viernes, 24 de abril de 2015

HERIDOS DEL EJERCITO DE BATISTA (Cuba 1957 1958)


Por José Abreu Cardet

Hay una pregunta que pocos investigadores se han hecho y es ¿qué ocurrió con los heridos  del ejército?  En este caso haremos un estudio sobre los heridos del Regimiento número 7 de la Guardia Rural. La jurisdicción de esta unidad comprendía a los antiguos municipios de Victoria de las Tunas, Puerto Padre, Holguín, Gibara, Antilla, Banes, Mayarí y Sagua de Tánamo.   Fue con el combate de la Ayuíta, desarrollado en mayo de 1958,  donde surgen en el Regimiento 7  de la guardia rural un número importante de  estos desdichados. Hasta aquellos momentos esta unidad no había tenido un número tan elevado de bajas en su jurisdicción: tres muertos y seis heridos. Además, a diferencia de otros encuentros con los escopeteros,  (1) donde estos se retiraban rápidamente, la acción de la Ayuita se prolongó por varias horas y tuvieron que enfrascarse en atender heridos y fallecidos mientras combatían.  
Mientras las columnas no comenzaron a operar y las guerrillas de escopeteros no se mostraban muy activas, solitarias parejas de guardia rurales, a caballo, continuaron realizando salidas de vigilancia y otras actividades. Si alguno de estos resultaba herido su situación era realmente trágica, pues no poseían medios de comunicación que les permitiera solicitar ayuda.  Para mejor entender la situación de estos militares conozcamos lo ocurrido a una pareja del puesto de Cayo Mambí, que estaban de recorrido.
 Alfredo Suárez Zaldívar y  Alfredo Nodarse Pereira salieron en citaciones judiciales y electorales el lunes 10 de febrero de 1958. Hasta aquellos momentos esta era una zona relativamente tranquila. Fuera de perseguir a algunos delincuentes de poca monta e intervenir en algún pleito entre vecinos no había acontecimientos que pusiera en peligro la integridad física de ambos. El guardia rural era un personaje en extremo temido en los campos, pero ambos desconocían que en la zona habían comenzado a actuar pequeñas guerrillas de escopeteros.  En un lugar conocido como Peladero, en el camino de La Zarza a Sabaneta, fueron atacados con fuego de escopetas.  Ambos se tiran de sus respectivos caballos pero quedan aislados entre sí y Nodarse es herido de gravedad, permaneciendo en el territorio dominado por los rebeldes, quienes le quitaron el arma y se retiraron. A diferencia de los militares, que por regla remataban a los heridos, lo dejaron vivo. El otro guardia, según el parte oficial, resistió hasta que los rebeldes se marcharon. Con ayuda de unos campesinos trasladaron al herido hasta el poblado del Naranjo donde el farmacéutico lo cura según sus posibilidades y conocimiento. Pero el militar falleció poco después. (2) Dada la mediocre asistencia médica en los campos esa era la atención que recibía un campesino que fuera herido o estuviera enfermo. No había postas médicas ni hospitales rurales.
Pero cuando las columnas comenzaron a operar con mayor intensidad y se vislumbró la posibilidad de una cantidad importante de bajas en las operaciones, se dictaron disposiciones para la atención de estos.  En el desarrollo de esta acción en la Ayuíta, el jefe del regimiento le ordenó al teniente coronel Cañizares, el 13 de mayo de 1958,  que en caso de que tuvieran heridos y muertos designara una escuadra, o el personal que estime conveniente, para llevarlo hasta el lugar donde el avión los pudiera recoger, pero le aclaraba que en ningún caso podía perder contacto con el enemigo. (3)
El informe del regimiento sobre este combate describe en estos términos la suerte de estos desdichados: “Para conducir los muertos y heridos ocasionados a nuestra tropa, fue preciso utilizar caminos sumamente pantanosos, muy arduos de transitar, y llegamos a Cananova después de muchas penalidades por razón de la lluvia y el camino en mal estado.” (4) Aunque vale señalar que el ejército actuó en ocasiones con bastante indiferencia hacia sus heridos. A las fuerzas sitiadas en La Maya se les dio órdenes: “que se organizara la salida del personal del  cuartel dejando los heridos en él mismo que recogería  la Cruz Roja, así como los que tuvieran durante la salida.” (5) Durante el sitio de ese poblado un médico del ejército rebelde: “quiso entrar al cuartel a ver los enfermos y heridos que teníamos pero no se le permitió la entrada.” (6)El soldado Wilfredo Cobas y Borrero dejó un testimonio sobre esto: “unos días antes de la misma estuvo el médico de los rebeldes ofreciendo sus servicios, pero el médico civil nombrado Rivas les dijo que no necesitaba su cooperación que los heridos estaban bien y tenían de todo”. (7)  El soldado Guillermo Kindelán Hechavarría refirió que el sacerdote que mediaba entre sitiados y sitiadores “dijo que si precisaban medicinas los rebeldes podían mandárselas, pero que no aceptaron.” los militares tal ofrecimiento.  (8)
Esto no quiere decir que en sentido general el ejército mirara con indolencia a sus heridos.  Si habían posibilidades se les trasladaba lo más rápidamente que permitían las circunstancias a un centro de atención médica.  Si estaban en un lugar muy apartado se les conducía hasta la a una pista aérea más cercana y se les enviaba de inmediato a un centro hospitalario; y aunque el Regimiento 7 no disponía de helicópteros en otros escenarios de combate se utilizaron,  hemos conocido del testimonio de un soldado de la tropa de Sánchez Mosquera, herido en las montañas de la Sierra Maestra, que un helicóptero fue expresamente por él y bajo el fuego rebelde lo llevó a la retaguardia (9). Allí lo atendieron y acabaron enviándolo en avión a un hospital en La Habana.
Los militares heridos en combate que lograban llegar vivos a un hospital recibían toda la atención posible y los  que requerían cuidados en el hospital  del ejército en La Habana se transportaban hacia allí por vía aérea. Es por eso que, el 11 de junio de 1958 fueron enviados a La Habana, en un avión de la FAE, cuatro militares heridos en el combate de La Zanja, en el territorio del escuadrón 74. (10)
En el caso de que la acción se desarrollara en la cercanía  de la costa, la marina disponía de hidroaviones en los que podían ser trasladados los heridos, pero no existen evidencias de que se utilizaron en los combates librados por el Regimiento 7 en lugares situados en las inmediaciones de una bahía. Incluso en las acciones por recuperar Nicaro, en octubre de 1958, los rebeldes hirieron a seis marinos de la dotación de la fragata Antonio Maceo y estos fueron trasladados al buque Baire, era una nave de apoyo a la fragata, que los condujo al central Preston para ser atendidos en el hospital de ese batey mientras esperaban un avión que los conduciría al aeropuerto de Columbia. El 24 de octubre el mando dispuso trasladar un médico en un hidroavión hacia la fragata. Ese día, en horas de la tarde, terminaba la operación de recuperación de Nicaro (11), por lo que esa medida llegó tarde.
Tampoco poseemos información que se utilizaran hidroaviones para trasladar los heridos que tuvo el ejército en el intento de rescatar la guarnición de Sagua de Tánamo desde Cayo Mambí. En este último poblado había una pista aérea, por lo que debieron utilizarse las naves de transporte de la Fuerza Aérea  o las avionetas del regimiento.  Las unidades del regimiento en operaciones no poseían médicos, esto provocaba que la suerte de los heridos fuera lamentable, y eran atendidos por el personal sanitario. En el sitio de La Maya un medico civil se unió al ejército y atendió a los heridos.  El historiador británico John Keegan hizo  un análisis de los efectos provocado por  un proyectil de un fusil de la Primera Guerra Mundial y, aunque mucho más potentes que los fusiles utilizados por soldados y rebeldes en 1958, estos causaban un efecto muy similar.  
…la bala cónica de alta velocidad, rotando velozmente alrededor de su eje, podría producir dentro del cuerpo humano una variedad de resultados extremadamente desagradables. En el mejor de los casos dejaba un claro canal con la herida de “salida” del mismo tamaño que la de “entrada”. Sin embargo, en el caso de que “cabecease” dentro del cuerpo, bien al golpear un hueso o por alguna razón balística, su camino a partir del punto de cabeceo sería mucho más amplio y la herida de “salida”- a menudo confundida por los aficionados con la de entrada- tendría una apariencia de “explosiva”. Los efectos del cabeceo producido al golpear un hueso se verían ampliados por los fragmentos del hueso después del impacto, convirtiéndose estos entonces en proyectiles secundarios que producirían daños masivos a los tejidos de alrededor. (12)
Tales heridas debían de ser atendidas lo más rápidamente posible. No siempre esto era posible.   Los soldados heridos en campaña lejos de hospitales y clínicas se encontraban en una situación muy difícil.  No siempre podían ser rápidamente trasladados a un centro de atención y debían  sufrir el ser trasportados en jeep o camiones por terraplenes o carreteras no siempre en buen estado.  Pese a estos inconvenientes una buena cantidad de heridos lograron sobrevivir y llegar a los centros hospitalarios. En las emboscadas realizadas por los rebeldes, en el caso que la tropa fuera aniquilada los heridos quedaban en poder de los rebeldes. Estos a diferencia de sus enemigos, no los remataban pero generalmente no podían trasladarlos con ellos cuando la acción se desarrollaba en un terreno llano. Existía la posibilidad que llegara la aviación y un refuerzo contrario, por lo que debían  alejarse rápidamente del lugar.
A los heridos se les aplicaban algunas curaciones y se les dejaba en el lugar, allí debían esperar la llegada de una patrulla que acudiera al escenario  del combate. Al llegar esta eran trasladados en camiones o jeep al centro hospitalario más cercano, que casi siempre estaba bastante alejado.  Los soldados heridos en los sitios prolongados a cuarteles como el de Cueto y Sagua de Tánamo tenían una suerte peor.  En esas instalaciones militares no había personal médico por lo que tan solo recibían la atención de un sanitario o de sus compañeros. Debían de sufrir durante días en medio del combate. En realidad, ningún conflicto bélico está exento de situaciones muy críticas y dolorosas. Conocemos de un testimonio sobre los heridos en el sitio de La Maya mediante lo que afirmó el soldado Elio Elguera Brunet: “el olor de la sangre de los heridos y de los muertos se hacía insoportable.” (13) La situación de los heridos en los cuarteles de Sagua de Tánamo o Cueto del Regimiento 7 era igual. Es de imaginar a estos  concentrados en una habitación del cuartel, agobiados de calor, con falta de medicinas, rodeados por la suciedad, seguramente que durmiendo en el suelo ante la posibilidad de ser alcanzados por un disparo y, como si fuera poco, ante la incertidumbre temerosa de caer prisioneros de enemigos beligerantes.  Un espectáculo nada agradable.   Otro militar que tomó parte en el sitio de La Maya recuerda que:
Era  sanitario de la unidad y estuvo atendiendo a los heridos habidos, entre ellos muchos graves ya que le sacaron de un balazo un ojo, a otro le cortaron una mano herida por una granada a sangre fría, pues no había anestesia, y estuvo ayudando todo el tiempo posible al doctor Rivas del pueblo y un sanitario de la Casa de Socorro de apellido Juan; que se le agotó todo el recurso  de medicinas que tenían disponible y después recogieron todas las curas que tenían los militares. Después el médico de los rebeldes doctor Crea que es de Guantánamo, le dio medicinas, sueros y penicilina para atender los militares heridos. (14)
En el caso de los cuarteles capturados en pocas horas de combate los heridos tenían mejor suerte. Generalmente en esos poblados había médicos o farmacéuticos, y estos últimos, mal que bien desempeñaban el papel de galenos. Los rebeldes los entregaban a estos especialistas o eran atendidos por médicos rebeldes si estaban presentes. Los heridos abandonados por el ejército en el combate de Los Palacios fueron ingresados en un hospital rebelde.
NOTAS
1--Grupo guerrillero armado fundamentalmente de escopetas fusiles de calibre 22 y revólveres.
2--Instituto de Historia de Cuba, Fondo: Ejército  24-5.1-4.1.4—1—6.4 
3--Instituto de Historia de Cuba, Fondo: Ejército  24—5.2—1:3.1---1-23
4--Instituto de Historia de Cuba, Fondo: Ejército  24—5.2—1:3.1---1-23
5--Instituto de Historia de Cuba, Fondo: Ejército  24-4.8-8-:2.2-1.23
6--Ídem.
7--Ídem
8--Ídem
9--Comunicación personal de Enrique Doimeadios historiador de Gibara donde reside el exmilitar.
10--Instituto de Historia de Cuba, Fondo: Ejército 24—6.1—6.4—6—1-52
11--Comisión de Historia de la Columna 19 “José Tey”, Columna 19 “José Tey”, Segundo Frente Oriental “Frank País”, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1982. pp.  283 284
12--John Keegan,: El Rostro de la Batalla, Ediciones ejército, Madrid, 1990p. 291    
13--Instituto de Historia de Cuba, Fondo: Ejército 24-4.8-8:2.2-1.23.
14--Ídem

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