiera cualquier variación en la  campaña. Avanzaba  junto a  sus soldados expuesto al fuego enemigo lo que le había  ganado una  admiración entre estos. Aunque sentía un absoluto desprecio por la vida de quienes apoyaban a los revolucionarios. 
En la mañana del 28 de noviembre  la columna  se pone en movimiento desde el regimiento. Luego  de  un recorrido  que llego hasta un punto conocido por  Purnio entró  a las  cuatro  de la tarde en el poblado de San Andrés.  Situado  a unos 20 kilómetros de Holguín. En aquellos momentos era territorio rebelde.  Desde allí tenía la ventaja de que podía tanto  marchar hacia la zona de Velasco como hacia Puerto Padre. Para un lector poco relacionado con la geografía de la comarca lo más importante es que tenía varias direcciones hacia donde dirigirse.
Este  territorio  estaba en la demarcación del Pelotón 3  de  la Columna  14. Por suerte allí se encontraba la Columna 32. El  día anterior había tomado parte  una frustrada emboscada  organizada entre  Delicia y Chaparra.
 Apenas  el  mando rebelde tuvo conocimientos de la incursión enemiga  se tomaron  todas  las medidas necesarias para   detenerla.  El  asunto  era  complicado.  Los   jefes rebeldes  se sintieron de pronto como niños ante una  adivinanzas "¿Por donde avanzaría la tropa batistiana?". Se puso en evidencia una de las grandes desventajas del llano: las numerosas y fáciles vías  de comunicaciones. La fuerza enemiga tenía ante sí  varios caminos  a elegir. Incluso podía en última instancia avanzar  por las  sabanas,  que rodeaban el poblado de San Andrés. Se  decidió  repartir  las fuerzas  rebeldes en los diferentes caminos que podía escoger  el enemigo.
 Los guerrilleros  fueron dislocados en cuatro  lugares  por donde  podía pasar el enemigo. Pero se pensó que lo más  probable era el  camino de Los Alfonsos que llevaba al central Chaparra. Allí se decidió situar el grueso de las fuerzas rebeldes.  Tropas de la Columna 32 y del Pelotón 3 de la Columna 14. En un sitio  de ese  camino conocido como La Entrada se sitúo una emboscada.  Era un lugar de pocas elevaciones y muchas sabanas de escasa  vegetación.  No  era  territorio adecuado para darle  una  sorpresa  al enemigo
  ¿Había  tiempo de escoger otro lugar? ¿Existía  realmente  otro lugar  con mejores condiciones donde se pudieran  concentrar  las fuerzas revolucionarias?. Este tipo de interrogante es muy  común en los estudios de los combates. Hechas desde un plano muy teórico  y con el dominio de lo ya  ocurrido. La decisión  de  escoger ese lugar se realizó con la presión de un enemigo muy superior en número y armas, la posibilidad de un ataque de la aviación y  la tensión creada por dos fracaso muy reciente: la masacre de  Matatoros y el combate de Chaparra.
 Los  rebeldes contaban con una ventaja: una mina capaz de  poner fuera de combate al tanque.  Al respecto Fidel en carta a Lara de fecha 17 de abril  le expresaba "El efecto sicológico de las minas es terrible y  siembra el pánico en el enemigo". (28)
Con ese espíritu fue colocada la mina en el camino. Se  explotaría por medio de electricidad. Fue cuidadosamente enterrada y  se ocultó el cable que iría desde el camino hasta un sitio donde  se habían situado los improvisados artilleros.
Las  fuerzas  guerilleras  se ocultaron en los  lugares  que  le ofrecían alguna ventaja.
 En la mañana del 29 de noviembre los  batistianos se ponen en marcha  por la ruta prevista por los rebeldes, el camino  de  Los Alfonsos.  Los  colaboradores  de la guerrilla en  San  Andrés  le envían un aviso a los guerrilleros de la salida del convoy.  Pocos momentos  después  las avanzadas ven como la  fuerza  enemiga  de desplaza  por  el polvoriento camino vecinal. Primero ven a los soldados. Con sus cascos y sus uniformes verdeolivos empuñando las armas ligeras.   La imagen se hace mas clara. Pueden  distinguir primero  dos  filas de soldados, una a cada lado del  camino  que avanzan cuidadosamente en misión de exploración. Luego el  tanque de guerra, seguido de los dos blindados ligeros y a  continuación el resto de la tropa a pie, al final los transportes. El jefe enemigo sabía lo mortífero que resultaba el fuego rebelde contra los camiones cargados de soldados. Por eso había preferido desmontar a sus hombres y desplegarlo
 La escuadra de Omar Ixert Mojena, uno de los mas jóvenes oficiales  del  Pelotón 3 de la Columna 14 era la que  debía  de  hacer estallar  la mina. Oma Ixer Mojena vio como uno de los soldados abría la mina e inutilizaba rápidamente el cable.  Omar veterano combatiente de la  Sierra  Maestra comprendió  que  ya se había perdido el factor sorpresa  y  abrió fuego sobre el militar enemigo: se iniciaba el combate.
 La  acción  se desarrolló durante toda la mañana y parte  de  la tarde. Sosa Blanco y sus hombres tenían un elemento de  absoluta superioridad  sobre los revolucionarios: el tanque de guerra  que no  había  sido inutilizado. Este en ocasiones  avanzó  sobre  la guerrilla  rebelde creando momentos muy difíciles. Estos  últimos no  contaban con armas antitanques. El volumen de fuego  desarrollado por los revolucionarios impidió que la infantería pasara  a la ofensiva apoyada por el tanque.
 El número de bajas de ambos lados dejó en evidencia la intensidad del combate. El ejército tuvo 10 muertos y varios  heridos, dos  de  ellos  murieron esa noche. Los  rebeldes  tuvieron  tres muertos y siete heridos. Sosa Blanco optó por retirarse hacia San Andrés.  No había esperado encontrar tan encarnizada  resistencia en un combate a campo abierto. La retirada llegaba a tiempo  pues los rebeldes habían agotado una parte importante del parque. Si el jefe enemigo hubiera insistido no hubiera podido encontrar una resistencia efectiva de las tropas rebeldes.
 El poblado de San Andrés devino en improvisado campamento de  la soldadesca con casas de campaña en el parque público. Trincheras y  sacos de  tierra  cerrando  calles y entradas del  pueblo.  El  oficial batistiano   se  vengó  de  la  derrota.  Hizo  asesinar  a   tres  individuos detenidos por supuesta simpatía con el enemigo.  Sus  tropas había  capturado  los cadáveres de dos de los rebeldes  caídos  en combate. Sitúo los cadáveres de estos y de los civiles  ultimados en el parque. Sosa Blanco se había dado cuenta que encontraría una encarnizada resistencia que le haría imposible desalojar al enemigo del territorio. Decidió  crear entre los vecinos de la región un estado de terror que los obligara a cesar en su ayuda a los revolucionarios. 
 Sosa  Blanco  comprendiendo la capacidad combativa  del  enemigo había solicitado por radio  refuerzo al regimiento. Desde allí se solicitó  al  Estado  Mayor del Ejército el envío  a  Holguín  de fuerzas para poder cumplimentar ese objetivo. La respuesta no  se hizo esperar. Ese mismo día 29 aterrizaba en la pista militar del regimiento de Holguín un transporte militar con una compañía, la número  54 dislocada en la fortaleza de  La Cabaña en La Habana, se le envió  de  inmediato rumbo a San Andrés a donde llegaron esa noche.
 Los  rebeldes se encontraban en la misma incertidumbre que a  la llegada  de  Sosa a San Andrés. El enemigo,  esta  vez  reforzado tenía ante sí diferentes caminos y terraplenes por donde  avanzar hacia  Chaparra o Delicias o retroceder hacia Holguín. A esto  se sumaba  una gran desventaja: los revolucionarios habían  gastado una cantidad considerable de parque que no podían recuperar  pues como expresaba Eddy Suñol en su informe a Fidel:

       ...no se le pudo ocupar nada pues el terreno era completamente
       llano y limpio y traían un tanque que se le tiraba por arriba a
       la gente....(29)

Sosa Blanco se encontraba ante una incertidumbre similar a la de los rebeldes. Desconocía en que camino aquellos habían situado el grueso de sus fuerzas. No sospechaba que el enemigo había agotado una parte considerable de su parque.  Existía la posibilidad de que los revolucionarios hubieran recibido refuerzo.
El 1 de diciembre de nuevo la fuerza enemiga se pone en  marcha. Han  decidido continuar hacia Delicias atravesando por el  camino de un lugar llamado El Martillo. En esta ocasión para evitar  una nueva emboscada disparan contra todo lugar que se le hacia sospechoso de ocultar fuerzas enemigas. Víctima de este fuego  indiscriminado  muere un niño alcanzado por un disparo del  tanque  de guerra.  El  poblado El Martillo abandonado por  sus  vecinos  es sometido  a un indiscriminado saqueo. En el camino  se  incendian numerosas casas.
 Este sentido de someter al país al vandalismo de sus tropas  creando una  situación de alienación entre el soldado y los  civiles  era una   forma,  quizás  inconsciente,  que  incrementaba  la   moral  combativa de estos hombres. Además la mayoría de los soldados  no  eran  de  esta  zona.  Esto  los  hacia   sentirse  absolutamente separados  de la realidad que los rodeaba a la  que  consideraban hostil.  Además  creaba un hilo conductor y de compromiso  de  la  tropa  con los crímenes y vejámenes con que el mismo Sosa  Blanco  sometía a la población civil. El día 2 la fuerza batistiana llegó a un poblado llamado El Triángulo, cerca de Delicias. Sosa  Blanco asesinó a un demente que se encontró en ese lugar. Ese mismo  día entró  en el poblado de Delicias donde permanece hasta el  11  de diciembre que avanzan  hacia Velasco. Este hecho es significativo, las fuerzas del Pelotón 3 de la Columna 14 habían establecido  su  base de operaciones en la Sierra de Gibara muy cerca de Velasco y  Bocas lugares por donde debía de atravesar Sosa Blanco.
La columna de Sosa Blanco llega a Velasco sin encontrar resistencia.  Una vez en esta población surge de nuevo la incertidumbre de los muchos caminos.  Para  el  mando rebelde se crea  una  interrogante  muy amarga. ¿Hacia donde partiría el enemigo? Tenía ante sí varias posibilidades.  Podía  avanzar sobre la Sierra de Gibara y  atacar  las bases  del Pelotón  3 -hospital,   jefatura, prisión, abastecimiento, etc -  continuar  hacia  Bocas y Candelaria,  poblados  cercanos  a Velasco.   Avanzar  hacia Holguín por el camino que  atravesaba  la presa de Holguín e incluso incursionar en El Pital un  campamento de un grupo de escopeteros.
 De nuevo fue necesario realizar un amplio despliegue de fuerzas, ahora muy escasas de parque, por este amplio escenario  geográfico. Muy temprano en la mañana del 15 de diciembre se despejaba la incógnita. La fuerza se ponía en movimiento rumbo a Bocas por  un camino  que  salía a la carretera de Holguín a Gibara.  De  todas formas cabría la posibilidad que la columna enemiga se desviara  a la  izquierda y penetrara en la Sierra de Gibara. Esto  obligó  a mantener una parte de la fuerza en ese lugar.
 En su marcha los batistianos tan solo se encontraron dos  destacamentos rebeldes que se les enfrentaron. Uno dirigido por el  teniente Omar Ixert Mojena que los tiroteo cerca de Boca. Al  pasar el  río  Cacoyuguín  caen en una emboscada  tendida  por  Lizardo Proenza  otros  de los oficiales del Pelotón 3 de la  Columna  14 donde  pierden un soldado.  Pero con el apoyo de la aviación lograron vencer  la resistencia  rebelde  y continúan hasta la carretera  de  Gibara - Holguín. Luego  avanzan hacia el primer poblado a donde  logran llegar sin inconvenientes. Las tropas del Pelotón 3 de la Columna 14  se desplegaron en la carretera de Gibara a Holguín en  espera del retorno del enemigo. Se mantuvieron en esa situación hasta el 23 de diciembre en que por orden del jefe del frente partieron  a tomar parte en el ataque a Puerto Padre
 Las  fuerzas enemigas incendiaron todas las casas que se  encontraron  desocupadas  a  su paso  luego  de saquearlas. Casi cien bohíos de humildes campesinos. Asesinaron a un colaborador de la guerrilla y propietario de un comercio. Pero el  crimen realmente incalificable fue el que cometieron  con  un joven  retrasado mental. Este fue detenido en el camino frente  a su  casa.  Lo amarraron dentro de un bohío y lo  incendiaron.  El infeliz joven se quemó vivo. Este hecho es una clara evidencia de que uno de los objetivos muy bien calculado por los batisitianos era sembrar el terror. Al extremo que los vecinos se negaran a apoyar a los rebeldes. 
 Una niña al día siguiente descubrió el cadáver, incinerado, amarrado con  alambres a un horcón chamuscado, expresando en su destrozado rostro todo el terror del postrer instante de su vida.  Desde aquella mañana triste sería otra persona,  como si la escena se repitiera de nuevo ante sus ojos. Tal parece que todo para ella se detuvo en aquel momento en que penetró entre las cenizas del destruido bohío. Su suerte quizás había sido peor que las personas ametralladas por el esbirro. Ella había dejado de vivir desde aquel instante. Era la última víctima del temido militar.
Para un lector fuera de la comarca donde ocurrieron estos hechos los muchos nombres que hemos anotado nada le dice. Este es uno de los  grandes  inconvenientes de la  historiografía  sobre  hechos ocurridos en apartados rincones del país. Podríamos  preguntarnos si  es  realmente importante determinar con  exactitud  donde  se encuentran San Andrés, Chaparra o Velasco y describir en detalles los muchos acontecimientos ocurridos allí durante el recorrido de esta fuerza batistiana,     eso es realmente asunto menor. Hay  otros aspectos mucho más trascendentales sobre esta operación militar. Pese  al gran despliegue de fuerzas de la dictadura esta no  paso mas allá de ser una operación punitiva en una zona controlada por el  enemigo. Sosa Blanco actúo con una sistemática  crueldad.  En ello había seguramente rasgos de su personalidad,  indudablemente   bastante  torcida,  pero respondía mas que a un plan  a  una sicología  común  de los represores. En los momentos  en  que  se producen  estos hechos las fuerzas de la dictadura cada vez  eran una mayor minoría entre la población de la zona y en general  del país.  Dada  la misma digamos "sicología" del  régimen  la  única forma que tenía de mantenerse era recurrir a la represión. Intentar sumir a la población en el terror que la paralizara.
 La misma forma  de asesinar  a uno  de los prisioneros, incinerado dentro de  bohíos, nos da una idea del plan de establecer de una forma muy aparatosa el  terror entre la población. Podían haberlos ultimados a  tiros pero el efecto provocado por la incineración era mucho mas fuerte y  se  guardaba con mas persistencia  en la memoria  popular.  La inquisición fue mucho más horrible por la forma en que ejecutaban a sus víctimas.
 En  el orden militar la incursión de Sosa Blanco  representó  un serio inconveniente para las fuerzas del Cuarto Frente. Es cierto que la columna enemiga ha estado sometida a una constante presión del ejército rebelde. No han logrado recuperar de forma definitiva ninguno de los poblados por donde han pasado. Al abandonar San Andrés o Velasco estos quedaron de nuevo en poder de los  revolucionarios. Como es usual en estos casos la represión fue  contraproducente  pues  aglutinó en torno a los revolucionarios  a  las víctimas de los desmanes del régimen.
Pero el efecto de la incursión radicó en otro aspecto. La permanencia  de  la columna enemiga en territorio controlado  por  los revolucionarios  o  su  estancia en Delicias  desde  donde  podía emprender  una rápida incursión hacia cualquier dirección  obligó al  mando  revolucionario a concentrar contra ella  parte  de  sus fuerzas.  Desde el día 28 de noviembre hasta el 23 diciembre  las tropas del Pelotón 3 de la Columna 14 y durante un tiempo  considerable la Columna 32 se vieron obligadas a concentrar sus operaciones contra esta tropa enemiga. De esa forma la hábil  maniobra batistiana  anuló  como  fuerza operativa a una  de  las  mejores unidades de combate del frente durante prácticamente 25 días.
Sosa Blanco y su columna representaban una realidad militar  muy objetiva  resumida en la cantidad y calidad  de las armas,   hombres   y otros medios de combate. Pero también había devenido  en un  verdadero mito de terror. Materialización de  la  bestialidad del  régimen. Durante muchos años perduró en la  memoria  popular una interrogante heredada de aquellos días de terror: “Si Sosa  pasa que   pasa, me quema la casa”. Quizás eso explica también la verdadera  obsesión  de los revolucionarios de tratar de vencer a aquella poderosa columna enemiga. (30)

SERVICIOS AUXILIARES: EL ENTRAMADO INDISPENSABLE.

  En la década del 80 del siglo XX el estado cubano estableció la entrega  de  medallas a los antiguos  combatientes  del  ejército rebelde y el movimiento clandestino que luchó contra la dictadura de  Batista. Para sorpresa de muchos varias decenas de  miles  de personas  recibieron esas medallas. Si a estas  cifras  agregamos los que no la recibieron por haber fallecido, los que inmigraron o los  que  por su conducta en el momento en que  se  instituyó  la medalla se consideró que no la merecían o que por diversos  motivos no la solicitaron o les fue rechazada nos encontraremos  ante una  cifra  bastante  numerosa. Mientras el máximo  líder  de  la revolución se refiere que las tropas bajo su mando no pasaban mas allá  de 3 000 hombres. Tan peliagudo asunto no ha sido hasta  el presente un problema que se ha planteado la historiografía  cubana. No pretendemos en este breve trabajo responder a tan compleja interrogante.  Es de pensar que, como usualmente ocurre,  algunos se sumaron al carro del vencedor y fueron condecorados  inmerecidamente. Pero es de suponer que no fueron la mayoría, pues para el otorgamiento  de las medallas se formaron  comisiones  integradas por los propios combatientes que hicieron un minucioso estudio de cada caso.
 Es  muy posible que la respuesta halla que buscarla mas  en  las características de un ejército irregular, que en errores  humanos. Cuando el soldado de un ejército regular entra en combate  detrás de  él se encuentra una larga aritmética de soldados de la  retaguardia  que  se encargan de transportarlo,  vestirlo,  calzarlo,  alimentarlo, municionarlo, curarlo... en fin permitir que un ejército  moderno en campaña pueda actuar.
 Los  rebeldes  no contaban con ese aparato por lo  menos  en  el sentido  tradicional. Sin embargo para solucionar esos  problemas de subsistir se fue creando alrededor de cada grupo de combatientes  todo un sistema de apoyo sin el cual no podía sobrevivir  la guerrilla.
 En muchas ocasiones tras cada rebelde se encontraba prácticamente una escuadra, en ocasiones un verdadero pelotón de colaboradores. Gente que no siempre estaba emplantillada en  organizaciones  clandestinas ni en la misma guerrilla pero  que  conformaban una compleja estructura de apoyo. Familiares, amigos, conocidos o siguiendo una muy extraña relación en ocasiones tan solo entendible en un contexto caribeño y más en especifico cubano que  se  iba extendiendo al primo del amigo o el conocido del tío de la  novia y  que  siempre  iba a desembocar en  el  campamento  guerrillero convertida la relación en un par de zapatos o un poco de arroz para la escasa cena rebelde.
 El  movimiento clandestino 26 de Julio era una de las formas  de canalizar ese apoyo.  Luego  de la huelga de abril y el incremento de los grupos  guerrilleros la dirección del movimiento clandestino pasó  prácticamente  a manos de estos. El movimiento se fue convirtiendo en  un aparato de apoyo a la guerrilla. Los clandestinos le entregaban a la  guerrilla diversas vituallas como medicina,  alimentos,  ropa, calzado  y  alguna cantidad de parque  y  armas,  principalmente escopetas y revólveres. No pocas de esas colaboraciones se  hacia de  una  forma espontánea por individuos que no militaban  en  el movimiento 26 de julio.
 El  caso  de  Holguín fue bastante  interesante.  Sobre  Holguín actuaban de forma directa dos pelotones de la Columna 14: el 2  y el  3.  La dirección del movimiento clandestino se  subordinó  al Pelotón 2 pues este "heredó" las relaciones mantenidas por Camilo Cienfuegos,  Carlos Borjas y el propio Cristino con  la  dirección del  movimiento  clandestino  de  la  ciudad.  Estos   continuaron  entregándoles su ayuda al Pelotón 2.
 Las fuerzas del Pelotón 3 crearon en Holguín redes de apoyo  que se  encargaban  de entregarle diversos medios. También  de  forma espontánea algunos vecinos hacían su aporte a la tropa de Suñol. De esta forma para comprender la logística del Ejército Rebelde debemos de iniciar el estudio por este apoyo de la población.
 Entre lo que podríamos llamar el entramado del Cuarto Frente  se encontraba  los servicios médicos de las guerrillas.
 En el primer período estudiado, es decir la etapa de los escopeteros,  no  había un hospital pues no se contaba  con  territorio dominado por los revolucionarios. La única guerrilla que llegó  a contar en sus filas lo más próximo a un médico, un estudiante de medicina,  fue la de Orlando Lara. En una acción este  estudiante fue capturado por el enemigo.
 Los heridos y enfermos eran atendidos en clínicas  particulares, varios médicos se convirtieron en colaboradores de la  guerrilla. También  era usual utilizar  casas particulares.
 Con la llegada de las Columnas 12 y 14 se hizo posible el  establecimiento  de hospitales pues se contaban con  zonas  liberadas donde  las  fuerzas  enemigas no se atrevían  a  incursionar.  La incorporación  de varios médicos y enfermeros a las fuerzas  guerrilleras permitió hacer realidad esta aspiración. Se creó lo que podríamos  llamar un hospital central en la zona  controlada  por las  fuerzas de Orlando Lara. Para esto se utilizó la  residencia de  un terrateniente de origen Arabe llamado Puchara.  El  Chalet del  moro Puchara se convirtió en símbolo de atención médica.  El Pelotón 3 de la Columna 14 hizo un pequeño hospital en la  Sierra de  Gibara. Contaba con un valioso médico, el doctor  Manuel  Díaz Legrá.  El  segundo jefe de la Columna 12 era  el  doctor  Manuel Fajardo  un excelente médico. Los casos más graves se enviaban  a los hospitales de la Sierra Maestra
 Otro  de los asuntos en extremo interesante fue el cobro  de  un impuesto  por  parte  de las fuerzas  rebeldes,  establecido  con anterioridad  por la dirección del Ejército Rebelde. Este  se  le cobraba a los grandes propietarios. Era esta una forma que tenían los  revolucionarios  de disponer de alguna suma de  dinero  para comprar  armar pertrechos y otros medios necesarios para la  guerrilla. Al mismo tiempo significaba poder continuar adelante  con la política del Ejército Rebelde de que sus combatientes  pagaran todo  lo  que  obtenían de los campesinos y  los  comerciantes  o cualquier otra persona.
 La  negativa  a pagar estos impuestos fue  excepcional.  Un comerciante  de  Velasco muy vinculado al régimen se  negó  y  su tienda fue confiscada y repartida entre los vecinos.
 Existía también un verdadero sistema de justicia dirigido por el auditor de cada columna o pelotón. Este era encargado de efectuar juicios  donde  se incluían delitos tan disimiles  como  crímenes cometidos por enemigos de la revolución hasta rapto de vecinas de las  zonas controladas por los revolucionarios o riñas. Este  fue un paso en extremo importante pues permitió organizar un  sistema similar de justicia para toda la región donde operaban las columnas rebeldes.

FAMILIA Y GUERRILLA

La familia y la guerra en los llanos merecen  un  análisis.  El primer asunto es ante que familia estamos. Una parte  significativa  de  los integrantes de estas guerrillas  eran  de  origen campesinos y obreros agrícolas. Aunque las ciudades de la  región también habían dado un aporte significativo.
 En el caso de los campesinos y obreros agrícolas no siempre  era fácil  discernir la diferencia de estos términos. Muchos  obreros agrícolas  tenían pequeñas parcelas de tierra que se dedicaban  a cultivar  cuando  no  había zafra azucarera,  el  llamado  tiempo muerto.  En  ocasiones esta parcela no era de ellos sino  de  sus padres, los suegros o los abuelos u otros pariente. Los  campesinos  muchas  veces  trabajaban en tiempo de  zafra  como  obreros agrícolas. En este sentido la familia jugaba un papel  importante de solidaridad económica en momentos críticos como el del  tiempo muerto.
 Todo  esto  estaba  dado por la gran  presión  demográfica.  Los campesinos  tenían  muchos hijos. La familia campesina y  de  los obreros agrícolas era numerosa. El padre debía de compartir entre muchos  hijos  una  finca reducida. En cierta  forma  el  fecundo vientre de la campesina hizo la primera reforma agraria en  Cuba. Lo  lamentable  es que fue con las propiedades agrícolas  de  los menos favorecidos.
 A la familia había que agregar los parientes colaterales,  tíos,  primos, primos segundos  incluso los  padrinos  de bautizos.  Ganarse  una familia para un bando político  era  como disponer de una escuadra o un pelotón de combate.
La  participación de la familia campesina en la lucha había  que analizarla en dos momentos. Desde antes de la creación del Cuarto Frente cuando el territorio era controlado por el enemigo que  se podía desplazar por el con gran facilidad. Luego de la llegada de las columnas que había un dominio de los rebeldes sobre el territorio.   En  el primer caso estamos ante una  labor  clandestina. Casi  por  regla la incorporación de un individuo  al  movimiento clandestino  o  guerrillero con llevaba que otros miembros  de  la familia  se le sumaran. Casi siempre la esposa concluía por  convertirse  en  colaboradora. Es difícil discernir hoy si por lo menos inicialmente  en  ella había  convicción  política o la relación  de  subordinación  que debía  de  tener toda mujer con su marido. Casi siempre  como  la actividad  clandestina, en el caso de los campesinos,  tenía  por marco la finca, todos los que residían en ella tenían algún  tipo de  implicación.  Como una de las labores más importante  de  los revolucionarios era la proselitista los primeros a convencer  era a los parientes y amigos del barrio. De los que mejor se  conocía el  criterio político y se tenía la seguridad de que en  caso  de que no aceptaran no los denunciaría.
Un  ejemplo  bastante interesante fue el de Eddy  Suñol  Ricardo, natural   de  las Cruces de Purnio. Este en 1956  se  incorporó  al movimiento 26 de Julio. En esos momentos residía en Holguín  pero mantenía  un estrecho contacto con su barrio natal. Su  esposa  y sus  tres  hermanas comenzaron de inmediato a  colaborar  con  la revolución. En las Cruces de Purnio sumo a su primo Lorenzo Mulet Suñol  y  a un  primo de este Gilberto Mulet  Pollato.  Lorenzo  y Gilberto  convirtieron sus casas en centros de actividades  clandestinas.  De esa forma sus esposas y los parientes mas  cercanos de  estas comenzaron a colaborar con ambos  revolucionarios,  que era como colaborar  con  el clandestinaje. Como  Gilberto  tenía  dos mujeres con sus respectivas familias ambas quedaron vinculadas al clandestinaje arrastrando a  parientes cercanos.
 Eddy Suñol sumó a dos de sus primos a las actividades clandestinas.  También  un hermano de la esposa y el suegro se unieron  al movimiento 26 de julio. Eddy Suñol se vio obligado en 1956 a pasar al mas absoluto  clandestinaje  en momentos en que el movimiento  26  de julio  no podía encargarse de ocultarlo pues no poseía los  mecanismos  necesarios para afrentar tal dilema de uno de  sus  miembros.  Su familia vino a resolver esta delicada  situación.  Eddy pasó  varios  meses oculto con el apoyo de la familia  hasta  que llegó  a incorporarse a la guerrilla de Fidel en la Sierra  Maestra. (31)
 Hay otro ejemplo interesante que pone en evidencia el  destacado papel de la familia, el de Celso Leyva Fornaris. Este combatiente acompañó a Carlos Borjas cuando fue enviado por Fidel a  organizar el  frente  de acción en Holguín. Luego Celso se trasladó  a  las Cruces de Purnio para desde allí participar en la organización de algunos  grupos  de escopeteros que operaban en  Holguín,  Puerto Padre y Gibara. Celso se alojó primero en la casa de un pariente  que  residía en las Cruces de Purnio. Con  anterioridad Celso había recibido también  la  solidaridad de  su  familia cuando se vio en la necesidad de  ser  enviado  a Holguín  desde  la guerrilla serrana para que lo operaran  de  apéndice. Su familia y amistades lo ocultaron y resolvieron todos los trámites necesarios para la operación de apendicitis.  
 Los  vecinos  de las Cruces de Purnio eran gente  muy  modestas, propietarios de fincas de una o dos caballerías e incluso  menor. Algunos  eran  simples  obreros agrícolas. Con  la  excepción  de Gilberto que tenía una posición mas solvente.
Miguel Capote propietario de un comercio en Cauto el Paso,  municipio  Bayamo, se sumaba al apoyo a las guerrillas. Su  esposa  se convertía  en  colaboradora montando un pequeño  taller  para  la confección  de uniformes y otras prendas de vestir para los  guerrilleros. En el taller trabajaban sus amigas más allegadas.  Por lo menos un hermano de Capote se suma al movimiento  revolucionario.
  La familia de Delio Gómez Ochoa es también un ejemplo  palpable de esa incorporación de los parientes a la lucha. Los tres hermanos  de Delio, dos mujeres y un hombre se sumaron  al  movimiento clandestino  al  igual que su madre. Dos primos se unieron  a  la guerrilla y las familias de estos colaboraron con los  revolucionarios. La finca de los padres de Delio Gómez Ochoa en la  carretera entre Holguín y Cauto  fue un centro importante de colaboración.  Allí encontraron refugio dos combatiente de  las  acciones del 26 de julio de 1953. En la finca se organizó el primero grupo de holguineros que se unió a la guerrilla de Fidel,
Un  ejemplo de la importancia de la familia es la pequeña  guerrilla  dirigida  por Marcos Carmenate que desde  abril  de  1958 operaba en el territorio del antiguo municipio de Victoria de las Tunas. En ella se encontraban varios individuos que tenían  lazos familiares. Por ejemplo estaba un combatiente de apellido Cordero con dos de sus hijos, tres hermanos de apellido Avila. Varios  de los  integrantes  eran trabajadores de una finca  azucarera  cuyo capataz era suegro del segundo jefe de la guerrilla.
Tras las guerrillas rebeldes de este territorio se movieron fuerzas que hasta el presente no han sido debidamente estudiadas por la historiografía. No se puede explicar la historia de la revolución limitando tan solo al análisis de las organizaciones políticas que tomaron parte en ella.  La familia e incluso los lideres de barrio tienen su espacio en esa historia no escrita todavía.

LA OFENSIVA FINAL

 En los últimos días de diciembre el Comandante en Jefe se entrevistó con los diferentes jefes de frentes y otros altos oficiales del Ejército Rebelde. El líder revolucionario impartió órdenes  y orientaciones  muy precisas. En ella predominaba un concepto;  la ofensiva  final  que pondría fin a la dictadura de  Batista.  Las fuerzas del Primer y Tercer frente debían de pasar a la  ofensiva y estrechar su cerco sobre Santiago de Cuba objetivo final de los revolucionarios. Las tropas del segundo frente continuarían  adelante  sus operaciones poniéndole sitio a las principales  plazas enemigas  que  se encontraban en su territorio. Al  mismo  tiempo debían de apoyar a las fuerzas del Cuarto Frente con una  columna bajo las órdenes del comandante Abelardo Colomé Ibarra "Furry".
 En el momento de producirse la reunión de Fidel con Delio  Gómez Ochoa y otros oficiales el enemigo tan solo tenía fuerzas  en  el territorio  del  Cuarto  Frente  en las  ciudades  y  poblados  de  Holguín,  Tunas,  Bayamo, Delicias, Gibara,  Buenaventura  y  la  presa  de  Holguín.  Fidel descartó los  poblados  secundarios  y  decidió  concentrar las acciones de las tropas del Cuarto  Frente  contra los  centros  principales del enemigo: Tunas  y  Holguín.  Contra Tunas  debían  de actuar las fuerzas de la Columna  12  y  contra Holguín el Pelotón 1 de la Columna 14, la Columna 32 y la Columna de refuerzo procedente del Segundo Frente Oriental Frank País. El Pelotón  1 debía de atacar al cuartel de Buenaventura situado  en la carretera entre Holguín y Tunas.
 El  plan elaborado por el mando rebelde para la conquista de Holguín consistía en  ocupar  la población y sitiar el regimiento. Para la defensa de la ciudad de Holguín el ejército había destacado algunas tropas. En las  principales entradas de la población estaban situadas pequeñas unidades. Un ejemplo de esto era la fuerza dislocada en el camino  de Piedra  Blanca. Este era un terraplén que conducía a Sao  Arriba, territorio donde operaba un grupo de escopeteros del Pelotón 1 de la  Columna 14. Los soldados habían ocupado la  escuela  primaria del lugar. En torno a ella construyeron trincheras y situaron una ametralladora pesada. En el área de fuego de la improvisada  guarnición se encontraban las humildes casas de los vecinos de Piedra Blanca.
 También  se  encontraban como puntos de defensa la  estación  de policía,  el  Vivac local, el ayuntamiento protegido  por  varios soldados  y  otros. Pero lo más importante era  la  cercanía  del Regimiento número 7 Calixto García situado a unos 6 kilómetros de Holguín desde donde se podían enviar refuerzos.
Las  fuerzas del Pelotón 3 dirigidas por Eddy Suñol se  situaron en  un  lugar llamado Aguas Clara en la carretera  de  Holguín  a Gibara.   Este  era un lugar clave pues podían avanzar  sobre  la ciudad  de Holguín, impedir el paso de las tropas acantonadas  en la Presa del Río Cacoyuguín e impedir al mismo tiempo la  llegada de refuerzo procedente de Gibara.
 El  regimiento  se encontraba situado sobre una elevación  a  un costado de la carretera central que conducía de Holguín a  Tunas. La  instalación contaba con mas de un millar de militares,  artillería, blindados incluso una pista desde donde operaban  avionetas artilladas subordinadas al mando del regimiento. Alrededor de las instalaciones del regimiento se habían construido  trincheras y puestos de avanzada.
Era difícil el tomar esta unidad en un asalto directo por lo que el mando revolucionario decidió someterla a un sitio  prolongado. En  la mañana del 1 de enero de 1959 se produjeron  los  primeros intercambios de fuego entre atacantes y defensores. Ese mismo día el régimen batistiano se había desplomado con la fuga del tirano. Del regimiento de Holguín se producía la fuga del jefe del  regimiento  y  otros altos oficiales. De la jefatura de  las  fuerzas armadas se enviaba a un nuevo jefe de regimiento.
La  fuga de los principales personajes del régimen iba  a  dejar una  estela de amargura y desesperación entre los torturadores  y represores de menor categoría. Varios de ellos habían asistido  a la despedida del jefe del regimiento en la pista aérea. Era una burla amarga hacia aquellos esbirros que con tanta fidelidad habían actuado hacia la dictadura. Uno de los mas connotados torturadores formó parte de la comitiva que acompañó al jefe del regimiento hasta la escalerilla del avión. Despedida amable e hipócrita la del jefe con su subordinado. El jefe del regimiento conocía la situación real del país en aquellos momentos. No dudó en  informar a sus subordinados  que era un simple cambio de mando. Pocas horas después los rebeldes entraban en el regimiento. Los asesinos mas connotados   fueron detenidos y sometidos a tribunales revolucionarios que los juzgaron y condenaron los culpables. Varios de ellos a la pena de muerte.
Cuando  la noticia de la fuga del tirano se hizo voz pública  en Holguín y la jefatura enemiga comenzó a comprender que  continuar la lucha era asunto imposible se iniciaron las gestiones a través de  una logia masónica para realizar los primeros  contactos.  En aquellos  momentos el jefe del frente  se encontraba por la  zona de  Tunas.  El comandante Abelardo Colomé Ibarra  se  encargó  de encabezar las conversaciones con la jefatura enemiga, que  aceptó la  rendición. El 2 de enero concluía las operaciones por la  toma de Holguín.
 Entre  el  1 y el 2 de enero de 1959 se rendían  a  las  fuerzas rebeldes las demás guarniciones enemigas dislocadas en el  territorio del Cuarto Frente Oriental. La guerra había concluido.

NOTAS 

1-  Fidel  desde  fecha muy temprana era del  criterio  de  crear nuevas  columnas. Lo que había puesto en práctica cuando la  guerrilla era muy débil con la formación en 1957 de una nueva columna  que bajo las ordenes del Comandante Ernesto Guevara operó  en la Sierra Maestra.
2- Orlando Lara. Natural de San Germán en el municipio Holguín. Su familia  lo traslada a Bayamo siendo un niño. Desempeñó  humildes oficios.  Miembro del movimiento 26 de julio y luego primer  guerrillero  del  llano. Llegó  a capitán y jefe de  la  Columna  14. Falleció en La Habana en un accidente automovilístico en julio de 1970.
3- Historiador holguinero. Tenía una sección fija en el periódico Norte  de  Holguín. Luego del triunfo de  la  revolución  publicó varios artículos en el periódico Ahora de Holguín. Falleció en la década del 80 del siglo XX.
4- Eddy  Suñol Ricardo natural de las Cruces de Purnio en  Holguín Miembro del Movimiento 26 de Julio. Fue detenido y logró escapar. Se  mantiene en la clandestinidad hasta que logró incorporarse  en mayo de 1957 a la guerrilla dirigida por Fidel. Llegó a capitán y fue herido en varios combates. Después del triunfo de la  revolución fue ascendido a comandante y desempeño diferentes cargos  en el  estado  cubano. Afectado por las secuelas de las  heridas  se suicido en 1971.
5- Información tomada de Antonio Nuñez Jiménez. Geografía de Cuba Editorial Lex La Habana 1960.  Colectivo de Autores  Cuba Contemporánea: Oriente. Centro  Editorial Panamericano.
6- Carlos  Manuel  Rubiera. Lara y sus Muchachos.  Bohemia  19  de abril de 1959 n. 16 p 8-10 y 135-137.
7- Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Carta de Orlando Lara a Fidel Castro del 12 de abril de 1958.
8- Carlos  Borjas  Garcés formó parte del comando que  realizó  el atentado al coronel Fermín Cowley Gallegos jefe del  regimiento de  Holguín. Se incorporó a la guerrilla serrana y tomó parte  en algunos  combates. En marzo de 1958 Fidel lo mandó como  jefe  de acción  de  Holguín. Se convirtió en jefe de  una  guerrilla  que operaba entre Holguín y el Cauto. Al retornar Camilo a la  Sierra Maestra dejo a Carlos al frente de los guerrilleros del llano. En septiembre  Camilo lo destituyó y lo envió detenido a  la  Sierra Maestra.  Continuó combatiendo hasta el final de la guerra.  Poco después  del  triunfo se licenció y  trabajó en  la  vida  civil. Falleció  en la década de los años 90 en Holguín. Carlos Borjas  y Orlando Lara fueron los jefes del llano que gozaron de una  mayor popularidad.
9- Cristino Naranjo Vaque. Humilde minero de las minas de Bueycito que  se unió a las fuerzas del Che Guevara. Acompañó a Camilo  en sus operaciones en los llanos orientales. Al retornar Camilo a la Sierra  lo  dejo  como teniente de un grupo  de  escopeteros.  Al retornar al frente de la columna invasora lo ascendió a capitán y lo  dejo al frente de los escopeteros de los llanos. Al  formarse la Columna 14 fue designado como jefe del Pelotón número 3 de esa fuerza.  Al triunfo de la revolución fue ascendido a  comandante. El 12 de octubre de 1959 fue asesinado por un aventurero  contrarrevolucionario.
10- Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Carta de Manuel Fajardo a Celia Sánchez Manduley el 27 de octubre de 1958.
11. William Gálvez Rodriguez Camilo Cienfuegos Señor de la Vanguardia- Editorial de Ciencias Sociales La Habana p 
12. Informe de Cristino Naranjo al Comandante en Jefe Fidel Castro. 3 de septiembre de 1958 Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado Ciudad de La Habana
11. William Gálvez Rodríguez Camilo Cienfuegos Señor de la Vanguardia- Editorial de Ciencias Sociales La Habana p 
14- Fidel Castro Ruz Orden del 5 de septiembre de 1958. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Ciudad de La Habana.
15. Carta del comandante en Jefe al comandante Juan Almeida del 8 de octubre de 1958 Idem.
16- Entrevista a Luis Antonio Álvarez Carlos Zamora Domínguez Alfredo Hernández Cartaya realizada por el autor y Minervino Ochoa.
17- Carta del comandante Eduardo Sardiñas al comandante en Jefe Fidel Castro del 16 de octubre de 1958 Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
18- Carta del Comandante en Jefe Fidel Castro al Comandante Camilo Cienfuegos el 17 de abril Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
19- Carta de Manuel Fajardo a Celia Sánchez Manduley del 27 de octubre de 1958. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
20-  Eddy  Suñol Ricardo. De la Sierra Maestra a los  llanos  del Norte de Oriente. En Periódico Ahora 12 de diciembre de 1978.
21- Manuel Fajardo carta a Celia Sánchez del 27 de octubre de 1958. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
22- Arsenio García Dávila. Noche Buena de 1958. Ataque rebelde a Puerto Padre. En revista Verde Olivo. a. V Numero Especial 31-12-1964  p 13-14
23- Carta  de Fidel Castro a Orlando Lara del 3O de  septiembre  de 1958. Oficina de asuntos históricos del Consejo de Estado. Ciudad de la habana.
24- Ricardo  Martínez Victores 7 RR La Historia de Radio  Rebelde. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1978 p 347 y 348.
25- Carta de fecha  28 de  noviembre de 1958 del  comandante Eduardo Sardiñas al  Comandante en Jefe Fidel Castro   Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.  Ciudad de La Habana.
26- Testimonio de Joaquín González Álvarez.
27- Jesús  Bermúdez Cutiño. Cuarto Frente Oriental Simón  Bolívar. Toma  del Cuartel de Jobabo. En La Guerra en los llanos  orientales: Documentos. Colectivo de autores. Inédito.
28- Carta  de  Fidel  Castro  a  Orlando  Lara  17  de  abril   de 1958.  Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
29- Informe  de  Eddy  Suñol a Fidel Castro.  Diciembre  de  1958. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Ciudad de La Habana.
30- En los últimos días de diciembre de 1958 el comandante  Jesús Sosa  Blanco fue enviado al frente de una columna a  rescatar  la guarnición  de Cueto sitiada por las fuerzas del  Segundo  Frente Oriental.  Después  de sostener varios combates  logró  llegar  a Cueto  y  avanzar hacia el poblado de San Germán.  En  el  camino sufrió una derrota en un lugar conocido por los Palacios donde el propio  Sosa Blanco resulto herido. Logró llegar a San  Germán  y luego a Holguín. Al triunfo de la revolución fue juzgado y condenado a muerto por sus muchos crímenes.
31- José Abreu Cardet Guajiros Clandestinos. Inédito

32. Esta cronología fue confeccionada por el historiador Minervino Ochoa Carballosa 

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