viernes, 2 de octubre de 2015

EL PEQUEÑO COCODRILO: LA POLITICA ECONOMICA DE BATISTA EN UNA REGION CUBANA (1952 1958)

Jose Abreu Cardet

Se dice que los cocodrilos tienen la dentadura estructurada de una forma que luego de atrapar una presa  es imposible que ésta escape. No sabemos si tal criterio es cierto o producto del terror que despiertan en los humanos esas bestias. De lo que si estamos seguros es que el libro de Minervino Ochoa Carballosa;  Resurrección holguinera de J. M. Keynes publicado por ediciones Holguín en 2002  tiene esa cualidad; luego que el lector cae en sus páginas le es imposible sustraerse a ellas,  como las víctimas de la  mordida del cocodrilo.
Pese a que el tema asusta, nada menos que la historia económica de una perdida región del oriente cubano, al menos para los que no somos especialistas, la mayoría me imagino, nos sentimos atraídos por él. Pese a tales prejuicios el texto está bien escrito. Plantea ideas novedosas y nos ofrece otra visión  de la historia de la isla desde un ambiente regional.
El libro está compuesto por capítulos cortos y presenta las tablas en los anexos finales, con tal estructura no pierde elegancia la lectura aun cuando constituyan los datos que sostienen las tesis.  Escuchemos al autor, Minervino Ochoa Carballosa:    
Puedes explicarnos brevemente de qué trata el libro y cuáles fueron tus intenciones al escribirlo. ¿Por qué decidiste investigar sobre ese tema y por qué sobre ese periodo?
Resurrección holguinera de J. M. Keynes aborda la aplicación de la política económica implementada durante los años 50 en toda Cuba pero, en este caso, limitándola al término municipal de Holguín de aquella época. Antes de iniciar esta indagación yo había incursionado en el proceso insurreccional cubano a nivel regional y de ahí partieron mis primeras interrogantes, sin solución en el plano militar y político, entonces fui a buscarlas en el aspecto económico. Para mí, la política económica era un fenómeno desconocido, que marchaba paralelo e interrelacionado con la rebelión que cambió los destinos de Cuba.
¿Por qué cambiaste de la historia política e incluso la llamada historia de bronce a la económica?
Podría mencionarte unas cuantas interrogantes surgidas en mi labor durante los tiempos anteriores a este libro. Solo te ejemplificaré con una. ¿Recuerdas que en algún momento de los años 80, en nuestro ámbito se pusieron de moda los estudios clasistas de los diferentes procesos históricos? Vi unos cuantos y, con perdón de los autores, no fui capaz de entender su significado en la historia holguinera; de ahí que decidí incursionar en las estructuras económicas para entender un poquito mejor lo que había pasado en esta región tan cercana y, poco a poco, fui encontrando respuestas a mis inquietudes.
Sabes si en otra provincia existe un análisis de ese tipo sobre economía en general y en ese periodo en particular.
Julio Le Riverend hizo algo de la historia agraria de La Habana durante la colonia y Pérez de la Riva creo que también incursionó en temáticas similares; no obstante, por referirse a épocas lejanas a la que yo estudiaba, descuidé la merecida revisión de sus trabajos. Es muy posible que algún otro historiador “regional” o “local” haya realizado otros estudios, quizás hasta los publicó en su lugar de origen, pero yo he sido incapaz de enterarme de su contenido. Recuerda que no siempre logramos dominar al dedillo lo que se produce en otras partes del país.
Hay varios libros que tratan el tema económico en el contexto general ¿cuál de ellos te fue más útil?
Cualquier investigación histórica se inspira en los logros precedentes, éste no es la excepción.  Existen tesis historiográficas que yo no puedo olvidar. Aun cuando no están reflejadas en el libro que escribí, yo las tuve en cuenta cuando lo concebí. Quizás la mejor explicación al respecto la encontrarás en mi artículo Vistazo a un ajuste imposible que me publicó la revista Temas en el 2008, pero intentaré resumirlas. Los títulos de los volúmenes que las contienen me cuesta trabajo recordarlos todos, pero de los autores sí tengo una noción más completa.
Para mi fue importante Julián Alienes y su definición de la crisis estructural permanente, concepto que luego pasó a historiadores marxistas sin apenas retocarlo. Siguiendo esa misma línea debo mencionar a Julio Le Riverend, en su Historia Económica de Cuba plantea que con Machado se inició la tradición republicana de contrarrestar los efectos de la crisis estructural permanente mediante la política económica. A renglón seguido sitúo a Carlos Rafael Rodríguez cuando afirmó el predominio de los objetivos políticos por encima de los económicos en la política económica aplicada durante los años 50.
Para mi tienen un valor especial los estudios de la Foreign Policy Association durante los años 30, publicados bajo el nombre de Problemas de la Nueva Cuba. Incluyo también el Informe de la misión Truslow. A este último la Dra. Francisca López Civeira lo define como un alerta para buscar la estabilidad del país antes de que aparecieran los barruntos insurreccionales.
Dentro de esta somera relación resulta inobviable el estudio de Gloria García. Ella sitúa las causas de la política económica de los años 50 en los problemas cíclicos, caracteriza sus mecanismos y evalúa sus resultados acorde a las variables que ella utilizó. En buena medida y desde mi punto de vista, ella trazó pautas. Ese mismo camino lo han transitado muchísimos historiadores más y por ello no me detendré a enumerarlos.
De los trabajos más generalizadores, desde mi visión, paso a los que tratan especificidades. Ante todo están los estudios tempraneros de Raúl Cepero Bonilla sobre la política azucarera y un artículo de Oscar Pino Santos aparecido en las famosas revistas Bohemia de la libertad, durante 1959. Allí afirma que el gasto de las reservas de oro y divisas se debió más a la política monetaria destinada a contrapesar los deprimidos ingresos - tras la contracción azucarera - para evitar una escasés mayor de importaciones imprescindibles a los cubanos. De producirse ese fenómeno en superior escala se agudizaría en grado sumo la ya precaria situación social. Para no tener que recurrir luego a este autor, también incluyo su afirmación de que tras la segunda postguerra y producto de la crisis estructural, el capital estadounidense realizaba una reorientación dentro de los sectores económicos cubanos, que fue favorecida por la política económica de los 50. Él lo argumentó en el libro El asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui.
Mención aparte merecen dos artículos de Jacinto Torras, recogidos en la compilación de sus Obras… En ellos pronostica el fracaso de las recomendaciones de la Misión Truslow porque serían los propios componentes de la oligarquía quienes se opusieran a esos reajustes.
Estas tesis historiográficas están recogidas en obras individuales y nadie las había puesto a interactuar. Metodológicamente eso fue lo que intenté, verlas interactuando. De ahí elaboré la idea de que la crisis estructural permanente preocupó de tal modo a la hegemonía oligárquica que intentó contrarrestarla con el intervencionismo estatal de inspiración keynesiana dentro de sus políticas económicas – recurso que estaba de moda en aquellos momentos -, pero sus aspiraciones de reajuste u oxigenación del sistema estaban condenadas al fracaso, porque la élite de la propia oligarquía las rechazaba, en virtud de que su estatus dependía de la continuidad de la deformidad estructural y el sometimiento al capital foráneo.
En el contexto nacional algún texto te mostró caminos que te fueran útiles metodológicamente.
En los anaqueles de nuestras bibliotecas abundan esos textos, sin embargo, me es difícil mencionar la utilización de un volumen estrictamente metodológico. Realmente, leí una buena cantidad de obras y vi cómo sus autores habían trabajado la información. También penetré un poquito en las críticas que se hacían unos a otros y así fui realizando reajustes. Entre los tantos materiales que empleé, debo señalar algunos particularmente significativos para mí. Son los estudios del historiador económico español Antonio Santamaría, los conocí a través de Internet y luego de yo escribir el libro Resurrección… los vi comentados en esa magnífica obra del cubano Oscar Zanetti que lleva por nombre Las manos en el dulce. Fueron mi guía porque plantean la asunción de la política azucarera restrictiva como un recurso para salvar al sector azucarero y, a la vez, disminuir la magnitud de la depauperación social que la superproducción de 1952 acarreaba. También paliaría el proceso proletarizador de los estamentos medios que podría conducirlos a una radicalización de sus posiciones. Ellos lo plantearon de manera más elaborada, pero la brújula inicial fue Carlos Rafael Rodríguez con el planteamiento que ya reseñé.
Internet también me dio acceso a los trabajos sobre hegemonía de Raymond Williams, de ellos bebí respecto a ver la oligarquía como un grupo humano mutante, inmerso en relaciones heterogéneas, para nada constituyó un bloque monolítico
Me imagino que hiciste una búsqueda en la historia local ¿En Holguín hay algún antecedente de ese tipo de libro? ¿Por qué ese enfoque de analizar la aplicación de determinada política económica?
En Holguín se habían realizado algunas investigaciones sobre la economía en la región durante la época republicana. Sin ser el centro de sus preocupaciones investigativas, José García Castañeda había realizado valiosas incursiones desde posiciones metodológicas muy propias del movimiento historiográfico donde se formó. Luego de 1959 Hernel Pérez Concepción figura entre los quienes tomaron ese mismo camino. Él había indagado en la economía de la postguerra, e incluso conformó un trabajo sobre política económica en el período 1952 a 1958, muy concentrado en ciertas aristas de las obras públicas y que, desgraciadamente, todavía hoy permanece inédito.  Algo similar ocurría con los trabajos de José Novoa y Armando Rodríguez sobre la época colonial.
Si tuviera que señalarte un denominador común en los tres últimos, me inclinaría por la jerarquía que confirieron al efecto de los procesos sobre la sociedad, por lo cual dejaron en un segundo término la marcha de los propios indicadores de la economía. A ninguno de los cuatro autores mencionados les preocupó establecer una estructura socioeconómica como elemento metodológico de partida, aun cuando los historiadores económicos suelen utilizarla, cualquiera sea su orientación metodológica o ideológica.
No obstante, en todos hay mucho material factográfico –con ese sello distintivo que le confiere su procedencia de archivos - y están impregnados con la audacia del aventurero, ellos realizaron los siempre valiosos primeros intentos de sistematizar los estudios sobre economía holguinera, agrupando las distintas actividades económicas de la manera que mejor se le ocurrió a cada uno.
Mis indagaciones al respecto comenzaron en 1991, entonces, esos eran los estudios más abarcadores que conocí. Paralelamente conmigo, otros historiadores investigaban la economía y, aunque intercambiamos opiniones en eventos y contactos personales, no te puedo decir que me aportaran lo mismo que los cuatro primeros autores.
Creo que a esos cuatro les tocó la difícil tarea de entrar en el poco conocido mundo de la mesoeconomía, en lo que a nuestra historiografía se refiere. La macroeconomía es lo que más se trabaja en los libros de historia económica “nacional”, cuenta con la información de los macroindicadores que los distintos gobernantes y sus asesores han elaborado para realizar su labor de gobierno. La microeconomía también suma estudios envidiables. Contamos con  investigadores cubanos que penetraron en el mundo de las empresas estadounidenses operantes en Cuba durante la república.
Mas, la mesoeconomía es un problema diferente:
-Primero porque muchas veces no se han compilado ni construido las estadísticas y el investigador debe realizar inferencias cualitativas a las que no siempre hemos estado acostumbrados. Conviene aclarar que la compilación estadística macroeconómica en Cuba comenzó durante 1937. En los años posteriores ha sido preciso enriquecerla y perfeccionarla constantemente, aun así, esa existe, en el campo mesoeconómico escasea.
-Segundo porque es preciso definir la porción socioterritorial a estudiar y tú conoces que no siempre existe consenso al respecto. Generalmente, entre otros conceptos, se ha manejado el de región histórica por un lado y el de localidad por otro, refiriendo este último a alguna unidad político administrativa inferior a la nación.
Además del mérito historiográfico, esos cuatro colegas poseen también el metodológico: ellos intentaron resolver problemas en un momento específico del desarrollo de la investigación histórica, armados de recursos escasos y no del todo eficientes. Sin dudas, la metodología ha avanzado mucho desde que ellos elaboraron sus primeras fichas, lo cual para nada desvirtúa sus resultados.
¿Tú consideras el azúcar como un renglón más en Holguín? ¿Qué papel tenía el azúcar?
El Holguín que encontré en mis estudios tenía la mayor magnitud y proporción de población rural, para un municipio, de todo el país; cualquier actividad económica en tal ámbito era particularmente significativa para ese conglomerado humano y constituye una de sus principales peculiaridades. Todo el proceso de producción azucarera estaba enclavado en el área rural y significaba un tercio del Producto Interno Bruto nacional. Había cuatro fábricas de azúcar ubicadas en su territorio. Tal cantidad era superada por muy pocas unidades político administrativas de igual rango en toda la nación. Además, se producía caña para abastecer a otros seis centrales fuera de su contorno. Cualquier oscilación en el azúcar ponía a los holguineros, o muy contentos, o muy tristes, según la polaridad de su signo y los tiempos de referencia distaron mucho de ser los mejores. Solo agregaré, para confirmarlo, que en todos esos años la producción azucarera estuvo restringida. Esa fue la política económica aplicada en el sector.
Es interesante como te encuentras que colonos, con tierra en Holguín, vendían sus cañas a centrales no holguineros, incluso algunos parecen bastante lejanos. ¿Cómo influía esto en los costos?
Por razones de infraestructura ferroviaria, el central que se abastecía de ellos y estaba ubicado a mayor distancia de los cañaverales holguineros era el Santa Lucía. Lo separaban, en números redondos, unos 30 kilómetros, pero el recorrido desde el campo hasta el lugar donde se realizaba el trasbordo a los vagones de ferrocarril era mucho más corto. Aun así, te aseguró que era el más largo porque los demás centrales utilizaban el ferrocarril en mayor escala y de manera ordenada y sistemática. Por ejemplo, entre los cañaverales de Mir, ubicados al oeste del municipio Holguín, y el central Santa Ana de Auza, situado hacia el este, en el municipio San Luis, había cerca de dos centenares de kilómetros, pero la distancia desde el lugar del corte hasta el trasbordo al ferrocarril nunca superaba los diez kilómetros. Tú sabes que el ferrocarril es el transporte más barato que se ha inventado y la caña viajaba mayor distancia sobre rieles que sobre las ruedas de carretas o camiones. No obstante, en los momentos más álgidos de la depresión económica, los centrales cerraron varios de estos trasbordadores – llámeseles grúas o pesas, según sea en el oriente u occidente del país – y el tiro se encareció al tener que recorrer mayores distancias, pero recayó sobre los colonos libres, los no ubicados en tierras del central. La competencia entre productores tiene estas interioridades.
Te refieres a como la tierra se fue dividiendo entre los hijos de los campesinos, una especie de reforma agraria entre los más pobres. ¿Tú crees que la familia jugó un papel significativo para que los obreros azucareros soportaran el tiempo muerto? Es decir, el obrero en tiempo muerto iba a la finca pequeña  del padre, o el abuelo, o el suegro, etc. Esto es un sentido de solidaridad.  ¿Te encontraste casos de este tipo?
Más que un sentido de solidaridad era una imposición de la necesidad. Las masas rurales eran heterogéneas, ni todas tenían tierras, ni las proporciones de sus propiedades eran las mismas, ni su relación con la tierra era siempre de propietario, ni sembraban las tierras con los mismos cultivos. La economía agropecuaria extra azucarera en Holguín tenía como punto fuerte al ganado – tercer municipio en masa ganadera-  y ese tipo de explotación era todo un universo diferenciador.
Recuerda que había una variante extensiva donde las vaquitas se soltaban en inmensos potreros y, por si solas, o engordaban o se morían quien sabe de qué. Pero también existía otra variante que buscaba mayor eficiencia. Los grandes criadores daban el ganado “a partido” a los menores y estos corrían con los riesgos inherentes a la vulnerabilidad de las edades tempranas de la res, las crudezas del clima, los sube y baja del ciclo económico y otras acechanzas. La ganadería distaba mucho de ser la actividad agropecuaria que mayor fuerza de trabajo empleara, de tal manera, su significado social poseía limitantes.
Según estudios del BANFAIC, los cultivadores de menor envergadura se dedicaban a la producción granera, platanera y citrícola. Todas eran producciones estacionales, también tenían su tiempo muerto. Las frutas, viandas y hortalizas poseían menor peso social y económico, a pesar de que lograran satisfacer la demanda comercial. Ninguna de ellas proporcionaba a los cultivadores los dividendos de la caña, pero constituían una base de auto consumo nada despreciable.
Fuera de estos núcleos estaba la gente que solo podía subsistir en base a vender su fuerza de trabajo. Lo mismo picaba caña, que desyerbaba los campos de frijoles, maíz, plátano, etc. o buscaba afanosamente un jornal en alguna otra actividad, a veces de manera infructuosa. Gente laboriosa, eso sí; quien no lo fuera se ganaba el descrédito comunitario. En sus búsquedas era acompañada por los cultivadores de parcelas tan minúsculas que no les permitían ingresos suficientes como para mantener la familia a lo largo de todo el año. Cualquiera fuera la procedencia de estos jornaleros constituían el grueso de la población rural en edad laboral.
Durante el tiempo muerto lograban subsistir con la venta de algunos polluelos criados silvestres, o con la recolección de los frutos de las siembras furtivas en los recodos de las guardarrayas. Antes que todo eso se agotara, ya la familia jugaba su papel. Socorría al desvalido con las menudencias que tenía o comenzaba una división del trabajo que no siempre aparece en los libros de historia. Mientras los hombres se lanzaban por los caminos del azar a buscar trabajo, las mujeres realizaban innumerables labores domésticas en pos de algunos centavos, o se entregaban a actividades artesanales con fines similares, así fabricaban las sogas, cestos, jabas, sombreros, casabe y quien sabe que diversidad de cosas más; solas o en compañía de ancianos, niños, u hombres con dificultades para las labores fuera de casa (incluyo aquí a los celosos). ¿Sabes? A esto no se acostumbraba llamarle trabajo.
De tal manera, ocurrían las migraciones de una zona a otra del municipio, o entre municipios y ¿por qué no? entre el campo y la ciudad. Este último fenómeno es viejísimo, fíjate que todavía con la mayor población rural del país Holguín tenía más población urbana que rural, según los censos de la época. Ese ámbito rural poseía un dinamismo extraordinario y distaba mucho de ser un coto cerrado, era una multitud de vínculos con la ciudad.
¿Hasta cuándo tú crees que podrían soportar los campesinos esta división de la tierra entre sus hijos y nietos? En cierta forma era un clase condenada, la tierra no crecía y las familias si.
Bueno, vamos despacito. En mi respuesta anterior describí un panorama poco alentador a propósito. No todo era así, esa era la tendencia entre los más humildes, que fue a quienes iba dirigida tu pregunta. Para usar conceptos: era la tendencia a la proletarización.
La destaco porque algunos trabajos de historia tienden a presentar un campesinado holguinero ensimismado en sus aires bucólicos, inmune a los procesos cíclicos económicos, poco afectado por las veleidades climáticas, ajeno a la diferenciación clasista que provenía de la relación de propiedad de la tierra, etc. Para esos colegas, el paraíso campesino holguinero jamás vio a la serpiente incitando a Eva para morder la manzana.
Tú dices bien, parece que algún día debía terminarse la división de la parcela entre los hijos que arribaban a la edad productiva porque la tierra no era elástica. Fíjate que llegaste a la conclusión sin tener en cuenta los problemas económicos y sociales, solo con un aspecto ligado a la tradición. Imagínate ahora si le ponemos todo lo demás.
Por suerte, me estás obligando a ampliar en aspectos que no expuse en el libro. Hoy existen quienes todo lo que provenga del marxismo lo califican de dogmatismo. Yo voy a acogerme a un “dogma”. Según los clásicos, en el capitalismo el campesinado tiende a proletarizarse. Fíjate que digo “tiende” y no digo “se proletariza”.
Hace dos siglos que Marx formuló esa tendencia de la sociedad rural. Desde entonces hasta acá, si la ley fuese absoluta, no quedarían campesinos en el mundo de hoy. Voy a tomarle prestada una concepción a Giambattista  Vico y espero que nadie lo acuse de marxista por ello: según el pensador itálico hay un curso y un retorno. En la dinámica de las masas rurales holguineras que expuse faltó por abordar este movimiento. Mientras al capitalismo no lo derroquen él se reproduce; bien, regular o mal, pero se reproduce. Creo que esto lo he visto en esa obra tan “apegada” al dinero y todas sus flores como lo es El Capital.
Me explico, los inversionistas buscan las ramas y sectores de la economía donde la cuota de ganancia es superior; como los capitales no tienen la misma fuerza ni capacidad de maniobra, unos se invierten en los sectores más rentables y a otros no les queda más salida que colocarse en los espacios económicos que los anteriores les han dejado. Este es el caso del campesinado medio y pequeño. Ahora bien, recuerda que me refiero a campesinos propietarios. Los arrendatarios y aparceros son solo operadores de la tierra. Esos ya están a medio camino en el proceso de proletarización y, en la Cuba republicana, eran mayoritarios, de ahí que uno de los problemas principales de aquel contexto fuese la propiedad de la tierra. 
¿Qué ocurría entonces entre los propietarios? Cuando las circunstancias lo determinaban vendían la tierra y emprendían dos itinerarios: o se proletarizaban definitivamente, o con el dinero resultante de la compra-venta ponían un pequeño negocio manufacturero, comercial o de servicios; algunos adquirían propiedades inmobiliarias, o las construían y terminaban viviendo de los alquileres, fuese en el campo o en la ciudad. Como ves, una parte del campesinado, como componente de las capas medias, se reproducía en ese nuevo estatus.
Ahora bien, ¿qué ocurría con sus antiguas propiedades rurales? Las adquiría otra persona, a veces abogados, médicos o cualquier tipo de profesional ansioso de ampliar sus fuentes de ingresos. Por supuesto, ellos buscaban administradores (capataces o mayorales), quizás arrendaran las tierras o las entregaran a partido. El capital agrícola se reproducía pero cambiaba la naturaleza de la explotación del suelo. Cualquier vaivén cíclico o de otro tipo condicionaba la quiebra de unos y la concentración de la tierra en manos de otros, aun en pequeña y mediana escala. De esa manera, las fincas que un día se habían hecho pedazos al repartirse entre  los descendientes productivos de la familia, volvían a unirse bajo la égida de otro dueño. Así ocurrió durante dilatados intervalos y por los siglos de los siglos.
Estadísticamente es difícil demostrar este proceso en Holguín. En ocasiones transcurren veinte años y el número de fincas se mantiene casi inalterable, pero los dueños son otros y hasta cambia la forma de explotarlas. Para demostrarlo tuve que tomar amplias muestras de nombres de propietarios agrícolas, medios y pequeños, y de sus fincas; después seguí su trayectoria por algo más de un siglo, comenzaron a aparecer las sorpresas historiográficas de las que ahora te cuento.
Para no extenderme demasiado solo agregaré que la tendencia inicial poseía una contratendencia protagonizada por sujetos sociales diferentes a los primeros. Así se reproducía, a largo plazo, la pequeña y media propiedad agraria capitalista. Este proceso de reproducción del pequeño y medio capital agrícola lo abordo de manera muy sintética en Resurrección… porque sus límites temporales de realización superan los del período que contienen sus páginas.
¿Sabes cómo intentó la política económica resolver la problemática de las masas rurales? Pues expandió las posibilidades de crédito a la agricultura y la ganadería y alquiló algunos equipos, maquinaria e implementos a los campesinos, a precios poco asequibles para muchos. Para ilustrar un poquito, esos mecanismos solo llegaron al 10 % del campesinado holguinero. ¡Fueron afortunados! En el resto del país solo tuvo acceso a ellos el 4 % de los cultivadores. Por otro lado, ¿dónde estuvo el recurso gubernamental destinado a solucionar los problemas que generaba la propiedad de la tierra? Si alguna vez lo encuentras, por favor, házmelo saber.
Entre los campesinos ricos o colonos de mayor envergadura ¿también encontraste esta división de la tierra?
Nadie escapaba a estos procesos, ni siquiera los latifundistas. El mejor ejemplo emana de la Sucesión de Wenceslao Infante Bidopia. Sus propiedades, preponderantemente agropecuarias,  superaban los seis millones de pesos y, en 1956, deshicieron la sucesión y le entregaron a cada miembro de la familia una parte de la riqueza que antes operaban en colectivo. Claro, las razones difieren un tanto del campesinado medio y pequeño, pero eso no los inmunizaba contra coyunturas económicas críticas. Te podría dar cientos de anécdotas al respecto que están recogidas en los fondos del Archivo de Historia de Holguín pero mi respuesta anterior fue demasiado extensa para imitarla en esta otra pregunta.
Ahora me voy a referir a otra consecuencia de la crisis estructural. ¿Recuerdas que los libros de historia presentan a un Holguín pletórico de inversiones agropecuarias estadounidenses? Pues los libros de historia tienen razón solo en lo referente a los inicios del siglo XX. Cuando la crisis estructural avanzó los norteamericanos vendieron todos sus centrales del territorio y buena parte de sus tierras a grandes capitalistas cubanos. Para los años 50 quizás Holguín fuera uno de los territorios donde más había avanzado el proceso de reorientación del capital estadounidense que estudió Pino Santos. Quedaban todavía unos cuantos propietarios agrarios de la nación norteña, pero ya no pertenecían a los principales grupos del capital financiero de aquel país. Claro, el proceso difiere del experimentado por el campesinado pero yo no calificaré de inhumanos a los norteamericanos por no dividir la tierra entre sus familiares. ¿Ves cuán dinámica y heterogénea era la actividad agropecuaria en aquellos tiempos?
¿Crees que tu libro, en cierta forma, es una confirmación de la tesis de que la revolución fue también una respuesta a una situación económica o la situación no estaba tan caótica pues  hay un momento de recuperación?
En principio te respondo afirmativamente. Mas, no unilateralizo las causas de la insurrección cubana. La teoría miseralista de la historia posee amplios puntos de contacto con la realidad, pero es insuficiente para explicarla de manera íntegra.  ¡Si habrán transcurrido siglos de miseria en este planeta! Y ¿corresponderán con la cantidad de revoluciones ocurridas?
En el libro Del hecho al dicho Yoiner Díaz, Carolina Gutiérrez y yo demostramos que la depauperación social, además de la presunta radicalización, también puede  conducir a la alienación del hombre. Sus páginas registran a los alienados entregados al alcohol, las drogas, abandonando  los hijos, intentando y hasta logrando suicidarse, son capaces de cometer robos, de agredir a terceros y un sinnúmero de actitudes más que están bastante lejanas a la incorporación a un movimiento insurreccional. Esta arista se ha aquilatado muy poco cuando se han buscado las causas de la insurrección popular cubana.
Para que haya pueblo sublevado debe existir también el convencimiento de la posibilidad del cambio entre los muchos que se incorporan a la vanguardia combativa. Observa que especifico “vanguardia combativa”. Si sumas todos los combatientes clandestinos y guerrilleros, los miles de colaboradores que los ayudaron y hasta quienes ocasionalmente les brindaron apoyo, nunca llegarás al 10 % de la población mayor de 14 años. La insurrección la protagonizó una vanguardia convencida, cualquiera haya sido la organización a la que se incorporó. Además, fue una vanguardia que engordó paulatinamente, a lo largo de toda la lucha.
Eso coloca en un lugar imprescindible al proselitismo revolucionario. Debía divulgar, de manera convincente, lo acertado de la estrategia de lucha y la objetividad del programa propuesto. El momento oportuno para la lucha debía precisarse con exactitud. Entonces entraron a jugar su papel el líder y todos esos otros factores que yo no mencioné en el libro porque solo estudiaba una política económica. De paso te diré. Cuando se logró la conformación de una vanguardia convencida, convenientemente pertrechada y cohesionada, poco importó que la economía se recuperara.
Sí, las nada estúpidas maniobras económicas gubernamentales, unidas a otros factores internacionales, lograron iniciar cierta recuperación para 1956; así lo confirman algunos indicadores macroeconómicos. Todavía agregaré más, hubo logros económicos parciales en ciertas ramas extrazucareras. No soy pionero en reconocerlo, ni lo pretendo. Otros autores marxistas, revolucionarios cubanos, lo reconocen. Mencionaré uno sin intenciones de inculparlo, José Luis Rodríguez lo explica en sus publicaciones.
Las curvas de los macroindicadores económicos comenzaron a alejarse del fondo cuando ya el punto de no retorno político social estaba sobrepasado. Ya el camino estaba escogido y la suerte estaba echada, solo había que materializarla y se hubiese cometido un error de lesa revolución si se dubitara en ese momento. César expresó álea iacta est cuando cruzó el Rubicón, pero no esperó junto al célebre torrente a que la suerte hiciera lo demás, continuó hacia Roma para consumarla. Esta asincronía cubana confirma que no siempre economía y lucha revolucionaria  rememoran al mono frente al espejo.
Desde una arista diferente, historiadores “políticos” marxistas ignoran, adrede, la confluencia de la crisis económica cíclica y la estructural; plantean una relativa estabilidad de las condiciones económicas y resaltan las cualidades del líder y la vanguardia revolucionaria sin apenas relacionarla con la situación en este otro plano de la vida social. ¡Tenemos de todo en la viña del historiador!
¿Fue correcta la aplicación de esa política por Batista?
Tú preguntas “correcta” pero no especificas para quién. ¿Para el pueblo o para sus artífices oligarcas? Es conveniente deslindar ambos aspectos porque se ha creado mucha confusión. Buena parte de los estudios realizados en Cuba después de 1959 analizan aquella intervención gubernamental desde la óptica de lo que necesitaba el pueblo de Cuba; sobre todo, desde el prisma de lo que le proporcionó al pueblo el proceso socialista ocurrido a partir de entonces. Sin embargo, olvidan que la política económica fue una intervención oligárquica. ¿Se le podía pedir a los oligarcas que construyeran el socialismo en Cuba?
La respuesta es obvia pero reafirmaré de manera casi absoluta: todo lo que hicieron los oligarcas fue para que no llegara el socialismo a Cuba, ese era su objetivo supremo, así lo dejé esclarecido en una respuesta anterior.
Te diré más. Yo comencé la investigación en 1991 y el libro Resurrección… se publicó en el 2002. Es una versión menos “técnica” de mi tesis para obtener el título de Máster en historia y cultura que defendí en el 2000. Al iniciar las investigaciones ni me imaginaba que serviría para ese fin. En todo ese tiempo sostuve que el objetivo supremo de la política económica era salvar el sistema capitalista, así quedó recogido en Resurrección… Mas, en el acto de defensa de la tesis el Dr. Rigoberto Segreo formaba parte del tribunal y me hizo una pregunta que nos mantuvo polemizando, a él y a mi, durante algunos años. Cada vez que nos encontrábamos, cualquiera fuese el lugar y las circunstancias, terminábamos contrapunteando argumentos al respecto. ¿Sabes cuál fue la pregunta de Segreo? Sencilla, me preguntó ¿Cuál fue el papel de Batista en la historia republicana cubana? Después de no pocas discusiones terminamos coincidiendo en que Batista – ligando definitivamente su destino personal al del sistema -  fue, entre las figuras que llegaron a la presidencia del país, quien mejor entendió que el capitalismo cubano debía ser reajustado para darle sustentabilidad histórica. Lo hizo cuando intentó materializar su Plan Trienal en los años 30, con una serie de mecanismos en el periodo donde fue presidente constitucional durante los 40 y, finalmente, con su política económica tras el golpe de estado de 1952.
Como ya expliqué, una parte de la oligarquía divergía de esas concepciones y no solo se abstuvo de apoyarlas sino que también  las obstaculizó. Machado, buena parte del gabinete de Miguel Mariano Gómez excluido el presidente, Federico Laredo Brú y, de manera muy tímida, los gobernantes auténticos del período 1944 – 1952 estuvieron entre quienes intentaron el reajuste. Esto cuesta comprenderlo porque nuestra historiografía gusta de criticar cualquier indicio de falta de unidad entre las fuerzas de izquierda pero, en lo referente a la oligarquía, obvia sus contradicciones y la presenta como un bloque monolítico.
Los hechos históricos nos dicen que todo el esfuerzo oligárquico fue en vano. En Cuba hay socialismo desde hace más de medio siglo. Según esa evidencia del devenir histórico la política económica no fue correcta para las pretensiones oligárquicas.
Yo diría que tuvo dos grandes problemas:
-El reduccionismo en el que incurrieron al tomar únicamente como posibles causas para el estallido revolucionario a la depauperación de las condiciones de vida de los humildes y el proceso de proletarización de los estamentos medios, ambos debían conducir a la radicalización. Aunque esos factores pueden ser ciertos, no son los únicos que originan una revolución y,  de manera abreviada te diría, subvaloraron la capacidad movilizativa y coalicionista de las fuerzas de izquierda.
-El otro elemento que lleva al fracaso ya está explicado. Lo dejó esclarecido Jacinto Torras, cualquier intento de cambio generaría resistencia dentro de la propia oligarquía. Recuerda que esta política económica contenía aspectos redistributivos y las elites eran reacias a perder hasta las migajas.
Esa puja venía ocurriendo desde que hubo crisis estructural permanente – para mi comenzó con la depresión de finales de 1920 – y nunca permitió un reajuste completo. Pasaron las décadas y la crisis estructural – poco controlada, o totalmente descontrolada - se expandió, desde la economía pasó a las esferas política y social. El tiempo histórico con que contaba el capitalismo para ajustarse los cinturones en busca de sobrevivencia se fue “agotando”. Cuando Batista dio el golpe de estado bien poco pudo hacer, fíjate que fue necesario atemperar todas las leyes de su intervención económica a los intereses del sector oligárquico tradicional, reacio al reajuste.
Desde luego, trato el problema desde la arista de la política económica pero nadie debe pensar que la absolutizo. Hubo otros recursos extraeconómicos con propósito similar que también fallaron. Todavía queda una aclaración más: el capitalismo jamás se caería por si solo, había que tumbarlo. De manera que en cualquier análisis con pretensiones de integralidad también es preciso incluir la contrahegemonía revolucionaria.
¿Cuánto dañó la guerra a la económica y a la zafra en especial?
Alguien me preguntó algo similar hace algunos años, solo que su enfoque era sobre el efecto de los problemas sociopolíticos sobre la política económica. Economía y política económica no son lo mismo. La política económica forma parte de la economía, pero no es toda la economía. Tu pregunta es mucho más amplia pero la restringes al período de la guerra. Vamos a deslindar ese concepto para el contexto estudiado. ¿Te refieres a la lucha guerrillera o incluyes también la lucha clandestina? ¿Incluyes entre los guerreros solo a los miembros del Movimiento 26 de Julio, el Directorio 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular o también tienes en cuenta a la Triple A, la Organización Auténtica y un sinnúmero de organizaciones más donde el pueblo convencido encontró espacio para luchar por un cambio sin importarle quien era el jefe de su organización?
En esta entrevista escasea el espacio para incluirlo todo. En consecuencia, te responderé tomando como punto de partida el desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956 y desde la óptica del movimiento que, en la práctica fue quien sentó las pautas directivas en la lucha., el M-26 Repito, lo hago para aprovechar el espacio no porque menosprecie todo lo que dejo fuera. Si se incluyera, quizás la respuesta fuera otra.
Puedes buscar en todos los documentos programáticos que lanzó al pueblo de Cuba  y no encontrarás ningún llamado explícito a la guerra económica, pero de manera colateral, al colocar la huelga general como punto culminante y último de la lucha, incidía en la economía al inmovilizar los brazos que la dinamizaban.
Todavía más, la clandestinidad saboteó quién sabe cuantos establecimientos económicos. Pero paralizó muy pocos. Las dos grandes huelgas donde fue el factor fundamental la clandestinidad – agosto de 1957 y abril de 1958 -  nunca lograron paralizar totalmente al país. Por su parte, la guerrilla comenzó la guerra económica a finales de 1957 quemando los cañaverales cercanos a la Sierra Maestra. Si buscas las estadísticas recogidas en las publicaciones azucareras te percatarás que ninguno de los centrales afectados se paró o disminuyó la producción. Además, solo podían moler las cañas establecidas por la política económica en la cuota que les correspondía.
Esa acción del Ejército Rebelde sí logró un triunfo político militar: los soldados que perseguían a la guerrilla tuvieron que dejarla de lado, al menos circunstancialmente, y ponerse a guarnecer las propiedades azucareras de la oligarquía. Así lo dejó establecido Roberto Pérez Rivero en su libro Desventura de un ejército cuando explica el destino que tuvo el Plan Relámpago, elaborado por el Estado Mayor.
Tratando de generalizar, a riesgo de caer en esquemas, te diría:
-       De las seis provincias cubanas solo una tuvo la presencia guerrillera durante 1956 – 1957. En ese tiempo la actuación del movimiento clandestino fue asimétrica y no tuvo el mismo efecto en toda la isla. La economía sufrió más por el esfuerzo para financiar la lucha que por el daño que las fuerzas revolucionarias pudieron causarle.
-       Primera mitad de 1958. La apertura de nuevos frentes de guerra del Ejercito Rebelde llevó su accionar a otros ámbitos de la provincia de Oriente, pero no tuvo un accionar específico y sistemático contra la economía. Las fuerzas surgidas en otras provincias (Las Villas y Camagüey) se desempeñaron de manera semejante. El movimiento clandestino se concentró en preparar la huelgageneral. De nuevo la economía sufrió más por el esfuerzo del régimen para financiar la lucha, que por el daño que las fuerzas revolucionarias pudieron causarle.
-      Segunda mitad de 1958. Fundamentalmente en el oriente del país, con la expansión guerrillera, se atacó a las vías de comunicación, ello trajo pérdidas para los ferrocarriles y múltiples compañías de transporte por carretera. En el occidente la economía sufrió poco. Se aplicó de manera activa el principio de pagar impuestos al Ejército Rebelde y a cambio las propiedades económicas tenían cierta invulnerabilidad. Una vez más la economía sufrió en mayor proporción por el esfuerzo del régimen para financiar la lucha, que por el daño que las fuerzas revolucionarias pudieron causarle.
Entonces ya tienes mi conclusión general: el sufrimiento de la economía fue mayor por el financiamiento de las campañas por parte de las fuerzas gubernamentales que por el accionar revolucionario contra ella.
¿Crees que tu libro impactó en el mundo académico holguinero y cubano?
Vamos a ser francos, los libros de historia tiene pocos lectores y los de historia económica todavía menos. Con el perdón de mis colegas haré un deslinde. El gran best seller historiográfico holguinero fue Carlos Borjas. Un hombre de su pueblo, de nuestro colega y amigo, ya fallecido, José Murt Mulet. Su trascendencia fue más popular que académica. Antes que él, se armó cierto revuelo entre los historiadores con El fondo cultural holguinero de Jorge González. Tú sabes que alguien con capacidad de decisión se atemorizó y mató la polémica cuando mejor estaba.
Ahora ha levantado algunas opiniones contrapuestas el trabajo sobre García Holguín escrito por José Novoa, no por el resultado historiográfico mismo, que yo lo considero meritorio, - demostró el dinamismo de la verdad histórica - sino por el uso que se le ha dado, absolutizando en conmemoraciones lo que no está probado. Tú sabes que de la historia se hace uso y abuso
Creo que en el resto de Cuba muy pocos saben que en Holguín alguien escribió un libro titulado Resurrección holguinera de J. M. Keynes.
Mirándolo desde ahora ¿Crees que tu libro está conectado con el acontecimiento nacional?  ¿Crees que es un libro excepcional en la historia cubana?
Aunque parezca y, hasta lo sea, presunción mía, te voy a revelar la opinión de un experto. Oscar Pino Santos me dijo más o menos así: “Ojalá y en Cuba se escribieran muchos libros como éste. Entonces sí tendríamos una historia nacional”. Claro, después hizo unas críticas muy bien argumentadas y poco favorecedoras, pero yo me las voy a reservar.
También he escuchado a un carismático historiador expresar que la historia nacional es una suma de las historias locales y regionales. Que me perdone, creo que está muy cerquita, mas le faltó puntualizar, no es una suma, es una interrelación. Desde esta última visión te diría, Resurrección… tiene conexión, pero no es el acontecimiento nacional.
De excepcional solo tiene el título. Los menos conocedores de la corriente de pensamiento keynesista se preguntan qué hace ese matemático y economista inglés mezclado con Holguín, si nunca lo visitó en vida. La respuesta está en sus páginas, lástima que ya se agotó.
Si te encontraras una máquina del tiempo ¿que harías o que no harías de la investigación? 
¡Ojalá y apareciera el aparato! En Resurrección… hay un problema de comunicación al que nunca le encontré la punta, aun cuando consulté a varios entendidos de mi época. El capitulario se compone de los sectores que yo determiné como componentes de la estructura holguinera y, dentro de cada uno, aparece su desempeño en cada fase de la crisis cíclica.
En una versión anterior yo había hecho las cosas atendiendo al tiempo. Ponía lo que ocurría en cada sector dentro de una misma fase. Cualquiera de las dos variantes fragmenta la información y produce cierta desorientación para los lectores menos versados en historia económica.
Una vez intenté hacer una tercera variante pero tampoco sirvió. Por eso, ¡mándame esa maravilla de saltar en el tiempo! para ver cómo los historiadores del futuro resolverán cosas de esa índole.
¿Actualmente se hacen ese tipo de investigaciones en Holguín o en otras provincias?
Fuera de Holguín no se. Dentro de Holguín un poquito. Paralelo en el tiempo con mi investigación, Rafael Cárdenas ha realizado estudios interesantes de historia económica holguinera para los inicios del siglo XX, espero que el entusiasmo lo sostenga en la tarea, y más ahora, cuando los primeros resultados comienzan a publicarse. Sé de algunos profesores que quieren escribir una Historia Económica de Holguín, pero pretenden sacarla de un tirón, eso es como un parto y desconozco cuanto estén dispuestos a pujar. Espero que no tomen estas palabras con desaliento, sino como una invitación a redoblar el ahínco.
¿Tienes alguna anécdota sobre los momentos de la investigación?
Hay anécdotas para gozar, pero ocurrieron frente a pocos concurrentes y prefiero reservármelas, han tenido poca trascendencia y carezco de razones para divulgarlas con más amplitud. Solo te adelantaré algo muy general, yo presenté los resultados parciales de esta investigación a diferentes eventos y concursos. ¡Me encantan los premios! y también la retroalimentación. En esos cónclaves encontré dos actitudes: o todo el mundo me escuchaba indiferente y cuando terminaba mi exposición nadie opinaba, o me hacían unas críticas demoledoras acusándome de “batistiano”.
Todavía hoy, tratar aspectos vinculados a la figura de Batista provoca la aparición de fantasmas en algunas mentes. Enseguida adoptan posiciones de censores, muy censurables por cierto. Solo pondré un ejemplo que todos los cubanos que sintonizaban Telerebelde ese día pudieron presenciarlo. Yo no tengo la culpa de que condujeran la situación por aquellos derroteros en un medio que llega a tantas personas como la televisión.  Dejo a quien lea esto el arribo a conclusiones.
Durante una mañana del 2008, yo veía el programa Buenos días, que trasmite ese canal.  Su conductor entrevistó al director de la revista Temas. Él iba a presentar un número de esa publicación que contenía mi artículo Vistazo a un ajuste imposible, donde yo abordo la temática tratada en este cuestionario al que me has sometido. El “muy informado” entrevistador le preguntó algo más o menos así “¿Es verdad que algunos trabajos pretenden rescatar la figura de Batista?”. El director de la revista, Rafael Hernández, como hombre de pensamiento profundo, se abstuvo de endilgarle etiquetas a ninguno de los autores que aparecíamos en el referido número, salió del asunto hablando de lo que mejor le pareció, menos de los supuestos autores que “pretenden rescatar la figura de Batista”.
Aprovecho la oportunidad para ponderar la manera con que el Dr. Pedro Pablo Rodríguez comentó el material de marras en la tertulia que la revista realizó en su sede. No estuve allí, pero algunos amigos presentes me refirieron la valoración objetiva y desprejuiciada que él realizó. No he tenido la suerte de coincidir con él en ningún lugar después de eso. En tal virtud, desde mi humilde Holguín le envío mi sincero agradecimiento. ¡Gracias Pedro Pablo!
¿Como lograste escribir de esa forma que hace de tu libro como un pequeño cocodrilo, que si te muerde ya no puedes escapar?
Parece que tenías ganas de leer cuando tomaste Resurrección… en tus manos. Tu opinión es diametralmente opuesta a la que le he escuchado a otros lectores. Resulta que la historia económica de este tipo utiliza muchos macroindicadores, y hasta mesoindicadores, diría yo – desde luego, por este último término jamás me  arriesgaría a perder la cabeza en una guillotina, desconozco si tiene existencia objetiva en el léxico económico de todos los días -, no siempre son comprensibles para los lectores menos avezados en el tema y la lectura requiere de interrupciones constantes para apropiarse de su significado en la página del libro donde aparecieron por primera vez. De esa manera la comunicación se fragmenta mucho.
Mas, yo no puedo negar el mérito de dos personas que me ayudaron enormemente con la corrección del estilo. Una es la editora Hilda Suárez, persona ducha en el uso del lenguaje y muy experta en eso de adaptarlo al papel para ser leído por terceros. Hildita hizo una revisión envidiable y de una manera tan tierna y amable, que acepté la corrección de mis errores  sin sentirme avergonzado.
La otra es mi amiga Carolina Gutiérrez. En un gesto encomiable, ella aceptó revisarme el original sin pedir nada a cambio. Su labor fue exquisita y, a la vez, muy divertida. Tengo la impresión de que, en algún momento de mi vida, he imitado la redacción de José Martí. Desde luego, de manera inconsciente y poco afortunada. Como reza el refrán: quien imita fracasa. Martí es todo un maestro en el arte de introducir, en sus escritos, comas seguidas de oraciones subordinadas. A mí se me ocurrió hacer algo parecido, pero en lugar de una prosa limpia, ilustrada e ilustrable como la del Maestro, me salió una verdadera lonagiza de palabras.
Cuando Carola se encontraba con aquellos “rompementes o cabillas”, como ella los denomina, los señalaba en los  márgenes del documento y continuaba la lectura. Pero la situación se repetía de un párrafo a otro y todo parece indicar que perdió la calma. En un arranque de incomodidad, allá por la segunda o tercera página, puso entre signos de admiración “¡Use el punto y seguido! Hace millones de años que se inventó”.
Sin dudas fue la labor de ellas dos la que afiló los dientes de tu cocodrilito.
¿Como organizaste el trabajo con las fuentes? Hay una inmensa cantidad de datos. ¿Contaste con computadoras u otros medios tecnológicos que te facilitaran el trabajo?
En 1991 yo miraba las computadoras desde la distancia y con temor. Todo lo hice como cuando tú y yo trabajamos juntos: a lápiz y papel. Los fondos del Archivo Provincial de Historia de Holguín, el de Bayamo, Las Tunas, Santiago de Cuba, el Archivo y la Biblioteca Nacional y el de la Sociedad Económica de Amigos del País aportaron información para llenar kilómetros de pergaminos. Todavía hoy quedan varios miles de fichas en mi casa que me han tenido en constante lucha contra los insectos que se alimentan de la celulosa. Al unísono, me sumergí en cuanta fuente teórica me indicaban para hacer historia económica.
Según pasó el tiempo logré acceso y una relación más “amigable” con las computadoras. Mi hermano me preparó un programa para una base de datos personalizada. Para serte sincero, pasé más trabajo aprendiendo a utilizarla que los resultados que pude sacarle.
No obstante, los colegas del Pedagógico me enseñaron mucho en lo referente a diseño muestral, uso de recursos estadísticos, etc. Por cierto, un día comparé los resultados de uno de aquellos métodos muestrales con los números obtenidos en esa misma porción de las fuentes pero a población completa. Descubrí que se alteraban los resultados bastante. Aquello provocó la conformación y prueba inmediata  de trece diseños muestrales, uno tras otro y todos con el mismo problema. Me dio mucha pena con los colegas que me ayudaban y nunca se los confesé, pero decidí realizar el grueso del trabajo a población completa, porque estaba empleando más tiempo en encontrar el diseño correcto que en ponerme a fichar el contenido.
Ya para 1999 llegué a trabajar a la Universidad y establecí una relación entrañable con las computadoras, entonces logré dejar a un lado buena parte de los papeles. Con el acceso a Internet, en el 2000, comencé a familiarizarme con trabajos realizados más allá de nuestras fronteras, por historiadores económicos, sobre la economía latinoamericana y cubana. Con algunos especialistas foráneos logré intercambios por email. Por suerte, el borrador del libro Resurrección… se hizo en computadora.
¿Tienes planes de seguir ese trabajo de estudio económico en otros periodos?
Temáticamente, Resurrección… es Holguín entre 1945 y 1958 porque yo incluí los antecedentes para establecer la tendencia de la estructura económica en el momento del golpe de estado de 1952. Todavía en ese momento yo no tenía información sobre el comportamiento bancario. Después de publicarse el libro en el 2002, yo continué mis búsquedas, sobre todo en los centros de información de la capital cubana.
Hoy tengo un volumen de información amplio, que me permite sostener la tesis de que las secuelas de la crisis estructural provocaron dos posiciones en la oligarquía, una tradicional, propensa a dejar las cosas tal como estaban porque eran suficientemente fuertes para contrarrestarlas por si mismos y según ellos, el capitalismo no peligraba, También hay otra de reajuste, ya la he explicado. Ambas posiciones se contrapusieron y obstaculizaron mutuamente, mientras, la contrahegemonía revolucionaria aprovechó ese tiempo histórico para cohesionarse y lanzarse a la lucha hasta derrocar al capitalismo en Cuba.
Desde el 2012 trabajo en un libro, o en varios, que tentativamente se llamará, o compartirán parte de este título, El reajuste fallido del capitalismo cubano. El material todavía está fresco, a veces me siento tentado a presentarlo en más de un volumen que traten El reajuste soslayado del capitalismo cubano, sobre el periodo entre 1920 y 1925; El reajuste espontáneo del capitalismo cubano, para los hechos ocurridos entre 1926 y 1933; El reajuste incompleto del capitalismo cubano que trataría los acontecimientos entre 1934 y 1952 y El reajuste urgente del capitalismo cubano dedicado al intervalo entre 1952 y 1958.
Como ves, ya tengo ínfulas de historiador “nacional”.
Si a alguien le interesa el tema ¿cómo se podría comunicar contigo?
Dada la situación por la que atravieso en estos momentos, dependo de Internet para la comunicación. La vía más expedita es la página “Contáctame” de mi blog. Su url es http://pensamientoiberoamericano.blogspot.com. Cualquier visitante será bien recibido. Hasta le he reservado un obsequio.



miércoles, 29 de abril de 2015

LUCIA, CALIXTO Y LA PRISIÓN (segunda parte)


Por José Abreu Cardet
En el articulo anterior titulado PRISIÓN DE CALIXTO GARCÍA EN ESPAÑA (Primera parte) nos referimos a la llegada de este general a las cárceles españolas en 1875. En este centraremos nuestro interés en las gestiones y acciones de Doña Lucia Iñiguez la madre del patriota para mejorar su situación.    Lucía se trasladó hasta la fría Pamplona, donde se encontraba su hijo preso, tratando de mejorar su situación. En abril de 1876 se le unió el fiel patriota Eusebio Hernández. La anciana mambisa burlando prohibiciones y vigilancias, lograba hacerle llegar alimentos. En mayo de 1876 regresó a Madrid, parte del camino acompañada por Eusebio Hernández, donde solicitó a las autoridades un régimen carcelario mas humano para su hijo. El joven patriota Raimundo Menocal se uno tambien a Lucia en las gestiones para mejorar las condiciones del general mambí.
Las gestiones de Lucía mejoraron durante algún tiempo las terribles condiciones de Calixto. Le permitieron pasear   por los patios de la fortaleza unos veinte minutos en compañía de su madre, de Raimundo Menocal,    el Mayor de la Plaza y el Capitán de guardia. También podía tomar el sol de cinco a cinco y media de la tarde. El l4 de octubre, día de su santo, pudo comer con la madre y Raimundo. Pero muy pronto la situación volvió a hacer como antes. El 15 de diciembre de 1876 escribió Lucia desolada:

Estoy hecha un mar de dolores, hasta sabañones en los pies me han salido; mi pobre Calixto está con dolores de hueso y malo del estómago, esto lo atribuye a no hacer ejercicios, así lo quieren los  señores.  (l)

Durante 1877 las autoridades incrementaron el rigor carcelario. El 9 de enero de ese año Raimundo Menocal testimoniaba:

El pobre Calixto cada día empeora su situación. Hoy han prohibido que entre la criada, porque saludó a un oficial delante del gobernador.  Este dice que aún es muy  benigno y se compromete con dejar entrar a Lucía. Considera, amigo, lo que sufrirá él, con esta intransigencia sin límites, puesto a merced de un bárbaro oficial...  (2)

El 16 de enero de 1877 le escribió a su amigo Hilario Cisneros:

El mes pasado escribí a U. por conducto de un amigo y hoy aprovecho la oportunidad de la marcha a esa de Raimundo Menocal  para volver a hacerlo.
Mi posición en nada ha variado de nueve meses a esta parte cada día se inventa alguna cosa nueva para mortificarme y si puedo escribir es valiéndome de mis medios para poder entregar las cartas a mi madre.
He sabido que ya mi esposa está en esa y le agradecerá a U. (ilegible) que hiciera cuanto en su mano estuviese para que la (ilegible) de ella no influyera en la educación de Calixto. Mi único deseo es que este sea un hombre útil a la sociedad, sea cual sea la posición que en ella (ilegible) y crea U. que me preocupa más que mi prisión la idea de que mi hijo vuelva a cometer las faltas de antes y que según U. dice había ya afortunadamente  abandonado. En  U  amigo  mío que ha sido su verdadero padre, es en quien espero  que le corrija y encamine como podría hacerlo yo.
Le recomiendo a U particularmente al portador de esto Raimundo Menocal uno de mis mejores amigos.
Soy de U. Sfmo   y agradecido amigo.

Calixto G. Iñiguez.  (3)

Calixto miraba la formación de su hijo mayor desde una visión muy machista. Esta era una mentalidad muy de la epoca. Desconocía la lucha cotidiana de su esposa para educar. y mantener viva la nacionalidad de sus pequeños hijos.
El 5 de mayo de 1877 Calixto expresaba sobre su desesperada situación:                                                

Estoy con un gran dolor en la espalda, (…) cada día estoy peor, he de estar aburrido y cansado. No tongo voluntad para nada.  (4)

El 7 de abril de 1877 al conocer la muerte de Francisco Vicente Aguilera le escribió a la viuda;
Ninguno en mayor grado que yo debió al general Aguilera respeto y gratitud. Iniciado por él en la gran empresa de la libertad de nuestra Cuba y mirándolo como el patriota, le quería como debe de quererse al hombre que nos enseña el camino de la justicia y de la gloria. Fui uno de los últimos que se honró en estrechar su mano cuando salió de Cuba, (5)

El 11 de abril le decía a E. Codina "mi situación es bastante mala, ocupo un pequeño calabozo desde hace un año y estoy casi incomunicado".  (6).
La indomable Lucía continuó a su lado. Para llevarle alimentos tenía que atravesar el profundo foso que rodeaba la fortaleza por estar inservible el puente. En el verano de 1877 se trasladó de nuevo  a Madrid para gestionar que mejoraran las condiciones del hijo. Regresó  a Pamplona ante lo inútil de sus peticiones.
El invierno de 1877 era terrible. El 13 de noviembre Lucía expresaba a un amigo: "Calixto me encarga te diga que cuando esté bueno te escribirá, está muy débil y desganado". (7) Imponiéndose a la soledad y el frío perfeccionó el francés y el inglés, lee Literatura pero sobre todo estudia táctica y estrategia, fortificaciones e historia militar. Su amigo Rojas Oria se encargó de comprarle y mandarle libros a la prisión.
En noviembre de 1877 llegó al castillo de San Francisco de Figueras, Tomas Estrada Palma, Presidente de la República de Cuba en armas hecho prisionero por los españoles. Calixto de inmediato trató de comunicarse con su antiguo compañero, desconocía el insurrecto que ya en esa época Estrada Palma profesaba claras ideas anexionistas. El 28 de noviembre le escribió, al no obtener respuesta le remitió otra carta el 7 de diciembre donde le narra "... el estrecho calabozo en el cual las autoridades españolas le han condenado a asfixiarse.” Le ofrece una gramática inglesa y una suma de dinero que le deben aduciendo derecho de antigüedad en la prisión para ayudar a sus compañeros. Indagaba por la situación en los campos de Cuba libre, le pregunta por Salvador Cisneros Betancourt y Félix Figueredo. El 21 de diciembre por fin Estrada Palma le respondió dándole pormenores sobre diferentes sucesos acaecidos en el seno de la revolución. El 8 de mayo le vuelve a escribir Calixto una carta que Estrada Palma respondió el 12 de mayo.                               
Mientras Calixto soportaba estoicamente las inclemencias de la prisión, en Cuba las contradicciones surgidas en el seno de la revolución más que las operaciones militares propiamente ponía fin a la guerra. En febrero de 1878 se firmó en Camaguey el Pacto del Zanjón. Pese a la heroica actitud de patriotas que como Antonio Maceo y Leocadio Bonachea protestaron el pacto y continuaron luchando y la guerra llego a su fin.                                                 
Producto de los acuerdos del Zanjón los insurrectos cubanos, prisioneros durante la contienda fueron puestos en libertad.  El 8 de junio Calixto vio abrirse las puertas de la prisión. De Pamplona se trasladó a Madrid y se alojó en la casa de su entrañable amigo Eusebio Hernández. Gestionó y logró embarcar a Lucía para Cuba, luego se trasladó a Paris donde se entrevistó con Ramón Emeterio Betances, patriota puertorriqueño que se había puesto al servicio de la causa cubana y residía en esa ciudad. El 23 de julio le escribió a Hilario                                            Cisnero:
Mi querido amigo A mi llegada a esta (19 corriente) me fue entregada su grata carta de 26 pasado y le dije a U. las gracias por el interés que se ha tomado para proporcionarme recursos en que trasladarme a esa. Ya he recibido los mil francos que me ha enviado el Sr. Aldama y le ruego haga presente la expresión(sic) de mi gratitud.

Las circunstancias de haber tenido que demorar mi salida de España hasta dejar embarcada mi madre para Cuba me ha hecho demorar también mi salida para New York pero hoy estoy haciendo lo posible para a algún amigo que tengo en esta con objeto de ver si puedo marcharme a principio del entrante.
Cuento, pues, con que pronto nos hemos de ver y entonces tendré el gran placer de conocer a U. y darle un estrecho abrazo.
Le doy las gracias por su enhorabuena. Ojalá me hubiera U. poder dármelo pues ha sido desde mi libertad a la (ilegible) de la causa de la patria.
Mis afectuosos recuerdos a toda su apreciable familia y U. cuenta siempre con su verdadero amigo.

Calixto G. Iñiguez (8)

De París se trasladó hasta el Havre y de allí a Londres en el buque Alicia. Después de una breve estancia en Gran Bretaña Calixto embarcó con destino a Nueva York a donde llegó en septiembre. De inmediato encabezo el movimiento conspirativo que dio inicio en agosto de 1879 a la Guerra Chiquita.


Notas:
1--Juan José Casasús: Calixto García, El Estratega, Oficina del Historiador de la ciudad, La Habana, 1982. p. 117.
2-Idem
3—Biblioteca Nacional, Sala Cubana. Carta  de Calixto García a Hilario Cisneros del 16 de enero de 1877
4 Juan José Casasús, Ob. cit, p. 118
5—Idem
6—Ibidem p. 119
7--Ibídem 119
8—Carta de Calixto García a Hilario Cisneros del 23 de julio de 1878 Biblioteca Nacional, Sala Cubana.