viernes, 24 de abril de 2015

LA INMIGRACION CANARIA: FRONTERAS Y PELIGROS PARA EL RECIÉN LLEGADO.


José Abreu Cardet

Una de las raíces de la población holguinera son los inmigrantes canarios. En especial alrededor del puerto de Gibara se estableció una numerosa población de ese origen. Posteriormente fueron abordando otros territorios y dejaron una profunda huella.  La emigración canaria a Cuba y en general a América tiene características muy peculiares. Analicemos algunas de estas.   La emigración, en general, tiene implícita un singular contrapunteo entre la vida y la muerte. El inmigrante lleva el impulso que le da unas potenciales muertes físicas o espirituales o ambas para tomar su determinación de abandonar el terruño natal. En Canaria esa muerte está resumida en la superpoblación relativa, las bajas de precios de los caldos y otros productos agrícolas, las guerras que atrofian el comercio y alejan la isla de sus mercados tradicionales. La ruina del comercio o la agricultura conllevan la disminución del sustento, el aumento de los precios de granos y carnes, el disminuir de la calidad y por último la cantidad de los alimentos que acercan las epidemias, las enfermedades oportunistas...  Las crisis isleñas es un fusilamiento de la esperanza de progreso para los de recursos que continúan con la posibilidad de no sufrir variaciones drásticas en la mesa, las diversiones y los vestidos. Ni tienen la necesidad imperiosa de abandonar sus islas empujados por la miseria. Pero incluso esos de amplios recursos se ven en muchos casos limitados en su progreso futuro. El pasado da su aporte también a la muerte.  En las islas atlánticas todo está demasiado estructurado siguiendo la mentalidad hispana, en exceso organizado desde los tiempos originarios. Los ricos lo han sido de siempre al igual que los pobres cargan sus miserias desde la época del diluvio, por lo menos eso es lo que parece.
El que abandona el hogar por tierra lejana va convencido de que encontrara allá lo que aquí se le niega o está en circunstancias de perderlo por crisis nacionales o regionales. Aunque también hay una emigración que escapa de una muerte no a largo plazo sino muy real que puede estar en el cañón de un fusil marroquí.  
El estado español se ha enfrascado en una serie de guerras civiles o internacionales. En el siglo XX la más candente y que justifica esta inmigración es la de Marruecos. Los jóvenes reclutas demostraban una escasa eficacia en la lucha contra   las tribus rebeldes marroquíes. La tragedia era aumentada por la incompetencia de   muchos oficiales. Símbolos de estos desastres fue la batalla de Annual, donde los rebeldes aniquilaron a una importante unidad del ejército español. Esto incremento de forma innecesaria el número de bajas.
Existía también una emigración organizada y promovida por el imperio hispano que podía acercar a las fronteras de la muerte al que emprendiera ese camino. España en ocasiones utilizó la emigración como parte de la política imperial asunto muy ligado a guerras y muertes. Se le utiliza como punta de lanza para defender las fronteras del imperio hispano. Estas eran zonas de peligro permanente. Donde se podía encontrar desde aborígenes dispuestos a defender sus tierras y derechos con extrema crueldad o colonos ingleses o franceses no menos salvajes que los “indios” en sus represalias por la disputa de los límites de una frontera imprecisa.
En Santo Domingo se incentiva el asentamiento de canarios para que sirvan de valladar a la colonización francesa. En 1764 España pone fin a esta política dirigida a colonizar las fronteras por los acuerdos con la monarquía francesa respecto a límites territoriales de la isla La Española.
 Igualmente se incita el establecimiento de una inmigración canaria en el siglo XVIII hacia la Florida, Texas y Louisiana, zonas de fronteras con la colonización  inglesa. En ocasiones los canarios imponen sus intereses sobre los imperiales. Así entre 1724 y 1733 un total de 137 familias salieron de canarias hacia Texas siguiendo los planes hispanos de defender el extremo norte de su imperio. Pero la mayoría se quedó en La Habana. De todas formas un grupo de inmigrantes fueron fundamentales en la fundación de  San Antonio, en Texas, en 1731. Hacia la Louisiana, en poder de España desde 1763, se movilizaron entre 1777 y 1783 alrededor de 4000 canarios. Estos debían de crear una población que sirva de valladar a los intereses de sus vecinos anglosajones   Aproximadamente la mitad interpuso sus intereses a los de Madrid y se quedaron en Cuba y Venezuela   
En Venezuela se da también una situación peligrosa. Parte del país, entre ellos territorios considerados como estratégicos para el imperio, estaban pobladas por indígenas  caribes que se oponían tenazmente a la colonización.
Se estableció como política estatal ocupar esta zona por medio de la acción de una misión evangelizadora de los capuchinos y familias canarias. Colonos isleños y frailes se encargarían de fundar pueblos en la parte oriental de la actual Venezuela llevando hasta allí el poder del imperio.  Pero la mayoría de estas fundaciones de poblados fracasaron por la resistencia aborigen. Una parte de los canarios se dirigieron a la zona central del territorio, los llanos donde estaba en auge la producción de Cacao. Sin embargo, allí se encontrarían con no pocas dificultades, pues en 1728 se funda  la Compañía Guipuzcoana que sería encargada, a nombre de la  Corona, de controlar los impuestos de  la producción agrícola. Los abusos de la compañía producen  un enfrentamiento entre los  pequeños propietarios de la región, la mayoría de canarios. Esto produjo alzamientos y conflictos y la muerte de algunos de estos propietarios.
También los canarios serán utilizados en la cuenca del Rió de la Plata para enfrentar la penetración portuguesa desde el Brasil. La maligna obsesión hispana para evitar el contrabando trajo como consecuencia que zonas alejadas de los poderes centrales fueran escasamente poblados como estos territorios del Rió de la Plata que hoy conforman gran parte de los estados  de Argentina y Uruguay  pero la amenaza de los portugueses establecidos en el Brasil llevó a que se enviaran un grupo de familias Canarias que fundaron Montevideo. Pero como toda avanzada de fronteras quedaron expuestos a la acción de los portugueses.
Incluso luego de la independencia de América Latina ese sentido de los canarios para resolver problemas inmediatos de la demografía no cesó.  Algunas  repúblicas latinoamericanas los utilizaron en ese objetivo.
Esto hace que en ocasiones los emigrantes canarios estén en dependencia de los intereses de otros, de las altas y bajas de la economía exterior, de las estrategias imperiales. Muchas veces esta colonización estaba acompañada del peligro de la muerte violenta Es un desprecio por su condición humana, incluso de la vida.
Las repúblicas latinoamericanas también utilizaron ese sentido de hombres y mujeres de la frontera que tienen los emigrantes canarios.  Ante la escasez de población en los llanos venezolanos el dictador Páez hace un llamado a los canarios a poblar la región. Un grupo importante de familias canarias se establecen en la zona en los años cuarenta del siglo XIX. Serán importantes en la Guerra federal. Este mundo de muerte y depresiones  estará estrechamente ligado a la emigración canaria. La crisis de la Cochinilla y la guerra de Cuba incrementan la inmigración hacia Venezuela. Entre 1874 y 1888 de los 20 827 inmigrantes recogidos oficialmente por las autoridades venezolanas  14.403 eran isleños.     
En Cuba el peligro mayor que tuvo que afrontar los inmigrantes españoles en el siglo XIX  fueron las guerras de independencia. Un caso típico de esto fue la región de Gibara. Esta recibió una importante inmigración canaria que se incrementó con la contienda. Españoles y canarios establecidos en otros territorios de Holguín acudieron a Gibara en busca de protección.  La ciudad de Gibara levanto una muralla, los poblados se rodearon de empalizadas, alambradas y fortines. Esta protección permitió un desarrollo de la riqueza. Pero al mismo tiempo la región se conviertio en un punto de atracción para las incursiones mambisas. Fueron los voluntarios integrados por muchos canarios y españoles la base de la defensa de la zona. Muchos de estos inmigrantes caerían en combate contra los independentistas.
En Cuba se da un fenómeno interesante. Al producirse la ocupación de la isla, en 1899, se ponen  en vigor las leyes migratorias estadounidenses   que prohibirán la inmigración indeseable, de negros y chinos. Pero se favorece la entrada de los enemigos de ayer, españoles y canarios. Hay un concepto racista en esa actitud. Los canarios son utilizados como posible mano de obra para la industria azucarera.
Un documento de la época nos explica mucho mejor que cualquier  análisis la situación laboral de la industria azucarera cubana en los primeros años del siglo XX.  La compañía que operaba el central Manatí  en el oriente de Cuba hizo circular el siguiente  suelto:
          CENTRAL MANATI: Avisa por este medio a los trabajadores en general que ya están empezando sus cortes de caña, la mejor de Cuba.
         Pago en efectivo y los más altos precios. Inmejorables bateyes en las Colonias para alojamiento de personal.
          ¡Trabajadores- A Manatí a ganar dinero! (1)
Estas grandes empresas pusieron inicialmente sus esperanzas para resolver el problema de mano de obra en los canarios. Veamos como un funcionario de una de esas compañías explica la solución de este problema. El administrador de la United Fruit Company, en Banes, le escribió al representante de esa compañía en La Habana, Manuel Silveira, el 27 de mayo de 1905
        “La necesidad imperiosa de traer trabajadores para nuestras fincas de Banes y Nipe, puesto que los brazos son escasícimos en el país, y deseando terminar esta zafra con gente suficiente y estar preparados para la próxima, nos obliga a acudir a usted suplicándole vea con el señor Presidente si se nos autoriza, aunque no sea más que una vez para traer trabajadores de las islas Canarias…. (2)

La industria azucarera estará estrechamente vinculada a la violencia y la muerte. Por lo que este proyecto transnacional conllevaba un alto riesgo para esta gente extraídos de un medio relativamente patriarcal de aldeas y pequeñas propiedades para situarlo en el volcán social que eran las plantaciones azucareras cubanas.
Estas plantaciones han sido la máxima responsable que la  violencia se convierta  es una constante sobredimensionada en la historia de la isla. El azúcar es hijo de la violencia. Para conseguir su mano de obra han tenido que irse sus artífices a buscarla  en las selvas y sabanas africanas en guerras inacabables. Ha sido necesario mantener un estado permanentemente bélico en la  isla para tener en la sumisión a decenas de miles de esclavos de origen africano. Ha sido necesario perseguir al cimarrón hasta su apartado bosque o fusilar a mansalva a las dotaciones sublevadas.  Al mismo tiempo los precios y mercados  para el azúcar han ido ascendiendo en  medio de olas de sangre. Revoluciones y guerras han provocado el incremento de su demanda. La revolución de Haití despejó el camino. La sangre esparcida en las trincheras de la primera y segunda guerra mundial ha llamado al dulce grano al gran baile de los buenos precios en el mercado internacional. Surgida entre el lamento y la sangre el azúcar necesita al mismo tiempo una paz casi idílica para poder subsistir y desarrollarse.
Esos infinitos campos verdes guardan en sus entrañas una armazón de hojas secas acumulada de zafra en  zafra, que es una verdadera excitación para el saboteador decidido. En potreros imposibles de proteger por su extensión y dispersión descansa la manada de bueyes que al amanecer arrastraran por veredas sin nombres las grandes carretas rebosantes de las esbeltas cañas. Están demasiados expuestos los nobles animales al filo del machete del complotado que quiera devenir en implacable señor del desjarretado de la manada. Las largas vías férreas tienen demasiados puentes de madera seca, atraviesa su vida mecánica sobre terraplenes solitarios ofrecidos al potencial saboteador con complicidad de muchacha enamorada. Obreros mal pagados y despreciados por la sociedad que han convertido en opulenta es yesca seca para agitadores que prometen la construcción de un mundo mejor.
Estamos ante un universo demasiado frágil que es necesario proteger, preservar de alzamientos de esclavos o revoluciones de gente ilusionada con la libertad. Los propietarios de la isla han tenido que ir forjando paulatinamente esa seguridad. Estamos ante una verdadera hazaña del calabozo, del patíbulo,  de la sala de tortura. Una parte de la emigración canaria estará vinculada al azúcar. No pocos se establecen en los centrales azucareros. Algunos sufrirán la represión de los propietarios en momentos de huelgas. Pero en general vivirán en un medio represivo y peligroso. Pocos han podido retratar esta atmósfera represiva que se respira en los centrales azucareros como la escritora española Eva Canel, que en 1914 recorrió  la isla. Son los años de la gran emigración española y canaria a Cuba en el siglo XX. Eva Canel  visitó el central Chaparra donde residía una importante emigración canaria. La empresa estadounidense, propietaria de ese central, logró traer por lo menos un buque de trabajadores canarios para sus colonias cañeras.  En las áreas del antiguo central vive hoy una numerosa colonia de descendientes de canarios.  En la descripción que nos dejo la escritora se siente todavía el sentido de la violencia y la muerte establecida por los “señores” del azúcar:
     Me recomendaron que visitase de noche la maquinaria del ingenio por ser más hermosa la vista que presentaba, con la profusión de luces: entre tanto quise escuchar algunas opiniones sueltas, ais­ladas, independientes, hasta cierto punto, si es que en "Chaparra" hay algo que no dependa de la omnímoda voluntad de la compañía. A mi juicio, en "Chaparra" nadie piensa, todo lo sirven pensado. La función mental de cuantos dependen del absorbente coloso está paralizada: la voluntad individual no existe en ninguna persona cobijada bajo la sombra de la "Chaparra Sugar Company:" todos hablan a compás como si se guiasen por batuta, invisible sólo para el forastero,
Nadie se queja: todo está bueno, todo va bien: los extranjeros que conocen aquello, muchos que comercian en parte con el comisa­riato allí establecido, son los únicos que hablan, que cuentan, que revelan; pero éstos mismos, revelan, cuentan y hablan con sordina: no son empleados ni obreros; no pueden despedirlos ni dejarlos ce­santes, pero pueden cerrarles la puerta para comerciar y entonces...
Hay que ser  prudentes.
A mí me habían hablado de cuerazos, de muertes, de enterra­mientos clandestinos allí .donde se encontraba el cadáver, sin darle más importancia que un perro. Estas cosas las niega en "Chapa­rra" todo el mundo. ¿Las niegan por que son mentiras? ¿Las nie­gan por que la mente cordial del silencio, las oculta? Yo no lo sé: en este caso como en otros similares no paso de ser fonógrafo.
Esto de las muertes violentas por un quítame allá esas pajas, y el enterramiento en el sitio donde se caía, ya fuese de enfermedad o por cualquier violencia, es muy corriente donde hay sajones que mandan y españoles, italianos, indios, mestizos, negros y turcos que trabajan. (3)

Algunos canarios se suman al movimiento obrero como Antonio Expósito quien tendrá una destacada participación en el central Tacajó. Promueve la participación de un líder obrero de Manzanillo, que en esa época era el centro de agitaciones obreras y de reclamos sociales por excelencia. Ursinio Rojas, un líder comunista azucarero, nos dice de la primera reunión que dio inicio al movimiento obrero en el central Tacajó­: “Un isleño, Antonio Expósito, abrió la reunión y presento a un delegado de Manzanillo” (4) Estos líderes y activistas obreros estarán en el punto de mira de la represión. No solo la física que puede conducir a la tumba sino la profesional. No pocos son expulsados del trabajo. La solidaridad de los patrones se une para impedir que retornen a otros centrales azucareros lo que en época de crisis era el hambre, el visitar la frontera de la muerte física del obrero y su familia. En esos años de la dictadura de Machado  otros canarios fueron víctimas de la represalia desatada en Ciego de Ávila por el secuestro de un rico hacendado. Acusados  un grupo de inmigrantes de las islas atlánticas fueron asesinados  varios de ellos por las fuerzas de la dictadura de Machado. Según algunas fuentes sumaban alrededor de cuarenta mientras existe el criterio que llegó al centenar de canarios asesinados por las fuerzas de la dictadura. (5)  Esta acción represiva iba dirigida contra el movimiento obrero que en ese año se desarrollaba en varios centrales azucareros de  Ciego de Ávila. En oriente a la caída de la dictadura se desarrollan los llamados Soviets. Batista el nuevo dictador los reprime. Hay numerosas victimas. Entre ellos un obrero español asesinado el 28 de febrero de 1934 en el central Tacajó. Varios obreros fueron heridos. En los centrales  Santa Lucía, Preston, Marcané  y Boston también se desata la represión. Las victimas han quedado en el anonimato. En estos centrales se encontraban un grupo significativo de canarios. Es posible que alguno se encuentre entre los reprimidos.
El canario y el peninsular estarán expuestos a las airadas protestas de los obreros cubanos. Estos inmigrantes reciben el apoyo de los comerciantes e industriales españoles y canarios. Estos acogen con beneplácitos en sus almacenes  y fabricas a los coterráneos a los que se considera con mayor dedicación al trabajo y responsabilidad superior que los cubanos. En cierta forma es una manipulación de la emigración española. Esto traerá una respuesta de los nativos. Huelgas y acciones legales se enfrentan a esta situación. La culminación de este proceso será el establecimiento en la década del 30 de una ley que obligaba a los empresarios a que la mitad de sus empleados debían de ser cubanos. La medida fue un desastre para muchos inmigrantes que se vieron bruscamente excluidos del mercado laboral. Entraron en una especie de muerte laboral que es en definitiva el desempleo. El asunto siempre se ha visto desde el ángulo cubano pero no sabemos el sufrimiento y la frustración que represento esa ley nacionalista. Los emigrantes habían entrado en una tierra de nadie en la lucha del movimiento sindical cubano y las empresas privadas.
Pero la medida no dejó huellas en la sociedad. A los españoles y canarios  no se les situó en un sendero de los odios nacionalistas. No se les excluyó de la vida social cubana y acabaron siendo recibidos sin rencores. Muchos de ellos o sus descendientes conformaron  la clase media cubana, una de la más importante en la acción social de la isla. Incluso una parte importante de los líderes de la revolución de 1959 son hijos de emigrantes españoles y canarios. El papel sobredimensionado en el ámbito internacional de la Cuba revolucionaria quizás tenga una raicilla en esa emigración de los primeros treinta años del siglo XX.  Esta masa de hombres y mujeres eran gente de iniciativa y calidad humana indiscutible que representó una inyección espiritual a la sociedad cubana que todavía no se ha valorado en el conjunto de la historia del siglo XX. La vida social cubana fue una negación de la abulia y la indiferencia que se estableció en muchas republicas latinoamericanas en especial en el área del caribe con sus interminables dictaduras, el dominio estadounidense y la miseria secular.
NOTAS
1--Víctor Manuel Marrero. Las Tunas: Localidad Cultura e Identidad.  Editorial San Lope. Las Tunas, 2000. p. 118.
2--Museo Municipal de Banes. Fondo United Fruit Company Managers Letters Book, 1906-1907. p. p 516 y 518.
3--Eva Canel, Lo que vi en Cuba (A través de la isla) Editorial Oriente, Santiago de Cuba 2006,  pp.140 141
 4-- Ursinio Rojas, Las luchas obreras en el central Tacajó, Editora Política, La Habana, 1979, p 62
5--José Manuel de Paz  Sánchez, José Fernández  Fernández y Nelson López Novegil El Bandolerismo en Cuba Presencia canaria y protesta social Centro de la Cultura Popular Canaria Santa  Cruz de Tenerife, 1994,  Tomo II,   p. 287





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